jueves, 31 de julio de 2008

Post it



Me he ido de vacaciones.
Te he dejado un post aún fresco en la nevera y algunos más en conserva un poco más abajo.

En mi ausencia, ni se te ocurra invitar a tus amigotes y montar fiestas con el youtube a toda pastilla. Ni molestar a los vecinos con gruesos comentarios ruidosos a altas horas de la madrugada. Y no pongas los pies calzados sobre los links, que están recién estrenados.
Tampoco escribas nada demasiado interesante que ya sabes que soy de natural pelusilla y una parte de mí se dedica invariablemente a añorar todos los lugares en los que no está.
Como también soy de naturaleza adictiva, te confesaré que me va a venir bien desconectarme unos días de los cables y vegetar a mi gusto, en paz, porque este vicio blogueril ya me estaba destrozando las venas. Y peor aún, empezaba a tener complejo de mocito feliz de la red, asomando la cabeza compulsivamente por todos los blogs.

Lo cierto es que te voy a echar de menos.
Piensa en mí de vez en cuando. Volveré en unas semanas.


Besos,

Bárbara

miércoles, 30 de julio de 2008

Pregunta a Ferrater


Tengo un amigo que odia a Ferrater porque dijo que a los 50 se suicidaría y lo cumplió.
A mí me gusta. Pero no por eso sino por esto:

EL MUTILADO

Ya sé que no le quieres.
No lo digas a nadie
Los tres, si tú me ayudas,
guardamos el secreto.
Nadie más ha de ver
lo que tú y yo hemos visto.
Se esconderá de todas
las personas y cosas
que antes eran amigas.
Vendrán días de invierno,
muy lejos de las mesas
donde os servían antes
ostras y vino blanco.
En los días lluviosos
no mirará el asfalto
donde os habíais visto
cuando ibais a pie
porque no había taxis.
No abrirá más los libros
que le hablaron de ti:
ignorará qué dicen
cuando no hablan de ti.
Y sobre todo, puedes
estar segura, nunca
sabremos dónde está.

Él se irá confinando
en muy lejanas tierras.
Caminará por bosques
oscuros. No verá
la azagaya de luz
de la memoria súbita.
Y cuando esté tan lejos
que ya parezca muerto
podremos recordarle,
decir que no le amabas.
Ya no nos dolerá
ver que te necesita.
Será como un espectro
sin dolor y sin vida.
Tal la foto macabra
de una guele cassie,
que orna un escaparate
y no nos sobresalta.
Pero ahora, silencio:
no alarmemos a nadie,
que no vean la herida
sangrante y purulenta.
Demos tiempo al olvido.
Callemos, y que nadie
-ni siquiera yo mismo-
recuerde que soy yo.



Y claro, no puedo evitar preguntarme esto otro:

Sé que estás muerto.
Lo sé.
Morías cuando yo asomaba a una ventana
que sería una sucesión infinita de ventanas
y grité sin saber por qué
porque los bebés gritan y no saben
como las noches preguntan y callan.
Que bebiste mucho,
lo sé
que te enamoraste de las sombras más hermosas,
lo sé
que ahogaste entre tus manos de zíngaro
al último pájaro azul de la mañana,
lo sé
que te fuiste, puntual,
apagando todas las luces tras de ti,
lo sé.
Si se puede querer a alguien muerto
eso no lo sé.


sábado, 26 de julio de 2008

El Dúo Sacapuntas regresa


El dúo cómico durante su actuación. Foto de www.elpaís.com

Qué gran show el del otro día! Qué dos tíos campechanos donde los haya, qué dos magos indiscutibles del humor. ¿Por qué no vamos a la playa, uohuohuoh? dice el bajito tostado, el que se rumoreó comió algo más que sopas con la Campbell. Risas entre el público. Tengo una cosita para ti, contraataca el alto, el del Trident en la boca, al tiempo que se saca una camiseta de la manga con el ¿Por qué no te callas? estampado. Entonces, el chávez del ocho, con acento de superratón, le responde, socarrón: alguien le debe a alguien unos dinerillos por derechos de autor... El público estalla en risas.
Para terminar, el transatlántico dúo Sacapuntas realiza malabarismos sobre barriles de petróleo. Lo hacen mal adrede y tropiezan y resbalan y caen, sudorosos, haciendo muecas. El público aplaude a rabiar.
El alto, a modo de despedida, le dice al otro: pasa, amiguete, pasa y verás mi palacete. Y los Abbot y Costello iberoamericanos saludan al respetable antes de que caiga el telón.

Yo, los jardines de ese palacete los conozco bien porque mi madre tenía un microapartamento en el que podías lavarte las manos, poner una lavadora y freírte un huevo mientras hacías de vientre. Eso sí, daba justo al palacio de Marivent y tenía unas vistas espectaculares, con sus jardines reales y su mar azul a rabiar al fondo.
Era un edificio de lo más modesto, donde se apilaban todo el año multitud de inmigrantes de todas las nacionalidades, preferentemente de piel oscura, de cuyas puertas emanaba, preferentemente, bachata y merengue.
Uno de los vecinos me contó que mucha seguridad, mucho cachas pertrechado en la puerta, metralleta en ristre, pero que un día se les coló un guiri borracho como una cuba. Lo encontraron a la mañana siguiente, durmiendo la mona en los jardines reales, entre las rosas reales, de reales espinas, abonadas con real estiércol. A mí me hace gracia pensar que fue Sofía quien lo encontró, durante su habitual paseo matutino, ¿Juan Car, hemos invitado a los rusos?...

Pero a lo que vamos, que este dúo cómico de alto nivel, tras escenificar el gag del enfado, interpretó con gran éxito el gag de la reconciliación.
Y es que, aunque estos dos artistas proceden de mundos diametralmente opuestos, es indudable que tienen mucho en común. El uno llevaba siglos ejerciendo el poder y estuvo a punto de perderlo. El otro llevaba siglos sin ejercerlo y a punto estuvo de ganarlo. Ambos han sabido exprimir hasta la pulpa un golpe de estado. A ambos les gustan las hembras más que a Aznar un bigote.
Ayer, en ese apretón de manos se fundieron los dos cabos de una recta que le ha dado por curvarse hasta formar un círculo perfecto. Dos planteamientos que han recorrido miles de kilómetros, no sólo en horizontal, también en vertical, para acabar dándose la mano. La arepa venezolana y el flan Royal formando un solo menú. Y es que el poder une allá en las alturas. Tanto o más que el Superglue.
Muy cerca dormían los inmigrantes, aún más unidos que ellos. Pero en este caso, por la falta de espacio.

jueves, 24 de julio de 2008

Desnudos


Foto Robert Doisneau


Tal vez lo único que tengamos
sea una chocolatina
que se derrite
despacio
en otra mano,
un verde
en el otoño de la retina,
la corriente de aire
que esa sonrisa aleja
al levantarse,
esa sonrisa, y no otra.
Tal vez sobrevivamos
en los detalles,
en el aliento de la huella de una mano
de esa mano, no de otra,
nos desnudemos eternamente
pero sólo la piel asome
un instante
en el ojo de tu ternura,
de cualquiera de tus ternuras.



lunes, 21 de julio de 2008

Soy feminista



Zás, era inevitable. Me salió un post feminista. Porque yo soy feminista como no podía ser de otra manera. Como supongo que Fidel Castro es castrista, Sánchez Dragó sanchezdraguista, y cualquier negro que se precie, mandelista.
Y aunque es verdad que hoy abunda la figura del obrero adorador del capitalista opresor, que desoye la profunda filosofía encerrada en la frase de un granhermano: ¿pero quién me pone la pierna encima?, yo sigo siendo una bestia bastante simple y conservo una cierta lógica que me permite ver el mundo, no a través de una pantalla de televisión, no a través del culo de una botella de Martini, sino con ojos. Dos. Oscuros, pequeños, escrutadores. Dos testigos acuosos que registran claramente que en este mundo en que vivimos, los negros están puteados, y las mujeres están- estamos- puteadas.
¿Culpa de quién? No lo sé. No creo en la mano negra (salvo la de Manu Chao), no creo en las maquiavélicas intenciones, salvo contadas excepciones. Pero sí creo que hay desigualdades que se perpetúan por la fuerza de la costumbre y por la posición de los que empezaron la carrera con unos metros de ventaja y habiéndose merendado nuestros pedazos de la tarta.
Puedo imaginar un tiempo remoto y a un rostro pálido temeroso de ese cuerpo atlético, negro y reluciente. Puedo imaginar a un administrador de testosterona, receloso ante la posibilidad de que ella lo abandone por otro. O peor aún, lo simultanee con otro. Y ya está el lío hecho.

No sé. Me es difícil desgranar el trigo de la paja, lo fisiológico de lo social pero me dan miedo las causalidades absurdas, las líneas oscuras con las que algunos enlazan ambas variables.
Y no piensen que soy una francotiradora con la mirilla puesta en los hombres.
De hecho a veces ni siquiera me siento mujer. Ni hombre. Ni todo lo contrario. A veces ni siquiera me siento humana. Sobre todo cuando veo a multitudes enfebrecidas jaleando al Papa, o hinchas poseídos arrasándolo todo a su paso, tras el triunfo de su equipo.

Y todo esto viene porque el otro día decía Javier Marías que no creía que hubiera una forma de escribir inequívocamente femenina. Por lo que deduzco que una de esas mentes privilegiadas que hibernan en la cabeza de algún periodista, se desperezó entre sueño y sueño, y bostezó la inteligente pregunta. No contento con ello, consideró que la respuesta merecía un titular. En su declaración, Marías apostillaba que, en todo caso, las narradoras hablaban de un universo femenino. (Y yo convencida de que con un universo infinito ya teníamos bastante…)

En fin, que supongo que debe de ser distinto escribir desde la experiencia femenina, como debe de ser distinto escribir desde el asma de Proust, desde el trastorno bipolar de Woolf, desde la homosexualidad de Wilde, desde el alcoholismo de Hemingway, Lowry, Onetti, y tantos otros, desde la Edad media, desde la dictadura - chilena, argentina, española- desde la estupidez. Pero, ¿distinto a qué? Somos una suma infinita y sólo podemos aislar las variables si nos encerramos en un laboratorio y nos convertimos en ratas. Algunos escritores ya lo han hecho.

Y volviendo al posible machismo en la literatura, me pregunto si yo misma no estaré infectada por el virus porque cuando pienso en mediocres escritores, automáticamente acuden a mi mente las Lucías Etxebarrías, las Carmenes Posadas o las Espidos Freires. Y no ellos, que los hay. ¿Seré después de todo una bestia algo más compleja de lo que creía? ¿Sufriré síndrome de Estocolmo tal vez?

Para aclararme o todo lo contrario, leo en el blog de Nuria Amat, (www.namat.wordpress.com) una serie de preguntas (algunas tópicas, algunas con las que discrepo, pero en general interesantes), que copio y pego a continuación:

1) ¿Por qué una mayoría de lectoras (méritos literarios, aparte) prefieren leer o elogiar libros y novelas escritos por autores que por autoras? ¿Será porque en la elección de un libro prevalece la atracción hacia el sexo que lo escribe? ¿Leen los hombres las novelas escritas por mujeres? ¿Por qué no?

2) Cuando los escritores se citan entre ellos, en un 95% de los casos, se limitan a dar listas de autores de su mismo género. ¿Será por temor a competir con grandes escritoras todavía vivas? ¿O para evitar el riesgo a ser calificado de amigo de las mujeres?

3) ¿Qué extraña doctrina convierte a escritoras y pensadoras como Dickinson, Zambrano, Woolf, (por citar tres ejemplos comparables a Shakespeare, Kafka o Cervantes), en autoras de “segunda categoría” y, por si este interés en relegarlas a la letra pequeña no fuera suficiente, sigue presumiendo de que sus voces son extrañas, herméticas, locas o excesivamente poéticas?

4) ¿La explosión mediática y comercial de una denominada literatura de mujeres es una de las causas de la invisibilidad de las mejores autoras de la gran literatura? Si escritores y periodistas premian y aplauden novelas mediocres escritas por mujeres, ¿no será con intención larvada o expresa de que el bosque impida ver el árbol?

5) ¿Cuál es el gusano podrido en las directivas pedagógicas que limita las diez novelas de lectura obligada en la enseñanza escolar a novelas escritas por varones? ¿Algunas mujeres no tendrán su parte de culpa en la manzana?

6) ¿Por qué motivo existe un menor grado de machismo en el mundo político que en el mundo cultural y literario?

7) ¿Qué motivos impiden a la escritora de hoy rebelarse públicamente contra una marginación literaria que soporta desde hace siglos? ¿Indolencia?, ¿inteligencia?, ¿desidia?, ¿o convencimiento de que la marginación sigue siendo el único lugar posible del escritor?

9) ¿Por qué los medios de comunicación benefician las novelas escritas por varones? ¿Será una consecuencia inmediata del poder que el gran mercado editor del saber, siempre misógino y masculino, ejerce sobre el conjunto de lectores?

10) ¿Escribir con un lenguaje propio, con un pensamiento propio, como en su tiempo lo hicieron Beckett, Faulkner, Proust, sin que por ello sean calificados de demasiado impenetrables por esa misma crítica que ahora reprocha idéntica peculiaridad de estilo a algunas escritoras de hoy en día, es un desafío que asume más la escritora que el escritor? ¿Escribir rompiendo moldes no es una de las características de la literatura de autora


Bibiana Aído zanjaría el tema diciendo que la literatura pertenece a las mujeres porque es una palabra femenina, sin embargo el mercado literario es masculino. Yo sólo añadiría que menos mal que a los padres de Bibiana no les dio por llamar a su hija Amparo. O Camino.

viernes, 18 de julio de 2008

Lozanitos



Leo en El País que Jiménez Losantos se sienta de nuevo en el banquillo de los acusados para rendir cuentas por la sarta de lindezas que profirió contra Zarzalejos, ex director del ABC. Cosas como zote, zafio, sicario, zoquete, infausto, melón, hortera, calvorota (ésa duele), abyecto, falsario, necio, traidor, embustero, detritus y avieso.

Y el juez, serio, le pregunta a Losantos, que cada día se parece más a Acidonitrix, el personaje cizañero que olía a arenque ahumado en Astérix, si considera estas expresiones objetivamente insultantes. A lo que Losantos (el corrector de Word se empeña en rebautizarlo Lozanitos, lo juro) responde: “Hombre, depende del contexto, el tono y la circunstancia”. Para acto seguido comparar su vómito dialéctico con la sátira mordaz que intercambiaban Quevedo y Góngora en el siglo de oro.

Y yo me pregunto seriamente si no nos habremos equivocado con Lozanitos (desisto de cambiarlo) y tras esa cara de boquerón en vinagre se agazape un espíritu cachondo y genial, digno de los Monty Python.
Y también me pregunto, retomando las palabras de Lozanitos, depende del contexto, el tono y la circunstancia, por qué el lenguaje se empeña a veces en ser tan caprichoso, subjetivo e independiente en su interpretación. Por qué resultan tan difíciles de borrar ciertas asociaciones, que en su día dependieron sin duda del contexto, el tono y la circunstancia.

Y es que por ejemplo, cada vez que oigo o leo la palabra consternado, en mi mente aparece alguien iracundo, indignado, vaya usted a saber por qué. Y no simplemente alguien abatido. Y cuando alguien habla de pingües beneficios, mi primer impulso es compadecerme de él por las irrisorias ganancias, antes de recordar que la que da pena soy yo. Y el pudiente me huele mal (no hay sesgo ideológico aquí sino valenciano).

No hace falta que me remonte a la infancia, sigo haciendo asociaciones estúpidas y gratuitas. Cada vez que nombran al monstruo de Amstel (sé bien que no es de Amstel) me viene a la cabeza una cerveza fresquita y el cabrón ése restregando su ossobuco ante la cámara. No puedo evitarlo.
Así es que, después de todo, tal vez Lozanitos lleve razón y las palabras no signifiquen estrictamente lo que dice el diccionario sino que dependan del contexto, el tono y la circunstancia.

Foto de www.noticiasdealava.com

miércoles, 16 de julio de 2008

Vidas extrañas



Vidas extrañas

Los días de cualquier vida se dividen en horas
aunque en un minuto quepan tan extraños continentes,
gentes que desayunan bacon y tortitas, y viven
en moteles de neón que desaparecen a su paso,
actores famosos rodando cuesta arriba,
hacia un limbo glaciar de botox y champagne,
niños poetas que amanecieron con flores muertas
en la boca, hermosas como luciérnagas.
Algunas veces, hasta te encuentras a ti misma,
en una de esas extrañas vidas,
con una de tus pasmosas caras.

Pero vuelves a tu existencia cotidiana
como vuelve la navidad a las desgracias menores,
a tratar de componer una continuidad
que regatea minutos y regala horas
bajo el mismo silencio indemne.
Porque hay esquinas donde siempre se espera,
mullidos hastíos sobre los que descansa el deseo,
alegrías que son la alegría,
y tristezas siempre nuevas
de las que tratas de deshacerte,
deslizándolas furtivamente en los bolsillos
de alguna vida ajena.



Para el hombre blanco, y el negro y el amarillo, para la mujer blanca, la negra, y la amarilla, para la Coca-Cola, la descafeinada, la light...

la foto es de Robert Frank.

lunes, 14 de julio de 2008

deporte de riesgo


Soy nueva en el universo blogueril y aún ando observándolo todo con ojos desleídos de turista japonesa, ansiosa por sacar conclusiones en cada esquina, congelando estampas en cada mirada, haciendo de pequeñas partes, absurdos todos.
Picando de blog en blog descubro que, en este universo plano, la poesía es un acto tan cotidiano como lavarse los dientes, y los microrrelatos crecen por todas partes, como los ácaros en el colchón, como las hierbas salvajes en el campo abierto.
Me sorprende que se escriba tanto y tan bien. Pero también me sorprende la forma en que algunos escriben, lo que me lleva ejercitar mi deporte preferido- de hecho el único -: meditar sobre esto de escribir.
Y es que los hay que practican los cien metros de escritura libre: dejar que las palabras corran sueltas delante de uno, sin ataduras, sin una idea previa que las sujete del cuello, o acaso una idea elástica, como esas correas de perro que se encogen y se distienden a placer. Al estilo de los surrealistas y su escritura automática, creando en ocasiones hermosas imágenes pero… Pero.
Y vuelve una antigua pregunta ¿mi cabeza y yo?, o ¿mi cuerpo y yo? Mi cuerpo y yo, siempre. Yo, sólo cabeza. Enorme cabeza, como Naranjito. Gigantesco tamiz de razón con diminutos agujeros.
Y me pregunto, ¿debería dar más libertad a mis palabras, dejar que se manoseen, se soben entre ellas, se salten las comas, y hasta los puntos, se droguen con algún adjetivo de moda?
¿Soy una madre mojigata y controladora que las ata a la pata de la idea, que les impone un estricto orden y a las diez en casa, para que el día de mañana se conviertan en una novela de provecho, en un puñado de decentes poemas que hagan llorar a las viejecitas a la hora del té y las pastas?
No sé. Repaso este post. Todo parece en orden (del universo blog a la literatura, de la literatura a los estilos, de los estilos a mi duda). La idea está herméticamente cerrada y todo dentro. ¿Todo? ¿¿¿¿y el aire!!!!

viernes, 11 de julio de 2008

Vidas de ganga

Trece personas morían hace ya días, sin alcanzar aún el rango de noticia. Sólo el de mancha negra en el océano solitario. Nueve niños. Nueve bebés. Muertos. Bebés negritos, rechonchos, de ojos redondos y labios borrados de arena. Como la Barriguitas negra que yo cuidaba de pequeña.

No sé qué es estar muerto pero mi morbosa imaginación siempre corre más deprisa que mi aturdida y burguesa experiencia y me escupe de través la agonía de una madre viendo sufrir a su pequeño hasta tener en sus brazos sólo un muñeco. Como cuando niña. Un muñeco que debe tirar al mar. Negro y frío. Y más que nunca la memoria es el mar. Basta. No más metáforas con el dolor. Hay noticias insoportables. In- so- por- ta –bles.

Otros han sobrevivido. Niños, sólo uno. Lo peor de todo es que sus salvadores son los mismos que los devolverán a su país de forma rápida y limpia. Gracias a ese barco que se apareció en el horizonte como el último milagro, su aventura se convertirá en una broma macabra. Un gesto inútil. La crueldad instalada en el absurdo.

Sólo dos se libraron de la repatriación forzosa en una tragedia anterior: un hombre que había perdido a su mujer, a su hijo y a su hermano en la eufemística travesía, y una mujer en avanzado estado de gestación. Así es que, después de todo, aún hay esperanza para alguno, el que certifique sufrimiento del bueno puede quedarse en este paraíso a vender cachivaches, a trabajar de sol a sol en el campo y a pagar sus impuestos.

El sufrimiento, después de todo, tiene un precio. Aunque el suyo sea un precio de ganga. Estamos en rebajas. Sus vidas hace tiempo que se venden sólo en los Todo a cien. Porque ¿cuánto vale la vida de un africano al cambio? Hagamos el cálculo al revés por no andar con los dichosos decimales. La vida de un europeo valdría, a ojo de buen cubero, como la de unos veinte africanos subsaharianos, como la de unos diez indios (de la India). Con la subida del euro tal vez un poco más.

Repito lavidalamuertelavidalamuertelavidalammuertelavidalamuertelavidalamuerte muy rápido en mi cabeza antes de dormirme, muchas veces. Hasta que nada tiene importancia y algo deja de doler. Lo justo para poder dormir.

lunes, 7 de julio de 2008

La memoria y el mar



Rescaté lo de la memoria y el mar. Aunque no era como recordaba, un doblón de oro, sino más bien una bota vieja. En fin, me suele suceder.

Me gusta la frase de Lennon, la vida es lo que sucede mientras estamos haciendo planes.
También me gusta esta foto de Jan Sandek (el corrector de Word se empeña en rebautizarlo Sandez, él sí hace sandeces…) aunque no rime con nada de todo esto.

Tú dijiste que algunos días hieren de azul
celeste como el desencanto.
Yo sonreí con la almohada.
Tú dijiste que a menudo somos como perros
buscando cobijo bajo una sombra de compañía
y al final de la cadena
un amo cuya cara nunca vimos.
Yo toqué la punta de mi pie con tu pie.
Tú dijiste que a veces una canción es como un mar
revuelto de memorias,
y que la memoria es siempre el mar.
Yo cerré por un instante los ojos.
Tú saliste de la cama, desnudo
velado océano embravecido
para ir al baño a mear.
Yo dije que nunca he temido tanto
ver tu nuca caminar
alejándose entre las olas.
Pero ya no me oías.

viernes, 4 de julio de 2008

Prefiero el silencio


Hace tiempo que ya casi no hay música en mi vida. Nada de discos completos, apenas un puñado de canciones que se cuelan furtivas por mi oído, canciones que machaco con obsesión en mi cabeza durante días, hasta que resbalan hasta mi boca, donde las trincho con mis dientes afilados, las aplasto entre las paredes de mis fauces y, ya licuadas, corren cantarinas por mis venas. Porque ya sólo me gustan las canciones que puedo cantar.
Y ya no compro discos, ya no elijo canciones.

Porque la música está bajo sospecha.
Porque la música sería a las artes lo que el olor al recuerdo. Visceral, traicionera. Llena de flechas envenenadas que escupe a ciegas.

Sí, ya sé que la música amansa a las fieras, ya sé que es la matemática hecha poesía. Pero también es un gas invisible que penetra por la espita abierta de los sentidos despertando mi verdadera naturaleza dormida, la tristeza. Porque si busco, ésas son irremediablemente las canciones que acabaré eligiendo, las más tristes, las que me revuelven las tripas.

Por eso escapo. Y sin embargo las canciones corren hasta alcanzarme en los anuncios, y luego en el youtube. Y empiezo entonando alegre el cheek to check, bailando con un volátil partenaire y tarareo el toothpaste kisses mientras me lavo los dientes, para acabar languideciendo frente a la ventana every time I think of you…
Así es que, aunque adoro la música- lo confieso- prefiero el silencio.