miércoles, 25 de junio de 2008

Ética periodística


Me pregunto si todos llevamos dentro ese apéndice que no tiene una función específica y que duele si se inflama. Eso que algunos llaman conciencia y que a otros parece que se lo extirparon tras un ataque agudo de falta de ética.
Y entre esos otros, Pedro Piqueras. Últimamente no puedo evitar imaginármelo, llegando a la redacción y alzando los puños en señal de victoria: Bien! tenemos una mujer brutalmente asesinada por su marido y cortada en pedacitos iguales, de 10 centímetros cada uno. Y un casi atentado de ETA que podría haber costado la vida a 20 personas. Sí, ha sido fallido pero eso no nos impedirá revolcarnos en el fango de la tragedia que pudo haber sido y ya, con las manos sucias, profundizar en la noticia, medir cada trocito de ese cuerpo mutilado para comprobar si realmente son 10 centímetros lo que mide.
Así me lo imagino. Cerrando puertas en las narices a la imaginación digestiva. Abriendo precipicios al vacío. Convirtiendo el dolor en un valor en bolsa para construir su media horita de temas de indudable interés social. Para servirnos su fresquito combinado de información y “entretenimiento”, su sitcom noticiada, su reality telediario.
Aberrante. Aún más pernicioso que veinte grandes hermanos o diez anarrosas. (arrrr) Y todo bajo la coartada de una fachada seria, profesional, de chico franco de Albacete.
Los que necesitan justificarlo todo dirán que es el público quien lo pide, ese público al que los directivos de las cadenas gustan imaginar deficiente (en el peor sentido), apopléjico y con la baba colgando. Bobo, en definitiva.

Pero no es de extrañar. Ya en la facultad oía a los compañeros quejarse de que la asignatura de ética periodística no servía de nada: a mí que me enseñen a editar, a llevar la cámara, a usar el Quark- ni siquiera a redactar- pero la ética, ¿eso no era una alternativa a la religión?
Y sí. Sigue siendo una alternativa a la religión, a la religión del todo es susceptible de ser mercantilizado. Una religión que en vez de hostias reparte estupidez consagrada a precios desorbitados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sí, parece que haya un cirujano especializado en extirpar éticas a los periodistas...