miércoles, 21 de octubre de 2009

Ohtoño!


Vivo en mi estado de ánimo. Ahí fuera hay paisajes, soles, calles, cielos, horizontes, cambiantes, eternamente cambiantes, en los que parece que habito yo. Sólo parece. Yo vivo arrendada en mi microclima particular, cambiante, provisionalmente cambiante, donde a veces, sólo a veces, redunda el otoño.
Porque el otoño sólo es otoño si estalla alguna nostalgia dentro, si cae alguna hoja con la delicadeza de la decepción.
Dirección postal: aquí dentro, en la tercera rotonda del intestino, junto a ese after llamado hígado. Clima: variable, muy variable. Constante marejada en todo el litoral. Vegetación: arbustiva xerofítica (que no sifilítica). Coordenadas: tan desordenadas…
La realidad es sólo el contraste, (un tinte líquido para ver con claridad), ese filo delgado y resbaladizo en el que se rozan los mundos por sus contornos, en el que a veces nos encontramos.
No entendía a los poetas cuando hablaban de álamos cantores, del viento amortajado, de ríos que resbalan al anhelo, de cielos de color de infancia muerta.
Ahora sé que hablaban de mí.

En brevería sincopada:
El tiempo es ese extraño que observo a través de mi estado de ánimo.
El paisaje soy yo, manifiesta.

24 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin noticias de... Glub!
:)

Vicent dijo...

Lo que hace una mala digestión...

A ti no te decía tu madre que no comieras a deshoras?

BB dijo...

Tan joven y tan bella y con tantos
agujeros negros, insondables...
U otoños a la espera de nada...
o quizás temiéndole a todo...
Tiempo, no tenemos, ni siquiera
para verlo pasar...
Un beso para ti, Bárbara.
BB

Isabel dijo...

Es que cuando cae la hoja, algo se muere en el alma...
No, eso era cuando un amigo se iba.

Que lo has descrito muy bien, sin hoja ni nada. Me identifico, porque el otoño siempre consigue entristecerme.

Besos

mi nombre es alma dijo...

Toda la geografía se circunscribe a un cuerpo y a un alma.

Un abrazo

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Todo habla de ti. Incluso lo que no habla de ti habla de ti y habla de forma convulsa porque la realidad está hecha ahí afuera para ti. El mundo es mi representación del mundo, escribió Schopenhauer, del que no he leído una palabra pero que mi memoria ha querido guardar ésta. Que estaba preparada para contartela. Un texto precioso. Besos.

Araceli Esteves dijo...

No deberías quejarte de tu microclima si permite que broten textos como éste, Bárbara. Un beso otoñal.

Archerphoto dijo...

Que sepas que ando traumatizado. Ayer estuve haciendo fotos y algunas fueron a Fabra. De ésta no me voy a recuperar fácilmente. ¡Y no estás ayudando!
¿Te llamo pronto y renovamos fotos?

Anónimo dijo...

Yo, cuando voy a trabajar, contemplo un edificio alto que encuentro en el camino. Es curioso que sólo lo observo en el otoño, en otra época pasa desapercibido.
Y muchos días digo: Hayyyyyyy, qué feo es este edificio.
Cuando realmente no es feo, la realidad la estoy transformando yo.
Besitos Bárbara.

Lucía dijo...

El anónimo soy yo: Lucía

strongboli dijo...

Bueno, no te preocupes, que después del ohtoño viene el ihnvierno, la prihmavera y finalmente el vehrano. Así somos, como el tiempo: cambiantes, impredecibles. Pero, como dijo el listo, después de la tempestad SIEMPRE aparece el sol.
(Qué raro me veo, trascendiendo a estas horas...)
Petons con los ojos abiertos.

Casilda dijo...

Me gustan las estaciones intermedias .
Besos.
(el ohtoño te sienta muy bien )

Anónimo dijo...

Me he metido en el blog, y he leído mi comentario, que no lo había repasado; ese Hayyyyyy,sin la h.
Mejor: Ayyyyyy!!!.
Besitos

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

El yo no parece que sea una fuerza centrípeta que tiende al ego-lo-que-sea; más bien parece todo lo contrario: una fuerza centrífuga que se propaga impregnando en su expansión a todo lo que pilla. No me hagas mucho caso, porque, con eso de la vida y los “yoes” y los “túes” no me aclaro mucho. Nunca me he aclarado; pero tengo la sensación de que ese “microclima particular” lo arrendamos todos los arrendatarios pululadores que venimos a libar provisionalmente o para siempre -¡váyase usted a saber!- de esos pólenes cambiantes de redundancia otoñal. (¡Caaaastañiitasss calentiiitaaasss!) .

En esa percepción del otoño diferimos mucho: para mí el otoño no necesita de nostalgias ni de nada para estar presente; siempre lo llevo a flor de piel, en cada momento del año, porque siempre arrastro –para mi suerte- la sombra de Jacques Prévert : que no hay mejor otoño para mí; porque es el fondo de mi estado de ánimo.

Por lo demás: ¿por qué te empeñas en hacerme doblar la rodilla?: Tú, siempre tú.... ¿Tú xerófila?... ¡Ni por esas, vamos!

Besos a granel.

PD: La de la foto, si no me equivoco, y no creo equivocarme porque esas palas separadas la delatan, es Sylvie Vartan en sus años mozos, ¿no?

Raúl dijo...

¿A cuánto va el metro cuadrado de tu estado de ánimo?

El Dios vitaminado dijo...

El otoño es la piel fina de los microclimas. El instante de la conciencia que lleva pareja la tristeza, por nostalgias o porque da la gana, a secas.

La que no te aleja de la vida pero te la muestra desde otra perspectiva. Porque, aunque se caigan las hojas, al final no son mas que semillas que dan vida.

"El paisaje soy yo". dices. ¡Que buena puntilla!

Me gusta cómo lo cuentas.

Un saludo vitaminado.

marichuy dijo...

Bárbara

Tengo tiempo queriendo comentar aquí, pero me daba un poco de pena (vi el link de tu blog en el de Canalla), pues me sentía como si anduviera entremetiéndome.

Pero hoy no me pude aguantar, esta descripción de tus cambiantes sensaciones potenciadas por el otoño, me gustó especialmente; quizá más porque me sentí muy identificada.

"El tiempo es ese extraño que observo a través de mi estado de ánimo"

El mío, hoy, es melancólico y el tiempo sigue pasando con este otoño de clima tan cambiante como mi propio estado de ánimo.

Saludos desde México

Daniel Rico dijo...

Hola:

Me encanto este verso:
"El paisaje soy yo, manifiesta."

Realmente el mundo es lo que nuestro animo nos deja ver de el. Ahora, un otoño permanente suena a cristal de melancolia que tiñe todo color lluvia, y no parese un estado muy grato al alma.

Hay que salir, afuera siempre hay alguna primavera escondida tras una esquina.

Saludos!!

NáN dijo...

Tramposilla. ¿Quién te dio permiso para tener un nombre que te describe? El hábito hace al monje, la costumbre a la mayoría y el nombre a los pocos.

"Soy Bárbara", te presentas, y el otro dice después "Es que es Bárbara". Si no fuera porque ya no me quedan años para hacerme al nombre, hay que ponérselo de muy chiquitín para que funciones, iba a la Oficina de la Cosa para cambiarme el mío por Estupendo, a ver si funciona el procedimiento.

Me queda el consuelo de que un día me des una cita en la vesícula, que va después del after.

El Viajero Solitario dijo...

Éste es uno de esos textos que le dejan a uno boquiabierto, sin posibilidad de articular palabras inteligibles. Sólo sé que si alguien me preguntase qué es el otoño (pregunta harto improbable que alguien me formule, todo hay que decirlo), le remitiría a tu magistral "Ohtoño!". Me ha encantado.

(Un apunte: en el primer párrafo, conforme arranca el texto, diría que sobra la coma que va entre horizontes y cambiantes, a no ser que con cambiantes te refieras al hombre que tiene por oficio cambiar moneda, cosa que dudo, o que un servidor lo haya interpretado erróneamente, cosa que no dudaría.)

Bárbara dijo...

Seguiremos buscando, ANÓNIMO amigo, por aquí o por Marte... Besos.

Sí, creo que también me lo decía, VICENT. ¿Pero quieres decir que si le hubiera hecho caso y no hubiera picado entre horas no existiría el otoño?

Ajum, ajum, BB, ni tan joven, ni tan bella, ni tan negros por suerte... Y ese tiempo que no tenemos, qué lento pasa a veces... Un gran beso.

Será que somos básicas, ISABEL, otoño- nostalgia, primavera- alegría. Claro que con este tiempo loco una anda esquizofrénica perdida... Besos.

Cierto ALMA, en tu caso doblemente cierto. Un abrazo panorámico.

Eso falta EMILIO, que le des de comer a mi egocentrismo, jeje... Yo tampoco conozco mucho a Schopenhauer, y eso que no hace mucho que estudié aquello de la voluntad, etc, será que no tengo voluntad para retener nada...
Toda una representación de besos.

Lo de quejarse forma ya parte del paisaje, querida ARACELI. Un beso dejado caer con delicadeza, como una hoja.

SERGI, si no reventó la cámara después de fotografiar a tan ínclito personaje, yo enchanté de que me llames, aunque sea una pésima modelé.

LUCÍA, a mí a veces me asusta lo objetivamente distintas que se me aparecen ahí fuera las cosas según el día que haga dentro. Lo de la h lo pasaremos por halto (así en confianza te diré que creo que ohtoño tampoco lleva h). Besiños.

Bárbara dijo...

STRONGBOLI, ¿no era la calma lo que venía después de la tempestad? Claro que el sol da calma (salvo que te quedes sin gasolina en medio del desierto, con la cantimplora vacía y sin cobertura en el móvil...). Como sigas trascendiendo te vas a evaporar...
Pehtons, amic.

CASILDA, eso imprime carácter, no sé en qué sentido ni qué tipo de carácter pero lo imprime. Besazo.

Me ha encantado tu comentario, MUYSEÑORESMÍOS, sí, el sentimiento otoñal parece el caldo de fondo en el que todo lo cocemos, la capa de imprimación sobre la que pintamos (más apropiada esta metáfora contigo...)
Pero me pregunto por qué han de tener más carga de realidad las sensaciones digamos ohtoñales que las otras, por qué la película con mayúsculas siempre es un drama y no una comedia.
Y sí, es Sylvie Vartan, la más bella para ir al baile.
Besos descalzos.

RAÚL, baratito, oiga, con la crisis, estamos que lo tiramos, y además regalo unas preciosas floras bacterianas para decorar el salón...

Hola DIOS VITAMINADO, me gusta tu vitamina, haces compatible la tristeza, a la que tenemos derecho con cierto optimismo vital.
Y sí, como dices, hay que dejar que caigan las capas muertas, esas hojas secas para que florezcan nuevas. Tengo un amigo que dice: vivir, ¿para qué? morir ¿para qué? Uau, no me pierdo esta mierda por nada del mundo.

MARICHUY, encantada de que pases por aquí (sobre todo con tan canallas recomendaciones). Y sigue siendo verdad: nos une más la nostalgia que cualquier alegría. ¿de qué color es el otoño mexicano? Hasta ahora a mi pobre imaginación, sólo llegaba el verano mexicano, ya ves.
Un abrazo transatlántico.

DANIEL, saber administrar lo de fuera y lo de dentro, que hace frío aquí dentro, buscamos algún caribe exterior, que hay buena temperatura interior, nos ensimismamos un rato. Parece inteligente. Abrazos.

NÁN, es bueno tener un nombre único, con sólo tres letritas que no remitan a nada más que a ti, un nombre cortito en el que cabe tanto, porque mira que eres grandullón (alma XXL). Estaría bien lo de Estupendo, Sr Estupendo,le voy a poner una multa por circular demasiado deprisa, Sr. Estupendo, le recordamos que tiene usted una deuda con Hacienda... Todo suena mejor así, ¿verdad?
Y la cita mejor en el duodeno que cuentan mejores chistes...

Ejem, VIAJERO, esta tontería no merece los elogios. Tienes razón con la coma, quería hacer una pausa tras horizontes pero siendo una enumeración, es verdad que no pueden mezclarse sustantivos y adjetivos (o participios). Debería existir algo intermedio entre la nada y la coma para expresar una micropausa...

jesus vera dijo...

.. esto surgió ..

... ¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?
(Yo soy inmenso,
contengo multitudes.)
Walt Whitman.

.. otro microcosmos.

HellForger dijo...

Me gustó, especialmente esta parte: "Yo vivo arrendada en mi microclima particular". Si vives arrendada entonces no es tuyo y se cambiar de lugar cuando tengas ganas de hacerlo. Excelente descripción de una biosfera interna.