lunes, 24 de noviembre de 2008

La trama

 Sin duda, lo que más me cuesta al escribir es encontrar la acción precisa, decidir qué es lo siguiente que va a suceder. Puedo saber cómo palpitan los personajes bajo mis dedos, puedo escribir folios y folios con sus perfiles psicológicos pero lo que me resulta de verdad difícil es escoger de entre todas las acciones posibles, aquella que muestre cómo sienten mis personajes sin tener que explicarlo, y funcione además como una carretera que conduzca al destino elegido.

Por eso no entiendo la mala fama de la trama. No entiendo por qué está tan desprestigiada en comparación con del estilo si la trama es el armazón que, bien construido, debería funcionar como la gran metáfora y sostener los demás elementos. Si sin ella andaríamos tan perdidos como Paul Auster deambulando a oscuras por las páginas de alguna de sus novelas.

Muchos son los que reniegan o han renegado de ella. Dice Vilamatas que dice Nabokov: (ya se sabe, nunca hay que tomar al pie de la letra las citas de Vila Matas): “La trama es una vulgaridad burguesa”.
También dice que dice Banville: “El estilo avanza dando triunfales zancadas, la trama camina detrás arrastrando los pies”.
Yo, por el contrario, creo que estilo y trama deben ir cogiditos de la mano, como dos colegiales, bajo la atenta mirada de su autor.
Porque el uno sin la otra no son nada. La trama es el esqueleto sobre el que se asientan vísceras, órganos y piel. El estilo es la sangre que nos recorre, los humores que nos fluyen. Tan esencial es lo uno como lo otro. Puede incluso que sea la trama lo único que quede de nosotros cuando ya no estemos nosotros.

Dice también Verdú, en su ya famoso decálogo:
"La fantasía, la intriga -y tanto más cuanto más enrevesada resulta- debe considerase un recurso estereotipado e indicio, a la vez, de no aspirar a mucho más que un sudoku. Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. Es decir, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar, insustituible en la iluminación y la clase de disfrute que procura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, el suspense policiaco, los agentes especiales, los cofres por descerrajar o los misterios divinos, sino de la intensa degustación del texto, sin necesidad de conspiraciones ni extrañas travesías. Los intríngulis de esta literatura son más intríngulis que literatura. Vale para lo que vale y ni una distinción más".

Evidentemente hay buenas y malas tramas pero la trama no puede cargar con las culpas, no puede ser siempre el chivo expiatorio. También es evidente que no hay trama que resista un estilo mediocre y falto de brillo.

Extrapolándolo a las personas, la trama equivaldría a todos los sucesos, datos biográficos que nos han ido conformando y nos definen. Mientras que el estilo sería el temperamento, un temperamento innato que a su vez influye sobre nuestra biografía. Y viceversa. Ambos se van escribiendo a la vez, se van moldeando al tiempo. Lo importante es que cada temperamento se adapte bien a su trama. Tan lícito es sentir que es el temperamento el que marca la biografía, y ponerse uno romántico, es decir novelesco, como que es la biografía la que arrastra de los pelos al temperamento, y ponerse entonces materialista dialéctico. Y también sucede al revés.
La trama no es importante pero es imprescindible. Como el sexo no es lo importante en una relación, pero sí imprescindible.
Sobre todo en la novela (la trama, no el sexo). Si la poesía es decir la verdad a través de una mentira, la novela es mentir a través de una verdad, mentir con honestidad. La trama constituye pues el armazón de esa mentira, mientras que el estilo sería la puesta en escena, el tono, los detalles que le confieren verosimilitud. Así, una mentira increíble con una puesta en escena deslumbrante puede colar, al igual que una mentira verosímil, pero malísimamente interpretada, se irá a pique sin remedio.
En la combinación se revela la clave.
Y es que, a estas alturas, convendrás conmigo en que es imposible desligar la trama del estilo, como es imposible despellejar a alguien y que siga vivo.

Y todo este rollo porque me he quedado atascada en algún nudo de la trama.

29 comentarios:

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Menudo peñazo es que alguien quiera forzarte a ver un personaje, con explicaciones demasiado obvias. Al menos a mí me ocurre, pues me he dejado muchos clásicos en la mesilla, por sus malas intenciones de llevarme demasiado agarrado por la mano. Por cierto, hablando de manos entrelazadas, no entiendo por qué dices que los colegiales deben andar en semejante actitud, -;)-, aunque si entiendo que esa es la manera en que mejor puedan avanzar la trama y el estilo. (Tampoco sé si me estoy metiendo en camisa de once varas y estas disquisiciones tienen un destinatario concreto. Espero que no).

Dices:” Extrapolándolo a las personas, la trama equivaldría a todos los sucesos, datos biográficos que nos han ido conformando y nos definen. Mientras que el estilo sería el temperamento, un temperamento innato que a su vez influye sobre nuestra biografía. Y viceversa. Ambos se van escribiendo a la vez, se van moldeando al tiempo”. Y creo que no te falta razón, porque ese temperamento innato del recién nacido, puede dar como mucho origen a unos cuantos berridos, y poco más; para que toda esa carga inicial fructifique en algo, hace falta que ese potencial genético encuentre un cauce adecuado.

Además, se parece tanto a la vida que podríamos decir aquello de: como la vida misma... que no sé si es lo que se pretende, pero que, en definitiva, es por lo que tiene que colar. Vamos, digo yo...

nán dijo...

¿Qué estarás tramando, angelote, que nos echas al infierno de la pedantería a los que tratamos de borrar la trama?

Es el sentido. Lo que importa. (verás que he eliminado lo de "estúpido", que se decía en lo de "es la economía", porque si algo no eres, es estúpida. Y como no eres estúpida, yo de ti demandaría a Ariadna Gil por derechos de imagen).

Me da lo mismo que me llegue tramado o abierto en canal y chorreante de sangre.

Estoy tan abierto a casi todo. Sobre todo ahora, que una vez al mes voy a Donosti a chapotear en el territorio de lo emocional y me pongo como un cerdo de barro, caca, sangre y vísceras de mis queridos familiares (y otros allegados imprevistos).

Estilo, trama, metempsicosis, tararí que te vi... ¿Qué más da? Si te leo y me gusta lo que leo. ¿Qué puñetas importa todo lo demás? Eso es cosa tuya. Apáñatelas.

TortugaBoba dijo...

Qué de libros con trama y sin estilo me he leído (cara de asco) y qué de libros me he terminado por el estilo tan brillante y la trama tan escasa (cara de aburrimiento). De la manita, del brazo o hechos un nudo tienen que ir lo uno y lo otro, porque si no es como comerse un huevo frito sin mojar el pan en la yema (bueno, a mí me gusta, no sé a los demás...).
No sé yo qué combinacíón de los 4 temperamentos que apunta Hipócrates tendría yo. No sabría definirme muy bien por lo que veo.
Ahora me voy a tirar todo el día pensándolo, tú verás...

ca dijo...

Deja que tu personaje decida la trama, si tan clara tienes su psicología.

En referencia a tu dicotomía trama-estilo o trama-estética, no sé, la verdad es que no me he parado nunca a pensar en dichos conceptos cuando estoy escribiendo... supongo que te surgen cuando, como dices, te quedas atascada, porque la primera imagen que ha venido a mi cabeza es la cabeza (y perdón por la repetición) de la última novela de Carlos Fuentes por la que pasan todos los sucesos que nos quiere hacer llegar. Creo que esa imagen deja muy clara la posición de la trama con respecto a la historia propiamente dicha. O muchas de las novelillas de Stefan Zweig en las que no pasa nada en sí (desde el punto de vista de la trama).

También podemos hacer otra cosa: preguntémonos ¿qué es la trama? (se me ocurre para salir del bloqueo). A priori, puede ser el esqueleto, el contexto, el enredo de las situaciones que posteriormente hay que solventar. Pues lo tenemos fácil: no generemos esa trama ¿para qué? si muchas veces la imaginación del lector ya la crea, simplemente expón la psicología, sus pensamientos, reflexiones y posicionamientos ante las cosas, sus acciones a la hora de enfrentarse a la realidad.

Trama, suena a rama, y las ramas en otoño se desprenden de sus hojas para posteriormente congelarse en invierno.

PD: Gracias no obstante por la reflexión, transparente, como vos.

especies dijo...

Para mí, si hay que decir algo, ya que uno nunca está del todo de acuerdo consigo mismo, es el estilo el que va imponiendo la trama.

Y tampoco está uno seguro de si es totalmente flemático, o totalmente sanguíneo, o parcialmente indeciso.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Supongo que ahora te sentirás responsable del caos en que puede caer nuestra buena amiga Tortu; esperemos que no le pase como al cienpiés o milpiés, no recuerdo bien, de aquel relato de Meyrink en que se pavoneaba ante un feo sapo en una charca, y éste, al final se cansa y le pregunta, con bastante mala leche, con qué pie empieza a caminar, creándole tal mar de dudas, que ya no pudo andar más en su vida. Y colorín...

Reyes dijo...

Querida Bárbara;
Ilustrativo tu texto, para gente que , como yo, escribe a golpe de corazón , sin estilos ni ná que se le parezca, es bastante enriquecedor , y mira, yo creo que soy sanguínea, sin dudas, por lo de los cambios de humor ....antes pude ser melancólica ...mañana seré pata negra, seguro.
Jajajaja.
Ya mismo fundamos tu club de fans , lo que nos faltaba era esa foto.
Te deseo que te desenredes con esa trama.
Un beso.

el pasado que me espera dijo...

Ostras...yo jamás me he hecho estas preguntas. Y viendo lo bien que las desarrollas te agradezco que ya me des el trabajo hecho porque yo, que soy de lo más visceral escribiendo, siempre he pensado que debería filosofar más sobre el hecho de escribir. Plantearme lo que quiero decir y planificar las historias.Yo,lo confieso, salvo contadísimas ocasiones, nunca sé lo que voy a escribir hasta que tengo los (dos) dedos sobre las teclas.Como para plantearme lo del estilo y la trama. Admiradita me tienes...

Miguel Baquero dijo...

Ey, me alegro mucho que hayas cambiado de postura y ahora nos mires desde este perfil.

Yo creo que el problema está en que todo sea significativo. Es decir, por ejemplo, que las descripciones de los paisajes digan algo y no sean un simple trámite de "amanece, etcétera", que los muebles de una estancia, por ejemplo, tengan su por qué, que los diálogos no estén llenos de palabras vanas y al mismo tiempo concuerden con el personaje... Creo que hay que buscar el detalle preciso y definitivo. Decía Umbral (algunas veces tan brillante) que la mejor descripción que había leído nunca era ésta de Baroja: "era una calle larga que olía a pan". Yo también creo que con eso se dice todo.

No aguanto, como Muy señores mío, que me dicten cómo es un personaje y que no me lo muestren. Que me digan: era un tío estupendo. Bueno (hay que exigirle al autor), pues que haga alguna estupendez. Pero nada, se limita a calificarlo, y eso es lo peor, para mí, de la literatura, el que un autor te diga cómo son los personaje. Coño, déjame que los vea yo por mí mismo.

No estoy de acuerdo con lo que dice Verdú, sobre todo por su tono sentencioso. Extraños en un tren, El espía que surgió del frío o El poder y la gloria, mismamente, y miles más tienen una trama magnífica y son literatura de primer orden. Lo que importa, creo yo, es que traten temas universales y creen un mundo paralelo, lo mismo da, creo yo, mediante la intriga que mediante la reflexión íntima. El caso es que te hagan sentir y pensar.

Anónimo dijo...

Después de leer toda tu trama se me ha hecho un nudo en el argumento y estoy a punto de tirarme al vacío desde una montaña de libros de César Vidal. Dios mío, ¿hace mucho que no tramas?, para eso hay terapeutas, en serio.

Por si vale añado un dato de Ramón J. Sender... cuando daba clase en Estados Unidos le preguntaron sus alumnos... oiga, usted que es escritor, europeo, con prestigio como novelista... denos un buen argumento para escribir.
Y Sender, con un par, les respondió a esos alumnos que en el fondo se cachondeaban de él: tomen papel y lápiz... él y ella. El y ella se enamoran, sus familias se oponen. El y ella continúan pero él piensa que todo es una locura y decide quitarse la vida, ella lo ve muerto y se mata. Entonces él se recupera y la ve a ella muerta, y se mata de verdad...

(los alumnos se quedaron acojonados, silencio en el aula)

Y Sender remató: desarollen, es Romeo y Julieta...

La anécdota es verídica y dice que sin una buena trama no hay historia. El Quijote sería un friki de las novelas de Caballería, pero Cervantes lo hizo un símbolo de lo español.
Y así también en la vida. Si no le pones arquitectura a tu pareja, a tus amigos, a tus días, entonces los adjetivos se aburren y los verbos salen siempre en pretérito imperfecto.

Rafa Mtez-Simancas

El Viajero Solitario dijo...

He asistido a un par de talleres literarios y he leído algún libro sobre “el oficio de escribir” y confieso que aún no tengo nada claro qué factor es el determinante a la hora de escribir una buena historia. La trama es fundamental, desde luego, y el tono, y la coherencia de los personajes (coincido con lo que alguien ha comentado respecto a que el lector debe deducir cómo es el personaje a través de sus acciones, de sus palabras, y no por medio de la descripción del escritor), pero hay un factor, que no acierto a adivinar, que diferencia una buena historia de una mala.

De cualquier forma, creo que es imprescindible conocer todos los fundamentos teóricos para ser capaz de escribir algo bueno, pero es necesario olvidarse de ellos cuando nos sentamos frente al papel o la pantalla en blanco. Una vez concluido el texto, sí conviene volver a echar mano de ellos para efectuar correcciones, pero no durante el proceso de escritura. Esta, claro, es mi humilde opinión, para nada fundamentada y fácilmente rebatible, pero esta noche es la única que tengo.

Si te sirve de consuelo, yo también ando estos días atascado con una historia, no sé si con la trama, con el tono, con las esdrújulas o con las haches intercaladas, el caso es que no avanzo. Pero despreocúpate: no hay trama que se rebele eternamente ni estreñimiento que resista una lavativa.

carlos dijo...

Qué completita la reflexión.
Las dos cosas, trama y estilo.
Es conocida la historieta de un aprendiz de escritor que le pidió a Cela una idea, un argumento para su obra. Cela accedió: "Sí, apúntelo usted: un hombre y una mujer se aman, punto final. Si lo desarrolla usted con talento, le sale 'La Cartuja de Parma'; ahora, no es probable". Una buena historia mal escrita o mal contada, puf. El estilo hueco del buen prosista que sin embargo no construye una buena historia, también puf.
Comparto la idea de que los personajes es mejor que se definan por sus hechos, por sus diálogos, etc., que no nos cuente el narrador cómo son.
(He descubierto que soy melancólico. Pero tampoco sé si eso es bueno o es malo).

strongboli dijo...

"La trama", de las mejores películas de Hitchcock, aunque yo me quedo con "Con la muerte en los talones".
Tonterías aparte, me pasa un poco como a ELPA, que hasta que no me pongo no sé qué voy a escribir, ni sobre qué. Otras veces sí que existe una idea en la cabeza y sobre eso se empieza, aunque nunca sé cómo va a terminar.
De hecho, muchas veces no termino.
El estilo... Eso hay que trabajarlo mucho, y a mí no me gusta trabajar. Así que sale lo que sale.
Sobre los tantos por ciento... No creo mucho en las clasificaciones de nada, pero vamos pallá:
sanguíneo 10%, melancólico 20%, colérico 10%, flemático 40%, y el 20 % restante, pues no lo sé. Nadie se conoce a sí mismo del todo, y menos mal, si no, no tendría gracia...

Bárbara dijo...

MUY SEÑORES MÍOS, bien pensado tampoco sé por qué los colegiales deben ir cogidos de la mano, ¿para no perderse? y dices bien, todo ese caudal de berridos debe encontrar su cauce adecuado y convertirse en palabras en un momento dado. La vida misma...

Jajaja, NÁN, el infierno de la pedantería puede ser un lugar tan calentito en estos días de frío intenso. Así es que homicida de tramas...Ya sabes, esto de la dialéctica consiste en llevar las cosas al extremo para, con suerte, encontrarse en algún camino intermedio. ¿Ariadna Gil? ¿metempsicosis? ¿qué haces en Donosti, rodar películas gore?
pero qué rebonico eres...

TORTU, un huevo frito sin mojar la yema con el pan y luego rechupetearse los dedos ni es huevo ni es ná. Siento crear dudas en esa cabecita. Bueno, la verdad es que no lo siento en absoluto. ;)

CA, aunque aparentemetne no pase nada, siempre pasa algo. Y hay que decidir, uno tiene que tomar las riendas, que si no luego los personajes se nos rebelan como le sucedió a Unamuno... Me ha encantado lo de la rama. Sí, la trama tiene que ser sutil e ir desprendiéndose de sus hojas, al ritmo de las estaciones.
PD: gracias a ti por reflexionar.

Bárbara dijo...

ESPECIES, de verdad que no sé si fue antes el huevo o la gallina, si le estilo o la trama. Creo que como dices, del estilo se deriva la trama pero también sucede al revés. Como ves, no eres la única parcialmente indecisa.

MUY SEÑORES MÍOS, espero que no, no me asustes. Creo que TORTU no sólo sabe andar sino que baila con un excelente ritmillo.

Jajaja, REYES, pata negra sanguínea y melancólica. ¿cómo que no tienes estilo? Todos lo tenemos y el tuyo está bien definido. Otra cosa es que no te apetezca teorizar sobre ciertas cosas que, sinceramente no sirven para nada más que para pasar el rato. ¿club de fans? eso no sirve siquiera para pasar el rato... :) Besos.

ARACELI, yo también creo que la escritura es sobre todo intuitiva, uno mete muchas cosas en la batidora y luego sale lo que sale, y está muy bien que así sea. Pero cuando uno se enfrenta a una historia larga, ay, no es difícil perder el rumbo y entonces uno examina todos los ingredientes conlupa antes de meterlos enla batidora, los pesa y los repesa para finalmente seguir haciendo lo mismo, batirlos y que salga lo que Dios quiera.

MIGUEL, yo también creo que las cosas, además de ser hermosas deben de tener su utilidad. ¿será eso la trama, la utilidad?
Y tampoco aguanto, cada día menos que me traten como a una niña y me den papillas en lugar de obligarme a masticar. Con el tiempo mido más a las personas por sus hechos y no por sus intenciones o sus aparentes virtudes... Y pienso, como tú, que la novela negra no es un subgénero como muchos pedantes quieren hacernos creer.

Bárbara dijo...

Jeje, RAFA, mi terapeuta está hartito de mí, que si me llamo Bárbara y me gusta la cebolla en la tortilla, que si confieso que no tramo todo lo que debiera... Tú me quieres hundir...
Esa trama de Sender bien podría ser la de Romeo y Julieta o la de un culebrón venezolano de sobremesa. Pero incluso para la sobremesa es necesario un buen arquitecto. Echo a faltar algo de comer en este comentario (algo además de César Vidal, claro, ¿ese es el de las papas, ¿no?) besos.

VIAJERO, yo tampoco sé qué diferencia una buena historia de una mala, y eso me lleva a pensar que la trama es lo de menos. Supongo que es un combinación entre trama y estilo que funcione, pero ¿por qué? vaya usted a saber... Yo también creo que es bueno intentar comprender el mecanismo de las cosas para olvidarlo auotmáticmanete. Es imposible besar, y pensar en el mecanismo de un beso. Espero que superes tu... estreñimiento... yo lo intentaré también ;)

CARLOS, entre puf y puf parece que no haya espacio pero haberlo, haylo, ¿verdad? Muy bueno lo de Cela, a veces tenía buenos golpes, puede que inmediatamnete después de una de esas lavativas a las que era tan aficionado... Así que melacólico... sí, yo diría que sí.

STRONGBOLI, yo prefiero Vértigo. hay muchas formas de trabajar y no tienen por qué estar imbuidas de ese espíritu de sacrficio y de dureza tan extendido. Lo que más me gusta de tus proporciones es ese 20% misterioso. Tienes toda la razón, qué aburrido sería conocerlo todo, (aunque que revelaras algún pequeño misterio...)

Mega dijo...

Yo no suelo preocuparme demasiado (o eso pretendo). De hecho confío en que la acción pueda desarrollarse por sí misma; en realidad, aspiro a que ella sola logre su propio acomodo de acuerdo con la situación narrativa y la propia verosimilitud. Para mí una historia debería aspirar a narrarse desde dentro, sin que el narrador (ergo nosotros) interviniera más de lo debido. Ahí es nada... Encaje de bolillos...

PS1: Llevo algún tiempo leyéndote, y me gusta mucho tu blog.
PS2: Por aquello de presentarme al modo hipocrático, mi temperamento oscilaría entre melancólico-sanguíneo, con permiso de Vila-Matas, claro.

Saludos cordiales,

Marta Sanuy dijo...

En cuantos seminarios de crítica se dice menos.

Bravo por provocar reflexión y debate. Eso si es un arte.

Yo creo que se escribe como se puede. Con o sin estilo, con o sin trama, con o sin intención, con o sin lecturas detrás. Y luego es importante un factor impredecible, siempre "depende".

A mi me gustaría ser flemática. Sobre todo porque me parece recomendable. Pero no sé.

rico leerte

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Pues entonces, Bárbara, a ver si el va a tener que ver más contigo que con Tortu. ¿No se te habrá colado un sapo meyrinkiano entre tus musas o musos (no sea que la Aído...) y por eso se ha atascado tu normal desenvolvimiento creativo. Quizá sólo haya que echar a andar. (Dicho con el injustificado e injustificable ánimo de servir para algo en algún momento de esta vida y no con el de ofender desde la intromisión, igualmente injustificada e injustificable).

Bárbara dijo...

Hola MEGA, yo en general tiendo a preocuparme en exceso hasta que dejo de preocuparme del todo... Cuánta razón, la historia debe narrarse desde dentro, por sí misma, sin que se note la presencia del narrador (¿a quién le importa el narrador?. Pero es paradójicamente cuando más se trabaja esa presencia, cuando menos se nota. A ver si esto de escribir va a consistir en ponerse un traje de Rambo y pintarrajearse la cara en tonos caquis...
PS1: mil gracias, guapa.
PS2: yo casi como tú, puede que más sanguíneo-melancólica.

MARTA, ahí me has dao, si al final todo se resume en eso: cada uno escribe como puede.... Y luego va y hay cosas que deberían funcionar y no funcionan, y cosas que en principio no deberían funcionar y funcionan...
¿flemática? original elección, sí que hace buena falta un poquito de calma hoy en día.

MUY SEÑORES MÍOS, no acabo de entender la primera parte (tal vez se desintegró alguna palabra en el camino...). Pero es verdad, verdad, que a pesar de la pereza, todo se resuelve andando.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Sí, algo debe de haber hecho desaparecer este teclado mío que está tan juguetón que, en cuanto me descuido, se traga letras, palabras enteras y hasta frases. En este caso, a no ser que me olvidase yo -todo es posible- se ha engullido la palabra "asunto": "Pues entonces, Bárbara, a ver si el "asunto" va a tener que ver más contigo que con Tortu...".

Pero lo que importa es que tú –chica... o chiqueta lista- has captado perfectamente el sentido, ya que, como dices, todo se resuelve andando. Como en el relato aludido, a veces, si se intenta racionalizar demasiado las cosas, nos quedamos atascados. Eso suele ocurrir mucho en los procesos creativos, donde, como es imprescindible adquirir nuevos conocimientos constantemente, a menudo, y hasta que los tenemos bien asimilados, los más recientes necesitan un exceso de racionalización, que sólo el tiempo coloca en el lugar más adecuado para que no sólo no nos frenen, sino que formen parte de nuestro bagaje. Supongo que es lo que te debe de estar pasando, porque escribir, lo que se dice escribir... chapeau.

Los criticones dijo...

Visitante soy... y asombrado quedo de tan vasta panoplia de comentarios.

Lo de trama y estilo es tan largo, antiguo y obvio como lo de forma y fondo. Se hace correosa la discusión porque hay muy poco nuevo que decir desde hace muchísimo. Aunque se entiende muy bien que sufras por ello mientras engendras, claro.

Sólo responderé: Mortal y Rosa (F. Umbral) Me alivió infinito comprobar como la ausencia de trama era en efecto posible y muuy deseable. Me pasa igual con el cine, cuando pienso en una película exquisita pienso en El desencanto (J. Chávarri) que es un maldito/bendito docu (usea, sin trama, claro)

Sí, fuera la trama... aunque no dejaréis de producir objetos maravillosos con su trama, su forma, su fondo, sus patatitas y un buen vino. Faltaría más.

Ánimo

ARM

Bárbara dijo...

MUYSEÑORES, ahora sí me ha quedado más claro es asunto. Gracias por el sombrero... Creo no obstante que el proceso se inicia a la inversa, primero el problema, el atasco y luego la reflexión.

Hola ARM, Hummmm.... hacer desparecer la trama...no sé, ni siquiera los magos hacen desparecer las cosas de su chistera, es sólo una ilusión óptica. Entraría a hablar de géneros (si tuviera alguna autoridad en la materia, claro) pero así de entrada me parece que en Mortal y Rosa, casi poesía, la trama es ligera (pero es) porque la idea de la muerte de un hijo es ya lo suficientemente densa y la expresión que sirve de vehículo lo suficientemente metafórica.
En los documentales pasa tres cuartos de los mismo. Pero no es verdad que se rueden sin guión, ni el de Chávarri, ni ningún otor, aunqeu sea mental. Siempre hay una trama, un punto de partida y una meta, ¿y qué es el hilo que los une sino la trama? Tuve un profesor que decía que toda obra (hasta la más experimental) puede dividirse en los clásicos 3 actos: planteamiento, nudo y desenlace. Y en todas, hay un protagonista o varios que trata de conseguir algo y a veces lo consigue y a veces no.
Gracias por los ánimos.

Pedro dijo...

Hmm, es grave cuestión la que aquí planteas, y no hay más que ver la cantidad -y disparidad- de respuestas que tu perplejidad ha levantado. Reconozco haberle dedicado un tiempo a pensármelo, incluso un par de veces he estado aquí mismo, ante el rectángulo en blanco (¿qué se hizo de la hoja en blanco?, ¿Mais où sont les neiges d'antan?), los dedos sobre el teclado y nada, se impone la constatación: qué sé yo de trama, qué sé yo de estilo.
La cuestión ha removido viejos recuerdos de tardes de facultad, la poética de Aristóteles, Juan de Valdés, Vladimir Propp, Roland Barthes, (más nieve de antaño: ¿qué se hizo?), pero nada que pueda suponer un faro para tu noche oscura, siquiera una tenue llamita. El arte de la buena composición textual sigue siendo para mí tremendo misterio: conozco normas, tipologías, recursos y progresiones, procedimientos retóricos y marcadores discursivos, coherencia y cohesión no me son ajenos, y converso con gracia sobre tema y rema, significado y significante. Pero no sabría qué decir a una escritora atascada en medio de una historia, no se me ocurre un consejo práctico. Mi trabajo consiste en analizar lo que hay y compartirlo con mis "chicos", no tengo idea de lo que podría hacerse ni de cómo. Por otra parte, nunca escribo ficción, y lo que escribí en tiempos remotos lo doy por bien desaparecido. O sea: una nulidad. Y sin embargo como lector empedernido, enfermizo y hasta compulsivo, bien debería tener un sexto sentido desarrollado que me sirviera como carta de navegación para dibujar rumbos, localizar piedras en la costa, arribar a puerto seguro. ¿Qué hace que leamos una historia hasta el final y pasemos la última página diciendo "qué putada que se ha acabado"? ¿Es la trama, es el estilo, son ambos, como cara y cruz de una moneda, cuerpo y alma, yin y yan, continente y contenido? Si pienso qué tipo de historias me han agarrado alguna vez por las pelotas (para decirlo, permítaseme, gráficamente) tengo que aceptar que tienen poco en común: la cosa va desde policiacas de Fred Vargas (pura trama) hasta el rollo filosófico javiermariano (puro estilo). ¿Qué tienen en común? Poca cosa, pero grande: ambos causan placer (y aquí se podría citar una lectura obligada de tiempos postsesentayochanos: El placer del texto, R. Barthes).
Si a tu atascada historia le consigues imprimir ese ritmillo sexual hecho de preliminares lentos, juguetones, de risas y exploraciones que al entrar en calor van tomando cuerpo y definiendo una forma ascendente de avanzar (juntos), verás como la prosa se vuelve seria, suavemente contundente, el ritmo de la acción te agarra y ya no piensas en parar -el mundo exterior ha sido borrado-, tu respiración se agita y solo aspiras a pasar la siguiente página, adivinas lo que viene pero lo quieres retrasar, te sientes acelerar y al tiempo te refrenas, una lluvia de metáforas se dibuja tras tus párpados cerrados y tus manos recorren con avidez ese cuerpo de metonimias, aliteraciones, sinécdoques en proporción creciente, y ya se acerca el final, lo ves venir, lo deseas y lo temes, una sorpresa anunciada que una vez más te eleva, te hace estallar en una imagen deslumbrante que te arranca de tu cuerpo y de tu alma, vacío, etéreo, exhausto has llegado al final y con un suspiro profundo pasas la última página y piensas, hostia, ha merecido la pena, qué pasada, entonces, solo entonces, habrás dado con una buena historia y la trama y el estilo te habrán guiado como el placer guía al cuerpo inexperto ya en su primera vez, profunda sabiduría que nace con nosotros para hacernos inmortales.
No sé, es lo que se me ocurre, un poco demasiado largo como de costumbre pero es lo pasa cuando te lías y no sabes por dónde tirar...

Bárbara dijo...

Madre mía, PEDRO, todo eso sucede al escribir y yo sin enterarme... Desde luego dan ganas de ponerse a ello de lo bonito que lo cuentas. La realidad del día a día es menos espectacular pero también tiene sus momentitos de fuegos artificiales. De todas formas, he de confesar que yo pienso estas cosas teóricas sobre la trama y demás aasuntos metaliterarios porque me gusta. Lo de que la historia se atasque fue una excusa, de hecho la historia es un fregadero en el que a veces corre alegre el agua pero que a menudo está atascado. Se le echa desatascador y a seguir la marcha. Curiosamente acabo de terminar un libro de Fred Vargas, El hombre de los círculos azules y la verdad es que me ha atrapado, no de las pelotas, pero me ha atrapado. Al final, todo se reduce a que el lector no pierda interés, y el primer lector es uno mismo.
Tus "chicos" tienen suerte de compartir análisis y texto contigo.
Garcias por tu currado comentario.

Mega dijo...

Con permiso, Bárbara: pedazo de comentario, Pedro.

Saludos cordiales,

Mateo dijo...

En esta página puedes encontrar fácilmente el remedio a tus preocupaciones.

: NUDOS

Suerte

Pedro dijo...

Una coda final a propósito de Fred Vargas y un tanto "off-topic": "El hombre de los círculos azules", gran novela, la única que tengo de ella en español... Leída en alemán (grave pecado, pero es lo que hay cuando se vive en la lejanía) y definitivamente una de mis favoritas es "Que se levanten los muertos", también con el trío de historiadores como protagonistas. Ahora estoy leyendo su última publicada en Francia, "Un lieu incertain", pelín sangrienta... A ver si la acabo antes de la jubilación y dejo noticia de mi juicio.
Aprovecho el espacio para agradecer a MEGA su comentario a mi comentario a tu entrada. (Suena complicado, pero es todo terriblemente normal, qué cosas.)

Bárbara dijo...

MATEO, no sé si me ha ayudado o me ha confundido aún más, la variedad de nudos que hay, la madre...

PEDRO, haremos que se levanten los muertos, aunque sea en español. Gracias por la recomendación.