lunes, 11 de mayo de 2009

Lo que la música une que no lo separe el lenguaje

Escribo un artículo sobre Boris Vian (tarde y de forma apresurada, pero shhh, no se lo digas a nadie) centrándome en su faceta de músico y escritor. Mejor dicho, centrándome -o intentándolo- en la influencia de su música en su escritura. Y también al revés. Y puede que viceversa. Bocabajo incluso.
Y pienso en las diferencias entre música y literatura. Más bien pienso en las convergencias y me fijo en esos flecos que sobresalen por ambos lados y que tras pasarles la cuchilla, hacen que todo quede al ras.
Un maridaje el de música y literatura que no siempre funciona pero que en el caso de Boris Vian lo hizo. Una de sus múltiples neuronas, vestida de cura, debió de sellar así la unión en su cerebro: - Lo que la música une que no lo separe el lenguaje.


Un matrimonio bien avenido que duró lo que la breve vida del creador francés. Porque Boris Vian murió pronto, de un ataque al corazón mientras proyectaban, en pase privado, la adaptación al cine de su novela Escupiré sobre vuestra tumba. ¿A que es imposible no ver una metáfora en ello? Yo veo varias: desaparecer en la oscuridad de una sala de cine, mientras en las últimas filas se magrean realidad y ficción. Ser por fin la nada allí donde confluyen todas las artes.
O también: la muerte antes que venderse vilmente a la industria. Renunciar a presenciar la adaptación de una novela que él siempre consideró una broma, una apuesta que daría para un curso completo de CCC: cómo escribir un bestseller en 20 días, y que le reportó fama, dinero y disgustos. Una adaptación cinematográfica en que le ataron de pies y manos mientras torturaban su texto original. Y luego le mostraron el monstruo resultante que decían era hijo suyo pero que él no reconocía. Demasiado para un corazón ya tocado.
También puede verse como una forma de escupir sobre el futuro, de adelante a atrás, porque él fue sin duda un hombre adelantado a su tiempo.

Pero volvamos a las convergencias y divergencias entre música y literatura. Leo en algún sitio que la melodía y la armonía se localizan en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la percepción del ritmo se localiza en el izquierdo. También las diferentes características del lenguaje: la semántica, la prosodia, la identificación de fonemas se distribuyen tanto a la derecha como a la izquierda del cerebro.
Según explica F. J. Rubia, el sustrato neurológico del lenguaje y de la música se solapan.

La principal diferencia entre ellas es que la música hace blanco en esa parte sensible, generando impulsos eléctricos así por las bravas, sin necesidad de referencias, sin utilizar símbolos ni zarandajas por el estilo, como hace el lenguaje. Esa parte inaprensible, misteriosa es la que le otorga su grandeza, y la que lleva a veces a desconfiar de ella, como se desconfía de un olor de infancia que nos asalta al girar una esquina, dejándonos sin piedad a merced del recuerdo, en manos de una nostalgia de arma blanca.
Por el contrario, los símbolos, nuestras queridas letras, construyen pequeñas barreras, quitamiedos, que nos impiden caer directamente al vacío, ya sea para planear cual águilas rapaces sobre los verdes parajes, ya sea para precipitarnos a lo más negro del abismo.
Y es que según dicen, de todas las artes, la música es la que es capaz de modificar la consciencia de manera más poderosa.

Boris Vian habitó con valentía entre la música y la literatura, dejando encendidas todas las luces de su cerebro, conviviendo con los sombríos indicios que a diario va dejando la muerte, la colilla de un cigarrillo, los rastros de barro en la alfombrilla de la entrada.
Intuyó que no había tiempo que perder y se dedicó a arrancarle capas a la cebolla con naturalidad, sin lágrimas visibles. Fue directo a la emoción, a través de los puentes que su oficio de ingeniero le permitió diseñar. Sabiendo que la emoción es el lecho, el subsuelo de la racionalidad, el colchón de hojas que conforma su sustrato y la alimenta.
Y lo hizo quitándole dramatismo al asunto -me refiero al asunto de la literatura y al de la vida- riéndose de los intelectuales de la época que se tomaban a sí mismos y a sus escritos tan en serio. Haciendo gala de un extraordinario sentido del humor, humor que según él no era sino la cara civilizada de la desesperación. Qué raro- le confesó a su mujer tras sufrir el rechazo a su novela “El arrancacorazones”- cuando escribo en broma les parezco sincero y cuando escribo de verdad, creen que bromeo…

Yo leí casi todas sus obras cuando era joven, muy joven digo, novelas frenéticas escritas en dos patadas, novelas con alma negra y ritmo de jazz trepidante. Y otras más líricas, donde la hierba era roja, el tiempo a su paso dejaba espuma y el otoño tenía los ojos rasgados.
Hoy me parece que Vian combina bien con la adolescencia, allí donde las fronteras se diluyen, y la búsqueda de la originalidad se convierte casi en necesidad.
Hoy me asusta volver a abrir esas páginas, no vaya a ser que me salte a un ojo una nota sin control.
No en vano él decía: j´ai toujours songé à la musique, de près ou de loin... Siempre he pensado en la música, de lejos o de cerca…

Y ahora me voy a seguir con el artículo que aún está verde, verde perejil. Mientras, me encantaría saber tu opinión para fagocitarla sin permiso…

17 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Luego vuelvo, que ahora me voy a tanguear. Pero esta entrada no me la pierdo. Puede que hayan mejores escritores -no lo discuto- pero para mí es fundamental.

Te doy las gracias, antes de leerlo.

Alma dijo...

Ya lo decía el propio Boris Vian en su poema No quisiera morir:

"Sólo dos cosas son importantes: el amor, en todas sus formas, con chicas bonitas, y la música de Nueva Orleáns o de Duke Ellington. El resto debería desaparecer, pues el resto es feo [...]"Un placer leerte, gracias por pasarte por mi casa, y como regalo de bienvenida, un video que hice con un texto de Raúl y mi voz, pincha aquí:

la esencia

carmen dijo...

Lo leeré más despacio, pero hablaba con una amiga de Madrid, después de cenar, de lo mismito que tú escribías!!
Será posible?
Lo que no sabíamos era lo del cerebro.
Estoy sin palabras.

moreiras dijo...

Mi opinión es que escribes de puta madre (con perdón), y que tengo que leer a Vian, que de algo me sonaba (como te suena el murmullo del mar), pero...
pd. si algún día me muero famoso te contrato para que me hagas la crónica...
Por cierto, me gusta jugar al tenis;)

Allek dijo...

que tal!! despues de un tiempo he regresado...
un abrazo..

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Una buena mirada. Por favor, sigue prestándome los ojos que salgo bien parecido.

(Me agrada coincidir contigo en la adolescencia, aunque en distinto momento, claro).

NáN dijo...

Nena, estás que te sales. Tarambaina me has dejado. De Vian, recuerdo Le Deserteur, que cantaba (yo) haciéndome el interesante para ligar todo tipo de chicas. Una novela Vian (la espuma de los días) y una Sullivan (escupiré sobre vuestras tumbas).

No recuerdo nada de ninguna de las dos.

El cerebro es muy grande y no hay que hacer caso de falsas proximidades. De hecho, pocos escritores se las dan de melómanos. Quizá porque al tercer compás que oyen ya están creando otro mundo.

Pero es bonita, sí. La música es bonita. Tan bonita Margarita tan bonita como tú.

Miguel Baquero dijo...

Escupiré sobre vuestra tumba es una de las mejores novelas que he leído nunca. Igual no está bien escrita, porque es verdad (bueno, eso dicen) que la escribió en dos patadas, pero eso se nota, precisamente, que la escribió a patadas. Es una novela que te deja sin aliento. Un escritor que te arrincona contra las cuerdas y una vez allí se dedica a lanzarte directos. Muy buena recomendación, Boris Vian

Wuigi dijo...

Bendita musica, que nunca muera, ese lenguaje universal que nos llena de risa o de llanto, y a veces trasciende el lenguaje escrito o hablado. La bendita musica...

Un saludo, Barbara :)

-L.

http://diariomalnacido.blogspot.com
http://orgasmo-agridulce.blogspot.com

Araceli Esteves dijo...

Pues menos mal que lo escribiste tarde y de forma apresurada. Luego dices que te fallan las neuronas...
Pero si tus neuronas hacen volteretas, triple salto mortal y te quedas tan pancha. No te cuento cómo están las mías ahora, en pleno sopor del après midí... ¿se dice así?
¿Hay vitaminas para las neuronas? ¿De qué se alimentan?
y lo más importante: ¿Dónde lo venden?

Reyes dijo...

No conozco apenas a Boris Vian , lo miraré , lo escucharé , lo saborearé en tu bárbaro nombre.
Y la música es para mí el lenguaje más perfecto , aunque cuando leí algo de Ortega y Gasset en que decía que la sublimidad podía estar en lo que pensamos mientras la escuchamos me quedé a cuadros, era como quitarle mérito, aunque se refería a música sin letra , claro.
Dicho lo cual, me retiro a descansar de tanto esfuerzo neuronal.
Araceli , las vitaminas para neuronas son los fajos de billetes de 500 en grupos de 20 , me lo han contado.
Besos .

NáN dijo...

Volviendo al cerebro, está muy bien eso de la parte izquierda y la parte derecha. Es útil de verdad (basta con ponerte a escribir con la mano torpe para notar una mejoría: ¡vaya cruzamientos vivificadores que se deben producir!).

Pero luego hay áreas pequeñísimas que se encargan de lo que se encargan. Minúsculas. Mi hermano mayor tuvo un microinfarto del que salió con capacidad absoluta para leer y oír entendiendo lo que oía, pero había perdido la capacidad de hablar y de escribir. Se daba cuenta de eso y sufría, pero quería un vaso de agua, y se oía a sí mismo diciendo "dame un vaso de agua", pero lo que oían los demás era "jkhusua poipod w`qpbff". Le daban un papel para escribirlo y escribía "lkjd 090d nfdo", creyendo que lo había escrito bien, pero al leerlo veía que había escrito una tontería.

Se le pasó en 12 horas. Cuento esto porque la distribución espacial de funciones en el cerebro es rara rara rara.

Bárbara dijo...

Así que a tanguear... MUYSEÑORESMÍOS, eso tienes que explicarlo profusamente...
Es verdad que hay escritores a los que se les tiene un cariño especial, puede que por coincidir con ellos en un momento especial de nuestras vidas (en nuestro caso, momentos no tan separados). Gracias por pasar y dejar tu huella siempre.

ALMA, un placer pasar por tu casa y una placer escucharte. Pedazo de voz y pedazo de dicción que gastas. Estás hecha una profesional.Un abrazo.

Hay casualidades, CARMEN, que dan qué pensar ¿verdad?. Todo está conectado, aunque a veces esos hilos se nos escapen...

Pues mil gracias, MOREIRAS, más viniendo de alguien que escribe como tú lo haces. Y te tomo la palabra, pero no tengas prisa. Seguimos con el set.

Hola ALLEK, encantada de reverte por aquí. Saludito.

NÁN, así es que susurrando canciones en francés... Esta Margarita, de la espuma de los días y de Escupiré sobre vuestra tumba, recuerda sólo sensaciones, sobre todo la tranquila, dulce melancolía de la espuma de los días.
Respecto a lo de tu hermano, déjame que corte y peque una parte del artículo:
Si realmente la música y el lenguaje están separados, ¿existe también la posibilidad que se de el lenguaje sin la música? Efectivamente esto es así. Se han referido casos de amusia, o sea, incapacidad de entender y/o producir música, pero con conservación del lenguaje. Sin embargo, también puede producirse una afectación tanto del lenguaje como de la música. El compositor francés Maurice Ravel, que en 1927 empezó a escribir tonterías, y en 1928 tocando su Sonatina en Madrid, saltó desde el primer tiempo al final, mostró muchas dificultades en la motricidad y en el lenguaje, así como se vio impedido para escribir o tocar una sola nota de música. En este caso, ambos sistemas, la música y el lenguaje, se vieron afectados. A fin de cuentas, en el canto, lenguaje y música están unidos.

Los pacientes que sufren de amusia, o sea incapacidad para percibir la música, mientras su capacidad lingüística permanece intacta, suelen tener lesiones en los lóbulos temporales derecho o izquierdo. Sin embargo, los que mantienen su capacidad musical, pero pierden las lingüísticas, suelen sufrir lesiones sólo en el lóbulo temporal derecho.

Se sabe que en el lenguaje, la sintaxis, la semántica, el análisis de los fonemas o la prosodia se localizan en lugares distintos del cerebro. Igualmente, en la música la melodía, el timbre o el ritmo también ocupan lugares distintos pudiendo sufrir un paciente con lesión cerebral la pérdida de uno de estos componentes, conservando los demás.

Bárbara dijo...

Realmente, MIGUEL, es un escritor que nunca sabes por dónde te va a salir. Es como una improvisación de jazz. Dicen que escribió Escupiré sobre vuestra tumba en 20 días por una apuesta, para demostrar que se podían escribir bestsellers a granel. Y lo demostró.

Hola WUIGI, qué razón tienes. Si hay un lenguaje universal, no es el pobre esperanto sino la música. Bienvenido.

Jeje, ARACELI, sí, se dice así. No sólo el après midi, sino el calor en general yo creo que las atonta y rechazan las lecturas pesadas, y sólo quieren lecturas fresquitas de gazpacho y cosas así. No creo que a las tuyas les hagan falta vitaminas pero si descubres algún fármaco, sobre todo si es ilegal, no te lo calles...

REYES, el lenguaje más perfecto y también el más misterioso, desestabilizante a veces, desasosegador.
Qué interesante lo que decía Ortega y Gasset. No lo veo tanto como quitarle mérito al autor, sino como dárselo al lenguaje musical, que implica tanto al emisor como al receptor. Igual que creo que la literatura se hace mano a mano entre el escritor y la interpretación del lector.
Y si alguna vez te sobra alguna vitamina de ésas, pásamela. Besitos.

Raúl dijo...

Apesar de la realidad que anuncias, opino como tú, en cuanto a la relación casi sinalagmática entre música y lenguaje, pero me ha recordado aquella cita que se le atribuye a Valle-Inclan cuando le preguntaron y dijo algo así como que él para la música, no tenía oído, sino oreja.

Bárbara dijo...

jeje, tras ir al diccionario a buscar sinalagmática, asiento. Y me río, qué ingeniosísimo era Valle.

TortugaBoba dijo...

Antes que nada: al responder en dos de tus posts, quiero que sepas que me ha tocado un Audi 3, y que me han invitado a hacer un curso sobre educación infantil. Es para que te paguen por lo menos por publicitarlos.
En fin.
Es curioso. No había leído a Boris Vian hasta hace un par de meses y de repente, zas, vas y hablas de él. Me congratulo por ello. Me leí "la espuma de los días" sin saber cuál era su estilo, ni la historia ni nada, y me sorprendió gratamente, me enganchó, me emocionó. ¿Cómo se puede tener tanta imaginación y tanta inteligencia? ¿Cómo hilvanaba de esa manera temas en apariencia tan diferentes? La música, las flores, las emociones, el dinero, el trabajo, la literatura, los divos... Me releo y no eran temas tan diferentes, pero es harto difícil combinarlos, al menos eso me parece, con tanta soltura y sentido del humor.
Me apunto la novela que lo mató cinematográficamente hablando.
Beso guapa.