jueves, 24 de septiembre de 2009

A ras de suelo


Imaginé que me reventaba un billete de lotería entre las manos y me desintegraba gozosamente, esperando la dulce caída sobre un colchón de millones de euros.
Mi idea de poder no dista mucho de la de Hitler, pongamos por caso. Y es que me encantaría decir: a ti te cambio la vida, porque te lo mereces, porque me da la gana. Poder, poder, poder. Poder para cambiar el curso de las vidas con las que me tropezara, poder para variar eso que algunos aseguran ya está escrito.
Diseñar proyectos de vida mejores, patentar una maquinita que en lugar de expender café, expendiera buena suerte a cambio de mala suerte. Ay, qué hermoso.
Claro que también imaginé todo lo que me gustaría comprar para mí: una casita con piscina, cerca de la playa, un sinfín de libros, una buena cámara de fotos. La lista fue engordando pero sin grandes excesos. ¿Sin grandes excesos? ¿Comparado con qué? ¿Con ese pellizquito de buena suerte destinado a los demás? ¿Esa fortuna dividida entre miles de historias? A ellos no les importaría, me dije, porque ellos estarían siempre agradecidos, y yo sería su benefactora, su hada madrina.
Hasta que un día, casi sin darme cuenta, empezaría a sentirme incómoda, instalada en la base de la diferencia, nadando en círculos turquesa en mi piscina privada, una de esas piscinas que parecen desbordarse directamente en el mediterráneo (a estas alturas, ya la visualizaba claramente).
Digo, empezaría a sentirme incómoda al enfrentarme a esos ojos callados, a esa diferencia invisible que se iría colando entre nosotros. Y la incomodad iría creciendo como una planta carnívora, devorándolo todo, y ya sólo me relajaría rodeada de los míos, de los de mi clase, o en la soledad de mi piscina azul-horizonte de mi espléndida casa de playa con piscina, y con buganvillas (en mi imaginación, las buganvillas ya habían crecido por todas partes). Y poco a poco, iría alejándome de esos ojos sin rostro que me recordarían indefectiblemente la desgracia que yo esquivé, esa bala que pasó silbando y le alcanzó de lleno al de al lado.
Y quién sabe. Puede que llegara a odiarlos en silencio, yo que tanto he hecho por ellos, y ellos que me lo pagan haciéndome sentir tan miserable.
Y concluí que a veces un comunismo moderado, a ras de suelo, no es tan mala opción. Y que ya ni siquiera puede una soñar tranquila, joder.

21 comentarios:

Amaia dijo...

Paso con más calma,me ha encantado echaba de menos una entrada así,gracias por tu amable comentario,Bárbara!

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Ni te puedes llegar a hacer una idea de la buena suerte que tienes, joder.

Abrazo

Amaia dijo...

Los ojos que lo han visto quedan ciegos,me refiero,a esta última parte,claro está!

Un abrazo a ras del cielo?

June dijo...

Es verdad que al ser de los elegidos, uno ya sólo quiere estar con los de su clase .
Ahí empieza todo un mundo de limitaciones.
Aun así me gustaría ponerme a prueba , degustar una pizca de la vida por sí misma ,sin el estrés de la supervivencia.

Pedro Herrero dijo...

Iba de paso y he debido determe en tu entrada un par de veces. La tregua que pides al lector de tu bitácora no pareces darla en tu manera de escribir, que yo calificaría de vertiginosa y estimulante. Eso es bueno, tanto para el cuerpo como para la mente. Quiero decir, detenerse a leer algo que te arrastra. Mi enhorabuena.

Isabel dijo...

Una síntesis real estupendamente relatada que conduce a una certera conclusión.
¡Bárbaro, Bárbara!

Gemma dijo...

Cuánta razón, chica. ¿Por qué costará tanto sentirse afortunado, feliz, satisfecho? ¿Por qué, eh? A ver. ;-P

BB dijo...

Nadie quiere estar a ras del suelo,
porque estás viendo a las águilas
volar tan alto, que quisieras
volar hacia ellas... Todos deseamos
las cosas buenas que parece le
pertenecieran a otros y de alli
deviene el odio, pero, no porque
ellos representen a la clase
afortunada, sino por no poder
ser parte de ella. Por qué
habrías de ser infeliz, si te
tocara en suerte, tener alguna
de esas hermosas realidades que
parecieran pertenecer a otros?
Todo, en demasía, es obsceno. Las
riquezas extremas, obscenas. El
despilfarro, obsceno.
Pero, querer gozar de las cosas
buenas, que todos los días nos
muestra la media, no puede movernos
a sentimientos de culpabilidad.
El mundo anda al revés. La riqueza
mal repartida, las injusticias
nos miran impertérritas.
El mundo necesita cambios urgentes,
pero, eso no quiere decir, que
para ello, tengamos que colocarnos
a ras del suelo. No.
Es subir a los que allí están
lo que necesitamos lograr.
Ese es el comunismo que yo añoro.
Pero ese comunismo, no existe.
Un texto hermoso, y yo te mando
un beso
BB

Anónimo dijo...

precisamente la contradición está ahí: soñar cosas buenas y que nadie lo pase mal...como toda contradicción, o la resuelves o la asumes, todo menos aislarte en una inhumana individualista burbuja que ignora al resto...
y mientras a alegrarse de que sigue habiendo en el mundo quien pelea por cambiarlo mientras, adultamente, disfrutar de lo bueno que tiene la vida...
mansur también con dudas

Araceli Esteves dijo...

"Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden a nuestras plegarias" decía la Meryl Streep en " Memorias de África". ¿Cuántos no desean esa fortuna que acabaría con ellos? Yo he oído historias reales de personas
a las que les ha tocado la lotería y te ponen los pelos de punta.
Suicidios, algunos escondidos en accidentes de moto, pozos depresivos, abandonos de familia.
Quita quita...
Es un gustazo leerte Bárbara, ya lo sabes.

strongboli dijo...

¿Y para qué quieres una piscina al lado de la playa, con tanto mar ante tus divinos ojos negros?

ana dijo...

Hay algo que tienen los ricos que me da miedo:LA ENVIDIA DE LOS DEMAS.....

Canalla dijo...

Lo dicho: nada dura mucho, y pocas veces alcanza, y no estoy muy seguro de querer compartir esta certidumbre a otros menos afortunados, pero no puedo dejar de leer posts como éstos y querer atesorarlos. Besos.

Daniel Rico dijo...

Maravilloso. Me recordo al pobre fausto, pidiendole al diablo que seque los pantanos para acer mas facil la vida de los pobres.

Supongo que todos fantaseamos con lo que hariamos si nos callera un aguacero de billetes.
Yo, si fuera millonario, seria alcoholico.

muy bueno tu sitio, saludos.

Casilda dijo...

A ras del suelo todos estamos igualados y creo que tienes razón esos golpes de fortuna a lo bestia, aun con reparto de generosidades nos acabn dejando mas solos que la una.
(Aunque yo voy a subjestinarme con que no y esta semana voy a hacer la primitica , comprar el cuponazo y lo que se me ponga por delante .)
Un besazo

mi nombre es alma dijo...

Como en todo, lo ideal es un equilibrio, un a ras del cielo estaría bien.

Un abrazo

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Bien expresado, con rabia y con ternura. A ras de cielo. Palabras juntas que dicen tanto. Un abrazo, Bárbara.

NáN dijo...

Has dado en la diana. Si alguien no ha fantaseado con eso, que tire la primera piedra. (¡maldición vivo en la ciudad y no hay piedras!, bueno, pues hago el ademán de que no la tiro).

Hay ganas, siempre hay ganas de favorecer a los próximos. De intervenir en sus vidas, incluso sin dinero.

Y hay un deseo oculto (que no se nos note mucho) de mejorar la nuestra. Con la excusa de jugar un poco a ser la diosa fortuna. Para que nos quieran más, sedientos siempre de cariño.

El final es magnífico: un poco de comunismo moderado es la charca ideal para chapotear felices.

Como ha dicho alguien: vertiginosa. Has acertado, pero, ¡ay!, no hay premio en dinero.

Un abrazo sí.

Bárbara dijo...

No era amable AMAIA, era descriptiva. ¿Has visto lo bajas que están las nubes? Besitos.

Pues sí, MUYSEÑORESMÍOS, hoy por hoy no tengo ningún motivo para quejarme (bueno, espera...). Un abrazo colmado.

JUNE, por fin te dejas ver por aquí y me das pie a visitarte... Y sí, hija, ni calvo ni tres pelucas, lo justo para ir tirando.

Muchas gracias, PEDRO. Espero que no sea la última vez que te dejas caer por aquí.

ISABEL, y eso que hoy lo de comunista es una palabra mal vista... entre demoníaca y obsoleta... Un abrazo.

Supongo GEMMA, que es una cuestión de contrastes, uno no puede tener hambre si no deja de comer. Claro que tampoco hay que pasarse...

Lo que no sé es a cuanto tocaríamos en el reparto, BB. Quiero pensar que todos tendríamos las necesidades básicas cubiertas, y otras no tan básicas. Un gran abrazo.

Bárbara dijo...

MANSUR, yo aún no he resuelto esa contradicción, ¿será que me quedé en la adolescencia? besos, sin duda.

ARACELI, yo también vi un reportaje sobre personas a las que les había tocado la lotería y eso había arruinado sus vidas (algunos habían llegado al suicidio). Nos servirá de consuelo... Besitos, guapa.

Pues tienes razón, STRONGBOLI, bandido, donde esté la procelosa mar que se quite lo demás...

Cierto, ANA, claro que la envidia es tan barata en España que la encuentras en cualquier parte...

Yo tampoco lo tengo claro, CANALLA, pero para eso está el mundo de las ideas, para ir investigando. Muchos besos.

jajaja, DANIEL, ¿alcohólico? como diría Carmen Sevilla, qué bonita profesión... Claro que no hace falta pedir imposibles, sólo un poquito de equidad... Bienvenido por aquí.

Pues que tengas suerte, CASILDA, yo no renuncio, aún cond udas sobre qué hacer, perfiero dudar con dinero que sin él. Besos.

ALMA, a ras de cielo es maravilloso. El mejor lugar imaginable. Un abrazo.

A mí también me gusta, EMILIO. Un gran abrazo.

Acepto el pago en carnes, NÁN. De hecho en mi tabla de conversión de monedas, un abrazo tiene más valor que el cash o metálico.
Creo que es bueno soñar hasta las pegas, para estar preparados.
Un abrazo que cotiza en bolsa.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Pues eso...