jueves, 21 de mayo de 2009

Y la hierba fue roja


Y LA HIERBA FUE ROJA

Lo vi en el andén. Chaqueta de tweed, zapatos brillantes, un estuche que parecía contener algún instrumento, una trompeta tal vez. Una colilla mal apagada, media suela de cuero, un vistazo al panel y había desaparecido.
De un salto, estaba en el asiento de enfrente y leía. A ratos, entrecerraba el libro que sostenía entre las manos, entrecerraba también los ojos y los volvía a abrir para mirar fijamente el paisaje, como si hubiera hecho acopio del oxígeno suficiente para sumergirse en el mundo real.
- ¿Le molesta?
Entonces, aún se fumaba en los trenes, aún se fumaba en todas partes, pero siendo él irremisiblemente francés, pidió permiso antes de encender el pitillo.
Moví la cabeza negativamente y el humo bosquejó la silueta del Sacré Coeur parisino.
- ¿Le gusta a usted el campo?
Me encogí de hombros.
- Supongo. Soy de pueblo, para mí el campo es algo que siempre está ahí, el escenario habitual.
- En tanto que exista un lugar donde haya aire, sol y hierba, debe uno lamentarse de no estar allí- dijo, haciendo vibrar las erres.
Sonreí. Unos árboles nos saludaron con las ramas, con cierta urgencia. No fuimos capaces de corresponder a tiempo.
- ¿No le parece raro que la hierba sea roja?
Miró la hierba, roja, como un tapiz de claveles desangrados.
- No más que la mujer sentada tres asientos detrás de usted.
Giré la cabeza y observé por la rendija que dejaban los dos asientos. Efectivamente, la mujer era extraña. Su rostro rubicundo sonreía sin motivo. Sostenía un pollo muerto en el regazo. Antes de volver la mirada al frente, mis ojos tropezaron con un hombre que tenía la cara cubierta de pelo y una fiereza brillante, ancestral, en las pupilas.
Al encarar de nuevo a mi acompañante, me pareció que los ojos iban a salírsele de las órbitas y caer sobre el libro con un ruido sordo de canica. Se me antojó aún más extraño que la mujer, el hombre y la hierba juntos. Y de pronto, ese rostro se tornó apacible, como si una suave ola hubiera difuminado sus rasgos, puliéndolos como a la arena húmeda.
- El tren es sin duda la mejor máquina inventada para borrar el pasado, ¿no cree? Va devorando el tiempo, dejando sólo la espuma de los días a su paso. Eso que parece niebla no es sino la espuma. Tal vez escriba algo sobre ello.
- ¿Es usted escritor?
- Nada de eso. Soy músico pero a veces, no encuentro papel pautado y escribo sobre folios en blanco.
- Interesante.
- ¿Le interesa la patafísica, mademoiselle?
- eh… no sé bien a qué se refiere. Apenas tengo tiempo para leer.
- El tiempo perdido es tiempo durante el cual estamos a merced de los demás. Pero lleva usted bonitos zapatos.
Miré mis zapatos rojos de charol. A estas alturas, no entendía la mitad de lo que él decía, pero me hipnotizaba su prosódico hablar, el misterio armónico que resbalaba de sus palabras, desde el pulido tobogán de su boca.
El tren se paró en una estación pero nadie subió ni bajó.
Y de pronto, él se puso a tararear una canción en francés:
- Cha cha cha, cha cha cha, non tu n’existais pas encore, cha cha cha, cha cha cha, le Brésil n’en était pas là, cha cha cha, cha cha cha, ce gai refrain qui nous enivre, cha cha cha, cha cha cha, et qui jamais ne finira.
- Parece que ya salimos de la estación, murmuré.
- Una salida no es más que una entrada que cogemos en el otro sentido. ¿Es usted feliz, piensa en la muerte?
- No sé. Supongo que sí. Quiero decir que no pienso mucho, aún soy joven
- Son los jóvenes los que recuerdan, los viejos lo olvidan todo.
Él parecía no tener edad. No era ni joven ni viejo. Pero era más alto que bajo.
- Lo que me interesa no es la felicidad de todos los hombres sino la de cada uno de ellos, afirmó.
Intenté mostrarme livianamente feliz, y crucé las piernas con desenvoltura. El dejó resbalar su mirada por el muslo que asomó tímidamente por la orilla de la falda. Avisté rastros de una educada lascivia y enrojecí, porque yo soy de pueblo, de un pueblo de Cuenca, rodeado de campo por los cuatro costados y él fumaba a la francesa y decía ser músico y me miraba las piernas. Nuestras pupilas se encontraron en el centro de la pista, en el momento cumbre del baile, para partir luego por parejas, cada una por su lado. La suya regresó al paisaje, con graciosos pasos.
- Amar sexualmente, es decir, con el alma- empezó a decir.
- Haga el favor de poner su maletín en el lugar destinado para el equipaje, señor.
El revisor, de severa cara de hastío, nos pidió los billetes, mientras se marcaba un zapateado que trituró toda la magia a nuestros pies.
- La gente sin imaginación tiene necesidad de que los otros lleven una vida regular- dijo él, mientras la espalda del revisor desaparecía por el pasillo.
A estas alturas, ya sólo me atrevía a asentir.
- Claro que siempre es mejor decepcionarse que esperar en el vacío.
Un silencio incómodo se coló entre nosotros. Me pareció que debía espantarlo como a un molesto abejorro.
- Yo voy hasta Nancy. ¿Y usted?
Me di cuenta de que mi pregunta era obscenamente real, de una vulgaridad vital.
- Yo me bajo en la próxima- respondió. Mi trayecto es corto, apenas una chanson, un solo de trompeta improvisado. Nunca una ópera completa- dijo con alegre resignación.
El tren comenzó a reducir la marcha, y la espuma se fue aclarando.
- Algún día existirá otra cosa que el día- añadió-, justo de antes de levantarse, abrir su maletín, en el que me pareció ver un libro en forma de trompeta, y sacar unos jacintos azules que me tendió.
Sólo con que él lo hubiera insinuado, yo le habría seguido con los ojos cerrados, me habría lanzado a perseguir hormigas sobre la hierba roja, a arrancar los corazones de las margaritas para después arrojarlos sobre el plancton, hubiera ido hasta Pekín, ya fuera otoño, invierno, primavera o verano.
Se fue. Y con su partida, el vacío y el aburrimiento se hicieron densos, muy densos, como el aire dulzón que no acaba de licuarse en tormenta.
Hasta la noche, no alcanzaría mi destino. Sin él, la única forma que se me ocurrió de pasar eso que aún llamaban día fue dormir. Dormí, mecida por la máquina devoradora de tiempo y soñé con una música extraña que no tenía notas sino flores de colores que crecían al revés.
Cuando desperté, él seguía sin estar allí pero me pareció ver unas notas corretear por su asiento y, en el centro, una letra azul que brotaba, no pude distinguir si una B o una D. Al poco, subió una mujer con una pequeña maleta y un enorme culo y se sentó cómodamente encima de las mullidas notas, encima de aquella letra.
Al mirar por la ventanilla, la hierba volvía a ser verde.

20 comentarios:

Alma dijo...

Un texto estupendo. La demostración de como la imaginación y la fantasia pueden contagiarse como si de una gripe A se tratara. Solo que su efecto permanece por poco tiempo, siempre hay alguien que vacuna.

Saludos

Amaia dijo...

Bárbara,para serte sincera y sin saber quién escribió el texto,me ha parecido a ratos con cierto fulgor pero que no se mantenía de manera constante,de todos modos tampoco he leído nada de Vian,así que no creo servirte de gran ayuda,saludos!

Dnc dijo...

Jo, la trama mola un montón!!

Sólo una cosita que me sonó rara, ¿puedo?, ¿sí?, pues mira es aquí:
"Algún día existirá otra cosa que el día- añadió-, justo de antes de levantarse, abrir su maletín, en el que me pareció ver un libro en forma de..."
Es que no sé si es cosa mía, pero... el "justo DE antes" y el "abrir" en infinitivo, me rompió un pelín el sentido del párrafo (aunque ya sabes que yo no entiendo mucho).

Un besito, guapetona.

Y a ver si nos traes más relatos, que me gustan mucho!!

Raúl dijo...

Está muy bien, Bárbara, apesar de, como aseguras, estar hecho a retazos como el engendro del Dr. Frankeinstein.

Vicent dijo...

Me ha gustado mucho el relato. Aún recuerdo lo que me impactó la primera novela que leí de Vian, "Escupiré sobre vuestra tumba", existen libros que para siempre quedan ligados en la memoria a lugares y tiempos, a mi me ocurrió con ese.

Me seguiré pasando por aqui si no te importa.
Un saludo.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

En tiempos de mucho fumar, podría hasta ser ecuable comenzar diciendo que mi sueño dorado sería casarme con un pederasta cargado de dinero, o por el contrario, que el viento, tibio y adormecido, empujaba una brazada de hojas contra la ventana... o quizá, en silencio, escuchar esa marcha-cha-ha, irreverente, como no podía ser de otra manera, aunque no estuviese interpretada con una trompeta. O tal vez asentir al escuchar que amar sexualmente, es decir, con el alma; en realidad, se mezclan varias cosas distintas, mi deseo de vencer mi debilidad y el sentimiento de que debía esa debilidad a mis padres, y la tendencia de mi cuerpo a abandonarse a esa debilidad.

Es probable que el irremisible francés consista en pedir permiso antes de encender un pitillo; pero no creo que siempre se haga con las mismas intenciones: en cierta ocasión fui testigo de una de esas situaciones, que me desconcertó: Metro de París. Pareja de ancianos. Joven que se sienta ante ellos. El muchacho enciende un pitillo; pregunta a los viejos, francesmente, si les molesta que fume. Antes de recibir respuesta, les suelta nua bocanada de humo a escasos centímetros de sus caras. Pero no sé por qué lo cuento, no viene a cuento, ¿será que estoy estrenándome en la fase de cuenta cuentos del abuelo Cebolleta... Eso me temo. (Deja de pensar en todo esto. Piensa en mí, en cuanto estoy contigo, y cuéntame un cuento). La hierba siempre será roja.

strongboli dijo...

Me encantan los textos absurdos (sin malas connotaciones, que conste) y surrealistas. Muy bueno y transportador. Hasta me ha hecho pensar y todo: "El tren es sin duda la mejor máquina inventada para borrar el pasado"...
Ye tengo algo con que entretener mi cabeza.
Petons.

moreiras dijo...

No es difícil terminarlo, se lee de corrido, y me ha encantado.
Suculento, enigmático, pícaro por momentos, surrealista, sugerente, feliz con un casi imperceptible regusto a tristeza y soledad, sutil en el invisible hilo de poesía que lo engarza y que queda suelto al final, a merced del viento, en su punta de hierba verde.
Felicidades, un saludo.

vfedor dijo...

coincido, el texto hace sentir que estás de viaje

NáN dijo...

Genial! (un día de estos escribe algo mal a propósito para que te ponga a parir). Anda.

Claro que has dado en carne blanda. Me encantan las obras en las que se presenta el espíritu de alguien. Y me ha parecido estarle viendo a él todo el tiempo.

El otro artículo será, sin duda, serio y bueno. Pero chica, a mí la atmósfera me pone. Un amigo algo más joven que yo llevaba dos meses haciendo la mili en Valladolid (es asturiano) y fue al médico a pedir que lo mandaran a otro sitio porque no podía soportar esa falta de atmósfera, sin veladuras, en la que ves un árbol a varios kilómetros y cuando llegas es un árbol.

El médico le envió al psiquiatra militar y un mes después estaba en su casa. Con el certificado militar de dado de baja por locura.

Pues eso. Empecé a leer tu historia y cuando llegué a ella no era una historia.

Como debe ser.

PEGASA dijo...

Barbara tú no tienes que envidiarle nada.
El trocito de la narración me ha gustado y si encima le añado la parte que le ha añadido Juanillo, pues mira.... cream of the cream.
Aunque hoy estoy que le inco las uñas al más pintao que tengo en mente, el leerte me ha calmado un poco. Un beso linda y la foto también es preciosa.
Sabes me recuerda a esos campos de amapolas por los que pasaba cuando iba de pequeña al pueblo de mi madre.

Casilda dijo...

Genial. Me habria encantado ser esa mujer del pueblo de Cuenca con zapatos rojos .
(una vez hace un millón de años , en el metro de madrid un tio perforado con un montón de anillos , cuando eso no lo veiamos ni en las peliculas me preguntó estando solos en el vagón si podia fumar ...y a mi me sonó igual que si me hubiera dicho deme todo el joyerio y la cartera , eran tiempos felices )
Besos

Bohemia dijo...

Tuve 6 años pareja en Barcelona, así que, muy a menudo viajaba allí sola, siempre en avión y siempre, antes y ahora, me sigue encantando la forma que tiene la gente de relacionarse en los viajes, sobre todo, la gente que viaja sola, lo variopinto de esos momentos...tu texto me ha recordado esos momentos..un saludo

Hank dijo...

La totalidad es interesante, y ciertos detalles realmente brillantes. No le encuentro otros reparos que un paréntesis mal cerrado y un incómodo silencio que pronto espantas como a un abejorro.

Se lee con ganas, no decae, crea expectativas que no se cumplen (esto tiene más que ver con el lector que con el escritor), pero deja a cambio sugerencias con calado que se aposan (me jode que la RAE la reemplace aposar por posar) en el fondo del que lee, en su fondo íntimo, donde las sensaciones que se aposan recalan, qué sabe Dios con qué intención. Eso es lo más importante, creo yo.

Es bueno, punto.

Miguel Baquero dijo...

Creo que ye te comenté en una entrada anterior que a mí me gustó mucho, muchísismo "Escupiré sobre vuestra tumba", pero lo demás de Vian (aunque no lo he léido todo) como que no.

A mí me parece muy "francés", quiero decir, mucha metafísica, patafísica, muchas frases del estilo a "la gente sin imaginación tiene necesidad de que los otros lleven una vida regular" (cosas así de graves y sentenciosas) y mucha frase rotunda con afán de eternidad. Yo no digo que eso sea bueno o malo, seguramente sea muy bueno. Seguro que sí. Pero a mí se me indigesta, seguramente porque no tengo el paladar educado y soy más de pollo empanado y tortilla con pimientos

Mr. TAS dijo...

qué bueno!

Bárbara dijo...

Cierto, ALMA, siempre hay alguien que nos vacuna contra la fantasía como si fuera un peligroso virus contagioso. Un abrazo.

Ese era el riesgo, AMAIA, que tuviera tirón por sí mismo, sin conocer a Vian. seguimos intentándolo.

Pero qué re-lista eres., DONCE Pues sí, está fatal esa frase, lo pensé, pero como soy vaga y no se me ocurría otra forma alternativa de decirlo, lo dejé así. Si es que no se puede esconder la mierda bajo la alfombra que por todas partes miráis... Besos.

Sí, RAÚL, me sentí como el jovencito Frankestein, creando engendros con su ayudante, ese que robaba el cerebro que ponía A. Normal. ¿te acuerdas?

No sólo no me importa sino que me encanta, VICENT. Lo mejor para seguir teniendo recuerdos indelebles asociados a una época, al menos en mi experiencia, es no volver a leerlos. Un saludo.

Surrealista MUYSEÑORESMÍOS, me he quedado rumiando esa debilidad... Piensa en mí, anda, y cuéntame ese cuento. Pero sin echarme el humo a la cara...

Es que tú tienes un puntito surrealista también, STRONGBOLI. Aunque justamente esa frase que te ha hecho pensar es mía, jeje. Petons.

Jo, MOREIRAS, eres mi lector perfecto. Agradecido y que capta las cosas como una pretende. y generoso, claro, porque el texto es bueno por la generosidad de tu mirada. Un abrazo.

Bárbara dijo...

VFEDOR, me alegra haberte transmitido la sensación de movimiento. Gracias por pasar por aquí.

Qué bueno lo de tu amigo militar que no soportaba la nitidez del paisaje, NÁN. A mí a veces cuando se da uno de esos días tan nítidos que hasta puedo ver las montañas desde mi casa, paradójicamente me ataca la sensación de irrealidad, de espejismo, de alucinación, tan acostumbrada está una a la polución. ¿me darían la baja por eso?
A mí también me gustan los espíritus que pululan por los cuentos.

Preciosos esos campos de amapolas,PEGASA, nunca hay que dejar de ir al campo a relajarse, más si se tienen alas, como tú. Besos serenos, linda.

jajaja, CASILDA, me ha encantado lo del joyerío y la cartera y lo de que eran tiempos felices. ¿Puede ser alegre la nostalgia? Me ha parecido que sí, como lo sería la nostalgia de la movida.

Pues espero que fuerAn buenos recuerdos, BOHEMIA. A mí me parece que aunque a veces parezcan anodinos, los viajes en solitario tienen siempre un sabor muy especial.

jeje, HANK, me encanta dejar expectativas sin cumplir, es como dejar con ganas para una próxima vez, ¿no? Yo también creo que los posos que deja un texto son lo importante.

MIGUEL, no es tu estilo, es verdad, y está sobrecargado de frases "profundas", sin estar del todo hiladas, un poco para crear esa sensación surrealista, difícil de conseguir por otra parte.
Entiendo perfectamente con qué parte de Vian conectas.

Muchas gracias, MR.TAS. Me anima a seguir experimentando.

jordim dijo...

bonito texto.

Bárbara dijo...

Gracias, JORDIM. Un saludo.