miércoles, 12 de noviembre de 2008

Anoche vi el telediario


Anoche vi el telediario. Un grupo de africanos -los restos de un grupo de africanos- arribaron a nuestras costas.
Yo no entiendo de cosas macro, las grandes escalas se me enredan en la cabeza , apenas me da para comprender, inventariar humildemente lo que sucede a mi alrededor, en ese microclima que se reduce a las cuatro paredes de mi casa, a mi calle si me apuras, hasta llegar a esos árboles japoneses rosas de Blasco Ibáñez.

Pero me pregunto, al ver una vez más la calcinante escena: ¿cuál sería el problema si se abrieran las fronteras?
Una vez lo pregunté y me miraron como si llevara en el bolso una bomba para hacer estallar felicidades, como si fuera una idiota o una terrorista (que seguramente son sinónimos). Como si hubiera insinuado que en vez de mandar a mi hijo a la universidad de medicina quería matricularlo en un master para hechicero de tribu. Como si no me importara extender la mano de noche y encontrarme a un subsahariano al otro lado de la cama, y uno más por cada metro cuadrado de mi casa. Como si todo mi mundo, nuestro mundo, zozobrara cual cayuco en altamar.
Me molestan mucho estas noticias.
Al margen de lo que es justo, de los hipócritas flujos globalizadores que no son más que pasillos de un solo sentido que permiten a los piratas moverse a sus anchas y saquear a placer pero impide a las personas desplazarse para sobrevivir, ¿alguien puede explicarme cuál es exactamente la razón por la que no pueden abrirse las fronteras? ¿haría eso estallar el mundo? ¿reventarían sus costuras?

La crisis ha llegado a los burdeles. Las prostitutas hacen rebajas. Dos por uno en mamadas, 10% de descuento para familias numerosas. Los de informativos Telecinco hace ya tiempo que han aplicado un sistema de ahorro neuronal a la hora de crear las noticias que les está dando grandes resultados. Porque puede que no anden desencaminados y en un país como el nuestro, el verdadero indicador de la crisis sea el eurolíbidor.

Algunos trabajadores de Nissan tiran vallas contra las puertas de su empresa y hacen pintadas subversivas, radicales, del tipo: ¿y mis hijos qué? mientras algunos accionistas, propietarios, directivos y demás fauna de rapiña aprovecha la crisis para hacer su particular agosto. Ay, qué bien nos vendrían ahora esos sindicatos que vendimos…

Hay días en que me siento tan fuerte que presto atención a los telediarios. Menos mal que dura poco.

21 comentarios:

un extraño dijo...

La verdad es que cada vez me dan más ganas de llorar y ya no sabes qué más leer para intentar entender lo que sucede, a veces incluso cometo el error de sumergirme, no ya en mi miseria, ni en las letras enredadizas de lo complicado, ni en el libro de hermenéutica que me está volviendo loco desde ayer, sino sumergirme en el océano atlántico, y caer, caer, caer hasta amontonarme con todos esos cadáveres que como yo tienen una pequeña esperanza, aunque sea infundada.

strongboli dijo...

Eso te pasa por ver el telediario, hala... Y si encima se te ocurre ver al Piqueras, ya es para tirarse desde lo alto de una farola de 43,5 metros.
Lo de las fronteras es escandalosamente vergonzoso, no hay palabras. Es acojonante, sólo hay fronteras para los pobres. Si viene uno de Alhucemas en patera, es un moro de mierda y au, lo devuelven a casa. Si es un jeque de Bahrein, pase usted que se la chupo, si le apetece (perdón por el ejemplo).
Y eso sirve para chinos, negros, verdes, azules, incluso blancos. Es increíble.
Con lo cual se deduce que el racismo no existe, sino que lo que hay es simplemente clasismo puro y duro: tanto tienes, tanto vales.
Es repelente e indignante la obtusez supina de los dirigentes que hay por el mundo, cuando sólo hay que leer un poco de historia (cosa que no creo que hagan) para saber que las personas se desplazan, ya desde que apareció el primero de nuestra especie, y lo seguirán haciendo, por mucho que se intente impedir.
Las fronteras lo único bueno que tienen es que luego se pueden contemplar ruinas de castillos muy interesantes.

Anónimo dijo...

cuanto tópico!!!! me gusta más que escribas sobre otras cosas.

El Viajero Solitario dijo...

Esta mañana precisamente tomaba notas para un relato que habla de fronteras (no del tipo que tú comentas, pero fronteras al cabo). ¿Casualidad?

En cuanto a las preguntas que lanzas, me temo que tienen difícil respuesta. A priori, estoy en contra de cualquier tipo de fronteras, no entiendo cómo alguien puede reclamar el derecho a un trozo de tierra por el simple hecho de hacer nacido allí, y pretender además gozar de beneficios.
Pero entiendo que, tal como está montado el sistema, se haga necesaria cierta regulación, que deshumaniza a los inmigrantes, es cierto, pero quién dijo que el sistema es justo. Lamento no tener las respuestas.

Respecto a las otras cosas que comentas, así es este mundo, así los telediarios de tele 5.

Anónimo dijo...

Así es, parece que la globalización es solo para que las mercancías y el dinero fluyan, las personas son algo secundario que debe permanecer en su sitio mientras su movimiento no ayude a enriquecer a los ya son ricos (que paradojicamente son también personas, pero parece que hechos de otra materia). Tendremos que aprender algo de empatía.
waldo

Miguel Baquero dijo...

Pero mujer, qué pregunta... Las fronteras están para... para... No me acuerdo, sé que un día me lo explicaron pero ya se me ha olvidado. Era por una causa importante,eso sí.
A mí me hubiera gustado mucho ser hechicero de tribu, beber agua de fuego y bailar la danza de la lluvia

el pasado que me espera dijo...

Volver a la tribu, hay que volver a la tribu...hace años que lo digo.

Anónimo dijo...

Es fácil: el mecanismo de los paises ricos es que existan muchos más que sean pobres, de ahí la diferencia. El mundo nunca podrá ser justo porque en la justicia no encontrarás beneficios, ni plusvalías. Esto ya lo dijo otro antes que yo.
Las noticias duelen, tanto para los que las ven como para quienes las contamos. Pero no podemos cerrar la mente, la frontera existe pero la peor frontera es la indiferencia.
Se me ocurre recordar a César Vallejo cuando decía aquello de: "era domingo en las orejas pardas de mi burro pardo, allá en el Perú. Perdonen la tristeza".
Perdonen que les mostremos la realidad de un mundo donde las moscas, como los niños, posan indiferentes ante una cámara.
Pero la solución no es un arte de magia sino una toma de conciencia.
Con todo respeto, sigue viendo el Telediario. A ellos les hace falta que alguien les vea.

Rafael M-Simancas

Bárbara dijo...

UN EXTRAÑO, al Atlántico ni agua... Lo cierto es que todos caemos, aunque unos con más lastre que otros. Me alegra que a pesar de todo conserves una pequeña esperanza entre tanta... ¿hermeneútica?

STRONGBOLI, la verdad es que debo de ser masoquista por ver al Piqueras pero es que El tiempo es la señal para que mi hijo se vaya a la cama y el de Tele 5 es el que echan antes...
Jaja, ¿lo de la farola es exacto?yo no se la chuparía a ningún jeque de Bahrein -no me van las faldas- pero cuánta razón tienes con lo del clasismo, con que la rueda fue un gran invento y el australopithecus el primer inmigrante. Y sí, hay murallas preciosas.

ANÓNIMO, la muerte es el mayor de los lugares comunes (o tópico) pero yo sigo sin tener respuesta a mi pregunta...

Bárbara dijo...

WALDO, ¿tendrá alguna relación el cúmulo de euros o dólares con la pérdida de empatía? Seguro que sí. Me alegra verte por aquí, "hermanito"

Jajaja, MIGUEL, parece que al final todos pensamos lo mismo, son necesarias pero no sabemos para qué. Yo lo de beber agua de fuego ya lo vengo practicando...

Jeje, ARACELI, hay que volver a la tribu. Yo a veces para discernir lo instintivo de lo impuesto socialmente, vuelvo a la caverna mentalmente.

Totalmente de acuerdo RAFA, la peor frontera es la indiferencia. Pero la repetición de noticias de este tipo, la falta de contextualización, la boba dramatización provocan justamente ese efecto. Y luego hay periodistas y periodistas...
Me ha encantado lo del burro y la tristeza de Vallejo.
Seguiremos viendo qué sucede en este mundo. Aunque uno quiera, es imposible cerrar los ojos.

carlos dijo...

Las fronteras ya están completamente abiertas... para los comunitarios. Ellos -trabajadores cualificados- nunca nos quitan el trabajo, por lo visto; esa movilidad ni se discute. Quienes nos hacen la competencia (?) son los que vienen del tercer mundo a hacer de asistentas, peones de albañil, recolectores de fruta o camareros. Sí, está claro: las fronteras, el rechazo y los prejuicios no obedecen a criterios administrativos, sociales, ni siquiera raciales, sino económicos.
Y estoy con Rafa (vaya comentarista de lujo te has buscado, Bárbara, para un blog de lujo): hay que ver los telediarios porque a ciertas cosas nunca tenemos que acostumbrarnos, y para no acostumbrarnos lo mejor es ponerles de vez en cuando rostro y que no sean sólo cifras.

TortugaBoba dijo...

Trabajé en una ONG para inmigrantes. Algunos venían directamente de la patera, andando cientos de kilómetros, directos a la asociación. Escucharlos ponía los pelos de punta. Venían enfermos, cansados, sin papeles para que no los pudiesen identificar y así no repatriar, con dramas imposibles de pensar. Y yo al estar con ellos me decía: coño, esto lo veía yo todos los días en el telediario y pensaba que YA estaba inmunizada. Qué horror. ¡Inmunizarme!
Por eso, aunque prefiero no ver mucho el telediario, porque no quiero acostumbrarme a ver catástrofes, me obligo a ello. Esas personas se juegan la vida. Cómo no será el sitio de donde vienen.
Y como apunta Rafa, los ricos, sin pobres, no podrían ser ricos. Esto es un negocio, ni más ni menos, a escala mundial.
Vivir para ver.
Beso.

nán dijo...

Yo no soy tan fuerte, ni de a poquitos, como tú. No veo telediarios. Me informo en la Red.

Y me acojo a mi mantra (como una piadosa dama rica a su rosario):

Pensar globalmente, actuar localmente.

Coincido en general con todos, y en particular con quien dice que veas de vez en cuando un telediario y lo divulgues.

Raúl dijo...

No puedo quedarme en el agradecerte tu visita a mi blog. La reflexión que lanzas en voz alta, la queja y la tristeza que flotan entre tus letras, no pueden acabar siendo un grito en el desierto.
Un saludo.

martin dijo...

Mi Luisita y yo, frente a la tele, nueve de la noche.
Telediario. Vemos las dos primeras cortinillas.
Ella pregunta: ¿nos vamos a la cama y después ya cenamos?

Archerphoto dijo...

Mmmmm... Yo creo que no te miré como una terrorista ni como una idiota cuando me lo comentaste, aunque tal vez no te referías a mí. Lo más divertido de estas situaciones es que cuando un economista intenta explicar el porqué de algunas cosas, surge en el aire la acusación manifiesta de "es culpa tuya". Hay muchas cosas, muchísimas, que sabemos que no debemos hacer pero para las que no tenemos una solución mejor que la que hay... Y eso que yo no trabajo como economista, pero tantos años por la facultad me han dejado algo... Es como si un médico te dijese que tienes cáncer de pulmón y te comentase que sí, tal vez pueda operarte, pero probablemente te quedes mucho peor o te mueras. Y le culpases por no hacer más.
Pero casi nadie propone tratamientos químicos al azar, y casi todo el mundo está dispuesto a aportar una solución para el hambre en el tercer mundo con una reflexión de dos segundos y medio. Después se da la vuelta e insulta, por ejemplo, a Bush, a Zapatero o al que le venga en gana. Todavía estamos aprendiendo cómo funciona el planeta. En muchos aspectos.

Bárbara dijo...

CARLOS, la verdad que sí, que tengo mucha suerte de tener a los comentaristas que tengo. A todos.

TORTU, tienes razón, nada de vacunas antivirus, contagiémonos de realidad. Tú al menos has hecho algo por mejorar la situación, yo lo pienso pero nunca hago nada.

NÁN, te robo el lema (de forma local, eh?). Ya te lo había leído. Qué rollo, siempre estamos de acuerdo en todo...

RAÚL, nada que agradecer, me encantan el cine y tu espacio.

jajaja, MARTÍN, haceis bien tu Luisita y tú, no hay nada que una buena cama no arregle.

SERGI, por supuesto que no me refería a ti, pero la conversación que tuvimos sí fue el germen de otras posteriores. y como tú me explicaste algunas cosas de economía es como quisiera que me explicaran esto de las fronteras.
Es verdad que aún estamos aprendiendo pero también que algunos pagan muy caras las lecciones. Espero que tengamos pronto la segunda parte de la conversación.

Reyes dijo...

Llego tarde , (qué novedad) para decirte que me ha gustado mucho tu reflexión y de nuevo me trae a la memoria una cosita que viví en el 99, y que me hizo darme cuenta de algo que ya sabía, que las fronteras no existen más que en las mentes que trabajan para la burocracia , en esa necesidad de organizar el mundo que tenemos .
Cuando la gente huye del hambre , y de la propia muerte, no les asusta morir.
Nosotros, con la panza llena y el euribor como nueva biblia, creemos que tenemos derecho a todo por haber nacido a este lado.
Y cuidaito con que vengan "los otros" a quitarnos nada.
Me alegra , si esto es posible, ver que hay otras miradas que se espantan ante lo que debería ser un escándalo moral y humano con dimisiones incluidas.
Con soluciones reales.
De verdad, me encantó leerte.
Ah , por cierto, mi correo es omaitaoioioi@hotmail.com
....
Espero impaciente que me escribas .
Besos.

MUY SEÑORES MÍOS dijo...

Lo malo de ver los telediarios, es que nos la devuelven por pasiva –es un decir- y los españoles que permanecemos ante la pantalla, terminamos siendo los restos de un grupo de españoles: mal si lo miras (estoy en una de esas etapas en que te repugna ponerte ante el aparatito repugnante o cualquier otro medio de comunicación) y mal si no lo miras, porque terminarías por construirte una coraza de insensibilidad. Las dos opciones me resultan duras.

Supongo, Bárbara, que el mayor de los problemas que ocurriría si se abriesen las fronteras, sería el que montarían los de adentro: ya sabes: los que ya están siempre creen tener todos los derechos y, en todo caso, se arrogarías ellos el derecho de repartir alguno entre los recién llegados: que esto no tiene remedio o que estoy en la etapa que te decía antes.

No me gustaría escribir sobre “las noticias”, pero, aburrido y todo, siempre me sorprendo con que de mis manos no sale otra cosa; esto es obsesivo. O yo.

En fin, lo dejo aquí, porque si buscabas un poco de consuelo o comprensión o lo que fuese para sobrellevar este mundo, a buen árbol te has acercado.

Disculpa.

nán dijo...

cualquier día de estos te pego un susto que paqué.

Bárbara dijo...

REYES, no podemos estar más de acuerdo. Ya mismo te escribo.

MUY SEÑORES MÍOS, aunque son otros los que necesitan consuelo, se agradecen tus palabras. Y tus obsesiones me parecen la mar de sanas.

Jijiji, NÁN, espero impaciente.