viernes, 27 de febrero de 2009

Sous le ciel de Paris

Que por fin me voy a París, a encontrarme con un trocito de mi pasado en forma de pez.

À bientôt!

martes, 24 de febrero de 2009

Algunas noches


A Delphine
Algunas noches tus manos
son sartenes sin mango
sin la grasa de la tierna lascivia,
tu cuerpo mudo, afilado
es una daga sin empuñar,
sin intención de dañar,
más hiriente que nunca.

Pero no son tus manos
ni tu cuerpo,
es sólo mi cuerpo solitario
en las blandas manos de la angustia.

Me piensa el horror con serenidad
mientras tararea el cansancio
su letanía de eterno presente,
¿Qué fue de aquella música bebop
alegre, de los años cuarenta,
de aquellos pasos violetas,
mi pie menudo sobre tu pie velero?
Dime,
¿siguen haciendo corros de luz los niños
cosidos de la mano a un cielo en flor?

No me rindo,
entra un rayo de sol negro
por la ventana de tu boca.
Sonríe, sonríe ahora,
algún minuto de septiembre
nos espera ahí fuera.

viernes, 20 de febrero de 2009

Literatura, madurez y una bestia parda


Si tuviera a algún escritor experimentado sentado a mi vera, lo acribillaría a preguntas, al pobre:
- ¿Cuánto de clara debe tener uno la historia antes de empezar a escribirla?, y cuando digo cuánto me refiero a los gramos exactos, no a la cantidad a ojo.
- ¿Toda escritura necesita ser regurgitada, todo hecho escrito debe haber recorrido el intestino de la experiencia?
- ¿Cabe todo mientras uno escribe, siempre y cuando se adapte a las hechuras del traje?
- ¿Es un plazo prefijado de antemano o es por el contrario la convicción interna lo que decide que uno deje de reescribir lo escrito? ¿se alcanza alguna vez esta convicción o se trata de un punto móvil, como el horizonte?
Recuerdo una anécdota de no sé qué escritor incapaz de encontrar el límite del último punto. Por ello, había pactado con su editor que, cuando anduviera cerca del final de una novela, éste entraría en su casa con nocturnidad y alevosía, para robarle el manuscrito, haciendo caso omiso a sus creativas súplicas e intentos de engaño.
....
Uno tiene la sensación de que los relatos cortos se están quietecitos mientras uno los viste, los peina, los cubre de afeites, les da los últimos toques.
Pero una historia larga se mueve y, de pronto, uno se da cuenta de que ha crecido porque le viene corto de mangas ese jersey de letras que con tanto cariño le tejió. Y se le despeinan los capítulos iniciales al pasarle por la cabeza el jersey nuevo, o le tira de la sisa cuando uno ajusta el estilo de los hombros.
Claro que todo es relativo (como este absoluto), y eso mismo deben de pensar los que escriben relatos cortos de los que escriben haikus.
....
El otro día, en un programa de radio, a propósito de la modificación legal de la edad para mantener relaciones sexuales, se preguntaban cuándo podía considerarse que una persona había alcanzado la madurez.
Para algunos oyentes, dependía de cuestiones económicas (el momento en que hay que buscarse y cocinarse las propias habichuelas), para otros de la paternidad (uno sólo deja de ser hijo cuando se convierte en padre), para otros de características de personalidad o vivenciales (si a tu padre lo secuestran las FARC, como testimoniaba un oyente, parece ser que maduras antes).
Uno de los contertulios lo explicó mediante una metáfora tenística: Verdasco había jugado cada punto del partido como si fuera independiente, mientras que Nadal había jugado el partido en su conjunto. Y había ganado. Eso era la madurez -dijo- ver la vida en su conjunto, y no como una yuxtaposición de hechos aislados.
Me gustó. Creo que esa es también la estrategia al jugar a escribir una novela: ser capaz de ver la historia en su conjunto, atender a los detalles sin perderse en ellos.
Y sin embargo siguen siendo los pequeños detalles los que marcan la diferencia.
Y sin embargo, sigo lejos de esa cima en que se divisa el paisaje con claridad.
....
"Si te sientes realmente feliz, deberías escribir una tragedia; si te sientes verdaderamente desgraciado, deberías escribir una comedia", dijo Billy Wilder.
Alguien dijo también que el humor es una forma de desesperación, y yo creo firmemente que es así.
La escritura funciona como un mecanismo de compensación. Cuando uno está feliz, tiende a tomarse la vida en serio, y es cuando asoman por la mente las grandes tragedias, quién sabe si como miedos ancestrales que acechan tras la puerta de la felicidad, quién sabe si como una suerte de catarsis consciente, una forma controlada de hacer estallar la bomba, sin que la metralla salpique nuestra realidad.
Y a la inversa, cuando uno es desgraciado (dentro de unos límites, una angustia cotidiana, soportable, sin caer en la depresión) siente la necesidad de pensar en cosas divertidas. Total, si la desgracia ya está echada, divirtámonos sin remordimientos.
Y es que la materia prima de la vida es sin duda el contraste y, como en la foto, una cara de bestia parda puede albergar la mayor de las ternuras.

lunes, 16 de febrero de 2009

Esa enfermedad llamada vida


El vivir es la lenta agonía
de esta enfermedad llamada vida, dices
con dramatismo de fiera acorralada,
y un dolor antiguo en la cabeza,
y un viejo dolor de cabeza
avanza silencioso, al compás
de una marabunta de arañas cojas.

Por supuesto que siguen existiendo
los días que invitan a cruzar la puerta
del todo empieza de nuevo,
los días que anestesian la angustia
bombeándole humo blanco de lirio a los ojos.

Pero pronto se anegan tus pupilas de tanto futuro
y lloras sobre mojado,
tratas de retener la sal con tus manos
pero sólo te crecen bajo las uñas
pequeñas mentiras con forma de hongo
mientras el agua, cabizbaja, prosigue su fluir
río abajo, hacia el mar de la memoria
dejándote apenas la resaca
de un breve olvido.

Y te repites,
con dramatismo de fiera acorralada,
que hay agonías que duran
lo que dura una vida.



jueves, 12 de febrero de 2009

Plan de visibilidad creativa en la red


- Quisiera aparecer en el Google.
- ¿De cuántas entradas estamos hablando?
El hombre, cuyo cabello dibujaba una perfecta onda engominada, no esperó la respuesta.
- Y en calidad de qué, claro, porque no es lo mismo aparecer como el mayor fabricante de piensos para perros que como premio Nobel de física, pongamos por caso.
- Me hago cargo. Me hago cargo.
- Sepa usted también que esto funciona en progresión geométrica, se empieza con un mínimo de diez entradas a la semana, y esas entradas van creciendo, alimentándose unas a otras, multiplicándose como células en la mitosis.
El comercial, ataviado con un impecable traje chaqueta gris perla, se levantó para alcanzar un prospecto de la estantería.
El cliente se fijó en una pequeña gota cerca de su bragueta, un cerco perfecto en la pulcritud gris.
- ¿Había pensado usted en algo en concreto?
La pregunta lo pilló distraído.
- Eh…no. Buscaba algo que me diera prestigio, un trabajo de investigación para la universidad, algún master cursado, algún libro publicado. Tal vez algún premio menor.
- Ajá…
El hombre de la gota de meado en el pantalón empezó a tomar notas en una libreta de hojas blancas, con lo que al cliente le pareció una pluma Mont Blanc.
- ¿Y a qué se dedica usted?
- Tengo una inmobiliaria. Estudié económicas aunque no acabé la carrera.
El hombre de la Mont Blanc asintió con la cabeza.
- Podría ser un master oficial en comercio y relaciones económicas internacionales, por ejemplo. O un premio al empresario del año de la comunidad. No de este año, claro, de hace algunos años, de un año en el que no existan datos. Es lo que se me ocurre así, a bote pronto, pero evidentemente estudiaremos a fondo su vida laboral, su perfil y le haremos un plan detallado de visibilidad creativa en red. Sepa usted que nuestra empresa ofrece el mejor servicio de estas características del mercado, el más ajustado a las necesidades del cliente.
Por primera vez le miró directamente a los ojos, en lo que parecía ser el cumplimiento del punto número tres del manual de transmisión de confianza al cliente.
Éste no pudo dejar de observar un pelo larguísimo que emergía de su ceja izquierda. Como un cabello que hubiera equivocado su camino natural. Como una ballena varada en la costa.
-Perfecto, respondió. ¿y para cuando estaría? Lo cierto es que me corre un poco de prisa…
El hombre del interminable pelo en la ceja pensó dos segundos antes de asegurar que lo tendrían para mediados de la semana siguiente. Siempre y cuando se hubiera abonado el primer pago.
Se despidieron con un blando apretón de manos.

Había quedado para cenar con ella el viernes de la semana siguiente.
Mientras se dirigía al parking, le pareció que caminaba distinto, con más aplomo, de manera más pausada, como andaría alguien con un libro publicado. Cuando abonó el importe del parking, el buenos días que le dedicó al vigilante fue pronunciado en el tono preciso, en el registro apropiado, ni familiar ni condescendiente. Como hablaría alguien acostumbrado a recibir premios.
Le entristeció tener que volver a la oficina.
Sentado en el asiento de piel color crema de su coche, llamó al comercial de onda engominada, de pantalón de traje chaqueta gris perla con gota de meado, de Montblanc y pelo largo en la ceja.
- He pensado que el master, mejor en Gestión económica de proyectos de ayuda al desarrollo.
Definitivamente, aquello le daría el toque humano que le faltaba.

domingo, 8 de febrero de 2009

Ella también tiene un pajarillo Chinaski


Vendes tu desnudo a las revistas
y pones morritos así
y haces mohines redondos
y te abrochas hasta el cuello la piel de tonta
para no ser herida
por las patas azules de su violencia
tan varonil, con tantas garras.
Y caminas sobre tacones pulidos
como una rana sobre nenúfares de cristal
y te bebes el agua de las alcantarillas
en copas de champán francés
y ríes, ríes en blanco, en rosa y en rojo
con todos los dientes.

Y sólo de madrugada
cuando te quitas los labios sangrantes de carmín
y los dejas sobre la mesilla de noche, chorreando
junto a tus ojos de alquitrán y sus pestañas
y aflojas los sostenes de tu emplumada coraza,
ves el mundo con extrema gravedad, ya sin ojos
y puedes dar de comer por fin a la melancolía
que acaricias a tientas
mientras tarareas con dulzura casi inaudible
la canción más triste,
la de los ángeles, el azufre y las rosas
en un idioma que es el tuyo pero no entiendes.
Y sabes que morirás en un país extraño.

jueves, 5 de febrero de 2009

Dame una tregua (valga la redundancia)

Foto:Irene Blasco

Déjate de historias,
tú y yo
no sorbemos la paz del mismo cuenco,
es una guerra sin cuartel
en la que tú plantas bandera en mi sexo,
en la que yo corono tu cima
para subyugarte.

Mastica el polvo espeso de la derrota,
cae rendido bajo estas armas de mujer,
arrasado por las hordas de orgullos heridos,
que no sepan estas manos, enguantadas de muerte,
que pertenecen a la viuda que te llorará,
desconsolada.

No.
Sé mejor mi valiente guerrero,
violenta el camino a tu paso,
toma al viento como único aliado,
y no vuelvas la vista atrás,
hacia mis despojos,
por mucho que tengan la forma
de una conocida costumbre.

Pero
si entre sangre y polvo,
vieras crecer una flor negra,
salvaje,
rozada por una gota de lluvia
ácida,
atento a estas manos ensangrentadas
que se abren paso al galope,
a ese segundo vulnerable
que deviene inmortal.

Rindámonos entonces,
rindámonos.





lunes, 2 de febrero de 2009

Una nube como mascota


Experimento o me experimenta un cierto agotamiento mental. Como un tren que no termina de pasar ante una pupila cansada. Con una mochila que pesa a la espalda, una mochila repleta de ropa que ni siquiera es de mi talla, y una bota con cordones, desparejada. De esas que a veces cuelgan de lo alto de un semáforo o de un cable de la luz. Los zapatos solitarios que aparecen en la calle componen anacolutos en la gramática urbana, son los puntos suspensivos de las frases que no encuentran su final.
Puede que por eso últimamente me asome a balcones que no son míos.


Me siento ciertamente cansada, y algo vacía, como una nube que necesitara recostarse sobre el lomo de la montaña para deshacerse en blanco y dejar constancia escrita en la piedra de lo gaseoso de su naturaleza. No hay solidez a la que aferrarse dentro.
Es absurdo adoptar una nube como mascota, no me lo negarás. También es absurdo este post. Me estoy dando cuenta.
Yo me río mucho, pero eso no quiere decir nada.
Me he encontrado con Coetzee, me tranquiliza que esté a mi lado, con su “desgracia”, y su voz recompuesta, su cielo bajo, y su horizonte despejado.

El sábado fuimos hasta un pueblo de Tarragona a comer calçots. Hay cosas absurdas pero no más que otras. Tres horas de viaje en microbús para bajar, ponerse un babero y comer unas cebollas ennegrecidas cuyo tizne se pega a las manos como si estuviera hecho de esencia de remordimiento. Y tres horas más de vuelta. Él no salió del bolso.
Las cosas nunca suceden por casualidad. Los hechos bailan mejor o peor la música que suena, van a contrapie, siguen el ritmo al compás o de forma sincopada, pero suceden mientras suena la música.
Yo tengo calçots, carretera, Coetzee, pasado, nubes y un zapato. Suena a música de circo.

Este invierno está siendo largo. Está siendo.
Me gustría escaparme un fin de semana a París con Delphine. Solas y juntas. La de Paris es la única lluvia que soporto porque es irisada, por eso el acoiris la alega siempre como coartada.

Yo ya no me hundo, puede que por pragmatismo, puede que por pereza. Puede que porque el suelo que piso sea firme. Bueno para marcarse un zapateado.
Mañana tal vez lo intente, según la música que ponga el dj.