jueves, 5 de febrero de 2009

Dame una tregua (valga la redundancia)

Foto:Irene Blasco

Déjate de historias,
tú y yo
no sorbemos la paz del mismo cuenco,
es una guerra sin cuartel
en la que tú plantas bandera en mi sexo,
en la que yo corono tu cima
para subyugarte.

Mastica el polvo espeso de la derrota,
cae rendido bajo estas armas de mujer,
arrasado por las hordas de orgullos heridos,
que no sepan estas manos, enguantadas de muerte,
que pertenecen a la viuda que te llorará,
desconsolada.

No.
Sé mejor mi valiente guerrero,
violenta el camino a tu paso,
toma al viento como único aliado,
y no vuelvas la vista atrás,
hacia mis despojos,
por mucho que tengan la forma
de una conocida costumbre.

Pero
si entre sangre y polvo,
vieras crecer una flor negra,
salvaje,
rozada por una gota de lluvia
ácida,
atento a estas manos ensangrentadas
que se abren paso al galope,
a ese segundo vulnerable
que deviene inmortal.

Rindámonos entonces,
rindámonos.





21 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Quizá la paz está hecha de materia más similar a los gases que a los líquidos o quizá sea una materia anfibológica imposible de engastar más que en alguna ilusión ocasional: la ilusión del sexo, por ejemplo.

Nos dejaremos de historias, vale, pero no nos rendiremos jamás; no existe la espada ante la que debamos enterrar nuestras rodillas.

(Si fuese cubano, te diría: “como siempre sabrosón”. Pero como soy de tu misma tierra, pensarías que como cada día “arròs en fesols i naps").

el pasado que me espera dijo...

Nadie pinta la desolación como tú, querida Bárbara. Para ejemplo este botón: "Volver la vista atrás para ver unos despojos que tienen la forma de una conocida costumbre"

Casilda dijo...

Si existe un segundo vulnerable, aunque solo sea uno hay que rendirse , por esa vez al menos.
Un abrazo

ca dijo...

Cuando te leo parece que todo ha quedado devastado, y entonces me siento como en casa y pienso: ¿merecerá la pena volver a construirlo? Y luego me miro y digo: no. Un abrazo compi.

carmen dijo...

Rendirse por amor siempre es una victoria de la libertad.
Porque quiero, me rindo. Porque gasto mi libertad en tí , me rindo.
Aprovecha siempre esos instantes vulnerables...Bárbara!

TortugaBoba dijo...

He leído dos veces el texto para escribir lo siguiente: bárbaro. Es que me ha encantado, básicamente.
Beso.

BB dijo...

Si todavía existe el espacio para
la guerra,
si todavía hay batallas, sin
armisticio, sin claros ganadores,
entonces, permanecerán abiertas
todas las heridas recibidas,
cuerpo a cuerpo, grito a grito,
heridas que requieren de una
tregua o jamás sanarán.
En estas batallas del amor, aunque
se gane, siempre se pierde...
BB

NáN dijo...

«Tristes guerras, si no es amor la empresa», escribió Miguel Hernández.

Qué exaltación. Cuánta vida. Como los antiguos guerreros japoneses, luchar con toda la violencia y crueldad posible (contra quien está enfrente y contra uno mismo), para terminada la batalla y muerto el ego pasarse sin vergüenza al enemigo. ¡Ese es el momento de gloria! Que con tanta emoción nos cantas.

strongboli dijo...

Cuando el amor se convierte en guerra, malo, malo... Aunque muchas veces sólo hay un fino hilo entre una cosa y la otra.
(Este me ha salido serio).

Reyes dijo...

A mí como a Nán me ha parecido "japonés".
Voy a encender una vela a san Antonio porque voto a bríos que necesito un amante para leerle esto en la cama.
Joder, magnífico!!

Reyes dijo...

Me refiero al poema...
que es MAGNÍFICO...
como lo he puesto detra´s de la palabra "joder " ha quedao raro ...

TortugaBoba dijo...

Jajajj Reyes :)

Pablo dijo...

que bien ecrito está esto leches.
Me han encantado. volveré a por mas

Fran dijo...

Pues me rindió tu poema, te lo sabes, te lo sabes.

Un beso

Jordi Santamaria dijo...

Comentada.

Mega dijo...

que no sepan estas manos, enguantadas de muerte,
que pertenecen a la viuda que te llorará,
desconsolada.

Que no lo sepan pues.
Abrazo

carlos dijo...

Como esto de los comentarios sólo son letras, no lo verás, pero ahora mismo me estoy quitando el sombrero, por lo pronto.

Bárbara dijo...

MUYSEÑORESMÍOS, me encanta esa idea de la paz gaseosa. Puede que esta vida también sea una ilusión ocasional, comparada con toda la eternidad criando malvas...
Jajaja, lo bueno es el mestizaje, mira que es sabrosón el arrós en fesols i naps, paisano.

Pues ARACELI, ni me doy cuenta de esa desolación, me parece más bien realidad. ¿debería preocuparme? besos, guapa.

Eso es CASILDA, rendirse un segundo para luego seguir luchando y volver a rendirse otro segundo...
Abrazo.

CA, se está bien cuando ya están los destinos echados, y se han espantado las expectativas como moscas cojoneras. Me gusta la vida a ras de suelo. Besos, compañero.

Yo pienso igual, CARMEN, reconocer los límites, la vulnerabilidad propia y la ajena, y rendirse ante ellos, nos da libertad, aunque parezca que es lo contrario. Besos.

Es que me emociona que te encante, TORTU, básicamente.

BB, esa tregua es como agua oxigenada para las heridas abiertas. Ya volverán a sangrar, esas u otras.

NÁN, creo que esa batalla es la única que merece la pena. Tiene mucho que ver con el encontronazo inevitable entre egos. Ya lo decía un griego cuyo nombre no recuerdo (Heráclito tal vez?) la guerra es el germen de todo.

STRONGBOLI, asumir que hay enfrentamiento, cierta tensión con el otro, ayuda a mantener la paz y a negociar.

Jajaja, REYES, sí, joder es magnífico. ¿pero qué hace ese amante que no encuentra el camino hasta tu cama, y se rinde a tus pies?

Hola PABLO, vuelve cuando quieras. Y revuelve cuanto quieras.

Me lo sé, aunque no me sirve tampoco para vencer. Beso, FRAN.

A las pruebas me remito, JORDI.;)

MEGA, supongo que si las manos lo supieran, serían incapaces de hacerlo. Otro abrazo.

CARLOS, póntelo corre, que hace mucho frío. Te mando un beso vía vendaval.

Flavia Company dijo...

Me apunto a la sensación japonesa. Acepto y subo la apuesta: japonesa de talante mediterráneo. Una combinación explosiva. Apabullante.

Lara dijo...

Y yo suscribo a Flavia.

Felicidades.

Bárbara dijo...

FLAVIA, japonesa y mediterránea me gusta a mí la comida. Besos.

Gracias, LARA, y un abrazo.