martes, 10 de junio de 2008

Llueve

Llueve en Valencia. Llueve como si fuera París, con obstinada calma, sin pausa. Y yo monto toda la parafernalia de plástico para llevar a Bruno a la guardería y me cago en la madre que parió a los que inventaron los cobertores plásticos para cochecitos de bebé, que nunca terminan de encajar del todo en los cochecitos de bebé o tal vez sean mis manos las que nunca consiguen hacer encajar tan imposibles artefactos, a pesar de que en la bolsa contenedora reza, con cruel ironía (rayana en el sadismo): de fácil montaje.
Llueve. Y lo que quería decir es que la lluvia me hace pensar en otras ciudades. Mientras el sol me fija con clavos a esta ciudad, como un Cristo a su cruz, me seca como a una figurita de barro por los pies, con lento y fatal gustito, la lluvia me hace pensar en lugares lejanos, no en paradisíacas playas de ron blanco y muslos tostados, sino en sitios grises como Estocolmo o Liverpool en los que jamás he estado y donde probablemente jamás estaré, porque soy de esas personas que prefieren los lugares tercermundistas donde todo sucede con dramática pasión, o sol de plomo o diluvio universal.
Las estadísticas apasionan a los diseccionadores de cadáveres: éste es el mayo más húmedo de los últimos treinta años, el segundo mayo más húmedo desde 1880…
Llueve y yo sigo en Valencia, contando gotas de lluvia en la ventana para mi estadística particular, mientras imagino que soy europea, europea de verdad y que puedo resistir un mes entero sin ver el sol. Un mes y un día, si me apuran.

8 comentarios:

CNC dijo...

Llueve no sólo en Valencia sino a lo largo y ancho de la geografía española. Pero tengo la sensación de que también siento llover dentro de mí.
Amiga mía, cuan falta me haces en estos momentos en los que cambios esperados se me avecinan. Cuan importante sería para mi y gratificante al fin, tener tu mano cerca para apretarla y que pudieras asegurarme que todo saldrá finalmente bien.
Cobarde me declaro pues ahora que se acerca aquello que tanto he deseado tengo miedo de poder alcanzarlo. Miedo de no estar a la altura de las circunstancias y de, finalmente, no saber dar el "DO" de pecho.
Un camino se abre ante mis ojos, lleno a su vez de bifulcaciones y no puedo saber si tan siquiera seré capaz de vislumbrar el trazado correcto.
Llueve dentro de mi alma con la intensidad de una tormenta aunque intento mantener en mi cabeza la calma de la más débil de las lloviznas.

Bárbara dijo...

Ánimo, mancheguilla que todo te irá bien... Y no tengas miedo que eso te pone un poco cursi...
Muchos besos, guapa.
Bárbara.

Fran dijo...

La lluvia ahoga a veces todas las pretensiones porque nadie puede impedirla. Nunca he entendido cuando conviene y cuando no y porque no coincide.

Me gusta eso, sí, mirarla a veces y leerte a ti que cuentes que está lloviendo.

Me la tapa la pantalla del pc, ya me cuentas, ya me dices.

Fran

Bárbara dijo...

Te advierto, no seré capaz de hablar eternamente de la lluvia.
De todas formas, es imperdonable: no dejes que las lágrimas porque tu pc te tape la lluvia te impidan ver el sol... ¿o no era así?

Vicent dijo...

Despues de encontrar tu blog y haberme encantado lo leído hasta ahora, quiero decir tus post actuales, he decidido darme una vueltecita por la Bárbara de los comienzos.

Me ocurre algo similar a lo que dices sobre la lluvia, me encanta, me veo como un londinense o parisino de toda la vida de Dios y sin embargo se que en el fondo sería incapaz de estar mas de una semana sin ver el sol, es lo que tiene nuestra terreta, te engancha tan sutilmente que hasta te deja imaginar que podrias ser feliz en otros sitios.

Bárbara dijo...

Qué lejos te has ido, Vicent. Tan lejos que hasta me produce cierto rubor... (qué fácil renunciamos al pasado, aunque sea tan reciente, jeje). Eso de que esta terreta te engancha tan sutilmente que hasta te deja imaginar que podrias ser feliz en otros sitios me ha encantado. Yo siento un extraño amor-odio hacia mi tierra...

Gazpacho de costillas dijo...

Liverpool es decadencia. Viví allí dos veranos. Pasear por ahí es levantar la pegatina del presente Británico, y ver toda su decadencia de imperio. Glasgow aún lo es más, es fantasmal. Dos ciudades que serían copadas por los suicidas si hubiese un catálogo de villas para desesperados terminales. Pero tienen su qué, su entorno de fósil urbano visitado interesante. Y los Beatles claro, el aeropuerto John Lennon y The Cavern (el útero subterráneo donde se parieron los un poco pesados Beatles).

Nuestra guía de viajes continúa en Estocolmo, tome asiento. Allí fui un enero y es un foco de depresión y ciclotimia para un mediterráneo. Anochece a las 13 h, unfríoquepaqué, cielo clausurado con todos los tonos de grises.

Vamos, que hay que ir, siempre hay que ir. La segunda en verano, pero siempre hay que dar una oportunidad a un destino de viaje, también a Alpedrete.

Y añado, sin venir a colación:
http://www.youtube.com/watch?v=qeoFt7Ui40c&feature=related

Bárbara dijo...

A este paso no voy a poder nombrar ningún lugar donde no hayas estado. Yo jamás he ido a ningún país anglosajón, por mi vergüenza y mi patetic english. que una cosa es chapurrear el inglés en la india y otra en la cuna de Chaquespeare.
¿quién puede vivir en Estocolmo? la propia palabra ya avisa. ¿sabes que allí hay una media de escritores mucho más alta que en ningún otro sitio? Vamos, que le das una patada a una bola de nieve y sale un escritor.
Y no me me mandes videos que no puedo verlos y me da rabia.
Besitos, misterioso gazpacho.