viernes, 20 de febrero de 2009

Literatura, madurez y una bestia parda


Si tuviera a algún escritor experimentado sentado a mi vera, lo acribillaría a preguntas, al pobre:
- ¿Cuánto de clara debe tener uno la historia antes de empezar a escribirla?, y cuando digo cuánto me refiero a los gramos exactos, no a la cantidad a ojo.
- ¿Toda escritura necesita ser regurgitada, todo hecho escrito debe haber recorrido el intestino de la experiencia?
- ¿Cabe todo mientras uno escribe, siempre y cuando se adapte a las hechuras del traje?
- ¿Es un plazo prefijado de antemano o es por el contrario la convicción interna lo que decide que uno deje de reescribir lo escrito? ¿se alcanza alguna vez esta convicción o se trata de un punto móvil, como el horizonte?
Recuerdo una anécdota de no sé qué escritor incapaz de encontrar el límite del último punto. Por ello, había pactado con su editor que, cuando anduviera cerca del final de una novela, éste entraría en su casa con nocturnidad y alevosía, para robarle el manuscrito, haciendo caso omiso a sus creativas súplicas e intentos de engaño.
....
Uno tiene la sensación de que los relatos cortos se están quietecitos mientras uno los viste, los peina, los cubre de afeites, les da los últimos toques.
Pero una historia larga se mueve y, de pronto, uno se da cuenta de que ha crecido porque le viene corto de mangas ese jersey de letras que con tanto cariño le tejió. Y se le despeinan los capítulos iniciales al pasarle por la cabeza el jersey nuevo, o le tira de la sisa cuando uno ajusta el estilo de los hombros.
Claro que todo es relativo (como este absoluto), y eso mismo deben de pensar los que escriben relatos cortos de los que escriben haikus.
....
El otro día, en un programa de radio, a propósito de la modificación legal de la edad para mantener relaciones sexuales, se preguntaban cuándo podía considerarse que una persona había alcanzado la madurez.
Para algunos oyentes, dependía de cuestiones económicas (el momento en que hay que buscarse y cocinarse las propias habichuelas), para otros de la paternidad (uno sólo deja de ser hijo cuando se convierte en padre), para otros de características de personalidad o vivenciales (si a tu padre lo secuestran las FARC, como testimoniaba un oyente, parece ser que maduras antes).
Uno de los contertulios lo explicó mediante una metáfora tenística: Verdasco había jugado cada punto del partido como si fuera independiente, mientras que Nadal había jugado el partido en su conjunto. Y había ganado. Eso era la madurez -dijo- ver la vida en su conjunto, y no como una yuxtaposición de hechos aislados.
Me gustó. Creo que esa es también la estrategia al jugar a escribir una novela: ser capaz de ver la historia en su conjunto, atender a los detalles sin perderse en ellos.
Y sin embargo siguen siendo los pequeños detalles los que marcan la diferencia.
Y sin embargo, sigo lejos de esa cima en que se divisa el paisaje con claridad.
....
"Si te sientes realmente feliz, deberías escribir una tragedia; si te sientes verdaderamente desgraciado, deberías escribir una comedia", dijo Billy Wilder.
Alguien dijo también que el humor es una forma de desesperación, y yo creo firmemente que es así.
La escritura funciona como un mecanismo de compensación. Cuando uno está feliz, tiende a tomarse la vida en serio, y es cuando asoman por la mente las grandes tragedias, quién sabe si como miedos ancestrales que acechan tras la puerta de la felicidad, quién sabe si como una suerte de catarsis consciente, una forma controlada de hacer estallar la bomba, sin que la metralla salpique nuestra realidad.
Y a la inversa, cuando uno es desgraciado (dentro de unos límites, una angustia cotidiana, soportable, sin caer en la depresión) siente la necesidad de pensar en cosas divertidas. Total, si la desgracia ya está echada, divirtámonos sin remordimientos.
Y es que la materia prima de la vida es sin duda el contraste y, como en la foto, una cara de bestia parda puede albergar la mayor de las ternuras.

31 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Difícil aconsejar a una persona de tu finura, pero te hablaré desde mi experiencia, por si te sirve: cuando me iniciaba en mi profesión, tuve la suerte de conocer a figuras de talla mundial. Pronto descubrí que esos monstruos tenían prácticamente mis mismas dudas y miedos. No es la primera vez que te leo y me da la impresión de que estás en ese mismo punto: Hay que seguir adelante, a pesar de las dudas; saldrá algo diferente, según los planteamientos de los que salgas: más espontaneidad, mayor frescura, menos, mayor elaboración. ¿Qué es mejor? Pues seguramente si la escribes adecuándote al momento. En algún momento, recuerdo que normaste a Boris Vian que, si no recuerdo mal, escribió su primea novela en una noche. O eso se dice.

Ánimo que escribes bien y seguro que te saldrá bien.

carlos dijo...

¿Y tú nos lo preguntas...? Que la que escribe bien eres tú, nosotros somos tus humildes lectores.
Yo tengo la impresión -pero nunca me he puesto a escribir nada demasiado extenso- que no hay una norma de validez universal, ni infalible, que cada autor se va haciendo su propio estilo en función de estas pequeñas cosas y otras. Y que habrá de todo, desde el que tenga apenas un esbozo o una idea de la historia y se siente ante el folio en blanco, hasta el que tenga una visión de conjunto ya muy definida; desde el que vuelva continuamente sobre sus pasos hasta el que no haga más que pequeñas correcciones o ajustes... De hecho, algunos escritores dicen que el paso de la máquina de escribir al word les cambió el estilo y eso es significativo.
Sí estoy de acuerdo contigo en que el relato corto se deja manejar mejor. Pero me parece a mí, por lo que veo en algunos escritores cercanos, que las novelas y los libros de cierta envergadura es como si tú fueses Frankestein y creases al monstruo: vale, es tuya la idea, tú le modelas, le das el aliento de la vida, le pones en pie... pero luego la historia, los personajes, el desarrollo cobra en cierta medida vida propia y ya no es tan previsible. Seguramente, casi nunca lo que acaba saliendo es lo que se había pensado al principio.
Pero bueno, tomes los caminos narrativos que tomes, no dejes de compartirlos con nosotros, que estamos deseando leerte. Y cuando seas famosa y reconocida, acuérdate de los primeros lectores de tu blog :-)
Un besote.

Reyes dijo...

Yo me preguntaría primero qué clase de historia quiero contar .
Luego me pondría unos límites.
Más tarde me sentaría a escribir...
para acabar viendo con horror cómo acabo pariendo algo que no se parece nada a lo proyectado.
Yo creo que salvo tres o cuatro cuestiones formales la cosa es oír tu voz interior .
Aunque tengas que parchearla después, primero déjate seducir por ti misma.
Te saldrá bien .
Por cierto, la metáfora del traje va a formar parte a partir de ahora de mis directrices y/o lecturas didácticas imprescindibles, sobre todo si algún día decido escrbir en serio.
Besos y mucho ánimo.

carmen dijo...

Pues sí,querida escritora, la integración armónica de las diferentes facetas de la personalidad y de la vida... Ahí está el quid de la cuestión. Y con una novela pasa lo mismo, y con una película, también, por eso unas son inconexas, y las otras "redondas".
Por eso a veces se nos descacharra todo, porque no manejamos bien la batuta y los instrumentos van por libre...Y entonces...menuda melodía!!!

El Viajero Solitario dijo...

Te habrás quedado a gusto, Bárbara. Son muchas las cuestiones que planteas en esta entrada, y muy complejas. Además, sospecho que la mayoría de las cuestiones no tienen respuesta.

Suelo leer entrevistas a escritores, y hay de todo, como se dice. Hay quien tiene la historia perfectamente clara antes de sentarse a escribirla, hay quien parte de una idea que va desarrollando a medida que escribe, hay quien practica una suerte de escritura automática, una improvisación jazzistica, para luego eliminar y quedarse con lo poco que vale... Supongo que no hay una norma para esto y que cada cual debe encontrar el método que más se ajuste a su personalidad, no sé.

Preguntas cuándo se puede dar un texto por finalizado. Personalmente, es algo que me preocupa, por llamarlo de alguna forma (no es exactamente preocupación, pero no se me ocurre otra palabra para definirlo). Cuando acabo un relato, suelo olvidarlo por un tiempo. Luego, al recuperarlo, comienzo a corregirlo, a modificarlo, y cada vez que vuelvo a él, hago alguna corrección. Supongo que todo los escritores estarían corrigiendo sus textos eternamente, siempre hay algo susceptible de mejorarse, pero en algún momento hay que poner el punto y final, si no se quiere correr el riesgo de volverse loco (quien no lo esté ya de antemano). Recuerdo una frase de Monterroso: “yo no escribo; yo sólo corrijo”. A mi me ocurre algo parecido. Es más, con lo que más disfruto es con la corrección. Escribir un cuento me resulta muy cansado, he de hacer un gran esfuerzo para acabarlo, pero luego, una vez concluido, es cuando empiezo a disfrutar de veras, tratando de hacer que adquiera un aspecto aceptable.

Hablas también de las diferencias entre escribir un relato corto y una novela. No seré yo quien diga que tal o cual es más complicado. Personalmente, me gusta más el cuento, por la intensidad que tiene, por la capacidad de zarandear al lector. Practico ambas distancias (más el cuento, es cierto), y cada cual tiene sus dificultades. Me quedo con una frase de Monterroso (de nuevo): “Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar”.

“La escritura funciona como un mecanismo de compensación” (esta frase no es de Monterroso, es tuya); es probable. Ya que estoy citando a otros, transcribo una frase de Hipólito G. Navarro, en una reciente entrevista en un programa de Canal 2 Andalucía: “He tenido que abusar a lo mejor en exceso del humor para poder tapar toda esa tragedia, todos esos dolores que me rodearon cuando era un muchacho”. También Cortázar recurría con frecuencia al humor para hablar de las cosas más trágicas (como la muerte de Rocamadour, en Rayuela).
Si hago caso de lo que dijo Wilder, he de concluir que debo ser desgraciado, puesto que empleo el humor con bastante frecuencia. En mi caso, creo que es una traslación de mi, digamos, filosofía de vida. Si lo empleo para tapar alguna tragedia, no lo sé, ya le preguntaré a mi psicoanalista el día que lo tenga.

En cuanto a la bestia parda, dejo cualquier interpretación en manos de un frenólogo, que chico trabajo tendría.

Perseverancia, es la única respuesta segura que se me ocurre a todo lo que planteas. Y paciencia, sin prisas, que esto no es ninguna carrera. Porque el talento ya lo tienes.

(Pido perdón por la extensión pero es que tu texto da para mucho.)

Mega dijo...

Si aceptamos esta división entre quienes apenas esbozan una idea y se dejan llevar por donde ésta les conduce, de un lado, y aquellos otros que lo tienen todo mesurado, y hasta milimetrado y, cómo no, sopesado antes de ponerse a escribir la primera línea, yo te diré que pertenezco al primer grupo, a la hornada de los que se sientan a escribir porque (Cortázar dixit alguna vez) algo preformado o prefigurado les empuja a hacerlo, a volcarlo sobre el papel, como si de un desahogo se tratase.

Por lo demás, estoy de acuerdo contigo: escribir largo no tiene nada que ver con escribir breve y conciso, ambas esrituras se rigen por reglas distintas. Las novelas tienen que fluir, supongo, y de ahí la importancia de que funcione el conjunto, mientras que un microrrelato o incluso un cuento requieren más bien que las piezas del engranaje se ajusten a la perfección, sin que falte ni sobre.
Este funcionamiento general es bien sabido. Otra cosa es que se cuente con las artes y la pericia necesarias para poder llevarlo a cabo. En cualquier caso, no dudo que vas a salir adelante. ¡Ánimo!, y un beso

Miguel Baquero dijo...

Conocí a un tipo con más de cuarenta novelas, todo un experto y un teórico en la materia, que me dio unos consejos muy simples pero yo creo que muy prácticos (aunque yo, por mi torpeza, no los he sabido desarrollar).

1) Escribe lo que a ti, como lector, te gustaría leer.

Derivado de esto: sé sincera contigo misma. Escribe como tú (y sobre lo que tú)creas que es lo bueno, no al estilo de... ni parecido a... Tú misma sabrás entonces cuándo has dicho lo que querías decir y hay, por tanto, que acabar.

2) No te hagas ninguna concesión.

Si algo te parece mal o no del todo bien pero (piensas), entre 150ó 200 páginas podría colar, no te hagas trampas al solitario. No te busques excusas. Tíralo sin miedo ni remordimientos. Busca siempre la perfección.

Esos consejos me dio el hombre con todo su cariño. Yo no los he sabido utilizar, pero si te pueden servir de algo aquí te los dejo con el mismo cariño con que me los pasaron a mí.

Adu dijo...

Muy de acuerdo: nuestras obras adquieren vida propia.
Tuve un profesor (y no de Literatura) que cuando le contábamos eso de: "quiero que sea..." nos replicaba: "¿porqué no lo dejas a él que sea lo que quiera?".
BBT.

el pasado que me espera dijo...

Poco más se puede añadir a lo ya escrito por los comentaristas que me preceden. Yo creo que el caracter también influye bastante: los ordenados y pulcros imagino que serán más dados a planificar, a estructurar con antelación, los caóticos llevarán ese caos a la hora de escribir y lo harán en las servilletas de un bar. Hay de todo y de todos los colores. Lo importante es saber contar, y
no hace falta ser pitonisa para ver que a ti, esa cualidad no te falta.No se te ocurra no avisar cuando salga esa novela.

Casilda dijo...

No se quien decia que el destino de una novela quedaba marcado en el primer folio, no haré la prueba porque yo jamas escribiré ninguna pero si me parece acertada esa idea de ser capaz de verla en su totalidad aunque luego los detalles se vayan alborotando ellos solitos.
Hay escritores de una sola novela fruto de un arrebato de genialidad o de fiebre y de los otros pero todos hablan del pánico a quedarse colgados o del miedo a no saberles poner punto final.
Tu escribe , escribe y escribe...
Un beso

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Bárbara,

Planteas tantas cuestiones que uno no sabe por cuál empezar, ni cuál comentar. Creo que todo tu escrito está lleno de sensatez, con todos los interrogantes necesarios, porque la vida, y la composición de una novela, de una tragedia, de un cuento, o lo que sea, es algo vivo, algo en movimiento, algo que no puede quedarse estancado. Lo decía Heráclito: ΠΑΝΤΑ ΡΕΙ [PÁNTA REI] (Todo fluye). Lo que es equivalente, y también es su pensamiento, a que todo está en movimiento. La vida misma es puro movimiento. Uno se levanta por la mañana y tiene una serie de proyectos. Luego los proyectos se van metamorfoseando y al final no son lo que eran.

Discrepo ligeramente de un pensamiento tuyo: como tú dices, cuando uno está triste, tiende a escribir cosas serias y viceversa. Te puedo afirmar, porque conozco el tema, que, cuando uno cae en una depresión auténtica, no una "depre", como suele decirse coloquialmente, a uno se le quitan las ganas de todo, y, por supuesto, las de escribir algo jocoso. Son, creo yo, las situaciones margenciales, las de una leve tristeza o una efímera alegría, las que te hacen escribir situaciones opuestas a la tuya.

Mires como lo mires, tu escrito es de lo más interesante que he leído últimamente.

Otra observación: es cierto eso de que, ante una situación difícil que se prolonga, se madura antes. La dificultad hace madurar, y el trabajo, mucho más que la escuela. Si no, ¿por qué las generaciones de las postguerra maduraron mucho antes de lo que maduran las generaciones actuales?

Ha sido un placer "darme una tregua" en otras actividades y leer lo que acabo de leer. Felicidades.

carmen dijo...

Vuelvo para felicitarte , Bárbara, no sólo`por tu escrito sino también por tus comentaristas. He leído despacito y me apunto varias cosas...
Gracias!

LICOR DE MANDRAGORA dijo...

Lo del secuestro de la farc , creo que o te madura biche o te envejece.
Si , es verdad eso de escribir es un mecanismo de defensa que encuentro eficaz y compensador, creo que también vale rezar.
Lo del humor como forma de desesperación , supongo que te refieres al buen humor, al hilarante, al que produce fiebre sin escalofríos, porque en mi desespero he encontrado una sensación embriagante en la burla de la propia vida.
Sabes Bárbara, yo como pediatra y ahora con pretensiones de escritor, estoy cerca de las lágrimas y de las risas todo a la vez, y encuentro en la expresión física de los sentimiento opuestos, un especial deleite, si, en mis lagrimas y en las risas de otros. Lo más bello de la cotidiana desesperación, es verla partir al carajo con el paroxismo hilarante de una sonora carcajada, así toque buscarla en el fondo de un vaso con licor de whisky o mandrágora.

ca dijo...

mi querida amiga, veo que andas metida en un buen lío, tan complicado como emocionante... en tu interior está el procedimiento (o el proceso si nos queremos meter en Kafka); sólo tú sabes cuál es la forma de seguir tejiendo, estoy seguro de que, en cualquier caso, va a ser todo un acontecimiento... escúchate un poquito más... esperamos algo muy nuevo. Besos y ánimos solitarios y en silencio.

Raúl dijo...

Empezaré diciendo que, una vez más, leerte satisface.
En cuanto a las reflexiones que lanzas, son más o menos las mismas que yo, o cualquier otro de los que pretendemos escribir (pues más allá de trazar letras, no sé yo si lo conseguimos) nos hemos hecho en alguna que otra ocasión.
No tengo respuesta para ninguna de esas preguntas. Por ejemplo, cuando empiezo a escribir, muchas veces no sé ni dónde voy a llegar, ni tampoco a dónde quiero ir. Emprendo el camino, y punto.
Cierto es que en esta etapa "bloggeril", por aquello del formato elegido, prácticamente todo lo que escribo es de una extensión, que no permite recorrer distancias demasiado grandes, pero aún así, confieso como ya he dicho, que en muchas ocasiones no atino a visualizar de inicio, el final de la aventura.
En cuanto al factor equilibrante que le confieres a la escritura, o mejor dicho al ejercicio de escribir, no puedo estar más de acuerdo contigo.
Muy buena entrada, Bárbara.

Donce dijo...

Jo, no me había dado cuenta de que tienes entrada nueva...
Me encantan tus reflexiones, me hacen pensar y éso, dicen, es bueno "pa" las neuronas.
Un besito bienhumorado.

(De aquí al finde que viene... habrá algún post más, no??)

Mr. TAS dijo...

entonces, si ante la desgracia reaccionamos con cosas graciosas, ¿qué pasa con estados depresivos en los que tantas personas se han hundido y se hunden todos los días?

creo que es imposible dar con un diagnostico que sea común para el género humano. precisamente, si algo somos los humanos, es que somos un mundo partivular dentro de nosotros mismos...

ahora, en una cosa si que stoy de acuerdo contigo... la foto es l polla! jajajaj qué garulo, pobrete el chaval...

NáN dijo...

Me encantan la primera y la tercera novela de Zaddie Smith. Y se me quedó grabado un artículo que leí a los pocos días de haber sacado "On Beauty", para mí una obra maestra.

El artículo se llamaba "Cuatro horas de gloria". Más o menos decía que al poco de haberse publicado una novela, veía todos los errores y descompensaciones de la anterior. Se proponía eliminarlos en la siguiente. Y trabajaba y rompía, trabajaba y rompía hasta que se iba acercando a lo que quería. Y trabajaba y rompía hasta que era exactamente lo que quería.

15 días antes del artículo, hacia las 8 de la tarde, había puesto la palabra FIN y la había enviado al editor. Se sentía en las nubes y empezó a beber champagne. El marido se quitó de enmedio, porque ese éxtasis era un asunto personal. Todo le parecía perfecto, encajado. La palabra "feliz" no describía su estado.
Cuatro horas después, perdía el conocimiento en el jardín por esa mezcla de éxtasis y champán. Reapareció el marido la cogió y la metió en la cama.

Al despertar, se dio cuenta de que se había vuelto a equivocar.

Debe saber mucho más que yo, porque esa novela equivocada me produjo las mejores sensaciones.

No sé si me explico.

Jordi Santamaria dijo...

Hola Bárbara,

algunos de tus comentaristas han ayudado bastante con sus visiones. Todo novelista busca ese timón lo más posible, su definición, o síntesis del conjunto, pequeña parte pero vital. Y puede que la definición o el horizonte tónico al que se quiere ir, es más un sentimiento que una visión. Y creo que poco tiene que ver con la perfección, concepto arqui-tectónico, sino más bien con la redondez.
No hay que tener miedo a la siguiente escena, trama o historia. Hay que dejar que salga y quererla como a un hijo. Tomarse muy en serio una novela aparte de amargar puede construir una catedral visible que ya descarta de por sí los detalles de muchas líneas sometidas a lo alto y lo grande.
Yo soy partidario de mofarse de novelar, no tomárselo para nada en serio, pues no deja de ser un cuento largo, y escribir lo que a uno le apetece. Poco a poco la historia va tomando vida, se apropia ella de esa definición necesaria. En lugar de ir a por la idea-trama genial, hacerlo de abajo a arriba e intentar no parar de poner pequeñas gemas de detalles continuamente. Eso, puede otorgar mayor veracidad e igual redondez, pues la vida de cada uno es más algo aleatorio y arbitrario con giros geniales y cuestiones de detalles, que no el resumen de una gran historia. Predomina más el cómo que el qué. David Trueba sirve eso en sus novelas, historias deformes como todas salpicadas de genialidades con finales mundanos, vida al fin y al cabo.

PEGASA dijo...

Yo no puedo aconsejar. Barbara querida. Simplemente porque soy la menos indicada. Pero se tu misma y ya verás como todo sale tan perfecto como todo lo que haces. Solo te fé en ti, lo demás lo tienes ganado.

Bárbara dijo...

MUYSEÑORESMÍOS, debe de ser así: sin dudas ni cuestionamientos sobre lo que uno "perpetra", parece difícil avanzar. Y, exactamente, ¿cuál es esa profesión a la que te dedicas?
Desde luego en una noche no será pero no pararemos hasta terminar.

Es verdad CARLOS, nunca había pensado en eso, pero es cierto, uno siente que una historia larga no le pertenece lo mismo que un cuento o un poema, no le retrata tanto, más bien retrata al mundo que le rodea, y pertenece sobre todo a sus personajes.
Jeje, no creo que eso suceda, pero siempre tuve una memoria de elefante. Un beso.

REYES, como dices, una cosa es pensar algo y otra es escribirlo, son soportes distintos aunque ambos usen las palabras, pero son tan distintos como la música y la literatura, o la física cuántica y la literatura.
Me encanta que mi traje cuelgue en tu armario.

CARMEN, supongo que la escritura es el reflejo de nuestra personalidad y de nuestras vivencias, por eso es imprescindible haber vivido para escribir.

VIAJERO, no creo que seas desgraciado (jeje, bueno, tú sabrás) se trata sólo de que algunos días uno se levanta y ve la vida de forma trágica (es esos días cuando salen los mejores chistes...)
Estoy de acuerdo con Monterroso en lo de corregir, (lo que a mí me sale sin corregir es realmente patético). Pero no estoy de acuerdo cuando dice que en los textos largos no tiene que trabajar la imaginación.
Mucho tiene que hacerlo, y además una imaginación global que invente los hilos resistentes para unir todo el asado y que no se deforme al meterlo en el horno. Murakami dice que mientras está escribiendo una novela, escribe algún cuento para distrarse y descansar del gran esfuerzo que le supone la novela.
Perseverancia y paciencia, ¿llegarán con la edad? ¿estaremos ahí cuando lleguen?
Gracias por esa gran reflexión.

MEGA, yo también prtenezco al primer grupo, soy más de enguarrar el lienzo hasta ir sacando la forma.
Lo peligroso de las distancias largas es que uno aprende muchas cosas en el camino, en unos meses tiene la sensación de haber evolucionado escribiendo, y cambiaría el principio cada vez...
Beso.

Gracias MIGUEL, creo que son dos consejos valiosísimos, fundamentales (no sé por qué dices que tú no los aplicas, la verdad). Lo peor es escribir a la manera de alguien, para un supuesto lector que debe de tener ese alguine. Absurdo. Yo lo he hehco.
Espero que no te rindas nunca con tus novelas. El éxito siempre es subjetivo.

Bárbara dijo...

Hola ADU. Pues sí, debemos ir a favor, ya sea de nuestras obras o de nuestros hijos, y dejarles ser.

Eso es lo que me procupa, ARACELI, que es reflejo de nuestra propia personalidad...
Daremos buena cuenta. Y espero que sea mutuo.

Supogo que el destino está en ese primer folio, CASILDA, el problema es saber verlo. Como supongo que al primer vistazo ya sabemos cómo es alguien; sólo nos hace falta lograr comunicárnoslo a nosotros mismos. Un beso.

Ese el problema, ANTONIO, que todo fluye y uno pretende atrapar eso que fluye entre las páginas de un libro. Parece un esfuerzo dedicado al fracaso, aunque Proust lo consiguió...
Estoy de acuerdo contigo, por eso distinguía entre sentirse desgraciado y tener depresión, algo muy grave y que no incita precisamente a hacer chistes (aún así, yo sufrí una y, aunque fue terrible, los recuerdos de los mayores momentos de euforia son de entonces ... cuestión de compensación, supongo).

Eso es ORLANDO, desdramatizar, esa sensación embriagante de reírse de la propia vida y ser capaz al tiempo de tomarse las cosas en serio. Risas y lágrimas y esperanza y desesperación todo mezcladito. Yo también disfruto con las paradojas agridulces de esta vida.

Gracias CA, trataré de hacerte caso. Acontecimiento es levantarse cada día, y seguir teniendo ganas de trabajar. El resto... Beso.

RAÚL, supongo que lo que le da ese carácter de aventura es no saber dónde va uno a llegar.
Y sí, carácter equilibrante, seguramente estaríamos delinquiendo si no escribiéramos...

DONCE, es bueno para las neuronas y para el body. El otro día oi que el pensar quema calorías ¿qué te parece?
Por supuesto que habrá otro post, ¿por quién me tomas?
Beso.

Por eso, MR TAS, ya hacía yo la distinción entre sentirse desgraciado y tener una depresión. No es lo mismo, como no es lo mismo hacerse un esguince que ser cojo...
El de la foto garrulo pero tierno, ¿eh?

Te explicas perfectamente, NÁN, no conozco a Zaddie Smith, y sin embargo, cómo la conozco a raíz de lo que cuentas...

JORDI, me encanta eso de mofarse de novelar, no por no tomarse el trabajo en serio (como cualquier otro trabajo, vaya) pero sí de despojarlo de esa pátina de creación trascendental. Y es que se trata sólo de contar historias, no de salvar vidas. En general, trato de aplicar ese relativismo a la vida (que no relativismo moral).

PEGASA, no creo que seas la menos indicada. A mí me sirve tu consejo, eso es lo que me ha faltado muchas veces, fe en mí.
Besos.

NáN dijo...

Consideré tu post retórico, un brindis al sol, porque hay cosas que no se pueden enseñar ni mostrar.

Un grito de ¡Estoy en un lío!

Cuando la verdad el único hallazgo puede ser una voz personal.

Siempre me han hecho gracia los talleres dirigidos por alguien. En el mejor de los casos puedes aprender a escribir como el director (y visto lo visto, ¿para qué?). Solo el esfuerzo personal y el tanteo vale. Enseñar esto es como los que dan cursos (mal pagados) de "cómo ser millonario".

Querida, te las vas a tener que apañar como puedas, pero te hemos dejado aquí la confianza en que puedes. (Hay confianzas que inquietan, je, jé,).

TortugaBoba dijo...

No he escrito ningún libro pero sí que he fantaseado con ello. Como dicen los que me preceden, es curioso que formules tú estas preguntas, tú que escribes tan bien.
Supongo que lo primero es una idea, una historia. Luego un orden, que le dé ritmo a la narración. Finalmente, déjate llevar (pero sólo por ser tú quien eres). Y a leer y releer mil veces, hasta que la aborrezcas. Entonces, pásala a alguien de confianza, y te dirá: ya está. La escribiste (la novela).
Beso.

El Viajero Solitario dijo...

Bárbara, cuando el bueno de Monterroso escribió eso de que en los textos largos no tiene que trabajar la imaginación se refería (creo, que no está uno en la piel del enorme bajito) a que un texto largo, una novela, se presta a la digresión, a desvariar de vez en cuando; no me estoy explicando. ¿Conoces esa teoría de Hemingway, que afirmaba que el cuento, el buen cuento, ha de ser como un iceberg? Sólo se muestra una parte mínima, pero el lector ha de percibir el resto tras la lectura. Para ello, la información ha de estar perfectamente medida y las palabras han de ser las justas. Es más lo que no se cuenta que lo que se cuenta. En la novela, ese “lo que no se cuenta” no resulta tan evidente, ya que está todo –o casi todo- explicado. La novela permite al escritor ofrecer información redundante, innecesaria, y no pasa nada. Creo que tampoco me estoy explicando.
El caso: me gusta comparar la literatura con el deporte. No sé por qué. También me gustan las albóndigas en salsa y desconozco también el motivo. Desde esa perspectiva, el cuento sería una carrera de 100m y la novela la maratón. Es absurdo plantearse cuál de las dos disciplinas es más complicada. Cada una exige un entrenamiento y un esfuerzo máximos, y una preparación diferente. Y cada cual reúne condiciones apropiadas para una especialidad (hay quien no lo reúne para ninguna, incluso). Digo esto para terminar de no explicarme.
Ah, y no soy un desgraciado, al menos no a tiempo completo. Estaba llevando al extremo la afirmación del genial Wilder.

Bárbara dijo...

Qué malvado eres, NÁN, hay expectativas que son como pequeñas condenas.
Yo tampoco creo que en un taller se enseñe a escribir, en todo caso se aprende, siempre y cuando uno le ponga ganas.
El post no pretendía ser un grito de socorro, sólo un repaso mental a las múltiples dudas que me asolan, pero oye, tantos buenos consejos, tendré que aprovecharlos.

TORTU, cómo tú lo explicas parece tan fácil. Voy a grabármelo en la cabeza, es fácil, es fácil, es fácil...
Beso, tortu-gates (dónde se pide la vez para recibir las instrucciones de la edición videoril?)

Lo pienso y lo pienso VIJAERO, y no acierto a saber cuál es la diferencia. Que sepas que admiro a los que practican ambas distancias por igual, pero no estoy segura de que la novela admita tanto la digresión o la redundancia. Debería funcionar como el cuento, aunque con las elementos en tamaño XXL.
Sí es verdad que parece que la compresión del tiempo en el cuento, la inminete cercanía del final, le otorga ese puntito surrealista o mágico, pide que la metáfora sea más explícita, no tan sutil como en la novela.
Vamos, que básicamente estamos de acuerdo, sobre todo en las albóndigas con salsa.

NáN dijo...

Tienes razón en dos cosas: es uno el que aprende (y conviene que le lleuvan críticas desde todas las esquinas).

Y sí, soy un mal vado para pasar por él las turbulencias.

Bárbara dijo...

No creo que seas un mal-vado, sino todo lo contrario, tu asfalto es firme, negro como el alquitrán, pero firme.

NáN dijo...

No sé si bailar catala o retarte a un duelo. (con padrinos y toda la parafernalia).

Vicent dijo...

El sábado vi esa misma foto en una exposición sobre toros y toreros en el Fnac de Alicante. Tiene una fuerza tremenda. Aunque no le iban a la zaga el resto, no se si visitará Valencia, si es asi te aconsejo que la veas, aunque no te guste la tauromaquia.

Bárbara dijo...

A mí me gusta muchísimo. Estaré atenta por si pasa por aquí.