viernes, 18 de diciembre de 2009

Más dura será la caída

No sé si os habéis enterado pero hace mucho frío, un frío que pelota, que dice Bruno. Será que pela. Pues eso, que pela las pelotas. Un grado marcaba el otro día el termómetro (evito decir esa tontería del mercurio porque el termómetro que yo miro es manifiesta, estentóreamente digital). Un grado en Valencia es mucho frío, te lo aseguro.
Pero lo peor: ayer me caí dos veces en la calle. En un solo día, cubrí mi cupo de caídas públicas de la década.
Caminaba por la calle, pasé junto a tres hombres y uno de ellos rumió algo parecido a un piropo (a ciertas edades los piropos recibidos ya no son enunciaciones claras y altisonantes sino más bien imprecaciones que se mascullan). Yo seguí caminando, impertérrita, alcancé la esquina, resbalé sin más y me caí de culo.

- ¿Has resbalado?, oí que preguntaba uno de ellos, perspicaz.
No, llevo a cabo prospecciones asfálticas para determinar el estado del firme de nuestras aceras. Pues claro que he resbalado porque las suelas de mis botas están tan gastadas como las de Willy Fog, y la parte de atrás del tacón mordisqueada por los ratones del asfalto.

No había sin embargo nada en la acera, apenas un levísimo desnivel, que pudiera servirme de coartada.
Recuerdo que mientras caía pensaba: no creo que llegue hasta el suelo, se me antoja del todo innecesario, tan innecesario que resultaría absurdo. Y entonces la realidad se dividió en distintos planos, cuyos bordes al tocarse, formaron esquinas, como en un videoclip ochentero. Todo fue tan rápido que tuve mucho tiempo para pensar.
Una vez instalada en el plano horizontal, me levanté despacio, y proseguí mi camino, sin volver la vista atrás y con la cabeza bien alta. Eso sí, me desorienté y tomé la calle equivocada.

Conseguí llegar hasta la papelería donde compré unas cosas. Al salir, se había puesto a llover. Me disponía a cruzar por el paso de cebra cuando, pataplán, esta vez hacia delante, cual Tersch pero sin patada voladora. Acabé con las rodillas en el suelo, los rollos de papel continuo seccionando las líneas del paso de cebra, el tubo con las cartulinas plateadas a varios metros de distancia, la lluvia haciendo aún más sucia (¿patética?) la escena.
Esta vez me hice daño, daño físico y hasta tuve ganas de llorar. Pero pasaron en un parpadeo. Me di cuenta de que ninguna de las dos caídas me dolía lo más mínimo por dentro, mi estado de ánimo no había sufrido el más leve rasguño. Y pensé que uno ha alcanzado la madurez cuando se cae dos veces en público y dentro no se produce más reacción que la del fastidio.

Decía Gombrovicz que escribir poesía es lo más cerca que puede estar un ser humano del ridículo. Escribir poesía y caerse dos veces seguidas en público supone sin duda alcanzar las más altas cotas del ridículo, rozar la excelencia, estar a las puertas de convertirse en un ser sublimemente ridículo, ¿o no?
Claro que también pudiera explicarse por aquello que decía Balzac, de que la caída de un hombre está siempre en relación con la altura a la que ha llegado.
Por si acaso, en cuanto llegué a casa, tiré las botas a la basura.

Hoy amanecí con un recuerdo morado en las rodillas, una sangre que tal vez manara del centro mismo del sentido del ridículo, como una forma de reivindicar que sigue ahí.

24 comentarios:

El Dios vitaminado dijo...

Mira, si te sirve de consuelo, yo también toqué suelo hace unos días. Pero yo en moto y, lo que es peor, en parado.

Y éso que yo sí iba preparado para caerme, con mis guantes, casco y chaqueta llena de protecciones pero mira tú, arranco, acelero, la pinza toca el hierro y al suelo. El piño fue tan tonto que se me salió el hombro de la risa.

Y de no sé dónde, la misma voz que oías tú:

- ¿Estás bien?

- Sí, sí, estoy estupendamente. ¿No me ves? Me apetecía tumbarme un poco.

Y yo, retorcido en el suelo por el intenso dolor, con el brazo en alto como un Colón cualquiera (allí está América) mientras el hombro seguía desencajado (ni lágrimas, ni gritos, sólo dolor), me agarro al árbol más cercano con el otro brazo como si fuera un mono y espero a que el sudor frío que acompaña al mareo desaparezca.

Sólo cuando ya se han ido, me suelto del árbol al que ya le había cogido cariño y me siento en el suelo para intentar localizar el foco del dolor. Pero es que era el orgullo lo que más me dolía. Ni con un torniquete lo salvaba.

Justo cuando reconocí mi pequeñez, el hombro volvió a su sitio. ¡Clack! Arranco la moto, ya sin la pinza, y me voy para contarlo hoy aquí. ;-)

Vitaminas para tus pupitas. Y a la próxima, no te caigas, ¡tírate!

Un saludo.

Isabel dijo...

Que conste que no me he reído, te he comprendido porque yo también practico mucho. Cierto que cuando vas cayendo te ves como a cámara lenta.
Y como no puedo callarme la mía, fue cual mueble porque me resbalé en medio de una mudanza, pero eso sí,tuve suerte, me levantaron a la vez como un sofa dos chicos estupendos y forzudos. Vamos, que me hubiera quedado allí arriba tan agustito...

Besos y me alegro que no te hayas roto el ánimo. Para los moraos esa pomada famosa que ahora no recuerdo, cosa santa.

Reyes Uve dijo...

jajaja.
Eres la ostia.
Nadie podría ser más elegante y descriptiva contando unas caídas.
Un post antológico .
Ponte Trombocid en el morao , en dos días como nueva .
Besos de una fracasada que suele caerse de otra manera.

Elvira dijo...

"¿Has resbalado?, oí que preguntaba uno de ellos, perspicaz." Jajaja! Genial todo el escrito. Y me alegro de que tiraras las botas. :-)

Un beso

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Pues, sí, un grado en Valencia debe de equivaler en sensación térmica a tener de vecino al gran oso blanco, o más. Eso garantizado.

Lo que no creo, en absoluto, es lo de las imprecaciones masculladas: en una tierra definida tantas veces como de artistas, el gusto no puede estar tan helado, ni a un escaso grado.

Por otra parte, me parece que es un tango el que dice que todos hemos dado algún tropezón en la vida (si no me acuerdo si es un tango, no querrás que te lo ponga literal). En fin, que de ridículo, nada; que la última parte de esa palabra esté pidiendo que le prestes atención: eso sí.

Que se te pase pronto el escozor.

Un beso y un cura sana, cura sana...

BB dijo...

Sonrío, porque soy experta en
caídas. Ya hasta he dominado
la manera de pararme como resorte
y aparentar que es una nueva forma
de disfrutar del paseo, pero la
sensación del ridículo la escondes como una auténtica walkiria moderna.
Es que no hay quien no celebre esos aterrizajes forzosos.
Cuida esos moretones y ponte rápido el remedio que te aconseja Reyes.
Besos para ti y para Bruno y muchas
felicidades en estas fiestas,guapa.
Cómprate botas nuevas!!!
BB

Mafalda dijo...

Jajaja ¡¡Pobre!! ¡cómo se te habrá quedado el culo! tranquila que me consta que no eres la única que se ha caído con estos fríos y estas nieves, y habrán más de dos y de tres.

Un besote

Esther dijo...

Vamos cambiando. Ganamos y perdemos. Nos desprendemos de pesos inútiles y de una vulnerabilidad, que, al final, terminamos echando de menos.
( Gracias por tus palabras, en cuanto a tu aportación, mientras que te salga de dentro, que sé que así será, me da igual el enfoque que le des ).
Un abrazo.

Canalla dijo...

Siempre habrá más de una caída antes de levantarnos, y volveremos a caer. ¿Ridículo...? Más bien humano, y en tu caso una forma exquisita de contarlo. "Traseros del mundo, unios"
Besos que intentan no hacer el ridículo.

Jaht dijo...

Caerse, si no hay lesión grave, debiera ser un desahogo y hasta un acontecimiento, una vez pasado el mal trago; porque quedamos en disposición de poder contarlo, reírnos de nosotros mismos y advertir que aún aguantamos golpes sin consecuencias.
Tal vez nos vendría bien resbalar más a menudo, con testigos, para normalizar nuestro sentido del ridículo, para quitarle protagonismo.

Casilda dijo...

Te das cuenta la de videos que hay sobre caidas ? yo creo que nos reimos de las caidas de los demas como recordatorio de nuestros propios zurrazos . Yo ya me caigo con cierta dignidad , bueno lo que hago con dignidad es levantarme con un "no ha pasado nada ..."al personal.
Tu te caes estupendamente por lo que leo .
Un besazo

NáN dijo...

Solo un gran hombre puede hacer el ridículo así, ¡a lo grande! Y por lo que veo ya eres un gran hombre.

Y como dice el saber popular, detrás de todo gran hombre hay una mujer que escribe de puta madre. Y escribir duele.

Lucía dijo...

Bárbara, guapa, lo que se hace para no hacer las cenas estas navidades, y estar casi, casi, en reposo para que te mimen, jajaja.
Bueno cómo tú has dicho no es nada, y esas botas muy bien a la basura por malas. Qué se recuperen tus rodillas.
Besitos muy fuertes

HellForger dijo...

Pues que mal que te hayas caído, de verdad que cuando a uno sucede duele más el orgullo que el golpe. Ya ves que además también dicen que: "duele más la risa (de los demás) que el golpe". Así que supongo que es verdad eso de que sirve para comprobar la madurez =)

Que te recuperes y que tengas feliz navidad.

strongboli dijo...

Qué manera tan fina de contar un tortazo... Aunque el post va sobre el sentido del ridículo, verdad?
Una vez, hablando y andando al mismo tiempo con una novia que tuvem una farola se cruzó en mi camino, con el consiguiente golpe en toda la cara. No me hice nada, pero las risas de ella (sobretodo) y las mías fueron épicas.
Y bueno, he hecho tantas veces el ridículo en público que me hace gracia y todo, cuando me ocurre.
De todas maneras, la timidez sigue por dentro...
Petons ruborizados.

mi nombre es alma dijo...

Como a ridicula no me gana nadie, te traigo una poesía,para estos días y para siempre, un brindis para el día de mañana, pincha aquí

Raúl dijo...

Que sea tu último traspiés, Bárbara. Eso te deseo.
Sonrío.

El Viajero Solitario dijo...

Como diría aquél, sólo quien ha caído sabe lo que cuesta mantenerse en pie.

Hubo un tiempo en que me dio por simular caídas en público (entonces era joven, si sirve de eximente). Iba andado por la acera y de pronto chocaba con una farola. O tropezaba con la apertura metálica del supermercado al entrar. O calculaba mal la altura o longitud de un escalón y daba de bruces contra el suelo. Debo admitir que adquirí una gran destreza en caídas simuladas (al menos a mí me lo parecía). No me duró mucho esta "afición". Las más de las veces, la concurrencia no mostraba el menor síntoma de interés por la suerte del infortunado. Todo lo más, lograba arrancar una risa estridente y esporádica. Con un público así, se entiende que pronto desistiera de mi condición de cayente. Tal vez por eso sienta hoy en día cierta ternura por todo aquel que cae en público.

Araceli Esteves dijo...

Tengo algunas caídas históricas y reconozco que cada vez caigo con menos sensación de bochorno. La última vez que lo hice, mientras caía recuerdo que pensé: NO, Araceli, esta vez caerás sin trauma, no como la última vez que te levantaste como accionada por un resorte y pediste perdón ( sí, tal como suena)a todo el que tuvo que presenciar el bochornoso espectáculo. Todo eso pensé, y me dio tiempo y me sobró en el segundo que tardé en caer. Eso es lo más increíble. El susto dilata el tiempo para que quepan más pensamientos.

Bárbara dijo...

DIOS VITAMINADO, supongo que duele el orgullo, por aquello de la pericia al manillar, caerse en parado y ante la mirada ociosa de los que se quitan pelotillas de la nariz, esperando a que el semáforo se ponga verde. Suerte que tienes los hombros como los de las muñecas de plástico y por más que los gires, siempre vuelven al sitio.
Llegaron esas vitaminas.
Un abrazo.

Ja, así resbala cualquiera, ISABEL, flanqueada por esos dos chulazos. Lo de la pomada lo descarto, tengo ese orgullo pueril que me lleva a enrogullecerme de mis heridas de guerra.
Besos humildes.

Ah, hay tantas formas de caerse, REYES, yo conozco unas cuantas. De hecho, hace ya algunos unos años practico una lenta, única caída libre... Besos en picado.

¿te ríes, ELVIRA? Yo no me reí tanto cuando ví el precio de las botas de piel, pero ¿vienen con un jamón o qué? Besazo.

Casi nieva el otro día, MUYSEÑORESMÍOS,casi.
Y eso es porque tú que siempre me miras con buenos ojos, bandido.
No sabía que era un tango tan oído, yo apenas me había caído en esta vida, pero ya sabes que las estadísticas se revientan en un momento... Besos curados.

Walquiria BB, seguro que te caes con maestría.
Muchas felicidades para ti también, ¿teneis calor por allí? dí que sí, aunque sólo sea para darnos envidida. Abrazos.

Claro MAFALDA, pero caerse con hielo o nieve se cae cualquiera. Lo mío tiene más mérito. Un beso.

Sí, ESTHER, aunque supongo que la echamos de menos sólo de boquilla. (me pondré a ello a ver qué sale. Estupenda labor la que haces, y cómo la haces). Besos.

Bárbara dijo...

Claro que comparado con lo de Roma, lo mío fue una tontería. Todo es comparable, que no relativo...
Y tú nunca haces el rídiculo, CANALLA. Tú no. Un beso.

Cierto, JATH, debería uno carse por prescripción médica al menos una vez al año. Luego uno se siente más ligero en todos los sentidos ;)

CASILDA, A mí lo que me sale muy bien es acercarme a ayudar al caído con cara compungida y luego llorar de la risa contándolo en el bar... Besote.

Escribir duele más, NÁN, aunque no deje marcas. Y yo me estoy haciendo todo un hombrecito ;)

Qué va, LUCÍA, sería una buena excusa pero no cuela, no. Que tengas felices días. Un besazo desde aquí.

La risa duele, HELLFORGER pero aún duele más la risa que no oyes. Te preguntas ¿y por qué no se reirá con el hostión que me acabo de meter?
Feliz navidad para ti también.

Bárbara dijo...

Mientras la timidez siga dentro, STRONGBOLI, y salga el descaro, que para eso es más atrevido...
Yo, cuando era pequeña, viendo fallas, me dormí andando y choqué con una farola, te lo juro...
Petons sonados.

Más que ridícula, reina maga, ALMA. Mil gracias, siempre es un placer escuchar tu voz, suena estupenda con Nicanor.
Y un abrazo.

Gracias, RAÚL. Yo te deseo mucho éxito en ese proyecto en ciernes. Completamente seria.

No me lo puedo creer, VIAJERO, ¿me estás tomadno el pelo? ¿en serio hacías eso? jajaja, entonces cuando ves a los locos esos que se graban metiéndose hostias increíles te parecerán de lo más normal... Ya sé donde sacas material para tus cuentos...

el susto dilata el tiempo, ARACELI, pero ¿no hay una sensación de tranquilidad mientras sucede? Pedir perdón, jajaja, eso ya es la bomba.

Hank dijo...

Nunca me dejas indiferene cuando escribes así de bien. Y siempre se me ocurre, invariablemente, el mismo adjetivo para ti. Es raro, me sale solo, no pienso nada y aparece. El adjetivo ya lo conoces: inteligente.

TortugaBoba dijo...

Pues bienvenido sea tu sentido del ridículo o tu falta de él, porque te vuelvo a leer después de un tiempo y qué maravilla tú, tus escritos son como el vino (por lo visto, que yo no lo tomo), mejoran -si cabe la posibilidad- con el tiempo.
Beso.