viernes, 11 de julio de 2008

Vidas de ganga

Trece personas morían hace ya días, sin alcanzar aún el rango de noticia. Sólo el de mancha negra en el océano solitario. Nueve niños. Nueve bebés. Muertos. Bebés negritos, rechonchos, de ojos redondos y labios borrados de arena. Como la Barriguitas negra que yo cuidaba de pequeña.

No sé qué es estar muerto pero mi morbosa imaginación siempre corre más deprisa que mi aturdida y burguesa experiencia y me escupe de través la agonía de una madre viendo sufrir a su pequeño hasta tener en sus brazos sólo un muñeco. Como cuando niña. Un muñeco que debe tirar al mar. Negro y frío. Y más que nunca la memoria es el mar. Basta. No más metáforas con el dolor. Hay noticias insoportables. In- so- por- ta –bles.

Otros han sobrevivido. Niños, sólo uno. Lo peor de todo es que sus salvadores son los mismos que los devolverán a su país de forma rápida y limpia. Gracias a ese barco que se apareció en el horizonte como el último milagro, su aventura se convertirá en una broma macabra. Un gesto inútil. La crueldad instalada en el absurdo.

Sólo dos se libraron de la repatriación forzosa en una tragedia anterior: un hombre que había perdido a su mujer, a su hijo y a su hermano en la eufemística travesía, y una mujer en avanzado estado de gestación. Así es que, después de todo, aún hay esperanza para alguno, el que certifique sufrimiento del bueno puede quedarse en este paraíso a vender cachivaches, a trabajar de sol a sol en el campo y a pagar sus impuestos.

El sufrimiento, después de todo, tiene un precio. Aunque el suyo sea un precio de ganga. Estamos en rebajas. Sus vidas hace tiempo que se venden sólo en los Todo a cien. Porque ¿cuánto vale la vida de un africano al cambio? Hagamos el cálculo al revés por no andar con los dichosos decimales. La vida de un europeo valdría, a ojo de buen cubero, como la de unos veinte africanos subsaharianos, como la de unos diez indios (de la India). Con la subida del euro tal vez un poco más.

Repito lavidalamuertelavidalamuertelavidalammuertelavidalamuertelavidalamuerte muy rápido en mi cabeza antes de dormirme, muchas veces. Hasta que nada tiene importancia y algo deja de doler. Lo justo para poder dormir.

8 comentarios:

NáN dijo...

Los niños, los adolescentes, los jóvenes. En algún informe de tapas negras, donde se apuntan los recursos del mundo, están anotados como material sobrante. Está todo muy bien organizado.

Bárbara dijo...

Espeluznante cuadernito, ¿cómo se recicla este material sobrante? Habría que preguntarle a Annie...

miguel baquero dijo...

Siento entrar por primera vez en tu blog y decir que me han gustado mucho tus "me gusta" y "me da miedo" en mitad de una noticia como ésta. Sólo puedo decir que la vida de un europeo no vale más que la de un africano o la de un asiático: cuando dejan (dejamos) de producir, mueren (morimos) solos delante de la televisión y nadie se da cuenta hasta días después. Eso sí, en la televisión echan programas muy entretenidos.

Bárbara dijo...

Encantada de que te asomes por aquí, Miguel. Sé que las vidas no valen distinto por ser negras, blancas o amarillas.
Aunque sí creo que hay vidas que valen más que otras. Y no son las que dicen los anuncios de televisión, precisamente.
Y puestos a usar la tecla de borrar, se me ocurren tantas cosas que borraría del mapa antes que un post...

Recaredo Veredas dijo...

¿Sólo veinte? Creo que la vida de un anglosajón vale, en lo que se refiere a atención mediática, por unos quinientos subsaharianos.

Bárbara dijo...

Tienes razón Recaredo. Yo también creo que me quedé corta. Y no sólo se trata de atención mediática, sino sanitaria, alimentaria, vital. Disculpa mi comentario erróneo en tu blog. Te visito, te leo pero aún no se me ocurrió nada que decir... nada un poco interesante.
Bienvenido por aquí.

Vicent dijo...

No he podido imaginarme nunca un dolor mas grande que el que ha de sentir un padre o una madre al perder a un hijo.

Espero no saberlo nunca en mis carnes, dudo mucho que pudiera soportarlo

Bárbara dijo...

La peor pesadilla imaginable... Para mí, creo que sería el fin, irremediablemente.