jueves, 27 de noviembre de 2008

Vuelan alto los pájaros


Vuelan alto los pájaros junto al rascacielos
y el tiempo se deshace entre sus alas,
despacio,
como si esos pájaros, más efímeros que yo,
mortales de fragilidad alada,
fueran ya un solo pájaro
sobrevolando el mismo círculo durante siglos
y mi levedad consistiera en comprender,
dejar de luchar, no
contra este destino de pájaro que
compartimos
sino contra mi artificial altura de mujer,
que a hurtadillas observa,
el sacrílego espectáculo celeste.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La trama

 Sin duda, lo que más me cuesta al escribir es encontrar la acción precisa, decidir qué es lo siguiente que va a suceder. Puedo saber cómo palpitan los personajes bajo mis dedos, puedo escribir folios y folios con sus perfiles psicológicos pero lo que me resulta de verdad difícil es escoger de entre todas las acciones posibles, aquella que muestre cómo sienten mis personajes sin tener que explicarlo, y funcione además como una carretera que conduzca al destino elegido.

Por eso no entiendo la mala fama de la trama. No entiendo por qué está tan desprestigiada en comparación con del estilo si la trama es el armazón que, bien construido, debería funcionar como la gran metáfora y sostener los demás elementos. Si sin ella andaríamos tan perdidos como Paul Auster deambulando a oscuras por las páginas de alguna de sus novelas.

Muchos son los que reniegan o han renegado de ella. Dice Vilamatas que dice Nabokov: (ya se sabe, nunca hay que tomar al pie de la letra las citas de Vila Matas): “La trama es una vulgaridad burguesa”.
También dice que dice Banville: “El estilo avanza dando triunfales zancadas, la trama camina detrás arrastrando los pies”.
Yo, por el contrario, creo que estilo y trama deben ir cogiditos de la mano, como dos colegiales, bajo la atenta mirada de su autor.
Porque el uno sin la otra no son nada. La trama es el esqueleto sobre el que se asientan vísceras, órganos y piel. El estilo es la sangre que nos recorre, los humores que nos fluyen. Tan esencial es lo uno como lo otro. Puede incluso que sea la trama lo único que quede de nosotros cuando ya no estemos nosotros.

Dice también Verdú, en su ya famoso decálogo:
"La fantasía, la intriga -y tanto más cuanto más enrevesada resulta- debe considerase un recurso estereotipado e indicio, a la vez, de no aspirar a mucho más que un sudoku. Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. Es decir, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar, insustituible en la iluminación y la clase de disfrute que procura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, el suspense policiaco, los agentes especiales, los cofres por descerrajar o los misterios divinos, sino de la intensa degustación del texto, sin necesidad de conspiraciones ni extrañas travesías. Los intríngulis de esta literatura son más intríngulis que literatura. Vale para lo que vale y ni una distinción más".

Evidentemente hay buenas y malas tramas pero la trama no puede cargar con las culpas, no puede ser siempre el chivo expiatorio. También es evidente que no hay trama que resista un estilo mediocre y falto de brillo.

Extrapolándolo a las personas, la trama equivaldría a todos los sucesos, datos biográficos que nos han ido conformando y nos definen. Mientras que el estilo sería el temperamento, un temperamento innato que a su vez influye sobre nuestra biografía. Y viceversa. Ambos se van escribiendo a la vez, se van moldeando al tiempo. Lo importante es que cada temperamento se adapte bien a su trama. Tan lícito es sentir que es el temperamento el que marca la biografía, y ponerse uno romántico, es decir novelesco, como que es la biografía la que arrastra de los pelos al temperamento, y ponerse entonces materialista dialéctico. Y también sucede al revés.
La trama no es importante pero es imprescindible. Como el sexo no es lo importante en una relación, pero sí imprescindible.
Sobre todo en la novela (la trama, no el sexo). Si la poesía es decir la verdad a través de una mentira, la novela es mentir a través de una verdad, mentir con honestidad. La trama constituye pues el armazón de esa mentira, mientras que el estilo sería la puesta en escena, el tono, los detalles que le confieren verosimilitud. Así, una mentira increíble con una puesta en escena deslumbrante puede colar, al igual que una mentira verosímil, pero malísimamente interpretada, se irá a pique sin remedio.
En la combinación se revela la clave.
Y es que, a estas alturas, convendrás conmigo en que es imposible desligar la trama del estilo, como es imposible despellejar a alguien y que siga vivo.

Y todo este rollo porque me he quedado atascada en algún nudo de la trama.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

En secreto



A veces soy un hombre bajo tus brazos
soy yo la que transita
por los pasillos de tu carne
confundo tu vello con mi vello
tu sexo con mi sexo
tu deseo con el sueño.

A veces soy mujer y tú eres hombre
y un dulce abismo se abre
entre nuestros cuerpos,
desnudos como el cielo raso.

A veces somos uno solo
componemos un bonito tópico
en el que no tienes principio
ni yo tengo final.
Te miro
y no sé quién soy
bajo tus brazos.

A menudo estoy sola
entre tanta intimidad
y tengo un miedo feroz
que te ha ido devorando
dejando sólo tus huesos
a los que me abrazo
con fría desesperación.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Tonta y puta

El otro día E. llegó pronto a casa y fuimos a comprar. Huevos, papel de cocina, gelatina, hamburguesas, mandarinas, nueces, champú para cabello graso, galletitas saladas, patatas, cebollas, granadas, un arreglo para cocido, pañuelos de papel, puerros, una rasqueta para la Vitro, plátanos.
De vuelta, ya sentados en el sofá se lo dije:
- Hoy, en el blog alguien me ha llamado tonta y puta.
E. estornudó. No fue una respuesta, es sólo que anda un poco constipado. Pero a mí me pareció que su moco tenía la sospechosa forma de un joker y que las comisuras de sus labios apuntaban descaradamente hacia arriba, justo antes de desaparecer por el pañuelo de papel.
Quise hacer mussaka pero no tenía berenjenas. Hice una tortilla de patatas. Grande, esférica, diletante.
- ¿no se te ha quemado un poco la tortilla?, preguntó E.
- Puede. Como soy tonta y puta…

El teléfono sonó. Era mi madre.
- ¿Venís el domingo a comer?
- No, nos vamos al pueblo.
- Me lo podías haber dicho antes de que comprara…
- Perdona, lo olvidé… es que soy tonta y puta, susurré.
- ¿qué?
- No, nada.

Después de cenar E. y yo no hablamos. Nuestros pensamientos flotaban, adormecidos por los gases azules que emanaban de la caja tonta. Jesucristo era ahora mujer, tendida con los brazos en cruz, el vello púbico cubierto por la blanca sábana. Y abajo, un lema rezaba: ¿quién paga los pecados de los hombres?
- El cartel de una organización feminista italiana ha levantado la polémica, aseguró Piqueras con voz grave y leve regocijo.
Luego J.J. Santos estiró el chicle del tiempo con odiosas insignificancias, con las declaraciones de un futbolista que es baja porque le ha salido un uñero en el dedo gordo del pie y las declaraciones del podólogo oficial del club del futbolista que lo confirman y las declaraciones del entrenador en respuesta a las declaraciones del podólogo a propósito de las declaraciones del futbolista.
Hasta que las manos de J.J. estuvieron tan asquerosamente pringosas que ya no supo donde ponerlas y quedó atrapado en su propia telaraña, como un spiderman apopléjico.

El ambiente se había resecado en exceso. Apagamos la tele, nos fuimos a la cama e intercambiamos fluidos. Me gustó que me sujetase las muñecas con fuerza y me dijera guarradas al oído. Ya sabes, como soy….
Justo antes de dormirme, con la lechosa luz de la luna penetrando por los poros de la persiana, vi posarse una sonrisa alada que ahuecó el colchón de la perilla de E. y esta vez sí, se acomodó, despatarrada, en su boca.
Mientras, ahí afuera, los fantasmas seguían engarzando eslabones a su ya larga cadena.

(ya sabes: todo ficción, salvo... el cartel italiano)

viernes, 14 de noviembre de 2008

La cuchara

Es sencillo usar una cuchara. Yo te explico...


Se sujeta la cuchara con una mano

mientras con la otra se van poniendo los granos de arroz


Así, uno a uno. No creas que es fácil...

Una vez llena, se lleva con cuidado a la boca


A la boca...

¿A que lo hago bien?


Yo, a mi Bruno, me lo como sin cuchara ni nada.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Anoche vi el telediario


Anoche vi el telediario. Un grupo de africanos -los restos de un grupo de africanos- arribaron a nuestras costas.
Yo no entiendo de cosas macro, las grandes escalas se me enredan en la cabeza , apenas me da para comprender, inventariar humildemente lo que sucede a mi alrededor, en ese microclima que se reduce a las cuatro paredes de mi casa, a mi calle si me apuras, hasta llegar a esos árboles japoneses rosas de Blasco Ibáñez.

Pero me pregunto, al ver una vez más la calcinante escena: ¿cuál sería el problema si se abrieran las fronteras?
Una vez lo pregunté y me miraron como si llevara en el bolso una bomba para hacer estallar felicidades, como si fuera una idiota o una terrorista (que seguramente son sinónimos). Como si hubiera insinuado que en vez de mandar a mi hijo a la universidad de medicina quería matricularlo en un master para hechicero de tribu. Como si no me importara extender la mano de noche y encontrarme a un subsahariano al otro lado de la cama, y uno más por cada metro cuadrado de mi casa. Como si todo mi mundo, nuestro mundo, zozobrara cual cayuco en altamar.
Me molestan mucho estas noticias.
Al margen de lo que es justo, de los hipócritas flujos globalizadores que no son más que pasillos de un solo sentido que permiten a los piratas moverse a sus anchas y saquear a placer pero impide a las personas desplazarse para sobrevivir, ¿alguien puede explicarme cuál es exactamente la razón por la que no pueden abrirse las fronteras? ¿haría eso estallar el mundo? ¿reventarían sus costuras?

La crisis ha llegado a los burdeles. Las prostitutas hacen rebajas. Dos por uno en mamadas, 10% de descuento para familias numerosas. Los de informativos Telecinco hace ya tiempo que han aplicado un sistema de ahorro neuronal a la hora de crear las noticias que les está dando grandes resultados. Porque puede que no anden desencaminados y en un país como el nuestro, el verdadero indicador de la crisis sea el eurolíbidor.

Algunos trabajadores de Nissan tiran vallas contra las puertas de su empresa y hacen pintadas subversivas, radicales, del tipo: ¿y mis hijos qué? mientras algunos accionistas, propietarios, directivos y demás fauna de rapiña aprovecha la crisis para hacer su particular agosto. Ay, qué bien nos vendrían ahora esos sindicatos que vendimos…

Hay días en que me siento tan fuerte que presto atención a los telediarios. Menos mal que dura poco.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Espiral

Yo antes escribía cosas simples.
Como esto:

La tarde pasa
con pereza
se enreda su estela
en cada telaraña
de la habitación
miro al techo
y el aire se espesa
vacío de ti
éter maldito
duele tu recuerdo
duele tu olvido
mariposa espectral
que escapa
de entre mis llagas.
Písala. Mátala
Escapa. Vuela.
Tiempo de vida
absurdo
nube eterna
animal domesticado
niño cansado
guerra.
¿Cuánto más
tardaré
en olvidarte?

O esto otro:

Tu piel sincera me alimenta
bebo su caldo proteínico
guisadito al sudor
me relamo, gozo
y abro los ojos
el armario está ordenado
las bragas blancas
calladas por el almidón
se ordenan con candor
huele a limpio, sólo a limpio
el tiempo es ya una nube
escapada de entre las bragas
jugamos con él
mientras hacemos el amor
algo ha dejado de doler
hoy.

O también esto:

Si no me quieres, yo tampoco
si me quieres, yo también
así de fácil, así de aséptico
así de simple
así de cierto

ya no hay placer en el sacrificio
ni siquiera en la redención
lo he matado con mis manos
ya no patalea de dolor

soy sencilla como el trigo
trenzado al caer el sol
si no me quieres, yo tampoco
pero si aún me quieres
por favor
dímelo.

E incluso esto:

Persigo sombras
camufladas en el negro:
son rincones
me acerco y descubro
pequeños gusanos
que se enroscan
cuando los toco
con la yema de los dedos,
¿a dónde irán a parar
todas esas patas?
el reflejo de un rayo
huye dando saltos
rojos y amarillos
la mesa, quieta
la lámpara que observa
y yo
contando los versos
que me quedan
para verte.


Cosas simples como botijos conteniendo amor o desamor. Amor o desamor. Palabras abruptas en renglones cortos. Pero no creas que me sonrojan.


Ahora, la voz de otros poetas se me ha solidificado dentro, haciendo mi voz más compleja (creo) y mis sentimientos más simples (espero).
Y me asomo cada día a la ventana de un inmenso poeta que es una roca, y yo, que soy un pequeño guijarro pulido por la lluvia y el sol, trato de hacer mío el paisaje que se perfila en su fondo, un horizonte de árboles robados a la bruma, un hermoso, lúcido y delirante escenario que sé que no me pertenece.
Porque yo soy sólo el compás que clava su hiriente punta en el pasado y proyecta su mancha de grafito en tierra ajena, con la esperanza de poder encontrarme en algún lugar del círculo delimitado.
Pero ese círculo se vuelve espiral con el nuevo día. Y en él se cuelan tantos rastros de lo que fui que se me hace imposible distinguirme
.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Miénteme


Ejercicio 1. contar un polvo.

- Me caíste mal desde el primer momento en que te vi. Tan altivo, tan prepotente, sin fisuras, como un axioma. Absurdamente inquebrantable, como un dogma de fe.
- ¿sí? Tú en cambio me resultaste indiferente, tan indiferente como un souvenir, siempre custodiada por una cuadrilla de miradas extranjeras, como una imagen repetida tantas veces.
- sólo los imbéciles miran con los ojos…Mmmm.



Un movimiento algo más intenso, más profundo, de distinta cadencia que los anteriores, la hizo gemir esta vez. Un dulce latigazo con epicentro en la entraña inferior la estremeció, expandiéndose rápido como un fluido electrizante en un contraste. Pequeñas agujas se posaron en las yemas de los dedos.
La boca de él se anegó de saliva y su piel adquirió una textura rugosa, como un cuadro de Seurat, surcada de pequeños puntos. Retomó la cadencia.

- ¿Te gusta Goytisolo?
- Por supuesto que no. No soy una intelectual. La cultura con mayúsculas me provoca arcadas…. Mmmm…Sólo me interesan los libros que me distraen de mí misma.

Ella se abandonó a un corto jadeo que encadenó con un pequeño silencio, seguido de un gemido sostenido cuando ya sólo la acució una imperiosa necesidad de abrir su cuerpo hasta oirlo crujir, como la carcasa de un pollo devorado. Correr hasta saciar una extraña sed. Se precipitó hacia el vértigo cuya puerta había abierto él, cuya puerta era él.
Él le siguió los pasos, profiriendo un ronco sonido al caer.
Sus cuerpos desnudos quedaron laxos, agradecidos, satisfechos, respirando por cuenta propia.

Cuando ella abrazó su espalda, sus omoplatos se le antojaron de porosa arcilla, como si modelase sus contornos con cada caricia, como si la carne de él fuera tierra roja, empapada tras la lluvia y ella volviera a ser sólo una niña jugando con el barro.
Él sintió un deseo irrefrenable de mirarla durante horas, durante días. Muy de cerca. De vestirla con su retina, con sus pestañas. De abrigarla con sus párpados.

-Así es que no te gusta Houellebecq…
-Psss. Me parece un pervertido.

Él sonrió antes de desaparecer por uno de sus pezones.

De la ventana del piso de abajo llegaba una canción de Gainsbourg.

(si no te lo crees, dale al play)

(para aprender a esribir, hay que hacer ejercicios de dedos. He leído en un blog que no es difícil parecer idiota cuando uno describe una escena amorosa. Habrá que estar preparado)

martes, 4 de noviembre de 2008

Je suis venu te dire que je m´en vais

video

Por favor, dale al play.

Él ha venido para decirte que se va,
Gainsbourg ha venido y te mira,
como un sapo tímido y viscoso
y su voz de sapo te acaricia
las penas y los cabellos,
te conmueve como a un poney
cuando te susurra, canalla tierno, que se va,
con el éxito eterno de los eternos perdedores
muertos a tiempo,
a salvo de la última pregunta.
Y caen al final de cada estrofa
las consonantes al fondo de un mar blanco.

Porque él ha venido para decirte que se va,
aunque tú sepas que hace tanto que venimos yéndonos
en lenta procesión constante.
Aún así, lloras su extraña declaración de amor,
la cabeza recostada sobre los días felices,
y giras alrededor de él
como los círculos del vinilo
alrededor de la aguja que rasga
corazones como un bisturí,
corazones siempre nuevos.

Él ha venido para decirte que se va
je suis venu te dire que je m´en vais
dice, porque él es francés
como la espuma de los días
o la fina lluvia de la melancolía.
Y tú te preguntas,
en estos días arrancados a una canción
por qué buscas con tanta insistencia
la transparente compañía de los muertos.