lunes, 30 de junio de 2008

Cuaderno de bitácora



El mar se mueve. Todo el tiempo. A veces con la arrastrada melancolía de una canción francesa, otras con el obstinado ritmo del jazz contemporáneo. Una vez escribí que la memoria era el mar pero no supe explicar por qué.
He pasado el fin de semana en un barco. Sol inclemente, viento acariciador, viento salvaje, viento que contiene el aliento, pero siempre presente. Biodramina. Risas, cerveza, sopor. Rico guiso de calamares y mujol murciano. Jamoncito. Más cerveza. Palabras misteriosas que se deslizan de la boca del capitán: trasluchar, cornamusa, sotavento. Palabras que se mastican despacio en el mar. La compañía es inmejorable. Aprendo curiosas costumbres murcianas como tirarse al agua con las gafas puestas, extraños vocablos argentinos: malla, campera, empinado. Hablamos de sexo tántrico hasta que nos sale espuma por la boca. Reímos. Navegamos bajo el sol. Navegamos.
Atracamos en el puerto de Denia y el agua de la ducha resbala dulce por el cuerpo, como el agua del grifo por el lomo de una sardina. Vermuts a 1 euro en la tasca Benjamín. Estómago seco de atún de almadraba. Y un plato cuyo nombre no puedo recordar pero que la carta explica: “es como el pisto pero sin calabacín”. Más cerveza. Y antes de dormir un chupito de ron pirata en cubierta, ron de contrabando que el capitán trueca por botellas de Terry en el estraperlo.
A la mañana siguiente navegamos, ahora sólo con ayuda del viento. Con la vela nueva que se refleja en el bañador de Susana. Miro la vela desde abajo y es como cuando era cría y me escondía bajo las sábanas.
Nos bañamos y hay 37 metros de incertidumbre azul bajo nuestros pies. Y de pronto el cabo del flotador que nos une al barco se suelta. Pánico en altamar hasta que el capitán Rubianes, nuestro superhéroe hombre tranquilo viene al rescate. Navegamos. Terminamos por rendirnos ante el sol.
Llego a casa agotada y me duermo en la segunda parte de la final de la eurocopa pero aún dormida oigo los gritos afuera, los claxones, los petardos porque ganamos. Por fin ganamos.
Y tras dormir más de diez horas seguidas, estoy de nuevo frente a mi rutina de ordenador, la espalda quemada y cierta nostalgia en los párpados mientras los dedos golpean las teclas y la memoria golpea pausada esas otras teclas del recuerdo. Todo se mueve. El mar aún sigue ahí dentro.



miércoles, 25 de junio de 2008

Ética periodística


Me pregunto si todos llevamos dentro ese apéndice que no tiene una función específica y que duele si se inflama. Eso que algunos llaman conciencia y que a otros parece que se lo extirparon tras un ataque agudo de falta de ética.
Y entre esos otros, Pedro Piqueras. Últimamente no puedo evitar imaginármelo, llegando a la redacción y alzando los puños en señal de victoria: Bien! tenemos una mujer brutalmente asesinada por su marido y cortada en pedacitos iguales, de 10 centímetros cada uno. Y un casi atentado de ETA que podría haber costado la vida a 20 personas. Sí, ha sido fallido pero eso no nos impedirá revolcarnos en el fango de la tragedia que pudo haber sido y ya, con las manos sucias, profundizar en la noticia, medir cada trocito de ese cuerpo mutilado para comprobar si realmente son 10 centímetros lo que mide.
Así me lo imagino. Cerrando puertas en las narices a la imaginación digestiva. Abriendo precipicios al vacío. Convirtiendo el dolor en un valor en bolsa para construir su media horita de temas de indudable interés social. Para servirnos su fresquito combinado de información y “entretenimiento”, su sitcom noticiada, su reality telediario.
Aberrante. Aún más pernicioso que veinte grandes hermanos o diez anarrosas. (arrrr) Y todo bajo la coartada de una fachada seria, profesional, de chico franco de Albacete.
Los que necesitan justificarlo todo dirán que es el público quien lo pide, ese público al que los directivos de las cadenas gustan imaginar deficiente (en el peor sentido), apopléjico y con la baba colgando. Bobo, en definitiva.

Pero no es de extrañar. Ya en la facultad oía a los compañeros quejarse de que la asignatura de ética periodística no servía de nada: a mí que me enseñen a editar, a llevar la cámara, a usar el Quark- ni siquiera a redactar- pero la ética, ¿eso no era una alternativa a la religión?
Y sí. Sigue siendo una alternativa a la religión, a la religión del todo es susceptible de ser mercantilizado. Una religión que en vez de hostias reparte estupidez consagrada a precios desorbitados.

lunes, 23 de junio de 2008

Cadáver palabra


Te diría una palabra al oído
despacio
como bajan del autobús las ancianas
una palabra húmeda, arenosa
entusiasta
cuyas ondas apretasen el eco
hasta morir
entre mi boca y tu oreja,
sólo nuestro pequeño cadáver palabra
su vida aún resonando
entre nosotros,
su muerte sería nuestro secreto.

viernes, 20 de junio de 2008

El sufrómetro



Siempre he pensado que con tantos inventos como existen para medirlo todo, pluviómetro, metrónomo, termómetro, galvanómetro, cómo aún no se ha inventado el sufrómetro: ese aparato para medir el sufrimiento de forma objetiva, cuantificable, precisa, comparando magnitudes físicas para obtener como resultado un número. Es decir, la relación entre el objeto de estudio y la unidad de referencia. Un simple número. Irrefutable, incontestable, irrebatible. Un número con el que medir lo que duele un silencio, lo que rasga un gesto, lo que perfora una ausencia, lo que erosiona un recuerdo.
Así, tras una discusión de pareja uno se enchufaría al sufrómetro y diría: cariño, ves lo mucho que me duelen tus palabras, estoy en un 9 en la escala Blasco (que por algo se me ha ocurrido a mí). Y entonces mimos de algodón para hacer bajar los niveles, besos dulces de enjuagues y vendas para estabilizar el pulso.
No explicaría por qué hoy te han entrado ganas de llorar al mirar por la ventana y ver una única nube gris en el cielo azul, ni por qué te han dado ganas de saltar por la ventana tras el telediario de las nueve pero al menos quedaría constancia.
Y ya no haría falta que el médico preguntara: ¿pero le duele?, ¿le duele mucho?, ¿es un dolor plúmbeo como si le clavaran cientos de agujas o un dolor ocre como si le hurgaran lentamente en las entrañas?, para saber el alcance y la gravedad de la dolencia. Las salas de urgencias se vaciarían de impostores que fingen o exageran su dolor, la profesión de árbitro de fútbol se simplificaría de forma notable. No faltarían los sufrómetros en las reuniones sadomasoquistas.
Sí, ya sé que algunos me acusarán de simplista, de reduccionista, de cientifista, de borracha (en España carecemos de complejos a la hora de acusar) pero sabrían con exactitud lo mucho o lo poco que me duelen sus comentarios.

miércoles, 18 de junio de 2008

Ella también tiene un pajarillo chinasky



Vendes tu desnudo a las revistas
y pones morritos así
y haces mohines redondos
y te abrochas hasta el cuello la piel de tonta
para no ser herida
por las patas azules de su violencia
tan varonil, con tantas garras
y caminas sobre tacones pulidos
como una rana sobre nenúfares de cristal
y te bebes el agua de las alcantarillas
en copas de champán francés
y ríes, ríes en blanco, en rosa y en rojo
con todos los dientes.

Y sólo de madrugada
cuando te quitas los labios sangrantes de carmín
y los dejas sobre la mesilla de noche, chorreando
junto a tus ojos de alquitrán y sus pestañas
y aflojas los sostenes de tu emplumada coraza
ves el mundo con extrema gravedad, ya sin ojos
y puedes dar de comer por fin a la melancolía
que acaricias a tientas
mientras tarareas con dulzura casi inaudible
la canción más triste
la de los ángeles, el azufre y las rosas
en un idioma que es el tuyo pero no entiendes.
Y sabes que morirás en un país extraño.

No lo escribí pensando en ella pero he visto la foto y me he dado cuenta de que es ella.

lunes, 16 de junio de 2008

La hormona de la confianza

Confirmado. Soy una persona insegura. Lo dijeron el otro día en el telediario de las tres. La presentadora aseguró que la oxitocina, también llamada hormona de la confianza, la segregan a mansalva las embarazadas. Todas sin excepción. Y yo no tuve más remedio que tomar verdadera conciencia de mi condición de persona insegura, carente de las más mínima oxitocina. Con tan marcada carencia o, mejor dicho, con tan nula capacidad de asimilación de la maldita hormona, que hasta en mi embarazo, rebosándome oxitocina por las orejas, yo era insegura, insegura hasta la médula, y tenía que agachar la cabeza cuando cruzaba el parque que me separaba del metro, sólo porque algún desconocido, sentado inocentemente en un banco, dejaba caer su mirada sobre mí, sobre mi cuerpo que avanzaba como un cachalote fuera del agua, añorando la dulce levedad del líquido elemento. Sabiendo, por otra parte, que todo ese líquido no se había evaporado, sino que estaba alojado en mis rodillas, en mis tobillos, en mis piernas.
Retención de líquidos, decían los conocidos cuando enseñaba, avergonzada, mis tumefactas piernas. Como si al ponerle nombre a mi dolencia, como a un hijo, ésta adquiriera temperamento propio y ya no me perteneciera del todo.
Retención de líquidos, como si yo fuera una maldita presa. Lo cierto es que temía provocar un sutnami cuando trataba de introducirme en el metro en hora punta. Y si nadie me cedía el asiento, no me atrevía a rechistar. Me limitaba a mirar al suelo, tratando de localizar mi confianza bajo algún par de zapatos anónimos.
Y un día que decidimos ir al campo, recuerdo que no conseguí meter mis pies-zodiac en las malditas zapatillas de deporte y tuve que ir en chanclas, clavándome todo tipo de espinosos arbustos primaverales, sin dejar en ningún momento de sonreír y de asentir: Sí, qué bien sienta salir de la ciudad y respirar aire puro!
Vamos, que ni embarazada conseguí arañarle un poco de confianza a esa tirana sardónica y crítica que vive aquí dentro. (Como si ella fuera perfecta!)
Así es que ahora ya sólo soy capaz de una única y rotunda aseveración: nunca he dejado de dudar.
En un momento dado, dudo entre un le y un lo, un fuera y un afuera, si diptongo o hiato. Dudo cada vez que uso un gerundio, si este verbo es transitivo o intransitivo. Busco compulsivamente, hasta las palabras más corrientes, en el diccionario. Dudo. Entre una camisa de colores vivos o un sencillo vestido negro. Entre un magret de pato y un solomillo al oporto (para que siempre, invariablemente, acabe gustándome más el plato que le sirven a mi acompañante, y más el que le sirven al de la mesa de al lado). Dudo si mostrarme intrépidamente risueña o fatalmente dramática, para acabar pareciendo sencillamente bipolar. O patética.
Dudo de si esta palabra de aquí habrá sentado mal, de si ese gesto de allá se lo habré robado a alguien. De si es correcto este “de”. Dudo de mi primera impresión y dudo de mí por no haber confiado en mi primera impresión.
Dudo de si al leer estas palabras pensarás que esto nos sucede a todos o te regocijarás con (¿de?) mis debilidades. Dudo entre seguir escribiendo o matar de una vez por todas a la insidiosa inquilina de aquí adentro y ser por fin una simple, monolítica y segura solitaria.

jueves, 12 de junio de 2008

Ferrater en el metro

Algo más allá de unos ojos. No detrás, en las cuencas vacías como cucharas, ni en el reverso viscoso de una pupila. Más allá de los ojos. Un reflejo en un charco sin fondo, un chispazo cómplice en el metro semivacío, bajo esta luz de probador de tienda grunge.
Bajo la vista y vuelvo a mi libro. Leo en el metro. Leo por estar acompañada mientras estoy entre los demás. Protejo la cubierta dejando caer distraídamente la mano izquierda, y abro el libro lo justo, en ángulo de 45 grados, porque hoy se ovilla en el fondo Gabriel Ferrater y en los tiempos que corren, no puedo asegurar su supervivencia. Cada día resulta más peligroso leer poesía en el metro. Vale, está bien, lo tapo porque me da vergüenza leer poesía en el metro. Y porque me revienta que me lean por encima del hombro.
Nuestro vagón sigue avanzando y nosotros con él, reunidos en silencio mientras trenzamos más silencio, hilos e hilos que van bosquejando telarañas de colores por toda la ciudad. Redes de seguridad para que pensemos que no caemos, o que caemos delicadamente. En definitiva, que no sepamos que estamos solos.
Los ojos me miran.
Ferrater fuma ahora plácidamente, recostado en uno de los asientos, con sus piernas kilométricas y su aire a lo Steve Mc Queen. Y sé que todo es por su causa, la chispa, los hilos, la magia, los ojos.
Más allá, sólo mi imaginación. Pero ahí siguen esos ojos desconocidos. Mirándome.


AMISTAD DEL BRAZO
El metro iba muy lleno. Me agarraba
al lado de la puerta, de un barrote
niquelado. Tenía el brazo tenso
y toleraba aquella persistencia
de un peso tibio sobre el antebrazo.
Había poca gente cuando al fin me volví.
Era muy joven. Fea y pobre, descarnada
como una enjuta cabra mogrebina,
obstinada la frente, ojos cerrados,
abalanzada por toda carencia,
un brazo aún sin dueño, libre y promiscuo,
y no veía que alguien se movía
y se aislaba ante ella. Yo, también
muy joven, demasiado, aún no sabía
reconocerme, más que en la elección,
en aceptar. Así, abandoné el brazo,
como si ya no fuera mío, hasta
la estación, cuando se rompió de pronto
la última cuerda del violoncello

Gabriel Ferrater
Traducción de Pere Gimferrer.

martes, 10 de junio de 2008

Llueve

Llueve en Valencia. Llueve como si fuera París, con obstinada calma, sin pausa. Y yo monto toda la parafernalia de plástico para llevar a Bruno a la guardería y me cago en la madre que parió a los que inventaron los cobertores plásticos para cochecitos de bebé, que nunca terminan de encajar del todo en los cochecitos de bebé o tal vez sean mis manos las que nunca consiguen hacer encajar tan imposibles artefactos, a pesar de que en la bolsa contenedora reza, con cruel ironía (rayana en el sadismo): de fácil montaje.
Llueve. Y lo que quería decir es que la lluvia me hace pensar en otras ciudades. Mientras el sol me fija con clavos a esta ciudad, como un Cristo a su cruz, me seca como a una figurita de barro por los pies, con lento y fatal gustito, la lluvia me hace pensar en lugares lejanos, no en paradisíacas playas de ron blanco y muslos tostados, sino en sitios grises como Estocolmo o Liverpool en los que jamás he estado y donde probablemente jamás estaré, porque soy de esas personas que prefieren los lugares tercermundistas donde todo sucede con dramática pasión, o sol de plomo o diluvio universal.
Las estadísticas apasionan a los diseccionadores de cadáveres: éste es el mayo más húmedo de los últimos treinta años, el segundo mayo más húmedo desde 1880…
Llueve y yo sigo en Valencia, contando gotas de lluvia en la ventana para mi estadística particular, mientras imagino que soy europea, europea de verdad y que puedo resistir un mes entero sin ver el sol. Un mes y un día, si me apuran.

domingo, 8 de junio de 2008

Rajoy y Mme Bovary

El otro día pensaba que Rajoy se parece cada vez más a Mme Bovary: en la peligrosa elección de sus compañeros de cama, en que a ambos les ha tocado vivir en la época equivocada, ambos han visto cómo sus oportunidades se escurrían por el desagüe del podría haber sido. Y es que al niño que nunca tuvo una logopeda le ha tocado jugar el papel equivocado, ser un rodweiller obligado a atacar sin soltar la presa, al silbido de su amo mascachapas y psicópata, cuando lo que de verdad quería es ser un San Bernardo, conservador pero juguetón, amenazante pero bonachón.
Y ahora que por fin ya todo está perdido, y el niño de la lengua de trapo, que sigue prendido a un collar, decide mover el rabo a su aire, y ladrar algunas noches a la luna, cuando está muy redonda, porque le apetece, sin más, va y le toca resucitar al rodweiller y enseñarle los dientes a los suyos que han detectado una cierta debilidad en su forma de levantar la pata derecha para mear y, sobre todo, una peligrosísima melancolía cuando le ladra a la luna azul, por lo que no dejan de asestarle dentelladas a diestro y siniestro.
Pero el hombre siempre perplejo, que ostenta el récord de perder dos elecciones seguidas, no pugna por volver al aborrecible centro, el escurridizo punto G del PP, simplemente ansía recuperar su propia personalidad, reivindicar su yo natural, ser más humano, menos Aznar en definitiva.

Pero no se lo van a permitir, así es que cada día pasa más horas en soledad, lamiendo sus heridas y soñando con el momento de volver a casa para ver Solo ante el peligro en el DVD, abrazado a su Grace Kelly particular, mientras, de reojo, le observa desde la estantería, la que fuera su película favorita, El hombre que pudo reinar.
Y sabe, como Mme Bovary, que su suerte está echada y que nunca será la más guapa en el baile de palacio.

viernes, 6 de junio de 2008

Cuestión de equilibrio


Todo está unido a algo, nada es independiente en este mundo superpoblado, simultáneo, alephiano, en el que todo está sucediendo ahora mismo en alguna parte del mundo. Por eso retomo a Pablo Gutiérrez, me agarro fuerte y viajo desde su blog (www.eladjetivomata.blogspot.com) subida a un link plateado del 58, hasta un artículo de Verdú sobre el futuro de la novela, escrito con gracia, ironía y rigor circense. Pero como todo lo escrito, también con ficción, con mucha ficción, llevando las cosas al paroxismo, allí donde se vuelven accesibles al entendimiento humano. (http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Reglas/superviviencia/novela/elpepuculbab/20071117elpbabnar_13/Tes/)
Lo único que saco en claro es:
1. joder, qué bien escribe Verdú! y
2. ni sí ni no, sino todo lo contrario. (ni primera persona frente a tercera, ni introspección frente a trama, ni autobiografía frente a ficción…) En literatura, como en el funambulismo, debe hallarse el Equilibrio (ja, y se me llena la boca con la palabreja!). La inevitable pregunta es: ¿pero dónde demonios se sitúa el Equilibrio, esa entelequia juguetona, ese punto líquido con apariencia sólida que va cambiando de sitio, deslizándose de forma apenas perceptible aunque a velocidad endiablada, como el casquete del Polo Norte? Pues en un lugar no escrito, sin coordenadas en el mapa, en una tierra sin demarcar, en un pueblo sin nombre pero con campanario. Forma y contenido, estilo y mensaje, lenguaje y trama deben hallar su propio equilibrio, deben sobarse, amarse, odiarse, negociar su convivencia. Y no hay reglas para que esta historia de amor funcione. Por eso salen adelante aventureros bestsellers aparentemente desequilibrados, con mucho peso en la trama y tan leves en la expresión (o no), como viajes al fondo de uno mismo sin moverse del páncreas, con una escritura brillante, deslumbrante (o no).
No hay reglas, acaso talento, trabajo y verdad, grandes dosis de verdad. Como decía Kafka (precisamente Kafka!), la literatura es siempre una expedición a la verdad.
Claro que también es verdad que algunos llegaron a la cima y otros se quedaron en el campamento base…

jueves, 5 de junio de 2008

Rosas, restos de alas

Siempre he creído que es una estupidez eso de echar al mar una botella con un mensaje, por mucho que esté escrito en letra pulcra y chiquita. Por mucho halo de misterio que tenga, acabará convirtiéndose en un fastidio para el que lo encuentre, en un jeroglífico imposible de descifrar, una mancha de aceite en su conciencia. Y sin embargo aquí me tienes, lanzando mi botella llenita de palabras a esta red de redes sin fondo que ni siquiera huele a brea, que ni siquiera te devuelve esa paz absurda tras mirarla durante horas. ¿con intención de qué?, no sé, puede que de contactar desde esta isla solitaria con los de ese mundo tan poblado o puede que desde este mundo poblado, contactar con el de la isla solitaria.
Queda inaugurado este blog.
He leído Rosas, restos de alas, de Pablo Gutiérez ed. La fábrica. Lo he leído tres veces seguidas, una tras otra y me ha gustado tanto, tanto, que me he visto obligada a odiar a Pablo para protegerme, a rebajar mentalmente su categoría,- sí, muy bien escrito pero la historia cojea un poco de simple que es, sí, bueno, hace metáforas espléndidas con sólo estornudar pero resulta repetitivo y recuerda a Loriga, sí, vale, es brillante, directo, distinto, moderno, pero es muy joven y se nota- para poder mirarlo a los ojos, aunque sea dando saltitos.
Una vez superadas las tres fases de la envidia: negación, ira, aceptación sólo recomendar un grandísimo libro, exquisitamente escrito, maduro, poético, profundo, cautivador.
Gracias Pablo y gracias a Paco por descubrírmelo.