lunes, 29 de septiembre de 2008

Efectos perversos de la crisis



Efectos perversos de la crisis:

- que un tipo asome la cabeza en informativos Tele 5 para decir que alquila una habitación en su casa a cambio de sexo. “Yo creo que tres veces a la semana sería lo correcto”, afirma este homo erectus del Pleistoceno superior. Lo correcto. No lo deseable ni lo lujuriosamente saciable. Lo correcto. Al tipo le han difuminado la cara y distorsionado la voz, a juego con el cerebro.

- que el otro día servidora comprara papas de la marca Hacendado en lugar de las Lays con aceite de oliva (ahorro: 0, 49 euros). Eso sí me las comí junto con el jamón de Guijuelo de 57 euros el kilo, que con los alimentos básicos no se juega.

- que nuestro presidente por accidente diga sandeces del tipo: el sistema financiero español es de los más fuertes del mundo. La sonrisa de clown pintada en su cara no se alteró.

- que Bush pida un tiempo muerto en la campaña electoral para escenificar la cagada en los pantalones que le produce la crisis. La crisis o que Obama le haya metido tres tiros de tres puntos al papafrita en el segundo cuarto, y ya le saque 9 puntos de ventaja. Inconcebible que con este Dream team no pueda siquiera comprarse al árbitro.

- que algún espabilado, el de siempre, aproveche para pedirle al gobierno el abaratamiento del despido. Meeec, propuesta denegada, más que nada porque el siguiente paso era regalarles a los despedidores un viaje a Canarias con todos los gastos pagados.

- que servidora use dos discos de algodón desmaquilladores en lugar de tres.

- que algunos respetables se dediquen a la pornografía dura de aumentar sus beneficios, extendiendo su red de burdeles por Sudamérica. Léase (con cierto desdén) BBVA o Santander.

- que los ministros congelen sus sueldos mientras los pensionistas congelan hasta las sobras del perro.

- que me dé por hacer estúpidas listas.

- que despierte de nuevo el nacionalismo rastero, como un perro famélico ante el olor de la carne putrefacta. Es decir que a los inmigrantes, como una puta que ya ha hecho su sucio trabajo de forma satisfactoria, se les dé su dinero (léase el paro que les corresponde) con la condición de que se vayan lejos de nuestras respetables familias de moral victoriana. Afortunadamente, los inmigrantes, como las putas, a menudo carecen de alternativas pero no de cerebro.

- que a Solbes le dé por hacer greguerías, imposibles e hilarantes metáforas en torno a la crisis que han permitido mostrar todo ese talento para la fantasía.

- que Paul Newman haya muerto. Bueno, puede que esto no sea efecto directo de la crisis pero nadie negará que es mejor irse con la crisis, cuando despunta el otoño y en una época en que los guapos ya no saben mirar hacia fuera. Hasta siempre, buscavidas.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Escribir y sobrevivir


Alejandra Pizarnik

La letra no sólo con sangre entra. También sale con sangre.
Me pregunto si es necesario tanto sufrimiento o es sólo una cama elástica para subir más alto.
Me pregunto si es posible desangrarme de día, lentamente, en renglones inacabados e irme a la cama tranquila, con la última sonrisa de Bruno en los párpados.


Renuncio a saber más de trágicas biografías.


O dicho de otra forma:

Quiero escribir bien
pero no quiero rebanarme el cuello con el filo de una sombra
como Alejandra
no quiero bailar hasta sangrar en el manicomio
como Leopoldo
no quiero que ningún maldito Demócrito me arranque los ojos
como a Jorge Luis.
No quiero ahogarme en el fondo de un pozo, como quien dice yo
como Gabriel.

Quiero escribir bien y ser mediocremente feliz
medianamente feliz
huir de los extremos
hasta quedarme quieta
inmóvil o muerta.

Pero sólo el delirio me susurra palabras
hermosas
y desando el camino de la locura
a casa cada tarde
de la mano de uno distinto
puta alegre y barata
los ojos del corazón entornados
la sombra dormida
sobre los pies descalzos.

Y muero un poco, cada mediodía
en punto
frente al reloj de la cocina
a un ritmo lento
puede que imperceptible.

martes, 23 de septiembre de 2008

Va de premios



Dicen los insignes escritores al recoger un premio: “no lo merezco pero lo acepto”. Yo, como no soy insigne (ni siquiera sé qué quiere decir la palabra), ni está demostrado mediante sentencia firme que sea escritora, diré que lo merezco porque lo acepto.

Y es que mi amigo Nán me ha otorgado un premio al esfuerzo personal. Después de reírme un rato, al esfuerzo personal, a mí!, y a pesar de ver tambalearse peligrosamente mi fama de crápula y vividora, seguidora acérrima de la ley del mínimo esfuerzo desde mi más tierna juventud, he decidido ponerme los tacones y pasar a recogerlo.

Ahí arriba está.

Sí, he pensado que odio las cadenas ésas que empiezan con un mensaje de paz y amor, y terminan con una lluvia de sapos y culebras, de desgracias que caerán sobre el que ose romperlas (un poco como la religión católica o las videntes gitanas si no les dejas una suculenta propina).

Sí, he pensado que para el 2012, si esto sigue así, en progresión geométrica de 5, tendremos cada uno de nosotros unos 27 premios más o menos en nuestro haber.
He pensado, sí.

Pero es que tengo debilidad por Nán, y me pone tontorrona que él me haya elegido entre un montón de gente. Así es que lo acepto sin dudarlo, como aceptaría una vieira del restaurante de Toñi Vicente si él me la sirviera.

Dicho esto, hago lo propio y -redoble de tambores- paso a nominar a:

- Miguel Baquero, porque encarna la sencillez y la falta de pedantería sin dejar de lado la inteligencia y la calidad.

- Reyes porque no conozco a nadie que actualice su blog con tanta frecuencia y extienda sus vísceras en él, así, con tanto arte, como en un cuadro abstracto.

- Antonio porque me maravilla la sensibilidad, la poesía y la imaginación necesarias para mantener un blog dedicado a Cisco.

- El hombre blanco por su profundidad analítica, y porque tengo el orgullo de haberle inyectado el vicio.

- Strongboli porque me gusta su seriedad a la hora de bromear y porque es una persona especial.

Creo que todos ellos son merecedores del premio al esfuerzo personal y, sobre todo que, como ya vamos teniendo algo de confianza, sé que no me lo tendrán en cuenta.

Besos a todos,

Bárbara.

viernes, 19 de septiembre de 2008

l´amour, le foie


A un amigo lo ha dejado su novia puede que temporalmente, puede que definitivamente y andamos jodidos ante los puede. Él por la evidente incertidumbre, yo porque me machaca al teléfono y vía Messenger buscando respuestas que sabe que no existen. Él me dice: estoy jodido. Yo le corrijo: estamos jodidos.
Lo pasamos mal. Proust decía que sólo se ama lo que no se posee totalmente.

Ceno con dos amigas que tienen más de cuarenta y no tienen pareja. Mientras nos jalamos un foie con cebolla caramelizada, una ensalada de chipirones y habitas, y un solomillo sangrante hablamos del amor y del sufrimiento de las ocas.

Del amor que todo lo redime. El amor que hace correr descalzo por un campo verde y surcado de aspersores. Del amor-humo de cigarrillo directo a los ojos.
Decía Beaudelaire: “Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar”.

El amor. Llego a casa y le doy una patada cariñosa, lo mando a su rincón frente a la chimenea. El amor se ovilla, obediente. Leo un rato y me acuesto pero doy vueltas en la cama, las tripas rebosando foie. Puede que haya cenado demasiado.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Paul Éluard en francés


Leo a Paul Éluard en francés, no porque sea una intelectual de pro, pedante y estreñida, sino porque me gusta de verdad, porque encuentro un placer digamos animal en su lectura.

Puede que sea porque estudié en el liceo francés o Lycée Français y la conjunción de las hermosas, joder, tan hermosas palabras de Éluard junto con el idioma de las canciones de mi infancia (sur le pont d´Avignon, on y danse on y danse…), de los cuentos de Jacques Prévert, de la chisporroteante emoción del 20 sobre 20, del recuerdo de un mundo tan diferente, en el que la inocencia y la realidad jugaban a las chapas y lo más parecido a la amargura era el Mordex para las uñas, hace que me quede extasiada, alienada y con cara de boba.

También responde al hecho de que hace mucho que no leo en francés, que no hablo en francés y eso me impide destripar las palabras cual forense del CSI, para certificar su muerte sobre el papel, como a menudo me ocurre en castellano. Más bien me sucede que, al abrir el libro, las palabras escapan volando como polillas al contacto con la luz. Palabras inalcanzables, rellenas del licor del misterio en su corazón, como un amante mucho más joven.

Dice Éluard cosas como:

Pendant qu´il est facile
Et pendant qu´elle est gaie
Allons nous habiller et nous déshabiller


Mientras sea fácil
Y mientras ella esté alegre
vayamos a vestirnos y desvestirnos

O también:

I fallait bien qu´un visage
Réponde à tous les noms du monde

Hacía falta que un rostro
Respondiera a todos los nombres del mundo


Y lo traduzco a mi manera pero lo traduzco, porque me revienta la gente que coloca párrafos en otro idioma y sigue como si tal cosa. Como si no vivieran en España, rodeados de unilingües. (Yo, aparte del francés, apenas chapurreo el español, nivel elemental).

Traduzco, por más que quede un regusto amargo al releerlos en español, desinfectado, esterilizado y banalizado el sentido, como en una canción de los Beatles.

Elle ne sait pas tendre des pièges
Elle a les yeux sur la beauté
Si simple si simple séduire
Et ce sont ses yeux qui l´enchaînent
Et c´est sur moi qu´elle s´appuie
Et c´est sur elle qu´elle jette
Le filet volant des caresses

Ella no sabe tender trampas
Tiene los ojos sobre la belleza
Tan sencillo tan sencillo seducir
Y son sus ojos los que la encadenan
Y es en mí en quien se apoya
Y sobre ella que lanza
La red voladora de las caricias.

Me gusta porque en general son cortas, como deben ser las poesías.
Y porque la muerte no pesa en sus poemas, más bien al contrario, parece aligerar la vida.

Nos yeux se renvoient la lumière
Et la lumière le silence
À ne plus se reconnaître
A survivre à l´absence.

Nuestros ojos se reenvían la luz
Y la luz el silencio
Hasta no reconocerse ya
Hasta sobrevivir a la ausencia.

Claro que no dejo de preguntarme por qué algunos días busco con tanta insistencia la transparente compañía de los muertos.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El idiota imaginario



El idiota imaginario, como pudiera parecer, no es una novela escrita a cuatro manos por Molière y Dostoievski, tras una curda intertemporal.

El idiota imaginario es un ser mitológico, alado, cuyo hábitat se sitúa mayormente en la árida mente del directivo televisivo, pero que puede igualmente localizarse en otros entornos de clima similar como la mente del político, del periodista, del guionista, del músico y hasta del escritor.

El idiota imaginario se alimenta básicamente de aire, de pan blanco y de ideas idiotas, de ahí su nombre (en lat. imaginarius idiotus). Es simpático, aparentemente inofensivo pero hay que desconfiar de él ya que va haciéndose sitio poco a poco en la cabeza, agujereándola de forma imperceptible, hasta dejar sólo la fachada en pie, al estilo de las termitas.

Al idiota imaginario le gusta la oscuridad más que a un vampiro porque con la luz del sol se derrite hasta desaparecer. Por eso nadie lo ha visto nunca.
El idiota imaginario es sin embargo el inspirador y el destinatario de multitud de programas televisivos denominados basura, de cientos de discursos demagogos, de libros hechos de papilla Blevit o de pegadizas canciones de verano.

El idiota imaginario sirve asimismo como coartada y hombre de paja ante las acusaciones de homicidio involuntario de la ética: el idiota imaginario lo pidió, fue un encargo.

El idiota imaginario puede colarse en los lugares más imprevisibles. Así, en programas en principio libres de sospecha como el concurso Saber y ganar, tras una pregunta al concursante del tipo: ¿qué famoso astrónomo danés usaba una nariz artificial que él mismo fabricó?, se cuela una pregunta aparentemente destinada al público pero dirigida sin duda al idiota imaginario:
- Completen la frase: a buenas horas, mangas….

Menos mal que la pizpireta azafata Pilar viene a arrojar algo de luz sobre este endiablado jeroglífico:
- Se trata de un color. Empieza por ver y termina por de. ¿lo adivinan?

Así que tengan cuidado. El idiota imaginario acecha.

Ya lo dijo Groucho: él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se dejen engañar: es realmente un idiota.

martes, 9 de septiembre de 2008

Bono y su melena de temporada


Foto el www. elpais.com
Aprovechando el verano, Bono se ha hecho un implante capilar. No me lo esperaba de él. Sinceramente, no me lo esperaba. Aún estoy conmocionada por la noticia. Y es que entre los cuatro puntos de ventaja que le saca la patata frita de McCain al pan de centeno de Obama, el lobo feroz de Ike soplando con furia sobre las casas de paja del Caribe, la noticia que se ha encaramado a mis ojos, la que me ha desconcertado, impactado, me atrevería a decir que hundido, han sido esos pelillos que, uno a uno, han ido plantando en la barbechada calvorota de Bono, dicen que extraídos de la parte de la nuca, encrespados en exceso a mi parecer, acaso por el microclima del hemiciclo en el que habitan.

¿Por qué, Bono, por qué? ¿A dónde vamos a ir a parar? No es que el manchego sea un personaje político al que yo admire por encima de todas las cosas, ni mucho menos, pero le tenía en cierta estima en cuanto a las formas, le hacía tesorero de unos valores eternos, atemporales, que distinguen lo importante de lo superfluo, a pesar de algunas salidas de pata de banca.

Y va él y siguiendo la estela de la muñeca pepona de Berlusconi, se hace un implante capilar. ¿Qué necesidad tenía? Me pregunto. So pena de parecer machista, diré que, a mis ojos, habrá ganado musgo en la azotea pero ha perdido virilidad. Y más que virilidad, credibilidad.

Es cierto que, hoy en día, sólo la mitad de los jóvenes que parecen gays resultan serlo. Es cierto que sólo la mitad de las barbis a las que se diría han implantado un pimiento morrón en lugar de cerebro resultan ser trasplantadas. Pero la mitad son muchos.

Paradojas de esta sociedad perversa: lo que debería ser un avance, liberar a la mujer de las estrecheces y asfixias del envase, se ha convertido en una moda de envasado al vacío que no distingue sexo, ni edad, ni clase social, ni religión.

Todos estamos abocados sin remedio a la decadencia física y no niego que quizá sea más digno resistirse, tratar de ganar una batalla aunque sea la última. Aunque se sepa que la guerra está perdida. Pero sin saltarse los códigos de honor militares. Si el cabello ha iniciado la maniobra de retirada, por Dios Sr. Bono, deje que lo haga con dignidad.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Entrevista a Ray Loriga



El otro día aproveché un viaje a Madrid para contactar con Ray Loriga y proponerle una entrevista para la revista literaria electrónica con la que colaboro. Lo hice desde la desesperanza extrema que tantos frutos da en ocasiones. Y contra todo pronóstico sí, conseguí hablar con él y sí, me citó en una céntrica taberna de la capital.

Dormí mal la noche anterior. Hacía calor y no pude conciliar el sueño hasta pasadas las tres. Luego soñé que no podía cerrar un grifo, me pasé toda la noche girando la llave en ocasiones durísima, en ocasiones pasada de rosca. Pero el grifo no cesó de gotear con un sonido torturante, enloquecedor.

En el Alaris, un tipo con corbata y maletín no dejó de mirarme los pies. Durante todo el trayecto. Estuve a punto de decirle si no quería que me cortara uno y se lo envolviera en papel de regalo para ponerlo en el aparador de su salón. Hay perversiones terribles por lo aparentemente inofensivas. Y peor aún, hay miradas que conectan sutiles mecanismos de inseguridad en forma de uñas que hay que cortar, talones agrietados inmunes al poder hidratante de las milagrosas cremas de los anuncios.

Acudí a la entrevista con zapato cerrado.
Él estaba sentado a una mesa redonda y pequeña. Llevaba una camiseta negra y barba de varios días. Su semblante era serio y parecía muy alto a pesar de estar sentado. Apenas sonrió al saludarme y cuando lo hizo, emergió una mueca forzada en su cara. Misteriosamente, lejos de hacerlo parecer distante, lo hizo más afable.


- Me gusta este sitio, dijo. Tiene algo de las tabernas españolas de Nueva York, como si hubiesen reconstruido el ambiente madrileño pieza a pieza, con una falsedad tan auténtica, o una autenticidad tan falsa, de decorado de Minelli.
Su voz no iba con su cara pero tuve la sensación de que, en pocos minutos, su voz encajaría perfectamente con su cara. Yo estaba nerviosa y sólo acertaba a sonreír, con mi libretita en el bolso, plagada de posibles escenarios en forma de pregunta.

El camarero se acercó. Era viejísimo, debía de rondar los ochenta años, cara desdentada de posguerra, tez sobre la que se habían ido depositando capas y capas de ceniza, delgado hasta decir basta.
Ray pidió una cerveza. Yo un Bitter Kas.


Y al dirigirse a la barra, el viejecito arrugó su cara en una mueca burlona, y pude leer en sus labios cómo repetía al aire: una cerveza y un bitter kas, con desprecio y asco, al tiempo que su rostro de plástico se desfiguraba en una esperpéntica mueca que rezumaba más odio del que pude asimilar.
Miré atónita a Ray pero él no se había dado cuenta o fingía no haberse dado cuenta. Me pareció que estaba acostumbrado a flotar en un mundo duro de puro absurdo, un mundo de película independiente americana o, en su defecto, de película neorrealista italiana.

- Si hubiera que elegir, ¿cúal sería la cualidad inherente, imprescindible en cualquier escritor?
- Ya dijo Oscar Wilde que el ingenio no es más que la bisutería del talento. Es la certeza lo que nos convierte en bestias o, lo que es lo mismo, en fanáticos.

Me quedé observándolo en silencio, asegurándome de que la respuesta había terminado. Ataqué de nuevo:
- ¿escribir le ayuda a entender el mundo, a sobrellevar, como diría Martín Gaite, lo raro que es vivir?
- Practico ese gusto por lo absurdo de manera totalmente religiosa, le dijo Hitchcock a Truffaut. Dios existe en la caverna de nosotros mismos desde que el hombre es hombre, en esa línea de sombra que separa nuestra esperanza de nuestro miedo.

Esta vez, temí parecer idiota si buscaba bajo la mesa el hilo de la conversación que, indudablemente, se me había escapado. Porque seguro que allí estaban las flechas de correspondencia que, como en los diagramas de la infancia, unían distintos conceptos, como por ejemplo y sin ir más lejos, el de pregunta- respuesta.

- ¿De qué trata su próximo libro?
- El amor. El amor son todas las enfermedades juntas.
Y no sé si debido al cansancio o la falta de sueño pero me pareció oír una carcajada del camarero sin dientes proveniente de la cocina.

Él le dio un largo trago a la cerveza y su bigote quedó impregnado de espuma blanca como la cresta de una ola. Su mirada era el fondo de un vaso de cristal.
De pronto, le echó un vitazo a su reloj de pulsera y me hizo una señal de disculpa. Al levantarse, del bolsillo del pantalón se deslizó un objeto que rebotó en mi pie derecho –menos mal que no llevaba sandalias- antes de caer al suelo. Un sonido metálico reverberó agudo en mis oídos, como la campana del final del asalto en un ring. Me agaché a recogerlo: era una llave inglesa.
- es que tengo un grifo estropeado, dijo al tenderme su mano.
Y sus dedos suaves rozaron los míos. Acto seguido, se marchó, no sin antes regalarme una sonrisa que bien podría ser catalogada de fatalmente encantadora.

Por supuesto, toda esta historia es mentira de principio a fin. Era sólo para ver si seguías despierto. Todo es falso. De hecho, a mí ni siquiera me gusta el Bitter Kas. Me resulta, a pesar de la evidencia, amargo.