jueves, 4 de septiembre de 2008

Entrevista a Ray Loriga



El otro día aproveché un viaje a Madrid para contactar con Ray Loriga y proponerle una entrevista para la revista literaria electrónica con la que colaboro. Lo hice desde la desesperanza extrema que tantos frutos da en ocasiones. Y contra todo pronóstico sí, conseguí hablar con él y sí, me citó en una céntrica taberna de la capital.

Dormí mal la noche anterior. Hacía calor y no pude conciliar el sueño hasta pasadas las tres. Luego soñé que no podía cerrar un grifo, me pasé toda la noche girando la llave en ocasiones durísima, en ocasiones pasada de rosca. Pero el grifo no cesó de gotear con un sonido torturante, enloquecedor.

En el Alaris, un tipo con corbata y maletín no dejó de mirarme los pies. Durante todo el trayecto. Estuve a punto de decirle si no quería que me cortara uno y se lo envolviera en papel de regalo para ponerlo en el aparador de su salón. Hay perversiones terribles por lo aparentemente inofensivas. Y peor aún, hay miradas que conectan sutiles mecanismos de inseguridad en forma de uñas que hay que cortar, talones agrietados inmunes al poder hidratante de las milagrosas cremas de los anuncios.

Acudí a la entrevista con zapato cerrado.
Él estaba sentado a una mesa redonda y pequeña. Llevaba una camiseta negra y barba de varios días. Su semblante era serio y parecía muy alto a pesar de estar sentado. Apenas sonrió al saludarme y cuando lo hizo, emergió una mueca forzada en su cara. Misteriosamente, lejos de hacerlo parecer distante, lo hizo más afable.


- Me gusta este sitio, dijo. Tiene algo de las tabernas españolas de Nueva York, como si hubiesen reconstruido el ambiente madrileño pieza a pieza, con una falsedad tan auténtica, o una autenticidad tan falsa, de decorado de Minelli.
Su voz no iba con su cara pero tuve la sensación de que, en pocos minutos, su voz encajaría perfectamente con su cara. Yo estaba nerviosa y sólo acertaba a sonreír, con mi libretita en el bolso, plagada de posibles escenarios en forma de pregunta.

El camarero se acercó. Era viejísimo, debía de rondar los ochenta años, cara desdentada de posguerra, tez sobre la que se habían ido depositando capas y capas de ceniza, delgado hasta decir basta.
Ray pidió una cerveza. Yo un Bitter Kas.


Y al dirigirse a la barra, el viejecito arrugó su cara en una mueca burlona, y pude leer en sus labios cómo repetía al aire: una cerveza y un bitter kas, con desprecio y asco, al tiempo que su rostro de plástico se desfiguraba en una esperpéntica mueca que rezumaba más odio del que pude asimilar.
Miré atónita a Ray pero él no se había dado cuenta o fingía no haberse dado cuenta. Me pareció que estaba acostumbrado a flotar en un mundo duro de puro absurdo, un mundo de película independiente americana o, en su defecto, de película neorrealista italiana.

- Si hubiera que elegir, ¿cúal sería la cualidad inherente, imprescindible en cualquier escritor?
- Ya dijo Oscar Wilde que el ingenio no es más que la bisutería del talento. Es la certeza lo que nos convierte en bestias o, lo que es lo mismo, en fanáticos.

Me quedé observándolo en silencio, asegurándome de que la respuesta había terminado. Ataqué de nuevo:
- ¿escribir le ayuda a entender el mundo, a sobrellevar, como diría Martín Gaite, lo raro que es vivir?
- Practico ese gusto por lo absurdo de manera totalmente religiosa, le dijo Hitchcock a Truffaut. Dios existe en la caverna de nosotros mismos desde que el hombre es hombre, en esa línea de sombra que separa nuestra esperanza de nuestro miedo.

Esta vez, temí parecer idiota si buscaba bajo la mesa el hilo de la conversación que, indudablemente, se me había escapado. Porque seguro que allí estaban las flechas de correspondencia que, como en los diagramas de la infancia, unían distintos conceptos, como por ejemplo y sin ir más lejos, el de pregunta- respuesta.

- ¿De qué trata su próximo libro?
- El amor. El amor son todas las enfermedades juntas.
Y no sé si debido al cansancio o la falta de sueño pero me pareció oír una carcajada del camarero sin dientes proveniente de la cocina.

Él le dio un largo trago a la cerveza y su bigote quedó impregnado de espuma blanca como la cresta de una ola. Su mirada era el fondo de un vaso de cristal.
De pronto, le echó un vitazo a su reloj de pulsera y me hizo una señal de disculpa. Al levantarse, del bolsillo del pantalón se deslizó un objeto que rebotó en mi pie derecho –menos mal que no llevaba sandalias- antes de caer al suelo. Un sonido metálico reverberó agudo en mis oídos, como la campana del final del asalto en un ring. Me agaché a recogerlo: era una llave inglesa.
- es que tengo un grifo estropeado, dijo al tenderme su mano.
Y sus dedos suaves rozaron los míos. Acto seguido, se marchó, no sin antes regalarme una sonrisa que bien podría ser catalogada de fatalmente encantadora.

Por supuesto, toda esta historia es mentira de principio a fin. Era sólo para ver si seguías despierto. Todo es falso. De hecho, a mí ni siquiera me gusta el Bitter Kas. Me resulta, a pesar de la evidencia, amargo.



26 comentarios:

NáN dijo...

¿De verdad tienes unos pies tan bonitos?

Bárbara dijo...

jajaja. No, no los tengo bonitos. He dicho que todo, absolutamente todo era mentira. Tengo no obstante un ombligo monísimo, digno de perversiones...
:b

NáN dijo...

ja, já. De vez en cuando me encanta hacer la pregunta del idiota exasperante. En el AMPA (entonces simplemente APA), dedicaban una hora a explicarnos el método de meter nociones de matemática en la cabeza de borrico de nuestros hijos, y por ejemplo decían que los ejercicios se hacían después de la merienda. Cuando llegaba el turno de los padres, de cabeza más borrica todavía, saltaba la madre de Manolito y su única pregunta sobre ese estudiado proceso de iluminación algebraica era: ¿Meriendan bien?

Me había parecido raro que una revista electrónica te pagara tren y hotel para ir a hacer una entrevista, pero como soy un crédulo me dije; ¡vaya revistón!

(estoy por creerme que todo es verdad... ¡menos lo del ombligo!)

anfisa dijo...

Yo me lo he tragado del todo.
Mientes muy bien. Sigue haciéndolo.
Me ha encantado lo del pie.

anfisa dijo...

Yo me lo he tragado del todo.
Mientes muy bien. Sigue haciéndolo.
Me ha encantado lo del pie.

El Hombre Blanco dijo...

Yo, además de ingenuo, ignorante... ni siquiera sabía quién era el tal Ray Loriga...
Creo que esto ya lo he dicho en alguna que otra ocasión pero, insistiré de nuevo en el tema: ¿de verdad no tienes algún relato escrito que me pueda echar al coleto?
Si lo tienes, envíamelo por mail, por fa, por fa... así, egoísta que es uno, sólo yo podría disfrutarlo...

Bárbara dijo...

A ver si no llevaba razón la buena mujer y lo importante no es estar bien alimentado...
Mi historia era verosímil porque yo no dije que la revista pagara el viaje sino que aprovechando un viaje a Madrid...
Y cree lo que quieras, que para eso estamos.

Anfisa, me alegra haberte metido la goma, con perdón. Aunque yo sostengo que siempre, siempre que escribo es ficción, aunque escriba mi diario.

Hombre blanco, ¿no conocías a Ray Loriga? A algunos les parece artificioso, americanista (ya sabes de la generación beat y así) y muchos lo odian pero a mi me encanta. Si quieres leer algo de él, El hombre que inventó Manhattan es de lo mejor.
No aparece tu mail por ningún sitio.

NáN dijo...

Bueno, yo soy un amante apasionado de la beatG y no incluiría a Ray Loriga en esa estela. Quizá entre los biznietos americanos.

En el Taller tengo a dos grandes defensores de este autor (uno de ellos, de pies horrorosos, dicho sea de paso, lo entrevistó y todo), pero yo no suelo soportarlo porque lo que he ledío (hace ya mucho) era una imitación de las malas traducciones (incluía "hijo de perra", cuando nadie en España ha dicho tal cosa, por ejemplo).

Bárbara dijo...

Sí, no quería decir que perteneciera a ella, sólo que su estilo imita a veces esa forma directa, descarnada de escribir, todo ello, haciendo el malo, malote, con drogas, viajes etc.
Curiosamente, toda la gente a la que tengo en alta estima literaria, aborrece a Loriga. Tú no ibas a ser menos. Pero no hay remedio a mí me gusta (si sólo lo leíste al principio igual ahora te sorprende ...)

Antonio dijo...

Requetebuena entrada. Me quedo con el camarero vagando en el sueño con otro ritmo.

Un abrazo.

miguel baquero dijo...

Pues yo me lo he tragado de principio a fin. Incluso sigo creyendo que de verdad entrevistaste al tal Ray Loriga. Desde luego esas respuestas (oh, tan interesantes, tan tan interesantes) son dignas de un tipo como él.
La verdad es que empecé a leerlo al principio y me fatigó de tan estupendo. A lo mejor ahora es más humano y accesible, no te digo que no. A lo mejor yo me he hecho mejor lector. Bueno, no sé. ¿Podrías colgar una foto de tu ombligo?

NáN dijo...

Guille, un muy querido compañero de Taller, sí que le hizo una entrevista a Ray, que se publicará en Neo2.

Cuenta el contexto de la entrevista en un post de agosto. Como no pone títulos a los post y no son independientes, te tengo que remitir a su archivo de agosto y empezar a bajar y bajar hasta ver la foto de Ray. Mi amigo tiene montones de intereses dispares y escribe de todo continuamente (yo le llamo Guille Metralleta). Pero lo encontrarás.

http://bretguille.blogspot.com/2008_08_01_archive.html

(Los madrileños estamos de suerte: el martes es la Virgen de no sé qué y es fiesta, y claro, hacemos puente. ¡4 días!)

desde plutón dijo...

Wenas. Está bien escrito. Me lo había creido. ¿Te pone el susodicho?

Carmen dijo...

vaya... y yo que pensaba preguntarte dónde quedaba ese bar :)

muy bueno el texto.

manuespada dijo...

Jaja, pues yo me la estaba creyendo, incluso lo de la llave inglesa, menudo momentazo, ¿no? Creo que el primer refresco que probé en mi vida fue un Bitter Kas, y me encantó, de hecho, sigo pidiéndolo de vez en cuando.

Bárbara dijo...

Me requetealegro de que te haya gustado, Antonio.
Besos para ti y para Cisco

Miguel,¿no te parece que en el blog ya enseñamos bastante el ombligo, y giramos alrededor de él? Me pienso lo de la foto, ejem, porque así visto desde arriba tan monísimo ya no me parece... Ya estoy con Martín

Nán, gracias, buscaré lo de Guille. ¿en Madrid trabajáis alguna vez?

Desde plutón, no sé si me pone Ray. Me gusta como escribe pero una vez soñé con él, y había 0química. Fue un sueño surrealista.

Gracias, Carmen. Afortunadamente en España cualquier bar que uno imagine existe en la realidad. Sólo hay que buscarlo. Cuántos pies así de pronto...

Manuespada, ¿de verdad te gusta el bitter kas? es amargo, amargo, como chupar las pegatinas de 100 sobres...

El Viajero Solitario dijo...

Vaya, cometí la torpeza de echar un vistazo a los comentarios antes de leer la entrada, por lo que no sé si me lo hubiera creído.
En cualquier caso, la narración resulta de lo más amena.
Por cierto, a mí si me gusta el bitter kas, no por el sabor (puaff), sino por la sinceridad: no esconde sus intenciones.
Tampoco he leído nada de Ray Loriga, así que no tengo argumentos para alabarlo o denostarlo.
Saludos.

pd.- esta entrada y otras coincidencias me hacen pensar en lo sencillo que resulta hacer pasar algo ficticio por cierto en internet. Una vez leí que a la palabra escrita se le da más credibilidad que a la hablada. Quizá haya aquí tema para un relato.

Bárbara dijo...

Pues justamente, viajero solitario a raíz de este post, del tuyo, o de la conjunción de ambos, vaya usted a saber, yo también pensaba el otro día en lo vulnerables y desprotegidos que estamos ante la mentira, y lo mucho que necesitamos estos códigos sociales bienintencionados para poder funcionar. Si alguien se propusiera de forma maligna colar masivamente mentiras en Internet, sería un auténtico caos mundial. (sí, sé que algunos ya lo hacen pero por pura ignorancia o perrería, no como un plan digno de Joker). Alguien debería entonces inventar a un superhéroe Trueman, el del Capote, que nos librará de la mentira...
Una de las cosas que más aprecio en esta mentira de la literatura es la honestidad.

NáN dijo...

Internet carece de Autoritas. Todo puede desaparecer o ser cambiado.

Si alguien escribe un libro y pone una cita de otro libro, dice cuál es y, si uno quiere, aunque solo esté en una biblioteca de París puede ir allí, pedir el libro y ver que la cita era cierta. Puede haber engaño, de hecho muchas veces lo hay, pero también hay que aportar la prueba que, verificada, dirá el que autor mintió.

Aquí, llega una joven periodista y nos cuela una historia que paqué y todos nos la tragamos. Pero es literatura honesta y en las últimas líneas nos dice "tontorrones, os lo habéis creído" (como cuando insistíamos en mirar a un elefante volando: mi deseo de que fuera cierto me hacía mirar siempre).

¿Pero qué es lo que ha pasado? Nada más que una buena historia. ¿Y si no hubiera dicho que era una "historia"? Seguiría siendo una buena historia con males muy menores, como que yo contara por ahí que tengo una amiga de blog en Valencia que ha hecho una entrevista a Loriga.

Bueno, y un mal mediano: no le habría perdonado que pasara por aquí y no intentara tomar un vino conmigo.

Del resto, de lo que llamamos "conocimiento", tomo lo de Internet con ciertas precauciones, sabiendo siempre de dónde viene.

Bárbara dijo...

La verdad, amigo Nán, es que las fronteras entre la realidad y la ficción son difusas y a mí me gustan que lo sean, que se entremezclen, porque nosostros no somos sólo nuestra realidad más tangible, también nuestras fantasías componen esa realidad. Cuando hablo de honestidad, hablo de ser consecuente con las propias fantasías, de no ir robando fantasías ajenas. Hablo de no esconconderse tras las palabras sino mostrarse a través de ellas. ¿cómo puedes pensar que esta que escribe, ya no tan joven y ya no tan periodista, pasara por Madrid sin avisarte? tskt, tskt, estoy por concertar una entrevista con Loriga sólo como excusa...
:)

M. dijo...

Me encanta. ¿Sabes el único defecto que le encuentro? Desvelar que es mentira. Lo dejaría tal como está, bajo esa atmósfera tan bien creada. Bicos.

Bárbara dijo...

Creo que tienes razón M. A partir de ahora quedais a merced de mis mentiras...

strongboli dijo...

Rafael Reig, en un post de su blog, habla del Loriga este, un día que se lo encontró en un bar de esos que describes.
Supongo que aún estará.
Me ha gustado lo de "por si estabas despierto"...

Enrique Páez dijo...

A mí me parece la mejor entrevista que nunca le hayan hecho a Loriga. Las otras son un coñazo. No las pienso leer. Véndesela, que seguro que la compra.

Xavie dijo...

Pues yo, Bárbara, hubiera preferido que no dijeras que es mentira. De hecho, crteo que hubieras conseguido así que todos pensáramos que trabajabas en una revista literaria, que te hiciéramos la pelota, que te dejáramos ver nuestra mejor cara en los comentarios para acabar (puestos a imaginar, ¿por qué no?) consiguiendo una entrevista verdadera con Ray Loriga despues de hacer una revista literaria dedicada a ese autor con los comentarios de los que ya creían que la tenías. Por ejemplo.

Aunque lo de tu ombligo y tus pies da que pensar. :-D

Un saludo,
X.

Bárbara dijo...

Sí, Strongboli, estoy acostumbrada a que el Sr. Reig me copie...
aunque él lo escriba antes. Ya mismo lo busco porque seguro que vale la pena.

Gracias, Enrique, aunque supongo que el mérito es de Loriga, ya sea por exceso o por defecto. Saludos.

Xavie, ¿y si en vez de hacer una revista de Loriga, no la hago de mis pies y mi ombligo? a Ana rosa le va muy bien...
;)