lunes, 30 de marzo de 2009

El protocolo


He tenido multitud de trabajos, a cual más absurdo: he sido ayudante de mago, azafata de ferias, gasolinera (3 días), vendedora de enciclopedias (2 días), vendedora de seguros (2 semanas), actriz de cine, dependienta, camarera, bailarina de cabaré y teleoperadora (21 días).
Esto queda bien en la biografía de un escritor, pero ya todo el mundo sabe que en una biografía cabe cualquier cosa menos la vida.
Pensé que el capítulo de teleoperadora iba a ser de fácil lectura y sin embargo resultó ser de expresión abrupta y estilo farragoso.
No puede ser tan mal trabajo -me dije- el sueldo es una mierda sí, pero no puede ser tan duro estar seis horas sentada a una silla, atendiendo el teléfono. Por supuesto, me equivoqué.
Me chupé una semana de cursillo, aprendiendo los odiosos protocolos.
Y es que la vida en Atento, subcontrata de Telefónica, se rige por el dios Protocolo, que no es sino una forma de triturar la ética para que en la conciencia no quede ni un solo grumo y pueda directamente echarse al váter o incluso al fregadero. Lo manda el protocolo, no soy yo, a mí me gustaría ayudarle, ponerle las cosas fáciles, actuar con lógica pero mi religión me lo prohíbe, lo siento.
Y es que, sin los protocolos, ningún humano aguantaría ese trabajo.
Aún recuerdo el protocolo de inicio que repetíamos como unas 120 veces al día:
- Telefónica, línea de atención personal, le atiende Bárbara Blasco…. ¿En qué puedo ayudarle?
Sí, había una estridente redundancia en “línea de atención” y le “atiende” pero el protocolo no permitía modificar el protocolo.
Inmediatamente después, solía venir un improperio por parte del cliente:
- Estoy hasta los huevos de que…
- Perdone caballero, ¿le importaría retirarse un poco del auricular que no escucho bien el motivo de su queja?
Y, para hacer la jornada laboral más amena, cada cuarto de hora aproximadamente, una angelical voz de niño:
- Puta, guarra. ¿me la chupas?
Como el 1004 es gratis….
Había no obstante que aplicar el protocolo:
- Entiendo que esta llamada es errónea y voy a proceder a su desconexión (enano de los cojones, como te pille, te la corto).
Esto último no formaba parte del protocolo, claro está, y si te oía la coordinadora que se dedicaba a realizar escuchas espías desde la retaguardia, te la cargabas.
En fin, que buena parte de la jornada laboral transcurría entre insultos de niños y de adultos cabreadísimos (la mayoría con razón) porque Telefónica esto, porque Telefónica aquello. Una tenía que hacer de paredón humano mientras trataba de identificar entre gritos e insultos el motivo de la queja, solucionarla si estaba en su mano o transferir la llamada al departamento correspondiente.
Pitipitipi, todo el día. Un pitido que se metía tan adentro que pasaba a formar parte de tus sonidos corporales internos. Y no lo olvidemos, cada 15 minutos: puta, guarra, etc.
Un trabajo enaltecedor, de ésos que engrandecen el espíritu humano.
Una vez llamó un señor cabreadísimo, no recuerdo qué problema tenía, pero a él se añadía el hecho de que hasta tres veces le habían colgado el teléfono sin darle explicaciones. Así es que era la cuarta vez que llamaba y el cabreo había ido incrementándose en progresión geométrica. Milagrosamente, logré desplegar mis dotes de maga -de algo tenía que servir mi variopinto currículum- y conseguí calmarlo, prescindiendo sutilmente del protocolo: tiene usted razón, le entiendo, entiendo que esté cabreado. Tras unos minutos, el hombre pasó de bramar como un energúmeno a encarnar la exquisitez más absoluta. Me lo gané, acabó dándome cálidamente las gracias, y hasta me dijo que menos mal que existían las personas como yo en este mundo.

Pero con la emoción, cuando iba a pinchar sobre la pestaña verde para transferir la llamada al departamento correspondiente, voy, me equivoco, le doy a la roja que estaba justo debajo y le cuelgo. Le cuelgo. El mundo se paró en ese instante y me quedé allí frente al ordenador, conteniendo la respiración, esperando oír el sonido de la granada que acababa de lanzar. Un sonido que no llegó nunca.
Hoy sé que es del todo improbable que este hombre me lea, pero aún así le pido perdón por esa bomba que hice detonar justo en el centro de su confianza en el género humano.
Y es que ya lo advertían en Atento: saltarse el protocolo puede ser peligroso.

35 comentarios:

El Viajero Solitario dijo...

Esta entrada tuya me ha hecho recordar un corto que conocí no hace mucho, a través de un blog amigo. El corto está muy bien, se llama 10 minutos. Puedes verlo en youtube. Te dejo los enlaces, para que no pierdas tiempo buscándolo. Está dividido en dos partes (dura algo así como 15 minutos); la primera parte la he llamado primera parte, y la segunda parte la he llamado patatal (por despistar).

Primera parte
patatal

Si tienes tiempo, échela un vistazo, creo que te va a gustar.

Flavia Company dijo...

Impresionante. Pobre tipo. ¿y era imposible llamarlo, saber quién era, decirle que todavía estaba a tiempo? Me imagino cómo te quedaste. Tragicómico, como casi todo en la vida.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

¡Así que eras tú, ya tenía yo ganas de... ¿Te imaginas, qué bien lo pasaríamos si apareciese esa frase por aquí.

Aunque, la verdad es que leer esta narración ha sido una delicia... no quiero ni pensar en una novela con momentos tan bien observados y descritos...

el pasado que me espera dijo...

Querida Bárbara, eres una caja de sorpresas.Todos los trabajos que has apuntado son de cara al público. De ahí tu notable desparpajo, supongo.
Lo de ser teleoperadora, debe ser un coñazo, pero tiene un morbo considerable.
No digamos lo de bailarina de cabaré...

Mega dijo...

Y te quedaste con remordimientos y mala conciencia, claro.

Casi estoy por decirte que es muy probable que el tipo no se molestara. Seguro que para entonces le parecería imposible creer que lo hubieras hecho adrede.
Beso

larusa dijo...

Bárbara, después de virtual...Menuda historia tan real.

Me requetechiflotea, -expresión de mi amiga ana-, lo de ayudante de mago. Le has hecho un verso al asunto?
Realmente eres grande!

Carmen dijo...

Bárbara, Larusa soy yo, Carmen!!!

Me llamaba así alguien que me quiso mucho... Y no sé por qué ha salido. Puede ser porque un amigo me quiso abrir un blog y me pidió un nombre, y yo le dije:
LARUSA. O ,porque hace meses, yo misma lo puse. No me acuerdo. Pero tú sabes que en esto soy una calamidad...
Te aseguro que me ha dado tal escalofrío, que he pensado en la magia. Pero Ahora me doy cuenta que aquí lo pone: "estás publicando como Larusa". O sea, que yo firmo Carmen, pero que si no lo hago, sale Larusa.
Pues soy Carmen y también Larusa, porque así me llamaron mucho tiempo. Me ha gustado!

Carmen dijo...

Oye, que escribí un post el otro día que creía perdido y ha salido. Por Dios, que ni siquiera lo corregí..
"Antes de Pasar de largo" era el nombre que dí, ciero. Y es el comienzo de unos versos de mi cosecha que dicen así:
" Antes de pasar de largo
vuelve una vez la mirada,
y déjame que te diga, que tus pasos y los míos,
dejan las mismas pisadas"...

Por favor, esto es magia! Y ahora me leerán . Y yo que después de escribir no me encontraba y me he encontrado por tí!!!

BB dijo...

Cómo he disfrutado este relato,
Bárbara. Y eso de ceñirse al
protocolo como única protección,
aunque riña con tu criterio, lo
has narrado sin desperdicio.
Mira lo que casi te costó salirte
de él: remordimientos, sin sentido.
No sé, pero por ahí hay alguien
que me ha preguntado un par de
veces: Conoces a Bárbara, la misma
que trabajaba en la Telefónica?...
No, señor, yo sólo conozco a
Bárbara, la cabaretera...
Qué divertida historia, mi
bella amiga y qué forma de
contarla! Tragicómica,más bien.
como dice Flavia.
Un beso
BB.

NáN dijo...

Desde luego, la solapa de la novela ya la tenemos. Es de la altura de cualquier escritor norteamericano de los buenos. Insuperable. A ver si trabajamos un poquito más y tengo que ir a Valencia a una presentación.

Lo de ese señor me ha dejado hundido. Si existe el vértigo ajeno, deberá existir la culpa ajena, ¿no? Me dan ganas de hacerme religioso para tenerle presente en mis oraciones.

Suerte lo de ayudante de mago. Desde que te cortó en dos y falló el truco, los tuyos tienen una mitad de ti, y nosotros la otra. Pero como las dos mitades son tan grandes, ninguno nos damos cuenta.

(¡joder qué pelota me ha salido el comentario!, pero es que me has impresionáo).

strongboli dijo...

Con lo bonito que es saltarse el protocolo... Qué asco de trabajos, eliminan tu propio pensar. Me recuerda, salvando las distancias, a los antidisturbios, que les lavan el cerebro para hostiar a la gente: pasa su madre y también le dan de porrazos.
Y encima les pagan por eso. Y muy bien, por cierto.
Ya sé lo que es, eso de colgar sin querer y dejar al cliente con la palabra en la boca. Me ha pasado más de una vez. Vaya mal trago.
Petons, semi-maga cabaretera.

ca dijo...

Supongo que aquí tendría algo que ver el concepto de la buena fe si bien, desde el desconocimiento humano que nos impone el mundo de la tecnología, se hace más complejo. A mi sólo con escuchar tu voz me hubiera bastado, por cierto serías la única telefonista no-argentina de la empresa, jaja. Un abrazo (a mi también me ha quedado algo pelota como a Nán).

Martí dijo...

Serrat fue sexador de pollos antes que mago de la canción, así que tú imagínate donde puedes llegar con semejante currículum. Cierto, tenemos las solapas, ahora solo falta la tripa.
Besos
Martí

Jordi Santamaria dijo...

No puedo más que decir que el escrito no es tan bueno, y para algunos ni mucho menos.

No me gustaría tener un blog/lugar público en el que me doraran la píldora de tal manera. Prefiero ser sincero.

Podría acabar cada jornada de escritura satisfecho, porque he sido elogiado así. Pero a una persona exigente le corroerían las dudas de la veracidad de las alabanzas, así como un tufillo a maduro-busca-mujer-atractiva, que puede ser simpatiquillo, pero dista mucho del arte.

Es triste que nadie la critique, como si le hicieran un favor cantando glorias y más glorias.
Y precisamente porque tiene mucho talento y arte, más razón para ello.
Ojalá acabe esta mantequilla, a veces zarzuela bella dama la cortejo, y suba el nivel de objetividad.

Reyes dijo...

Jajajaja
pues es que tiene que haber de todo, y con este post me he reído muchísimo , y me parece bueno de verdad , y ahora me estoy saltando el protocolo a sabiendas porque hay una regla no escrita en la que no se debe contestar a otro comentario en blog ajeno , aunque así han salido muchos debates....
en fin , Bárbara , que para ciertas personas lo normal es saltarnos el protocolo .
Seguirlo es morirse en vida , o renunciar a la imaginación .
A tomar por culo.
....
Por cierto, yo tambien he sido teleoperadora , pero jamás me hubieran cogido para actriz de cine ni ayudante de maga, (quizá con 20 años sí, pero a esa edad me sonrojaba por todo ).
Uno de estos días repasaré mi vida laboral, jaja, y verás qué risa .
Me ha encantado.
un beso.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Lo siento Bárbara, pero quiero retirar cualquier forma de adulación que haya empleado para referirme a tu obra; eres guapa... y yo, aunque me cueste reconocerlo, un viejo en busca de mujer atractiva, presto a lisonja fácil, por si alguna cayera. Voy a prescindir de esa gracia elegante con la que cuentas las cosas, porque he descubierto por ahí, por la Red, quien escribe aburrido, basándose en lo anecdótico, sin sacarle ninguna punta, pero que como no es guapa –aunque se trate de un zagal- es más apropiado para ser lisonjeado por este, que lo es. (Viejo, y casposo en busca de chavala a 500 km.).

Ya no encuentro el inicio de tu escrito elegantemente ágil con esa enumeración de los oficios por los que has pasado (¡qué gracia puede tener esa relación, para luego querer buscar la complicidad del lector diciendo que es propio de escritores! ¡Que no, que tiene más gracia aburrirse con un texto descafeinado, coño!, por muy guapa y apañá que seas).

Y lo de los protocolos... ¿qué gracia tiene los de los protocolos?... protocolos hay en casi todos los trabajos... menuda gracia. Nada, ni con esos ojos vivarachos cuela.

El ritmo... ¿quieres que te alabe el ritmo... ¡Ni te lo pienses! Eso es de antiguos; que yo ya he podido leer blogs de auténticos narradores que prescinden de algo tan anticuado: ¿es que no sabes que es de casposos o de guapas tener que pensar en esa estupidez del ritmo narrativo: aprende de otros, ¡so guapa!

Que nada, que mira qué abiertos tengo ahora los ojos: que no me la das con queso, por muy maduro y casposo que sea y por mucho intelecto de malgastes en tus escritos. Hale.

Me voy a leer a otros incomprendidos, a los que no les entra ni dios.

Bárbara dijo...

Está muy bien, VIAJERO, es como un corto de terror en el que se refleja perfectamente lo absurdo del protocolo. Pero con final feliz no como mi historia.
Gracias por el enlace, además puesto así, para tontas cibernéticas como yo.
¿patatal? jajaja...

Pues me quedé hecha polvo, FLAVIA, y aunque parezca increíble, no teníamos posibilidad de realizar llamadas desde nuestro puesto, sólo recibirlas. Cosas del protocolo...

Me lo imagino, MUYSEÑORESMÍOS, lo malo es que seguramente hay tantos damnificados por las colgadas de Telefónica que nunca sabría si es de verdad el mío...
Estoy pensando montar una ONG, daminificados de Telefónica...
¿que dices que soy guapa?

ARACELI, lo de ser teleoperadora es un auténtico coñazo, te lo aseguro, y no tiene ningún morbo (salvo si trabajes en una línea erótica, claro). De los peores trabajos que recuerdo, y mira que los ha habido malos... Besitos.

Claro, se ve que aún me quedaba algún grumo en la conciencia, MEGA. Me consuelo pensando que el hombre, tras nuestra conversación, pensara que había algún tipo de avería en Telefónica que impedía pasar las llamadas... es lo único que me queda. Otro beso.

Pues no le he hecho ningún verso, LARUSA. Lo cierto es que la magia, vista desde el otro lado pues también tiene su parte de protocolo. Lo mejor era ver la mirada de la gente, sin duda. Y tachán: Carmen se ha convertido en LaRusa. No pasaremos de largo.

BB, es que el imperio Telefónica es tan extenso que debe de haber como unas 2.000 Bárbaras trabajando en él. Cabareteras seguro que no hay tantas... Besos, guapa.

Ay, sí, NÁN, si trabajáramos un poquito más...
Desde luego que si algún día consigo terminar algo y luego engañar a alguien, ejem, espero verte en primera fila. Aunque tenga que traerte a borriquito.
¿me estás llamando gorda por lo de las dos mitades?;)

Bárbara dijo...

STRONBOLI, a los antidisturbios de Barcelona más bien los lobotomizan porque si no, no se explica... pero ¿estás seguro de que no era la suegra a la que atizaron aprovechando la coyuntura? petons.

Entonces, CA, éramos casi todos españoles los que trabajábamos allí. Hoy en día no, hoy en día sacan la contrata fuera para que les salga más barato. Pero aquí o allí es un trabajo duro.
Jaja, me encantan esas peloterías. Abrazo.

Ay, MARTÍ, ese relleno de tripas y vísceras al que tanto le cuesta hacerse... habrá que subir la temperatura del horno. Y luego encima nunca sabes si tendrá buen sabor. Pronto lo pruebas. Gracias por la paciencia. Beso.

JORDI, baja la escopeta que le vas a dar a alguien sin querer…
Pues claro que no es literariamente bueno, seguramente no va a optar al premio al mejor relato del año, ni los de Callejeros se van a inspirar en él para hacer un reportaje, ni falta que hace. Es un chascarrillo, una anécdota de mi vida, que me apetecía compartir y que he tratado de contar de manera simpática, por si alguien mientras oye la caja tonta de fondo, se entretiene leyéndola.
Pero no quiero que me juzguen, ni objetiva ni subjetivamente. No por temor a la crítica sino porque pienso que no estoy acusada de nada (aún), y sobre todo porque no lo necesito para escribir mejor, ni para ser mejor persona. Tengo mi propio criterio y podría decirse que una cierta seguridad (por fin!!!!!) en lo que hago (sobre todo en lo que sí pretende ser un producto literario).
Me anima, eso sí, que me digan cosas positivas, me hacen sentirme querida, valorada, y hace que tenga más ganas de trabajar. Por eso: gracias a todos los pelotas!
De hecho mi lucha va más bien en sentido contrario: en tratar de reducir las crisis de vayaputamierdaloqueescribo, que vienen a darse unas dos o tres veces por semana, y bajando. Así es que cada día pienso menos y trabajo más. Cada día miro menos atrás y más hacia delante.
Y sí, es verdad que en general somos bastante pelotas. Yo la primera, pero es que a la gente que me gusta, suelo visitarla y hacerle comentarios agradables y, si algo no me gusta pues tiendo a callármelo. Es cortesía, pelotería tal vez, pelotudez si querés, pero es que no me interesan como creadores literarios, o no sólo. Y en cualquier caso, no creo que mi misión sea la de guiar a nadie en el recto camino de la escritura. Ni tampoco ser guiada. Este, para bien o para mal, es un camino solitario.
Y sí, algunos somos también un poco ligones. Ligones virtuales, claro está, yo la primera. Pero luego cada uno/a se va a la cama con su santo/a habitual y todos tan contentos ¿qué hay de malo en una zarzuela a media tarde? no somos seres asexuados…
Y lo mejor de todo es que queda algo que se parece sospechosamente a la amistad.
Y para acabar, que esto parecen mis memorias, decir que un blog es un blog, a blog is a blog. No es una obra literaria, tiene otro formato, otras intenciones, hay interactividad, un texto que va desapareciendo de la pantalla. No es un libro. Ahí ya competiremos, si es que nos dejan meter cabeza en ese mercado, y ya nos juzgarán, y nos criticarán o nos alabrán. Pero lo mejor de todo es que eso tampoco será significativo, no será eso lo que nos hará mejores o peores escritores. Al principal lector al que hay que contentar, el que conoce hasta dónde podemos y hasta dónde no, es ese cabronazo que todos llevamos dentro.

Bárbara dijo...

Pues no conocía ese protocolo REYES. A mí me ha ido bastante mal por saltarme los protocolos sociales, esos que te dictan esbozar una amplia sonrisa mientras con la mano estás clavando un puñal. Pero a todo se aprende, y la verdad es que en cierta medida, hacen la vida más fácil.
Así que teleoperadora, claro con esa voz que te gastas...
Lo de mi pasado actoral y cabaretero también era en mis años mozos, no creas... ahora podría hacer la danza Dhul del vientre...
Besos.

Joder, qué desilusión, MUYSEÑORESMÍOS, yo que, como bien sabes soy una mujer moderna, moderna, sólo deseaba que me quisieran por mi cuerpo.
Tomo nota: prescindir del ritmo, no tomar cafeína que luego bailan las letras...
Y ahora en serio, no te lo tomes a mal que no iba contra nadie en concreto y ser maduro, por mucho que traten de convencernos los publicistas esterilizados es algo positivo (en contraposición con inmaduro). Yo soy una madurita de buen ver... Dios, que ya pronto me caen 37 castañas!!!
Un besete, pimpollo.

NáN dijo...

Esto... una diminutez partida por dos es una biminutez.

A ver si pillamos la exactitud de las palabras, que una solapa no publicamos, ¿eh?


Esto... ¿No hay tren, hasta Valencia? Es que lo del borriquillo, qué quieres que te diga. ¡Aún si fuera a Belén!

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Tranqula, Bárbara, que no me lo tomo por lo personal; lo que pasa es que me ha venido bien para mantener el tono en que quería contestarle usar ese personaje, por otra parte bastante coincidente. ;-)

Pero no creas que me va a salir una piedra en el riñón. Lo malo es que, por unos o por otros, nunca me puedo separar de los refranes: (Ahora no me acuerdo de cual te iba a poner... o sí)

Buenas noches.

Francisco Negrete dijo...

Buen relato

NáN dijo...

No quería dejat de señalar las sillas de diseño en que se sientan las "telefonistas". Lo que significa de "modernidad" de ese trabajo en aquel tiempo: tecnología y mujeres.

Por cierto, no les iba tan mal como a nuestros aborrecidos teleoperadores actual. Mi vecina del tercero, una anciana casi ciega a la que por turnos dictados por el azar los vecino teníamos que leerle las cartas. Eso me permitió saber que estaba "forrada", después de toda una vida trabajando en telefónica (pertenció al primer grupo de mujeres contratadas) y a las acciones que fue recibiendo o comprando.

especies dijo...

Qué bonito, pobre señor. Y qué gracia, yo también he tenido muchos trabajos de lo más dispar. En cuanto a lo de ayudante de mago, lo intenté dos veces, pero al final no pude llegar al mago aquel que ofrecía el trabajo. Te envidio.

BB dijo...

Bárbara: Me parece que te extendiste demasiado en dar
explicaciones. Es importante
que nos señalen nuestras fallas
o carencias, que cree advertir
quien te hace su crítica, pero
nos ha puesto a todos como
alabarderos. Eso lo resiento.
Creo que me ha dolido más que
a tí.
Un abrazo y sigue escribiendo,
que no siempre saldrá bordado,
o no siempre complacerá a todos,
pero es lo que sabes hacer,
aunque cada día, se aprenda
un poquito más. Eso de escribir,
no es un contínuo aprendizaje?
BB.

Pablo Gutiérrez dijo...

¿¿¿Ayudante de mago??? ¿De las que parten por la mitad con un serrucho?
Y yo mientras estaría de oposiciones.
Jo.

El Apestado dijo...

Pues, te has encontrado con el tipo, por qué crees que llevo el nombre que llevo...

Bárbara dijo...

Pero qué señorito el tío, qué burgués, en tren...
NÁN, no me había fijado en esas sillas tan modernas, y sin embargo esas líneas verticales ahora me parecen fundamentales en la fotografía.
Tu vecina es la prueba de que antes, en Telefónica, las condiciones de trabajo eran buenas tirando a muy buenas.
Y el resto de vecinos son la prueba de que les has contagiado tu generosidad.
Otro abrazo, porque me da la gana.

Ah, pues me quedo más tranquila, MUYSEÑORESMÍOS, porque ya sabes a quien buen árbol se arrima, amanece más temprano. (seguro que era ese, seguro...)

Gracias, FRANCISCO. Y bienvenido por aquí.

Si hubieras visto los tugurios en los que actuábamos, ESPECIES, no me envidiarías. La mayor parte de las veces preferían que hiciéramos nuestro numerito de baile supermegachorra que el número de magia. Oye, ¿te das cuenta de las similitudes?, pareces mi alter ego (o yo el tuyo no vamos a discutir por eso...)

BB, las explicaciones eran para todo el que pasa por aquí, quería dejar clara cuál era mi posición. Yo, por supuesto, no pienso que seais alabarderos, y me duele, te lo aseguro, que alguien lo diga. Pero lo considero una salida de pata de banco y no le doy más importancia precisamente porque no lo creo.
Escribir es un continuo aprendizaje, sí, aunque supongo que como cualquier otra labor en esta vida. El vivir también requiere de un aprendizaje constante. Un abrazo, y no te duelas, anda.

Ese truco no llegué nunca a hacerlo, PABLO, mi mago era más de conejos de chistera y cartas de póker. Así es que más que ayudantes de mago parecíamos azafatas del precio justo.

Jajaja, APESTADO, ¿así que eras tú?
La razón de tu nombre no puedo asegurarla porque no sé si te has dado cuenta pero internet tiene un defecto: no tiene olfato.
Y ahora voy a colgarte.

Raúl dijo...

Duele pensar en el daño que somos capaces de producir involuntariamente, verdad.
Yo odio la palabreja. A Protocolo, me refiero.
Leerte a ti, tiene mucho de lo contrario, que bien podría ser "naturalidad".

Bárbara dijo...

Duele. Yo a veces pienso que prefiero a un malvado que a un tonto...
Y no veas lo que mucho que hay trabajarla esa naturalidad... ;)

Casilda dijo...

Es que para eso se hicieron los protocolos, no quiero ni imaginar lo que seria llamar al 1004 y ponerte a rezar pensando que a saber quien te va a tocar en suerte o que te diga algo completamente contrario a lo que te ha dicho la que te atendió ayer..
¿de veras llamn niños insultando y esas cosas ?
Yo tambien me he hecho mi propio protocolo para responder a los que te llaman a la hora de la siesta o de la comida ofreciendote cambiar de compañia, siempre suelto el mismo rollo porque ultimamente se me iba un poco la boca.
La verdad es que me parece un trabajo terrible y tu relato estupendo .
Un besazo

especies dijo...

Efectivamente, esas similitudes existen. Deberíamos aprovecharlas para algo.

Bárbara dijo...

CASILDA, si supieras cómo funciona por dentro... De hecho si alguna vez tienes algún problema con el ADSL o con cualquier otra cosa, prueba a llamar varias veces y verás como te dicen cosas distintas. Eso sí, las formas protocolarias serán las mismas. Lo de la siesta no tiene perdón de Dios. Besos.

Jeje, ESPECIES, ¿qué se te ocurre?
¿intercambiamos nuestras vidas durante una semana a ve si alguien lo nota?

TortugaBoba dijo...

Me has hecho reír Bárbara, te imagino dándole al botón detonante, y tu cara de susto.
Tu vida laboral me parece de lo más apasionante, de repente la mía me parece de lo más aburrida.
Un beso grande.

Bárbara dijo...

Pues yo no cambio este aburrimiento de ahora por aquel ajetreo de entonces. Hay experiencias que sólo son buenas para luego poder contarlas. Otro beso.