jueves, 5 de junio de 2008

Rosas, restos de alas

Siempre he creído que es una estupidez eso de echar al mar una botella con un mensaje, por mucho que esté escrito en letra pulcra y chiquita. Por mucho halo de misterio que tenga, acabará convirtiéndose en un fastidio para el que lo encuentre, en un jeroglífico imposible de descifrar, una mancha de aceite en su conciencia. Y sin embargo aquí me tienes, lanzando mi botella llenita de palabras a esta red de redes sin fondo que ni siquiera huele a brea, que ni siquiera te devuelve esa paz absurda tras mirarla durante horas. ¿con intención de qué?, no sé, puede que de contactar desde esta isla solitaria con los de ese mundo tan poblado o puede que desde este mundo poblado, contactar con el de la isla solitaria.
Queda inaugurado este blog.
He leído Rosas, restos de alas, de Pablo Gutiérez ed. La fábrica. Lo he leído tres veces seguidas, una tras otra y me ha gustado tanto, tanto, que me he visto obligada a odiar a Pablo para protegerme, a rebajar mentalmente su categoría,- sí, muy bien escrito pero la historia cojea un poco de simple que es, sí, bueno, hace metáforas espléndidas con sólo estornudar pero resulta repetitivo y recuerda a Loriga, sí, vale, es brillante, directo, distinto, moderno, pero es muy joven y se nota- para poder mirarlo a los ojos, aunque sea dando saltitos.
Una vez superadas las tres fases de la envidia: negación, ira, aceptación sólo recomendar un grandísimo libro, exquisitamente escrito, maduro, poético, profundo, cautivador.
Gracias Pablo y gracias a Paco por descubrírmelo.

1 comentario:

Vigo dijo...
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