viernes, 20 de junio de 2008

El sufrómetro



Siempre he pensado que con tantos inventos como existen para medirlo todo, pluviómetro, metrónomo, termómetro, galvanómetro, cómo aún no se ha inventado el sufrómetro: ese aparato para medir el sufrimiento de forma objetiva, cuantificable, precisa, comparando magnitudes físicas para obtener como resultado un número. Es decir, la relación entre el objeto de estudio y la unidad de referencia. Un simple número. Irrefutable, incontestable, irrebatible. Un número con el que medir lo que duele un silencio, lo que rasga un gesto, lo que perfora una ausencia, lo que erosiona un recuerdo.
Así, tras una discusión de pareja uno se enchufaría al sufrómetro y diría: cariño, ves lo mucho que me duelen tus palabras, estoy en un 9 en la escala Blasco (que por algo se me ha ocurrido a mí). Y entonces mimos de algodón para hacer bajar los niveles, besos dulces de enjuagues y vendas para estabilizar el pulso.
No explicaría por qué hoy te han entrado ganas de llorar al mirar por la ventana y ver una única nube gris en el cielo azul, ni por qué te han dado ganas de saltar por la ventana tras el telediario de las nueve pero al menos quedaría constancia.
Y ya no haría falta que el médico preguntara: ¿pero le duele?, ¿le duele mucho?, ¿es un dolor plúmbeo como si le clavaran cientos de agujas o un dolor ocre como si le hurgaran lentamente en las entrañas?, para saber el alcance y la gravedad de la dolencia. Las salas de urgencias se vaciarían de impostores que fingen o exageran su dolor, la profesión de árbitro de fútbol se simplificaría de forma notable. No faltarían los sufrómetros en las reuniones sadomasoquistas.
Sí, ya sé que algunos me acusarán de simplista, de reduccionista, de cientifista, de borracha (en España carecemos de complejos a la hora de acusar) pero sabrían con exactitud lo mucho o lo poco que me duelen sus comentarios.

6 comentarios:

Hammett dijo...

¿Te das cuenta de la necesidad que tenemos de cuantificar las cosas?
Es como si necesitáramos enumerar las "cosas" para darles sentido y dimensión. No sé,...a veces sería preferible que las sensaciones fueran genéricas,...que no tuvieran clasificación. Quizás de esta forma no habrían tantas diferencias (o quizas más aún, estoy dudando).

Bárbara dijo...

Me doy cuenta, me doy cuenta... y también dudo de si al explicarnos mejor, al nombrar nuestas cosas de ahí dentro con precisión nos entenderemos mejor o más bien todo lo contrario...

Ana dijo...

Cuando lo patentes, me pido uno... genial idea !!!

COn un Sufrómetro me ahorraría además dar tantas explicaciones que luego caen en saco roto, el dolor estaría justificado de álgún modo y no tendríamos porqué esbozar una sonrisa cuando por dentro estamos ardiendo con el fin de que nuestro 'dolor' no tenga efecto rebote... Este fin de semana pasado me hubiera venido como anillo al dedo !!!
me ha encantado !!!

Luis Prado dijo...

querida barblasco: su reflexión ha provocado en mi gozómetro y risómetro interior unas cifras superiores incluso a las alcanzadas por Remedios Amaya en Eurovisión... el sufrómetro viene ahora que no sé cómo se vincula esto a mi blog ni hostias, y no sé si saldré como anónimo, como luis prado, como mostazadas, como el arcipreste of HIta...

un beso

Vicent dijo...

Se me ha ocurrido otro invento, pero te dejo patentarlo tambien, un aparato para medir la gilipollez humana.

Sí, ya se que la tele se ha inventado hace muchos años, pero el que yo propongo es indoloro...

Bárbara dijo...

jajaja... La tele es indolora para los descerebrados (y rentable) sólo nos duele a algunos telespectadores...