sábado, 13 de junio de 2009

Tristemente felices


El otro día vi Callejeros, un programa que me gusta mucho y me pasó una cosa curiosa.
En un primer reportaje, se mostraba cómo viven algunos el lujo y el despilfarro en Marbella: la desidia al atardecer, en una cama redonda sobre la arena de Silicona Beach, bebiendo 15000 euros de champán. Cochazos de más de 100.000 euros, auténticas princesas destronadas, millonarios de todos los rincones del planeta...
Un mundo absolutamente…. (no encontré adjetivo).
Y lo curioso: la gente parecía triste. Lo juro. Había algo trágico, desgraciado, en el fondo de muchas de aquellas miradas.
Un millonario gordo, rodeado de bellezones, se lamentaba con indolencia de que nunca iba a encontrar esposa. Mientras, seguía esa deriva de fiestas, con personajes del ángel exterminador, que no podían escapar a ese guateque continuo.

En el siguiente reportaje, nos trasladamos a un barrio de Córdoba (creo), hecho jirones. El paro, la droga, la miseria, en el salón de casa por el módico precio de unos anuncios. Al más puro y genuino estilo callejeros.
Y más raro aún que lo anterior: muchos de ellos parecían felices. Lo juro.

Un tipo de mirada esquiva decía que ahora cobraba el paro.
- ¿y antes?
- antes tenía a mujeres que trabajaban para mí.
- ¿era usted chulo? le pregunta el reportero, entre dicharachero y recriminador (ese día no estuvo muy fino, todo hay que decirlo).
- Bueno, sí. Tenía 4 o 5 mujeres, me sacaban unas 40, 50.000 pesetas al día.
- ¿Y cuánto se quedaba usted?
- Pues todo, quitando lo que se gastaban en ropita y cosas así.
- ¿O sea que encima las explotaba? replica escandalizado, pero siempre dicharachero el reportero (no, definitivamente, no tuvo un buen día).
- Eh…que yo siempre las he tratado bien, que yo soy muy buena persona, pregunte usted por ahí….
Y luego salen Las Choches, guapas ellas, cantando como ronea como ronea , y los hombres reunidos junto a un fuego, fumando porros para matar el tiempo porque no hay trabajo. Es que no hay trabajo.
Y un chico amanerado, con bata y una melena larga y rubia de bote, que se busca la vida haciéndoles las compras a las vecinas.
- ¿cuánto te sacas con esto?
- depende, lo que quieran darme, 4, 5, 10 euros.
- ¿y por qué en este barrio todo el mundo va en bata?, pregunta el reportero, que ya sabes a ciencia cierta que no le van a dar el premio Pulitzer, y mira que a mí me gusta Callejeros…
-Pues no sé, yo me levanto, me pongo la bata, me pinto los ojos, me peino y salgo a la calle.
- Andas como una modelo…¿Hubieras querido ser artista? (a estas alturas haces como que el reportero no existe)
- Pues no sé lo que hubiera querido ser, la verdad, no me lo he planteado, responde y se aleja con un marcado contoneo de caderas.
El reportero entra ahora en una carnicería, y le dice a una mujer que espera su turno:
- Señora, se la ve muy guapa, muy arreglada…
- ¿Sí? el pelo me lo he peinado con un ventilador.
Risas entre las clientas (yo creo que se ríen del reportero, yo no entiendo del todo el chiste pero también me da la risa).
Y más risas por el embutido enorme que cuelga, que dice la otra que parece la tranca de un caballo que tenía.
Y más risas, y venga que el barrio se cae, y esta finca la primera y nos han puesto aquí delante unas jaulas como si fuéramos animales…
Y la culpa es del párraco (el párroco, se sobreentiende), que nos ha engañado…

Y la cámara se aleja y las voces se van confundiendo, y a ésta que escribe se le queda la sensación de que parecían felices, tristemente felices, y los otros felizmente desgraciados, si quieres, pero cada cual con su atributo por delante.
Y me preocupa, porque no me gustan estas cosas, no me gusta frivolizar con la pobreza que es mala, mala, y no admite zarandajas literarias como la paradoja o el oxímoron.
Pero lo juro, unos parecían tristes y los otros felices.

25 comentarios:

iliamehoy dijo...

A mi me gustaba callejeros...pero no sé porqué dejó de gustarme. En cuanto al reportaje, y sin haberlo visto, pienso que todos, absolutamente todos, eran infelices. La diferencia, unos por no saber qué hacer con su "buena" vida de opulencia y flagrante despilfarro y los otros.... por no saber qué iba a ser de su "mala" vida.

iliamehoy dijo...

Ay, que no me despedí.
Tu descripción me ha parecido maravillosamente desgarrante.
Una sonrisa admirada

Raúl dijo...

Te creo mujer, te juro que te creo.

BB dijo...

Tampoco me gusta frivolizar con
la pobreza.
Y me entristece pensar que nadie
sabe cuándo es feliz.
Es un reclamo permanente que se
le hace a la felicidad.
Un beso
BB

moreiras dijo...

Buena reflexión, a veces parece que los sentidos nos quisieran engañar haciéndonos creer o sentir cosas que no encajan con el análisis racional de una situación.
Sin embargo, y sin jugar con la miseria, creo que en este caso no era totalmente imposible que los ricos fueran más infelices que los pobres, porque los lujos materiales a la larga nunca dan la felicidad, y sí que la dan -todos los días- la compañía, la amistad, la familia, los afectos... Y si la pobreza es una pobreza digna... el hombre, al fin y al cabo, es un animal adaptativo más, y el primer instinto es el de supervivencia... (la sonrisa es supervivencia, la alegría es supervivencia... Y otro día, después de todo lo que he soltado, nos planteamos en serio qué coño es exactamente la felicidad...)
Siempre es un gusto leerte. Saludos

Mega dijo...

"Y la culpa es del párraco (el párroco, se sobreentiende), que nos ha engañado…"

...probablemente el tipo ése sea un pajarraco en toda regla, y de ahí. (Hay deslices lingüísticos con más sustancia -y verdad- que determinadas palabras...).
Beso

PS: Lo más gracioso es que tal como lo cuentas, el que parece un extraterrestre es el reportero. ;-P

Reyes dijo...

A mí tampoco me gusta ya el programita .
¿Estoy zumbada o ellos hacen espectáculo de la pobreza y la miseria ?
¿Hay tanta diferencia entre eso y ver la degradación paulatina de la Esteban , por ejemplo?
Durante un tiempo se creyeron los guays , y me parece que son los mismo aprovechados pero vestidos de paladines de la verdad y el retrato crudo, nuestro ojo cotilla en barrios donde nunca entraremos.
Pero eso no cambia nada.
Y aparte de esto, Bárbara, una vez vi un maricón muy viejo en las calles de Madrid , él mismo se lo llamaba, maricón , ya lleno de arrugas y vestido de rosa, me puse tan triste que me prometí no volver a verlo nunca más.
Si me dijeran que por ver el programa me van a contabilizar el tiempo y las emociones en ayudar a esa persona , lo haría .
Pero para que se mantenga su audiencia , y yo acabe con el corazón roto, paso.
Y en cuanto a lo de los ricos, tienes razón.
Hay un punto en el que se llega al hedonismo desgraciao , sin vuelta atrás, y al igual que comer más de lo que necesitas,no debe hacer demasiado feliz.
Perdona la extensión , hacía un tiempecito que no te leía , y me he explayado.
Besitos.

carlos dijo...

Ayer mismo una periodista me comentaba este reportaje -creo que sería el mismo- impresionada. Me pareció significativa la frase que según ella decía una chica refiriéndose a cómo afectaba la crisis a algunos de estos que vivían a todo tren y ahora no pueden: "es que los pobres ya están acostumbrados, pero esta gente no".

carlos dijo...

Curioseando en internet, veo que no era el mismo reportaje, pero por lo visto coincidían en alguna de las fiestas marbellíes, por lo que cuentan algunos internautas.
El que me comentaron a mí era "Los ricos también lloran" en Comando Actualidad de TVE: http://www.rtve.es/television/20090609/los-ricos-tambien-lloran/280266.shtml

Amaia dijo...

Entre un programa reality y un programa serio, que aborde rigurosa y profundamente las causas y consecuencias bien sea de la pobreza,la riqueza, sea de lo que sea, se antepone el abismo.

Un saludo,Bárbara,tus poemas son siempre una maravilla altamente apreciados por la red.Vamos,que podríamos ser con ellos,inmensamente felices.
Un abrazo!

TortugaBoba dijo...

Yo no veo Callejeros no porque no me interese, que sí, sino porque no me gusta ver cosas tristes, o miseria, o desdichada felicidad. Hay que estar preparado para ver lo que se asienta bajo un puente, en una calle oscura, o un barrio abandonado. Sin embargo, sí que haciendo zapping vi a una señora mostrando su casa en San Pedro de Alcántara (¿puede ser?), y me entró tal repugnancia ante tanta opulencia: "en esta sala de baile pueden entrar unas 100 personas, si no, utilizo la otra sala", con ese pelo tan mal teñido, y es desgana contándolo todo, que tuve que quitarlo. Lo de Marbella es una vergüenza. La de tiendas insultántemente caras que hay, que me pregunto yo: ¿tanto parné hay por esos lares que les trae cuenta tener allí una tienda Versace? Claro, luego desmantelan redes rusas y detienen algún camorrista. Ésa tiene que ser la explicación.
En cuanto a la pobreza, que tiene que ser muy mala muy mala, como tú bien dices, sólo puedo maravillarme cuando enfocan a personas que lo están pasando tan mal y tienen esa sonrisa, ese sentido del humor, que yo creo que el dinero termina exterminando (entiéndase el dinero llevado a un extremo muy alto).
Beso.

Mr. TAS dijo...

y qué se pensaba el reportero que hacían los chulos con las putas? es que no sabe lo que quiere decir, chulear? joer, quién sería...

Annete dijo...

Yo también lo ví. Aluciné, flipé y me escandalicé con el modo de vida de algunos ricos - el que mencionas del gordo pagando 15000 euros por una botella de champán para meterla en una pistola de agua y rociar a las mujeres me pareció una increíblemente patético. el reportaje de después no lo vi entero, pero ambos, antitesis en sí, no me dejaron indiferente

NáN dijo...

Yo creo que no es "felicidad", sino "hambre de vida". El deseo desbocado, desde que despiertan, de todas las cosas que les faltan.

Un hambriento habla de la comida con una fuerza que no logra el saciado.

Jordi Santamaria dijo...

Yo sí creo que es felicidad.
El pathos humano se basa en el condicionamiento y la habituación.
La felicidad no entiende de contenidos, si no de incrementos, decrementos e intensidades.
Esa otra "felicidad" es la imaginada o soñada, la de los infelices.

Vicent dijo...

Yo creo que cada vez somos mas aquellos a los que ha dejado de gustarnos Callejeros. Empezó mostrando una cierta realidad de la vida en los suburbios y ha terminado parodiándose a si mismo, en una ultima pirueta que alcance el guetto mas ruinoso, la barriada mas miserable...

Despues de la crítica televisiva y respecto a tu post pues... sinceramente opino que el mero hecho de ver a un camara y a un reportero (aunque sea gilipollas) dando vueltas por el barrio ya altera el natural comportamiento de los entrevistados.

Llámame materialista, pero prefiero la tristeza del millonario a la supuesta alegria del pobre.

PEGASA dijo...

Toma pero que casas tenían los condenados.
Lo que me puso más rabiosa era el que vendía las bombillas ecológicas.

Se había gastado el tio el día de antes 30.000 euros en juerga.
Y en ese día acababa de comprar una botella de cava de esas gigantes, eso sí, 1800 euros.
Vamos si no termina el programa, me cambio de canal solo de la rabia que me dió.

NáN dijo...

voy a tener que ver el programa al menos una vez.

El Viajero Solitario dijo...

Voy recuperando poco a poco la sana costumbre de los comentarios, Bárbara.

Entiendo lo que comentas sobre la felicidad, pero me resisto a creer en la felicidad de los pobres. No sé, es como cuando alguien dice que en la India todos parecen felices, a pesar del elevado ínidce de pobreza. Supongo que tiene más que ver con el instinto de supervivencia. En una situación así, tal vez la risa (que no la felicidad) sea lo único que quede.

Sí creo más en la infelicidad del rico, o al menos de esos ricos que exponen sus vidas ante las cámaras, pobres infelices que pensaron que la acumulación de bienes materiales y artículos de lujo acarrearía la satisfacción personal.
Pero debe ser un número reducido. No me creo que todos los ricos sean así de infelices (no digo que sean plenamente felices, no soy tan osado ni iluso, pero tampoco tan miserablemente infelices como estos pobres ricachones).

Y, ahora, a recuperar las entradas perdidas.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Un mundo absolutamente absoluto, ¿podría ser?
¿Podríamos establecer que la felicidad es inversamente opuesta a la “felicidad”?
Sigo leyéndote...
Me hielas... me congelas... Vale, lo has demostrado, eres una escritora estupenda, pero sin compasión hacia tus lectores.

Un abrazo.

mi nombre es Alma dijo...

Quizás, pero es una felicidad o infelicidad de momentos. Y unos tienen más momentos que otros.

Saludos

Dnc dijo...

No sé, a lo mejor el dinero "agría", pero mientras tanto... asa-asa-arriquitaumm!!

(La rubia de la bata era un crack)

Un besito Barbarella.

Bárbara dijo...

Realmente ILIAMEHOY, es difícil medir la felicidad (supongo que es más fácil medir la infelicidad pero tampoco estoy muy segura). En cualquier caso, de los extremos, si se puede, mejor huir. Saluditos.

Jaja, RAÚL, vale, ya sé que a veces me pongo pesada...

BB, supongo que a ser feliz también se aprende, y cuanto más se practica, más fácil sale(si no hay causas de fuerza mayor que lo impidan, claro). Besos.

MOREIRAS, supongo que es cosa de la ficción, quiero decir que aunque sean reportajes o documentales, no dejan de ser una reconstrucción de la realidad, con su inevitable toma de posición que de alguna manera hace mella en quien lo ve. Abrazos.

MEGA, lo parecía. A mí también me resultan reveladores los lapsus lingüe, aunque éste realmente no era tal porque lo repitió como seis veces, el tío...

REYES, puede que hagan de la miseria un espectáculo, es verdad pero a mí me gusta el programa por comparación, por la gran cantidad de basura que abunda en la tele. Y porque me gusta conocer algunos barrios de ciudades por los que nunca pasaría aunque las visitara. De todas formas, una vez sacaron un barrio de Valencia, el Cabañal, que está cerca de mi casa y me pareció un barrio totalmente desconocido, muy con el sello Callejeros. Besos, guapa.

CARLOS, lo de la Carmen esa, o sea, es de risa si no fuera tan triste.

AMAIA, un abismo. Lo malo es que cada vez prima más la frivolidad y el entretenimiento en la información.
Exageras con lo de los poemas pero mil gracias. Besos.

TORTU, a mí me han conmovido muchos de los personajes (personas mejor) que han salido en Callejeros y cada vez me resulta más difícil que algo me conmueva en la tele. Así es que aunque es triste, prefiero ver cosas que de alguna manera me dejan huella. Estoy contigo: tener dinero es una cosa y el despilfarro y la ostención otra. Esto último da mucho asco.

Bárbara dijo...

MR TAS, creo que era el de la izquierda de la foto. Y es curioso porque normalmente se limitan a mostrar sin mucho intervenir, pero el otro día, estuvo bastante desacertado, con ese tonillo entre jovial y reprobador.

Justamente ANNETE, ese gordo era de los que más pena me dio. Supongo que es ese contraste lo que le daba fuerza al programa.

Tienes que verlo NÁN, aunque sea sólo una vez, claro que hay muchas diferencias entre unos reportajes y otros. Una vez tuve una depresión y siempre lo digo, fue cuando experimenté los momentos de felicidad más intensos(y los de infelicidad, claro...).

Difícil JORDI, medir la felicidad, escribí un post sobre el sufrómetro, un aparato para medir el sufrimiento (http://dameunatregua.blogspot.com/2008/06/el-sufrmetro.html), también debería existir un felizómetro.
Yo tambien creo que para ser considerada como tal, la felicidad debe ser un estado constante y con base real. Supongo que podría definirse como la menor distancia entre lo que uno desea y lo que uno tiene. Pero claro, luego surgen otras dudas: hay gente que desea poco, que es muy conformista, ¿es más feliz? Y hay insatisfacciones permanentes que han dado obras maravillosas. Difícil todo esto...

Es verdad, VICENT, una cámara lo cambia todo, el resultado acaba siendo una ficción, aunque puede haber verdad en una ficción, aunque no haya realidad. Y uno puede desear ser ese personaje dramático en la pantalla pero en la vida real, ja... Si me dan a elegir, supongo que también preferiría sufrir rodeada de champán que disfrutar entre la miseria...

PEGASA, qué casas, algunas impresionantes, otras superhorteras. Yo entiendo que si uno tiene dinero, elija las mejores vistas al mar, pero que elija griferías de oro para los baños, eso no lo puedo entender...

Toda la razón, VIAJERO, yo creo en cosas bastante sencillas y evidentes: tener las necesidades básicas cubiertas es condición sin e qua non para la felicidad pero no la da, claro está. Los afectos, la realización personal, cierto equilibrio, sí, pero hay tantas combinaciones posibles con y sin dinero. Me pareció curioso un reportaje que hicieron sobre algunos agraciados con la lotería cuyas vidas se habían ido al garete desde entonces, algunos llegando incluso al suicidio...

Un mundo absolutamente absoluto,MUYSEÑORESMÍOS, creo que no podría ser: todo es relativo (toma absoluto...). Pero creo que sí hay que manejar ideas absolutas porque si no caemos en un relativismo absolutamente alienante. ¿crueldad? jeje, pues no has visto nada...

Lo que no sé, ALMA, es quienes son los unos y quienes los otros. Saludos.

Era un crack, DONCE, es verdad, por un personaje así, bien vale la pena tragarse el reportaje entero.
Los billetes más bien amargan, jeje (es que leí que la mayoría de ellos contienen restos de cocaína...) como semos, los españoles....
Un besazo, guapetona.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

¡¡¡Joooooooo......!!!!!!