lunes, 21 de julio de 2008

Soy feminista



Zás, era inevitable. Me salió un post feminista. Porque yo soy feminista como no podía ser de otra manera. Como supongo que Fidel Castro es castrista, Sánchez Dragó sanchezdraguista, y cualquier negro que se precie, mandelista.
Y aunque es verdad que hoy abunda la figura del obrero adorador del capitalista opresor, que desoye la profunda filosofía encerrada en la frase de un granhermano: ¿pero quién me pone la pierna encima?, yo sigo siendo una bestia bastante simple y conservo una cierta lógica que me permite ver el mundo, no a través de una pantalla de televisión, no a través del culo de una botella de Martini, sino con ojos. Dos. Oscuros, pequeños, escrutadores. Dos testigos acuosos que registran claramente que en este mundo en que vivimos, los negros están puteados, y las mujeres están- estamos- puteadas.
¿Culpa de quién? No lo sé. No creo en la mano negra (salvo la de Manu Chao), no creo en las maquiavélicas intenciones, salvo contadas excepciones. Pero sí creo que hay desigualdades que se perpetúan por la fuerza de la costumbre y por la posición de los que empezaron la carrera con unos metros de ventaja y habiéndose merendado nuestros pedazos de la tarta.
Puedo imaginar un tiempo remoto y a un rostro pálido temeroso de ese cuerpo atlético, negro y reluciente. Puedo imaginar a un administrador de testosterona, receloso ante la posibilidad de que ella lo abandone por otro. O peor aún, lo simultanee con otro. Y ya está el lío hecho.

No sé. Me es difícil desgranar el trigo de la paja, lo fisiológico de lo social pero me dan miedo las causalidades absurdas, las líneas oscuras con las que algunos enlazan ambas variables.
Y no piensen que soy una francotiradora con la mirilla puesta en los hombres.
De hecho a veces ni siquiera me siento mujer. Ni hombre. Ni todo lo contrario. A veces ni siquiera me siento humana. Sobre todo cuando veo a multitudes enfebrecidas jaleando al Papa, o hinchas poseídos arrasándolo todo a su paso, tras el triunfo de su equipo.

Y todo esto viene porque el otro día decía Javier Marías que no creía que hubiera una forma de escribir inequívocamente femenina. Por lo que deduzco que una de esas mentes privilegiadas que hibernan en la cabeza de algún periodista, se desperezó entre sueño y sueño, y bostezó la inteligente pregunta. No contento con ello, consideró que la respuesta merecía un titular. En su declaración, Marías apostillaba que, en todo caso, las narradoras hablaban de un universo femenino. (Y yo convencida de que con un universo infinito ya teníamos bastante…)

En fin, que supongo que debe de ser distinto escribir desde la experiencia femenina, como debe de ser distinto escribir desde el asma de Proust, desde el trastorno bipolar de Woolf, desde la homosexualidad de Wilde, desde el alcoholismo de Hemingway, Lowry, Onetti, y tantos otros, desde la Edad media, desde la dictadura - chilena, argentina, española- desde la estupidez. Pero, ¿distinto a qué? Somos una suma infinita y sólo podemos aislar las variables si nos encerramos en un laboratorio y nos convertimos en ratas. Algunos escritores ya lo han hecho.

Y volviendo al posible machismo en la literatura, me pregunto si yo misma no estaré infectada por el virus porque cuando pienso en mediocres escritores, automáticamente acuden a mi mente las Lucías Etxebarrías, las Carmenes Posadas o las Espidos Freires. Y no ellos, que los hay. ¿Seré después de todo una bestia algo más compleja de lo que creía? ¿Sufriré síndrome de Estocolmo tal vez?

Para aclararme o todo lo contrario, leo en el blog de Nuria Amat, (www.namat.wordpress.com) una serie de preguntas (algunas tópicas, algunas con las que discrepo, pero en general interesantes), que copio y pego a continuación:

1) ¿Por qué una mayoría de lectoras (méritos literarios, aparte) prefieren leer o elogiar libros y novelas escritos por autores que por autoras? ¿Será porque en la elección de un libro prevalece la atracción hacia el sexo que lo escribe? ¿Leen los hombres las novelas escritas por mujeres? ¿Por qué no?

2) Cuando los escritores se citan entre ellos, en un 95% de los casos, se limitan a dar listas de autores de su mismo género. ¿Será por temor a competir con grandes escritoras todavía vivas? ¿O para evitar el riesgo a ser calificado de amigo de las mujeres?

3) ¿Qué extraña doctrina convierte a escritoras y pensadoras como Dickinson, Zambrano, Woolf, (por citar tres ejemplos comparables a Shakespeare, Kafka o Cervantes), en autoras de “segunda categoría” y, por si este interés en relegarlas a la letra pequeña no fuera suficiente, sigue presumiendo de que sus voces son extrañas, herméticas, locas o excesivamente poéticas?

4) ¿La explosión mediática y comercial de una denominada literatura de mujeres es una de las causas de la invisibilidad de las mejores autoras de la gran literatura? Si escritores y periodistas premian y aplauden novelas mediocres escritas por mujeres, ¿no será con intención larvada o expresa de que el bosque impida ver el árbol?

5) ¿Cuál es el gusano podrido en las directivas pedagógicas que limita las diez novelas de lectura obligada en la enseñanza escolar a novelas escritas por varones? ¿Algunas mujeres no tendrán su parte de culpa en la manzana?

6) ¿Por qué motivo existe un menor grado de machismo en el mundo político que en el mundo cultural y literario?

7) ¿Qué motivos impiden a la escritora de hoy rebelarse públicamente contra una marginación literaria que soporta desde hace siglos? ¿Indolencia?, ¿inteligencia?, ¿desidia?, ¿o convencimiento de que la marginación sigue siendo el único lugar posible del escritor?

9) ¿Por qué los medios de comunicación benefician las novelas escritas por varones? ¿Será una consecuencia inmediata del poder que el gran mercado editor del saber, siempre misógino y masculino, ejerce sobre el conjunto de lectores?

10) ¿Escribir con un lenguaje propio, con un pensamiento propio, como en su tiempo lo hicieron Beckett, Faulkner, Proust, sin que por ello sean calificados de demasiado impenetrables por esa misma crítica que ahora reprocha idéntica peculiaridad de estilo a algunas escritoras de hoy en día, es un desafío que asume más la escritora que el escritor? ¿Escribir rompiendo moldes no es una de las características de la literatura de autora


Bibiana Aído zanjaría el tema diciendo que la literatura pertenece a las mujeres porque es una palabra femenina, sin embargo el mercado literario es masculino. Yo sólo añadiría que menos mal que a los padres de Bibiana no les dio por llamar a su hija Amparo. O Camino.

8 comentarios:

El Hombre Blanco dijo...

Incluyo, si me lo permites, un pasaje que ya tenía escrito sobre el tema como comentario a tu entrada:

«…No soy un feminista exacerbado. Al menos no lo soy en la vulgar forma de feminismo de la actualidad, el feminismo reformista –vinculado a la política de los partidos social-comunistas–: una visión totalmente machista que confunde la feminidad con la irracional aproximación a la masculinidad, que esgrime como estandarte las banderas falseadas de Ártemis/Diana y de Lilith, y que aboga hoy en día por la plena separación de lo masculino, por la rebelión y la plena independencia, por destruir día a día los valores y la espiritualidad femenina […]. Pretender la completa igualdad del hombre y la mujer, no ante la justicia o los derechos sociales, sino en la no distinción de los conceptos arquetípicos asociados a los principios masculino y femenino, es tan absurdo, tan estúpido, tan irracional, como lo es pregonar la superioridad de alguno de los dos sexos. Las mujeres, hoy en día, pretenden de forma ilógica ser iguales a los hombres, no en lo poco que nos va quedando a los hombres de nuestro lado genuinamente masculino –el aspecto femenino del hombre lamentablemente murió casi en su totalidad con el fatídico advenimiento de las religiones monoteístas ortodoxas–, es decir, ciertas dosis de racionalidad bien aplicada a los problemas cotidianos y una dudosa confianza en nuestras posibilidades –demasiadas veces convertida en vanidad personal–, sino en todo aquello que nos hace despreciables (al sexo masculino, se entiende) y que nos aleja de la espiritualidad y la sensibilidad propias del sexo femenino. A saber: la competitividad disparatada en todos los actos de la vida; la intolerancia racial debida a nuestra ignorancia; el afán de superación, no en el plano espiritual, sino en lo autoimpuesto por la sociedad de consumo que nos devora y que nos obliga a pasar por encima de cuantas personas nos encontremos en nuestro camino; y un execrable instinto de superioridad sobre todo lo que nos rodea, sobre la naturaleza y sobre la vida en general, que nos predispone a destruirla de manera compulsiva».

En resumen: machismo, feminismo… ¡Puag! Dos caras para un mismo rostro nacido de la intransigencia y la ignorancia, el uno, y del resentimiento, el otro.


P.D.: Este blog tuyo cada día me encandila más y más…

Bárbara dijo...

Totalmente de acuerdo con tu sesudo comentario...
P.D.: gracias y gracias...

miguel baquero dijo...

A mí está polémica autores masculinos-autores femeninos me parece sólo una vulgar excusa para que, cuando una autora es mala porque es mala, y se la crítica por ello, pueda escudarse en decir: "si no fuera mujer, no dirían lo mismo, son todos unos machistas". Hay una novela de Lucía Etxebarría donde la protagonista, en un rapto de "feminismo guay" dice, durante todo el libro, "adiosa" a la gente en lugar de "adiós", como forma de luchar contra el predominio de lo masculino. Bueno, esto es una sandez comparable a la de "miembras", pero cuando la gente se lo echa en cara, igual que la ministra, la reacción es "machistas, falócratas, retrógrados".

Flaco favor hacen al feminismo auténtico y verdadero estas frivolidades (por no decir: estupideces)

Marta Sanuy dijo...

"De hecho a veces ni siquiera me siento mujer. Ni hombre. Ni todo lo contrario. A veces ni siquiera me siento humana"

Me siento plenamente identificada con esas palabras y éstoy muy de acuerdo con todo lo demás.

He tenido demasiadas reuniones de trabajo contaminadas por ese horrible verbo "empoderarse", como para no tener serias sospechas de que algo se está planteando muy mal.

Siempre es un gusto pasar por aquí

Reina de Palandria dijo...

Acabo de descubrir o teu blog, non lin este último post, pero lin os outros...e quedei...impresionada. Gústame moito, moito, moitísimo o teu estilo, doce e sosegado, literario e fermoso, e ainda así non perdes o contacto coa realidade.

Creo que vou morrer de envidia mentres de leo, mentres te escudriño, mentres disfruto desta marabillosa maneira de escribir...

Xa mereceu a pena este martes de xullo.

Bárbara dijo...

Miguel, la verdad es que dan ganas de llevar a la Etxebarría a una isla abandonada y decirle adiosa!
(por cierto que le he españolizado el apellido y me he quedado tan freca... ahora lo cambio)
Marta, de cosa indefinida a cosa indefinida: no dejes que se empoderen de ti!
Muchas gracias, reina, lo de reina en todos los sentidos! no te escribo con letras coloraditas como mi cara porque no hay... Dulce suena esa lengua tuya...

NáN dijo...

Tiene razón Marías, como la tenía el bueno de Harold Bloom en su Canon cuando despotricaba de la literatura de mujeres, la literatura de hatianos, la literatura de...

La literatura es literatura y basta. La mujer, y los desposeídos del mundo, han quedado salvo excepciones fuera de las Artes. Desde la revolución social de mayo del 68 muchas cosas han ido cambiando. Ya hay acceso, más o menos justo pero así es el sistema.

Pero no me interesa una "literatura de mujeres". Sí me interesan quienes hacen literatura desde perspectivas distintas: por eso, posiblemente, me suelen gustar más las poetas que los poetas. Me sorprenden más y mejor.

El feminismo debería ser una lucha social para equilibrar los privilegios de acceso. Y que luego, desde la libertad, broten las cien mil diferencias y las disfrutemos todos. LAs amigas de los círculos en que me muevo creo que tienen ya poco de lo que quejarse, pero somos pequeñas islas los de estos grupos. LA mayoría de las mujeres sigue sufriendo discriminación y hace falta abordar ese problema.

LA literatura es otra cosa y es de todos.

Bárbara dijo...

Nán, qué bien explicado...
Me da un poco de miedo eso de la democratización de la cultura (ya no referido a hombres/mujeres) porque a veces tiene cosas perversas.