miércoles, 31 de diciembre de 2008

Feliz año

Contentarse con mantener el equilibrio con elegancia...

No pedir la perfección, pero sí que las cosas cuadren de forma sencilla...

FELIZ AÑO A TODOS.

martes, 30 de diciembre de 2008

La mentira


Digámoslo ya para evitar futuros errores: todo es mentira. Todo lo que escribo es mentira, las entradas de este blog, los poemas, hasta mi diario, si yo escribiera un diario. Sobre todo mi diario. Hasta cuando escribo la lista de la compra miento, y siempre acabo comprando más.
El mundo entero se asienta sobre una mentira.

Lo cierto es que mi amigo Rafael me ha retado a hablar de la mentira. Y yo recojo el guante y, al recogerlo, lo primero que se me ocurre, lo que se desliza de mis bolsillos con un leve tintineo, es un elogio de la mentira.
Porque creo firmemente que es la fuerza motriz que impulsa el mundo aunque arrastre tan mala fama. El mundo se asienta sobre una mentira.
Y también me viene Nietschze (al que siempre le sobra o le falta alguna letra) que decía que el hombre es un animal social que ha adquirido el compromiso moral de mentir gregariamente. Pero, con el tiempo, se ha olvidado de su situación y, en virtud de este olvido, adquiere el sentimiento de verdad.
Es decir que necesitamos estas mentiras sociales para vivir, pero hemos olvidado que mentimos.
Es decir, también, que de la mentira nace la verdad.

El mundo entero miente, el cielo no mide lo que dice mi ventana pero ese cielo es el único que puedo abarcar: mi cielo. La fragmentación supone una mentira. Y no sólo la fragmentación, también la representación mental.
Y otra vez Nietchze: “El mundo como idea es lo mismo que el mundo como error”.
Qué jodío este Nietsche. No deja escapatoria.
Hablaba de la metáfora como una forma de conocer el mundo, de la metáfora que no es otra cosa que simulación, mentira al fin y al cabo. Y la literatura el arte de mentir, la poética de la simulación. Por eso me gusta tanto.

Mentiras hay tantas como razas de perro (acaso más): las hay trepadoras como enredaderas, de las que se van abriendo lentamente como crisantemos, mentiras blancas como la navidad, y negras como Baltasar, mentiras antiguas como tradiciones, mentiras afiladas como puñales ciegos.
Y hay mentiras dulces como un bolero. Y mentiras en las que cabe tanta verdad como la que le pedía Viena a Johny Guitar: “miénteme, dime que siempre me has querido, dime que me has esperado todos estos años”.
Siempre me conmueve.

Decía Eugène O´Neill que si se despedaza una mentira, los pedazos son la verdad.


Continua en el blog de Rafael Martínez-Simancas

viernes, 26 de diciembre de 2008

Caminar por la calle



Caminar por la calle con tu chaqueta nueva
y ver los árboles cambiar de estación
en un solo árbol,
como esas fotografías nocturnas de ciudades
de trazos fluorescentes de tiempo
que confluyen en un solo horizonte
en busca de perspectivas en fuga,
apretar el paso hasta alcanzar la era pop
antes de que el semáforo parpadee
con el movimiento ciego de un fotograma ruso.
No detenerse
aún sabiendo que la vida cabe toda
en un adoquín
observado con calma
por un solo pie.



martes, 23 de diciembre de 2008

Alucinación africana

Acabo de volver de África, resfriada y agotada. Todo el mundo piensa que en África siempre hace calor pero no es cierto. Mira si no las nieves del Kilimanjaro.

Las jirafas tienen la lengua húmeda y larga, como enormes sexos retractiles. Las leonas son las amantes más devotas del mundo.

Vale. Puede que no haya estado en África sino en el Bioparc.
Puede que las jirafas no miren las imposibles cumbres nevadas del Kilimanjaro sino la Ciudad de las Artes y las Ciencias, que también tiene su cosa absurda e irreal, no me lo negarás. Pero es verdad que estoy resfriada.










Una vez estuve en África. No tuve una granja en África pero estuve allí.
Tuve fiebre y alucinaciones. Alucinaciones africanas, que son mucho más negras e ígneas que las españolas. Y van impúdicamente desnudas, y gustan de hacer círculos de colores en la tierra roja mientras entonan sus cánticos rituales.
Pasé cuatro días con fiebre alta, sin poder comer ni beber. Ni siquiera agua, la escupía como un surtidor. Al cuarto día, E. estuvo a punto de llamar a la embajada para que me desalojaran en una ambulancia alada. Finalmente llamó al médico con la bata más blanca y resplandeciente que he visto nunca. Me puso una inyección y me dio unas pastillas para las náuseas. Me dijo: coma cosas sólidas, nada de lácteos.


Y la angustia, de pronto, se desvaneció. Fue como un milagro, y él como un angelito negro de Machín. Claro que con una abultada factura bajo el brazo.
A los pocos minutos, el hambre había tomado el lugar de la angustia y yo empezaba a notar un gran agujero negro que crecía en mi estómago.

- Quiero fabada, le solté a E.
-¿fabada?, respondió él, tocándome la frente.
- Sí, fabada. Quiero fabada.
Me moría por una fabada, aunque fuera de bote. Mi reino por una fabada. Nunca, ni durante mi embarazo, he tenido un antojo mayor. Sólo podía pensar en la fabada.
Y allá que se fue E. en atribulado peregrinaje por las desabastecidas tiendas africanas en busca de fabada asturiana. Tras más de una hora de periplo, regresó con un bote de alubias como botín. Sólo pude comer dos cucharadas porque mi encogido estómago se llenó enseguida pero me supieron a gloria bendita.

De Senegal recuerdo las chabolas de adobe y paja dispuestas en círculo, como en el poblado de Astérix.
Los kilómetros de playas salvajes.
Los horribles franceses de Sally, y sus aberrantes modales colonialistas.
Los erizos de mar, gigantes, naranjas, que aún partidos en dos, seguían moviendo sus púas.
E. poniéndose morado a erizos porque al grupo de españoles le daban asco.
Una boda que fue un regalo, porque por fin fuimos transparentes y pudimos mirar, mirar durante horas.
Los kilómetros de chabolas de cartón bajo el cielo gris de Dakar. El infierno, sí, el mismísimo infierno que se repite en todas las ciudades subdesarolladas.
Las pupilas penetrantes sobre el fondo blanco, fijas, a pesar del movimiento de nuestro coche.
La amable vida verde del campo. Los baobab, la tierra roja, el encantador Sale, su humilde casa, su té de bienvenida que hizo que mi estómago diera una voltereta.
Nuestro molesto color blanco que hacía obscena nuestra estancia.
El lago rosa de aguas calientes.
Los flamencos, también rosas, apuntalando el cielo.

No hay imágenes. La cámara estaba estropeada y los carretes salieron de ella tan negros como entraron. ¿sería una metáfora?

No quiero despedirme sin desearte Feliz navidad. FELIZ Y NEGRA NAVIDAD.
Mil besos,
Bárbara.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Algo callado

Aceleras hacia una costumbre de mármol
hecha a tu medida,
te veo partir,
entre carraspeos de humo blanco
con tus perfectos modales de mañana inglesa,
y quiero ser velocidad en ese remolino
sin nombre tras de ti.

De nuevo te apareces
en todos los horizontes,
roble de marfil a lo lejos,
siempre al borde del camino,
te miro,
con los ojos prensiles de la espalda,
antes de marchar hacia mi castigo de silencio,
en el rincón conquistado por la duda.

Y sé que todo está dentro de mí:
la duda, el remolino, tu costumbre,
el silencio,
pero algo callado permanece ahí fuera
junto a un viejo poste telefónico.
Busco con qué nombrarlo.

martes, 16 de diciembre de 2008

La gran mentira de papá

Madoff ha caído. Ha pasado de ser un crack financiero a hacer definitivamente crack (como diría Viajero) o rás, (como diría Araceli). ¿Efecto o causa de la crisis?
El hecho es que su estafa ha reventado como una piñata y nos llueven sus caramelos envenenados a lo largo y ancho de este mundo.
Me conmueve sin embargo lo que leo en El País: Madoff ha confesado a sus hijos lo que él califica como su gran mentira. La gran mentira de papá. Me imagino a sus hijos (me los imagino pequeños aunque supongo que ya no lo son) en la cocina de su casa, comiendo unos sándwiches de mantequilla de cacahuete.




- Chicos, tengo que hablar con vosotros. Voy a contaros la gran mentira de papá.
- vale, pero luego nos cuentas la de Spiderman contra las fuerzas del mal…

Y es que su papá se ha dedicado durante años a jugar con personajes imaginarios que existían solo dentro de su cabeza. Eso sí, ha podido desarrollar sus fantasías en el País de Nunca Jamás gracias a la laxitud de la regulación estadounidense.
Su estafa ha sido calificada como una grandiosa Pirámide de Ponzi, que no es un faraón egipcio sino un timador profesional cuya ilegal creación le ha servido para pasar a la posteridad, wikipedia mediante, como el creador de la estafa puntiaguda.
En ella se vende humo de la más alta calidad, aladas expectativas, sueños teñidos de verde dólar. Los últimos inversores en aportar dinero a la trama pagan los intereses de los que ya están dentro.
Una estafa conocida que sólo funciona si hay nuevas víctimas. Una estafa que basa su éxito en la codicia, en la baba segregada por el dinero fácil pero también en la hermandad, en la confianza irracional del ser humano en el ser humano. Si otro lo hace, yo también. Y mientras creamos que podemos volar, seguiremos volando.
Hasta que la magia se ha roto. Y no cesan de oírse los batacazos.

Como soy fundamentalmente vaga, no acierto a seguir el hilo hasta el final, a desenredar la madeja de esta estafa que alcanza los 50.000 millones de dólares (uf, qué mareo). Pero así, a bulto, me pegunto si los bancos no han hecho lo mismo con sus bolsitas sorpresa que sólo contenían basura (en forma de hipoteca). Unas bolsitas malolientes que ahora pretenden rellenar con dinero público.
¿No han jugado a la Magia Borrás, a ser prestidigitadores, sin contar con un fondo que garantice sus juegos malabares, sin una red de seguridad por si caen (quiero decir, si caemos) al vacío, impulsados por el bravío viento de la especulación?

En fin. Nadie duda de que hay hechos que valen automáticamente una plaza en la cárcel, pero ¿hay una cárcel lo suficientemente grande como para que quepa todo un sistema? Seguramente sí. Vivimos en ella.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Esto no es un poema


Si fuera ciega, mis manos tratarían de comprender el vacío
Si fuera ciega, pensaría que siempre voy mal vestida
Si fuera ciega, el volumen se inventaría en tu cuerpo
Si fuera ciega, tu tacto me sabría a palabra justa y precisa
Si fuera ciega, dejaría que lavaras mis partes más íntimas, que las podaras y las regaras como un jardín japonés
Si fuera ciega, creería que todos me miran
Si fuera ciega, pensaría que nadie me mira
Si fuera ciega, cuando entraras en mí, la oscuridad se volvería blanca
Si fuera ciega, no habría comparaciones, sería más única
Si fuera ciega, compondría palabras con migas de pan olvidadas en el camino
Si fuera ciega, los pájaros cantarían más cerca
Si fuera ciega, te vería en cada tiniebla.
Exactamente como ahora.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Epílogo


Pongamos que soy una fracasada. Pongamos que estrujé con mis propias manos las dos o tres oportunidades que se deslizaron casuales hasta mis dedos. Pongamos que hice una pelotilla rumbosa con ellas y la lancé bien lejos. Pongamos que fue un strike.

Pongamos que me ahogué en profundas y turbias expectativas. Pongamos que un día, ya con el agua al cuello, logré quitar el tapón con el dedo gordo del pie. Blup. Una gran burbuja.
Pongamos que aún me seco despacio.

Pongamos que sólo quedó el tiempo muy quieto delante de mí, aguas mansas que parecen no fluir pero que cada día son de una transparencia distinta.
Pongamos que lavo mis manos, aunque estén limpias.
Pongamos que se está bien aquí, en esta orilla.

Pongamos a Szymborska:
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó
de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas, ayer en el tranvía.
O:

Te he sobrevivido suficiente

como para recordar desde lejos.
Pongamos tres puntos a modo de cortinilla de separación, como he visto hacer a otros.

Yo quería escribir algo serio, profundo, que diera sentido al sufrimiento sinsentido, que lo magnificara, otorgándole la categoría astrofísica de agujero negro. Hallar un valor para x en la ecuación de tercer grado. No importa qué valor. Cualquiera.
Sin embargo me salió una parodia que tiende al infinito.
Mi texto se ríe de mí. No sólo en su forma- estaré acabado antes de un mes- también en su contenido, y mis personajes sufren y dan risa al mismo tiempo.

En el colegio una profesora me llamaba la sérieuse Bárbara, no sólo porque fuera a un colegio francés, sino porque a partir de los 7 años me hice una niña seria. ¿puede la vida tomarse de otra forma a los 7 años?
Hoy soy el bufón de mis propios sentimientos y me pinto la cara todos los días para tratar de sorprender a esta realidad y a su larga sombra descolorida.

Ángel González dice, a modo de:

EPÍLOGO

Me arrepiento de tanta inútil queja,
de tanta
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:
una resurrección, ninguna muerte.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Verano


El pensamiento del verano
ha venido volando,
se ha depositado en el borde
de este crudo invierno sin alas
en que el alma apura el último cigarro
de luz aplazada
y el cuerpo sólo acierta a resistir,
sumiso convaleciente
en espera de la auténtica vida.

Habita el verano en el corazón del invierno
en forma de deseo celular
que se multiplica,
escindiéndose,
hasta consumirse en blanco,
entre las frías luces de una estación de paso.

Y llegará el día,
y el verano recorrerá las últimas respuestas a través
de las venas, hasta el corazón dormido,
se liberará de su cáscara nevada,
encendiendo cielos, calles, ojos,
enarbolando sus vaporosas razones sin peso.

Pero serán los mismos- muy pocos-
los instantes de dejarse acariciar por él,
de sentir en el rostro el eco cuarteado
de sus manos,
el frescor indemne de sus quebradizos
brazos extendidos,
breve será el suave látigo de esta brisa
exhalada por un mar de corazones anónimos.

Y comprenderás que nunca será tan intenso
el verano como su propio recuerdo
mientras su furtiva felicidad se apaga,
va perdiéndose,
en la insondable veta purpúrea
de un lento atardecer de julio.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Me llamo Erik Satie, como todo el mundo

- Tengo jaquecas, doctor. Puede que migrañas, uno nunca sabe poner nombre a sus propios monstruos.
- Gamoneda decía tener ruidos en la cabeza, sentir el cráneo apretar y crujir, y eso no le impidió alzarse con el Cervantes- replicó el doctor, quitándole hierro al asunto.
El paciente se encogió de hombros, casi avergonzado.
Con letra electroencefalográfica en la que sólo se destacaban eles y bes como paraguas abombados, el doctor fue escribiendo en el talonario de recetas, al tiempo que daba indicaciones:
- Me lee usted todas las noches a Plá, como mucho lo alterna con Chejov. Terminantemente prohibidos Kafka, Onetti o Cortázar. Ni catarlos, ¿me oye?, sólo hasta ver si mejora.
El hombre asintió en silencio, cogió mansamente su receta y se fue arrastrando los pies.

A la siguiente paciente, el doctor la diagnosticó mentalmente como hipocondríaca, más que nada porque era la tercera vez que acudía a la consulta en lo que iba de semana, con dolores difusos y nerviosismo enredado entre los dedos de las manos.
- Trabajo demasiado. ¿No tendré un cáncer?
- Hay muchos tipos de cánceres, muchos más de los que se conocen…
La paciente era incapaz de mantener las manos quietas.
- Una de Stevenson, ésta no la cubre la Seguridad Social, lo lamento. Y también Alejandro Dumas, los tres mosqueteros o el conde de Montecristo, la que prefiera.
- Uy, qué va, yo no tengo tiempo para leer.
El doctor hizo como que no la había oído pero rompió despacio y en cuatro trozos iguales la receta que acababa de firmar.
- Está bien, me lee entonces tres columnas de César Vidal o bien tres columnas de Losantos. A elegir. Pero tres seguidas. Se compra usted el periódico y no lo lee, se espera a tener los tres periódicos, con sus tres columnas para leerlas todas seguidas. Esto es importante. Las dosis son importantes.
La mujer compuso con su cara una mueca de protesta pero no dijo nada. Al fin y al cabo, mejor el periódico que un libro entero.
- ¿Pero cuál de los dos me sentará mejor? Tengo un principio de úlcera...
- Da igual, los componentes son los mismos, uno es genérico y el otro de marca, pero son idénticos.

La última paciente de la mañana, un ama de casa de unos cuarenta años, alegó sufrir molestias en el estómago. Acaso fuera el páncreas, acaso la vesícula. Sus ojos eran negros, con una suave marejada en su fondo.
- Empieza usted tomando pequeñas dosis de Miguel Hernández, un poema cada tres horas. Si no lo encuentra, Vallejo también sirve. Y si ve que en un par de días, su estómago lo tolera bien, lo sustituye por uno de Pizarnik cada ocho horas.
-Ah, mejor, más cómodo, ya sabe con los críos, la casa, cada tres horas…
- Muy bien, pero al principio lo que le he dicho…
- ¿Y si no funciona, doctor?
Había una tranquila angustia recostada en el timbre de su voz.
- Si la medicación en páginas no funciona, tendremos que empezar con la música clásica. Pero no nos pongamos en lo peor.

Cuando salió de la consulta, el doctor vio al ama de casa sentada, esperando el autobús, leyendo un libro que no podía ser ninguno de los que le había recetado.
- Es que la gente se empeña en automedicarse, coño- se lamentó el doctor, justo antes de introducir su cuerpo en el deportivo último modelo y dejar que la gymnopedie nº1 de Satie esparciera sus pequeñas cápsulas azules.


(Todo porque que he leído esto y me ha gustado mucho. Me llamo Erik Satie, como todo el mundo).



video

lunes, 1 de diciembre de 2008

Modelo 7846


Antes de ir a comer, el ingeniero Tanaka ajustó la pieza 32 del nuevo encargo, mientras su ayudante, más alto que él, sujetaba el microcircuito integrado.
En el amplio refectorio de la empresa, comieron sushi, tallarines con cangrejo y ensalada de pepino y algas. Con diligencia, sin derramar nada fuera del plato, sin apenas hablar.
En la pantalla de plasma, Zapatero estrechaba la mano de Sarkozy repetidas veces y sonreía. Sonreía.
Los dos hombres se miraron pero no dijeron nada.
El más alto se limpió los labios en la servilleta, no sin cierta ingenuidad.
Sólo diez minutos después estaban en sus puestos del departamento de robótica humanoide.
Tanaka movió la cabeza de un lado a otro.
- modelo 7846… el cliente insistió en que pareciera muy humano, el jefe dijo: dadle una sonrisa especial, cálida, una sonrisa que se abra despacio, iluminándolo todo, como la flor de loto cuando llega la primavera…
Tanaka resopló.
- y tiene sonrisa de gilipollas…
El más alto, con algo parecido a un minúsculo destornillador en la mano, asintió.
Los dos hombres quedaron pensativos.
- en la próxima revisión, podríamos introducirle un chip de control que se active cuando la sonrisa permanezca más de 20 segundos seguidos en la cara, como un salvarostros automático…
Tanaka sopesó la idea. Era muy perfeccionista en su trabajo y siempre sopesaba cualquier idea.
- flor de loto cuando llega la primavera… repitió.
Una risa con bufido escapó de la boca del japonés más alto y sus ojos trazaron una línea perfectamente recta, como delineada con regla. Tanaka rió también pero sin emitir sonido alguno.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Vuelan alto los pájaros


Vuelan alto los pájaros junto al rascacielos
y el tiempo se deshace entre sus alas,
despacio,
como si esos pájaros, más efímeros que yo,
mortales de fragilidad alada,
fueran ya un solo pájaro
sobrevolando el mismo círculo durante siglos
y mi levedad consistiera en comprender,
dejar de luchar, no
contra este destino de pájaro que
compartimos
sino contra mi artificial altura de mujer,
que a hurtadillas observa,
el sacrílego espectáculo celeste.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La trama

 Sin duda, lo que más me cuesta al escribir es encontrar la acción precisa, decidir qué es lo siguiente que va a suceder. Puedo saber cómo palpitan los personajes bajo mis dedos, puedo escribir folios y folios con sus perfiles psicológicos pero lo que me resulta de verdad difícil es escoger de entre todas las acciones posibles, aquella que muestre cómo sienten mis personajes sin tener que explicarlo, y funcione además como una carretera que conduzca al destino elegido.

Por eso no entiendo la mala fama de la trama. No entiendo por qué está tan desprestigiada en comparación con del estilo si la trama es el armazón que, bien construido, debería funcionar como la gran metáfora y sostener los demás elementos. Si sin ella andaríamos tan perdidos como Paul Auster deambulando a oscuras por las páginas de alguna de sus novelas.

Muchos son los que reniegan o han renegado de ella. Dice Vilamatas que dice Nabokov: (ya se sabe, nunca hay que tomar al pie de la letra las citas de Vila Matas): “La trama es una vulgaridad burguesa”.
También dice que dice Banville: “El estilo avanza dando triunfales zancadas, la trama camina detrás arrastrando los pies”.
Yo, por el contrario, creo que estilo y trama deben ir cogiditos de la mano, como dos colegiales, bajo la atenta mirada de su autor.
Porque el uno sin la otra no son nada. La trama es el esqueleto sobre el que se asientan vísceras, órganos y piel. El estilo es la sangre que nos recorre, los humores que nos fluyen. Tan esencial es lo uno como lo otro. Puede incluso que sea la trama lo único que quede de nosotros cuando ya no estemos nosotros.

Dice también Verdú, en su ya famoso decálogo:
"La fantasía, la intriga -y tanto más cuanto más enrevesada resulta- debe considerase un recurso estereotipado e indicio, a la vez, de no aspirar a mucho más que un sudoku. Cualquier obra literaria actual debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura. Es decir, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar, insustituible en la iluminación y la clase de disfrute que procura. El gusto de la lectura se obtendrá no del artificio argumental, el suspense policiaco, los agentes especiales, los cofres por descerrajar o los misterios divinos, sino de la intensa degustación del texto, sin necesidad de conspiraciones ni extrañas travesías. Los intríngulis de esta literatura son más intríngulis que literatura. Vale para lo que vale y ni una distinción más".

Evidentemente hay buenas y malas tramas pero la trama no puede cargar con las culpas, no puede ser siempre el chivo expiatorio. También es evidente que no hay trama que resista un estilo mediocre y falto de brillo.

Extrapolándolo a las personas, la trama equivaldría a todos los sucesos, datos biográficos que nos han ido conformando y nos definen. Mientras que el estilo sería el temperamento, un temperamento innato que a su vez influye sobre nuestra biografía. Y viceversa. Ambos se van escribiendo a la vez, se van moldeando al tiempo. Lo importante es que cada temperamento se adapte bien a su trama. Tan lícito es sentir que es el temperamento el que marca la biografía, y ponerse uno romántico, es decir novelesco, como que es la biografía la que arrastra de los pelos al temperamento, y ponerse entonces materialista dialéctico. Y también sucede al revés.
La trama no es importante pero es imprescindible. Como el sexo no es lo importante en una relación, pero sí imprescindible.
Sobre todo en la novela (la trama, no el sexo). Si la poesía es decir la verdad a través de una mentira, la novela es mentir a través de una verdad, mentir con honestidad. La trama constituye pues el armazón de esa mentira, mientras que el estilo sería la puesta en escena, el tono, los detalles que le confieren verosimilitud. Así, una mentira increíble con una puesta en escena deslumbrante puede colar, al igual que una mentira verosímil, pero malísimamente interpretada, se irá a pique sin remedio.
En la combinación se revela la clave.
Y es que, a estas alturas, convendrás conmigo en que es imposible desligar la trama del estilo, como es imposible despellejar a alguien y que siga vivo.

Y todo este rollo porque me he quedado atascada en algún nudo de la trama.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

En secreto



A veces soy un hombre bajo tus brazos
soy yo la que transita
por los pasillos de tu carne
confundo tu vello con mi vello
tu sexo con mi sexo
tu deseo con el sueño.

A veces soy mujer y tú eres hombre
y un dulce abismo se abre
entre nuestros cuerpos,
desnudos como el cielo raso.

A veces somos uno solo
componemos un bonito tópico
en el que no tienes principio
ni yo tengo final.
Te miro
y no sé quién soy
bajo tus brazos.

A menudo estoy sola
entre tanta intimidad
y tengo un miedo feroz
que te ha ido devorando
dejando sólo tus huesos
a los que me abrazo
con fría desesperación.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Tonta y puta

El otro día E. llegó pronto a casa y fuimos a comprar. Huevos, papel de cocina, gelatina, hamburguesas, mandarinas, nueces, champú para cabello graso, galletitas saladas, patatas, cebollas, granadas, un arreglo para cocido, pañuelos de papel, puerros, una rasqueta para la Vitro, plátanos.
De vuelta, ya sentados en el sofá se lo dije:
- Hoy, en el blog alguien me ha llamado tonta y puta.
E. estornudó. No fue una respuesta, es sólo que anda un poco constipado. Pero a mí me pareció que su moco tenía la sospechosa forma de un joker y que las comisuras de sus labios apuntaban descaradamente hacia arriba, justo antes de desaparecer por el pañuelo de papel.
Quise hacer mussaka pero no tenía berenjenas. Hice una tortilla de patatas. Grande, esférica, diletante.
- ¿no se te ha quemado un poco la tortilla?, preguntó E.
- Puede. Como soy tonta y puta…

El teléfono sonó. Era mi madre.
- ¿Venís el domingo a comer?
- No, nos vamos al pueblo.
- Me lo podías haber dicho antes de que comprara…
- Perdona, lo olvidé… es que soy tonta y puta, susurré.
- ¿qué?
- No, nada.

Después de cenar E. y yo no hablamos. Nuestros pensamientos flotaban, adormecidos por los gases azules que emanaban de la caja tonta. Jesucristo era ahora mujer, tendida con los brazos en cruz, el vello púbico cubierto por la blanca sábana. Y abajo, un lema rezaba: ¿quién paga los pecados de los hombres?
- El cartel de una organización feminista italiana ha levantado la polémica, aseguró Piqueras con voz grave y leve regocijo.
Luego J.J. Santos estiró el chicle del tiempo con odiosas insignificancias, con las declaraciones de un futbolista que es baja porque le ha salido un uñero en el dedo gordo del pie y las declaraciones del podólogo oficial del club del futbolista que lo confirman y las declaraciones del entrenador en respuesta a las declaraciones del podólogo a propósito de las declaraciones del futbolista.
Hasta que las manos de J.J. estuvieron tan asquerosamente pringosas que ya no supo donde ponerlas y quedó atrapado en su propia telaraña, como un spiderman apopléjico.

El ambiente se había resecado en exceso. Apagamos la tele, nos fuimos a la cama e intercambiamos fluidos. Me gustó que me sujetase las muñecas con fuerza y me dijera guarradas al oído. Ya sabes, como soy….
Justo antes de dormirme, con la lechosa luz de la luna penetrando por los poros de la persiana, vi posarse una sonrisa alada que ahuecó el colchón de la perilla de E. y esta vez sí, se acomodó, despatarrada, en su boca.
Mientras, ahí afuera, los fantasmas seguían engarzando eslabones a su ya larga cadena.

(ya sabes: todo ficción, salvo... el cartel italiano)

viernes, 14 de noviembre de 2008

La cuchara

Es sencillo usar una cuchara. Yo te explico...


Se sujeta la cuchara con una mano

mientras con la otra se van poniendo los granos de arroz


Así, uno a uno. No creas que es fácil...

Una vez llena, se lleva con cuidado a la boca


A la boca...

¿A que lo hago bien?


Yo, a mi Bruno, me lo como sin cuchara ni nada.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Anoche vi el telediario


Anoche vi el telediario. Un grupo de africanos -los restos de un grupo de africanos- arribaron a nuestras costas.
Yo no entiendo de cosas macro, las grandes escalas se me enredan en la cabeza , apenas me da para comprender, inventariar humildemente lo que sucede a mi alrededor, en ese microclima que se reduce a las cuatro paredes de mi casa, a mi calle si me apuras, hasta llegar a esos árboles japoneses rosas de Blasco Ibáñez.

Pero me pregunto, al ver una vez más la calcinante escena: ¿cuál sería el problema si se abrieran las fronteras?
Una vez lo pregunté y me miraron como si llevara en el bolso una bomba para hacer estallar felicidades, como si fuera una idiota o una terrorista (que seguramente son sinónimos). Como si hubiera insinuado que en vez de mandar a mi hijo a la universidad de medicina quería matricularlo en un master para hechicero de tribu. Como si no me importara extender la mano de noche y encontrarme a un subsahariano al otro lado de la cama, y uno más por cada metro cuadrado de mi casa. Como si todo mi mundo, nuestro mundo, zozobrara cual cayuco en altamar.
Me molestan mucho estas noticias.
Al margen de lo que es justo, de los hipócritas flujos globalizadores que no son más que pasillos de un solo sentido que permiten a los piratas moverse a sus anchas y saquear a placer pero impide a las personas desplazarse para sobrevivir, ¿alguien puede explicarme cuál es exactamente la razón por la que no pueden abrirse las fronteras? ¿haría eso estallar el mundo? ¿reventarían sus costuras?

La crisis ha llegado a los burdeles. Las prostitutas hacen rebajas. Dos por uno en mamadas, 10% de descuento para familias numerosas. Los de informativos Telecinco hace ya tiempo que han aplicado un sistema de ahorro neuronal a la hora de crear las noticias que les está dando grandes resultados. Porque puede que no anden desencaminados y en un país como el nuestro, el verdadero indicador de la crisis sea el eurolíbidor.

Algunos trabajadores de Nissan tiran vallas contra las puertas de su empresa y hacen pintadas subversivas, radicales, del tipo: ¿y mis hijos qué? mientras algunos accionistas, propietarios, directivos y demás fauna de rapiña aprovecha la crisis para hacer su particular agosto. Ay, qué bien nos vendrían ahora esos sindicatos que vendimos…

Hay días en que me siento tan fuerte que presto atención a los telediarios. Menos mal que dura poco.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Espiral

Yo antes escribía cosas simples.
Como esto:

La tarde pasa
con pereza
se enreda su estela
en cada telaraña
de la habitación
miro al techo
y el aire se espesa
vacío de ti
éter maldito
duele tu recuerdo
duele tu olvido
mariposa espectral
que escapa
de entre mis llagas.
Písala. Mátala
Escapa. Vuela.
Tiempo de vida
absurdo
nube eterna
animal domesticado
niño cansado
guerra.
¿Cuánto más
tardaré
en olvidarte?

O esto otro:

Tu piel sincera me alimenta
bebo su caldo proteínico
guisadito al sudor
me relamo, gozo
y abro los ojos
el armario está ordenado
las bragas blancas
calladas por el almidón
se ordenan con candor
huele a limpio, sólo a limpio
el tiempo es ya una nube
escapada de entre las bragas
jugamos con él
mientras hacemos el amor
algo ha dejado de doler
hoy.

O también esto:

Si no me quieres, yo tampoco
si me quieres, yo también
así de fácil, así de aséptico
así de simple
así de cierto

ya no hay placer en el sacrificio
ni siquiera en la redención
lo he matado con mis manos
ya no patalea de dolor

soy sencilla como el trigo
trenzado al caer el sol
si no me quieres, yo tampoco
pero si aún me quieres
por favor
dímelo.

E incluso esto:

Persigo sombras
camufladas en el negro:
son rincones
me acerco y descubro
pequeños gusanos
que se enroscan
cuando los toco
con la yema de los dedos,
¿a dónde irán a parar
todas esas patas?
el reflejo de un rayo
huye dando saltos
rojos y amarillos
la mesa, quieta
la lámpara que observa
y yo
contando los versos
que me quedan
para verte.


Cosas simples como botijos conteniendo amor o desamor. Amor o desamor. Palabras abruptas en renglones cortos. Pero no creas que me sonrojan.


Ahora, la voz de otros poetas se me ha solidificado dentro, haciendo mi voz más compleja (creo) y mis sentimientos más simples (espero).
Y me asomo cada día a la ventana de un inmenso poeta que es una roca, y yo, que soy un pequeño guijarro pulido por la lluvia y el sol, trato de hacer mío el paisaje que se perfila en su fondo, un horizonte de árboles robados a la bruma, un hermoso, lúcido y delirante escenario que sé que no me pertenece.
Porque yo soy sólo el compás que clava su hiriente punta en el pasado y proyecta su mancha de grafito en tierra ajena, con la esperanza de poder encontrarme en algún lugar del círculo delimitado.
Pero ese círculo se vuelve espiral con el nuevo día. Y en él se cuelan tantos rastros de lo que fui que se me hace imposible distinguirme
.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Miénteme


Ejercicio 1. contar un polvo.

- Me caíste mal desde el primer momento en que te vi. Tan altivo, tan prepotente, sin fisuras, como un axioma. Absurdamente inquebrantable, como un dogma de fe.
- ¿sí? Tú en cambio me resultaste indiferente, tan indiferente como un souvenir, siempre custodiada por una cuadrilla de miradas extranjeras, como una imagen repetida tantas veces.
- sólo los imbéciles miran con los ojos…Mmmm.



Un movimiento algo más intenso, más profundo, de distinta cadencia que los anteriores, la hizo gemir esta vez. Un dulce latigazo con epicentro en la entraña inferior la estremeció, expandiéndose rápido como un fluido electrizante en un contraste. Pequeñas agujas se posaron en las yemas de los dedos.
La boca de él se anegó de saliva y su piel adquirió una textura rugosa, como un cuadro de Seurat, surcada de pequeños puntos. Retomó la cadencia.

- ¿Te gusta Goytisolo?
- Por supuesto que no. No soy una intelectual. La cultura con mayúsculas me provoca arcadas…. Mmmm…Sólo me interesan los libros que me distraen de mí misma.

Ella se abandonó a un corto jadeo que encadenó con un pequeño silencio, seguido de un gemido sostenido cuando ya sólo la acució una imperiosa necesidad de abrir su cuerpo hasta oirlo crujir, como la carcasa de un pollo devorado. Correr hasta saciar una extraña sed. Se precipitó hacia el vértigo cuya puerta había abierto él, cuya puerta era él.
Él le siguió los pasos, profiriendo un ronco sonido al caer.
Sus cuerpos desnudos quedaron laxos, agradecidos, satisfechos, respirando por cuenta propia.

Cuando ella abrazó su espalda, sus omoplatos se le antojaron de porosa arcilla, como si modelase sus contornos con cada caricia, como si la carne de él fuera tierra roja, empapada tras la lluvia y ella volviera a ser sólo una niña jugando con el barro.
Él sintió un deseo irrefrenable de mirarla durante horas, durante días. Muy de cerca. De vestirla con su retina, con sus pestañas. De abrigarla con sus párpados.

-Así es que no te gusta Houellebecq…
-Psss. Me parece un pervertido.

Él sonrió antes de desaparecer por uno de sus pezones.

De la ventana del piso de abajo llegaba una canción de Gainsbourg.

(si no te lo crees, dale al play)

(para aprender a esribir, hay que hacer ejercicios de dedos. He leído en un blog que no es difícil parecer idiota cuando uno describe una escena amorosa. Habrá que estar preparado)

martes, 4 de noviembre de 2008

Je suis venu te dire que je m´en vais

video

Por favor, dale al play.

Él ha venido para decirte que se va,
Gainsbourg ha venido y te mira,
como un sapo tímido y viscoso
y su voz de sapo te acaricia
las penas y los cabellos,
te conmueve como a un poney
cuando te susurra, canalla tierno, que se va,
con el éxito eterno de los eternos perdedores
muertos a tiempo,
a salvo de la última pregunta.
Y caen al final de cada estrofa
las consonantes al fondo de un mar blanco.

Porque él ha venido para decirte que se va,
aunque tú sepas que hace tanto que venimos yéndonos
en lenta procesión constante.
Aún así, lloras su extraña declaración de amor,
la cabeza recostada sobre los días felices,
y giras alrededor de él
como los círculos del vinilo
alrededor de la aguja que rasga
corazones como un bisturí,
corazones siempre nuevos.

Él ha venido para decirte que se va
je suis venu te dire que je m´en vais
dice, porque él es francés
como la espuma de los días
o la fina lluvia de la melancolía.
Y tú te preguntas,
en estos días arrancados a una canción
por qué buscas con tanta insistencia
la transparente compañía de los muertos.

viernes, 31 de octubre de 2008

Presentes

Foto Sergi Albir

Desprendíamos tanta soledad pulida
que las palabras resbalaban
por nuestros cuerpos relucientes.
Callamos.
La tarde se alargaba con violetas
y un pájaro de fuego atravesó el cielo
veloz.
Y más lenta era la tarde
más corta nuestra vida.
No quedó nada por decir.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Un negro con un saxo

Patxi Bisquert y yo, en un fotograma de la película, poco antes de mi número malabar. Fotograma recuperado gracias al incomparable Pepito.

Una vez fui actriz. Secundaria y mala actriz.
Yo tenía 15 candorosos años aunque era mucho más vieja que ahora. Me llamó una prima mía que trabajaba en la producción de una película y me dijo: “buscan a una chica de unos 15 años y he pensado en ti. Te he concertado una prueba”.
Yo entonces era un cruce entre una ostra y un gato callejero.
Fui. El director, Francesc Bellmunt, nada más verme, exclamó: "Es ella! Es ELLA! No hace falta hacerle ninguna prueba, lo hará muy bien…" (pobre, qué ingenuo).
Yo me inflé de dentro hacia fuera como un pavo real, halagada por el estelar recibimiento y pregunté:
-¿y cuál es mi papel?
- Es una joven prostituta que....
Bien.

Se daba la casualidad de que ese mismo curso, en el instituto, en clase de valenciano, nos habían hecho leer la novela en la que se inspiraba la película: “Un negro con un saxo” de Ferran Torrent. Entretenida, aunque nada del otro jueves.
La película se rodaba en Valencia y Barcelona, en catalán o valenciano, no vamos a discutir por eso. Yo, además de ser castellano parlante de toda la vida, atravesaba una etapa de timidez enmudecedora, por lo que recitar el guión en valenciano era para mí como cantar la alineación del Atleti. Le daba el mismo tono, o la misma carencia de tono.
Aún recuerdo parte del texto (tengo una memoria de elefante para los datos completamente inútiles. Pero han de ser completa y absolutamente inútiles).

Anécdotas del rodaje:
Rodábamos en la Malvarrosa, al lado de las vías del tren. La Malvarrosa, antes de que remodelaran el paseo y derruyeran medio barrio, era un lugar fantasmagórico, un submundo espeluznante a tan sólo unos metros de nuestras casas. La mayoría de los que vivían allí eran gitanos dedicados al tráfico de drogas.
La escena se desarrollaba así:
Yo caminaba junto a la vía, custodiada por hileras de casitas bajas a ambos lados, y me encontraba con el protagonista, Patxi Bisquert, que investigaba la desaparición de una amiga mía. Yo, aunque pobre y prostituta precoz, era muy buena y le daba toda la información que me pedía.

Anécdota 1:
El ensayo lo hicimos sin tren. Con lo cual yo caminaba junto a la vía, de espaldas a la cámara y supuestamente el tren venía por detrás. Digo, yo caminaba junto a la vía, pegadita a la vía, sin tener en cuenta que el tren era mucho más ancho que la vía. Así es que, tras los ensayos, cuando gritaron Acción! y por el walki-talki se avisó al tren para que viniera, todo el equipo detrás de la cámara, a punto de ser testigo de mi atropello en directo, empezó a chillar histérico para que me apartara. Pero yo, con el ruido del tren, no oía nada. Menos mal que a pesar de la tremenda naturalidad con la que caminaba, con la cabeza completamente rígida, advertí por el rabillo del ojo cómo el tren que se me echaba encima y en el último instante, me aparté.

No me negarás que hubiera sido una entrada en el mundo del celuloide realmente espectacular.

Anécdota 2:
Mientras hablaba con el protagonista, en medio de la vía, yo tenía que encenderme un cigarrillo y quitarme la chaqueta con el bolso colgado del hombro. Hablar, fumar y quitarme la chaqueta, cambiándome el bolso de brazo. ¿No podían haberme pedido algo más sencillo, como hacer el pino puente mientras resolvía una ecuación de segundo grado? Claro, me hice la picha un lío y me saqué la chaqueta pasando el cigarrillo encendido por dentro de una de las mangas. Chula que es una. Y así se quedó.

Anécdota 3:
Las instrucciones eran que, una vez terminado el diálogo, me despidiera del protagonista, me alejara unos metros y saliera de plano, ocultándome junto a la puerta de una de aquellas casitas junto a la vía, que en la ficción era la mía. Mientras, Patxi, pensativo, se acercaba lentamente hacia la cámara.
Y eso hice, encogí mi adolescente cuerpo junto a una de las puertas, esperando escuchar la contraseña de Corten! cuando se abrió de golpe la puerta y por ella aparecieron dos auténticas energúmenas, dos personajes de película de terror, gritándome, insultándome y empujándome fuera de su puerta. “¿Qué venís a hacer aquí, a enseñar lo bien que vivimos? Fuera de esta casa, so puta”. Y yo, aterrada pero aferrada al marco de su puerta, como un naúfrago a la última tabla del barco, tratando de mantener el equilibrio entre zarandeos varios. Más que nada porque hubiera quedado muy feo que al final de la secuencia, mientras el protagonista caminaba hacia la cámara a lo Humphrey Bogart, al fondo hubiera aparecido yo, saliendo despedida de una de las puertas, a lo Peter Sellers, trastabillando y con cara de yo no he sido. Conseguí mi propósito pero sudé lo mío y eso que aún llevaba la chaqueta hecha un ovillo en la mano.

En fin, que el mundo del cine y sus entrañas resulta apasionante.

Ahí va el trailer recuperado.
video

viernes, 24 de octubre de 2008

El amor, la duquesa y mi subconsciente



Dicen que la duquesa se ha enamorado.
Podría ser como en una novela de Balzac, entre el frufrú de la seda y los exquisitos rituales de abanico de las fiestas de palacio si no fuera porque se trata de la duquesa de Alba, esa mujer que cada día se asemeja más a la coliflor que me encontré en la nevera, a la vuelta de unas largas vacaciones. Mustia pero entera.

Nunca es tarde para el amor.

A priori, todos pensamos en el carácter advenedizo del tipo y en el carácter francamente decrépito de la duquesa que diríase la incapacita para amar o ser amada. Pero ella sostiene la opinión de que aún es moneda de curso legal en este mercado. La sostiene y paga con ella.
No en vano al deseo siempre le ha gustado adentrarse por inextricables caminos (Como al Señor, mira tú por donde).

La duquesa se arrastra con sus piernas de trapo, su rostro brilla como el de un muñeco de cera y las palabras se deslizan por su boca con las secretas artes de un ventrílocuo.

Nunca es tarde para el amor.

Van al cine juntos, ella es remolcada por dos ayudantes de cámara que, a la salida del cine, la depositan en un banco junto a él.
Se miran, los rostros arrebolados por algo a medio camino entre la vergüenza y la pasión. Él, eclipsado por los flashes, los palacios de Lirias, los besamanos con la reina, y demás etcéteras aristocráticos. Ella, por su comparable juventud y por esas dos fuertes piernas que aún son capaces de sostenerlo.


Algunos objetarán que esas piernas caminan sólo hacia el interés, que él de quien de verdad está enamorado, y hasta las trancas, es del patrimonio de ella, de la anhelada trascendencia que le proporciona, de los lujosos palacios, de las portadas en el Hola.
Pero yo me pregunto si todo eso no es también ella, tan ella como el color de sus ojos o su compuesto nombre. Ella nació duquesa como otros nacen cetrinos.
¿O acaso tiene más mérito heredar unos genes espectaculares, imanes para el sexo opuesto, que heredar un patrimonio y un estatus social?
En esta partida de póker que es el amor, todas las cartas juegan y hasta está permitido ganar echándose un farol.

Esto es lo que escribí ayer. Luego me fui a la cama y esto es lo que soñé:

Estoy en una casa que no reconozco. De la habitación del final del pasillo, me llegan voces inquietantes. Alcanzo la puerta, la abro y veo a un tipo de unos cuarenta años pegándole a la duquesa de Alba que, ataviada sólo con unas enormes bragas color carne, gime de forma lastimera. El le da puñetazos cortos y repetidos en el brazo, cuyas blandas carnes aparecen tumefactas y amoratadas. Hay tanta violencia en la imagen que me sobrecoge. Cuando ella me ve aparecer sólo acierta a derrumbarse, lloriqueando: Bárbara…., dice, y se echa en mis brazos. Da una pena que ni os cuento.

La abrazo y la saco de la habitación, seguida del energúmeno (no se parece nada al supuesto novio de la duquesa ) que no cesa de lanzar protestas e improperios que no puedo recordar. Me giro hacia él, y en tono tranquilo y amable (¿?) le digo: ¿qué te pasa, no entiendes que no está bien pegarle?, ¿qué problema tienes?

Acto seguido me despierto, bastante angustiada por cierto. Son las cinco de la madrugada.

¿tú entiendes a mi subconsciente?


miércoles, 22 de octubre de 2008

De madrugada



Llueven sílabas sobre la ciudad dormida
y tú sólo tienes esta paz aturdida de un golpe,
el azul eléctrico y mojado
de las calles que, limpias de cadáveres,
transidas del humo de vejaciones diarias
se tienden sobre la noche, ofreciendo su lomo
en busca de caricias antiguas.

También tú buscas en la ventana,
lo buscas todo, distraídamente
y ves cruzar por un paso de cebra
a una tristeza japonesa con paso de gacela
que no responde a ningún nombre
cuando la llamas sin voz,
una tristeza con abrigo de pelo largo
que deambula sin pasado
bajo la turbia y llorosa luz de las farolas
en busca del último corazón abierto.

Se aleja
y sigue siendo madrugada
de suaves gatos en el aire
de perfume fresco de asfalto,
pasa una armonía azul
dentro de cada coche de luz
blanca.

Y disfrutas mansamente
del melódico taconeo de la japonesa
que aún resuena en tu mirada
y te abres a esta madrugada
que acaricia despacio soledades,
que exhala un aire denso
de sílabas llanas,
de palabras graves.

lunes, 20 de octubre de 2008

Ray ya sólo habla de amor



Ray ya sólo habla de amor.
Como si pudiera hablarse de otra cosa, pienso yo, que entre mis novelas preferidas están Rojo y negro, Mme Bovary o El amor en los tiempos del cólera. Que si en un western no salen chicas, no me interesa.
En una entrada anterior, le hice una
entrevista ficticia a Ray Loriga. Y en ella le preguntaba: ¿de qué trata su próxima novela? Él respondía: El amor. El amor son todas las enfermedades juntas.
Así, inconexo, enigmático. Eso fue cosa mía, claro, pero la frase era suya, extraída de otro lugar.

Y ahora resulta que:
Ray Loriga ya sólo habla de amor.
No tenía ni idea. Ni siquiera sabía que preparaba una nueva novela. Lo inventé.
Lo me lleva a pensar que hay ¿casualidades? ¿ duendes?, ¿es acaso la verdad tan brillante que se divisa desde lejos?
Y sobre todo, ¿puede la ficción ser un camino para llegar a la realidad?

Yo creo que sí, pero no a la realidad ésa con tan mala fama, la que considera que un cáncer de páncreas o levantarse a las 6 de la mañana para ir a trabajar a la fábrica es más real que un deseo etéreo o que todo el arte que despliega un prestidigitador en su show nocturno.
No. La ficción de imaginar la realidad en toda su amplitud.
La creencia de que, a fuerza de pensar, pueda llegarse a certeras conclusiones.
Si, como dice Flavia que dice Grace Paley: la verdad, cuando encuentra su nivel, flota.
Yo creo firmemente que sí.

Y he de confesar que, desde hace algunos años, son esas pequeñas boyas en el mar el auténtico motor de la vida. Esas conclusiones extraídas de las relaciones a la vez enigmáticas, a la vez reales despiertan mi curiosidad por ver hacia dónde se mueve todo, por tratar de captar el ritmo de una partitura que no logro descifrar pero que me hace mover los pies.

Resumiendo, que estoy deseando leer Ya sólo habla de amor. Y gracias al amigo Miquel, y a los ejemplares de promoción, la leeré gratis, lo que no hace sino incrementar el placer.

viernes, 17 de octubre de 2008

Paseo





Paseo

Entendí a Costafreda cuando dijo que los pájaros aullaban
a Plath cuando miraba el árbol y el árbol era inmortal
pero esta hormiga me mira y soy yo la inmortal
la que transita entre árboles eternos
de hojas mortales como hormigas
en cuyas copas, los pájaros se elevan
a la señal acordada
en oscuro enjambre de dulces aullidos
dejándonos a los tres
debatir sobre asuntos intrascendentes
que no esperan.



¿No es increíble lo que hace el Photoshop? éste es mi perfil original, en los de arriba un poco de magia con unos simples filtros. La tecnología no deja de maravillarme cada día ...

martes, 14 de octubre de 2008

La parte mayoritaria de la parte minoritaria



Se me ocurre, por pensar en algo y porque ya va siendo hora de actualizar este blog, lo tramposo que resulta hablar de mayorías. La mayoría del pueblo prefiere, la mayor parte de los encuestados afirma. Embaucadoras vaguedades como la “opinión pública” o el “público televisivo” se nos cuelan a dirario.

Pero ¿qué es exactamente la mayoría? ¿existe fuera de nuestra prejuiciosa mente? ¿es realmente ella quien mueve el mundo?
No nos engañemos, las cosas importantes se deciden siempre al margen de la mayoría.

Por ejemplo, si tenemos en cuenta que en las últimas elecciones de EEUU el 40% de la población no acudió a las urnas, ni el partido republicano ni el demócrata obtuvieron nada parecido a una mayoría. El partido más votado, el vencedor por goleada, fue el no partido, el partido fantasma, el conjunto vacío, la abstención.
¿Quiere esto decir que la mayoría de los americanos son anarquistas? ¿o es que sus cerebros son cachos de carne sólo apta para hamburguesas de Mac Donalds? Yo apuesto por lo primero.

Y es que ¿por qué negarle un valor a la nada? ¿Por qué razón los partidos tunantes, perdón, turnantes, olvidan automáticamente que están ahí por una minoría y no tienen presente que son sólo la segunda opción más votada?

Esto me lleva a afirmar mi postura de que quien decide, en todo, es una minoría que simplemente tiene mejores cuerdas vocales y grita más. Mientras, una tímida mayoría permanece callada.

Groucho lo explicaría a la perfección: la parte mayoritaria de la parte minoritaria será considerada la parte minoritaria de la parte mayoritaria.

En sociología se estudia un fenómeno sencillo que no deja de ser ilustrativo: la espiral del silencio. Dice esta teoría que ante unas ideas extendidas (sostenidas por una mayoría o una minoría que se cree mayoría) el que piensa lo contrario se abstiene de expresarse porque no es lo políticamente correcto, creándose una falsa sensación de homogeneidad.

Eso explicaría, por ejemplo, el porqué si ya nadie exhibe unas ideas machistas dignas de la España del tío Paco, siguen cayendo mujeres todas las semanas. Porque hay una parte que calla ante un clima poco hospitalario para sus ideas. Calla pero sigue matando, como la resistencia clandestina.
Igual que funcionó en su día la espiral del silencio en sentido contrario, haciendo que las mujeres ocultaran los malos tratos porque denunciarlos estaba socialmente mal visto.
Así, poco a poco, las minorías se van haciendo mayorías . Y también sucede al revés.

Dentro de uno mismo, también podemos encontrarnos con que nos dominan las minorías ruidosas, las que impulsan a coger un cigarrillo o a perseguir sueños imposibles, desoyendo las razones de peso de la mayoría.
Y también ahí dentro, la espiral del silencio nos lleva a acallar otras voces y pensar lo políticamente correcto: que somos dueños de nuestra propia vida, amos y señores de nuestros actos.

Mark Twain hizo una inteligente advertencia espacial:
Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.

Kafka dijo sin embargo:
En tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo.
Aunque el resto del mundo esté dentro de ti. (Esto lo añado yo. O al menos la parte mayoritaria que hay en mí).

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un amor secreto



Un amor secreto es un pliegue interno
que crece en círculo violeta
una herida abierta por la que respira el deseo
y es la sal trémula que escuece el deseo.
Es una hermosa palabra silbante
escupida de través al viento mordaz
un antro abierto
cuando todos los bares cerraron
y la sed no se aplaca con whisky solo
sólo con whisky.
Un amor secreto es
esa voz dentro con la que hablar
aunque su eco repita
a qué tanta soledad
a qué
tanta soledad.

Que me voy de puente y estaré fuera unos días, así es que hazme un favor y cuida de mis palabras que, en cuanto les doy la espalda, tienden a salirse de madre...

martes, 7 de octubre de 2008

Mi parte femenina no cree en Dios



Que soy mujer es un hecho. Que tengo glándulas mamarias, un clítoris, una vagina y de guinda, dos ovarios que lo avalan. Un todo completito.

Que tengo rasgos de hombre me lo dicen a menudo: que soy desastrada, que soy más bien precoz en alcanzar la cima del placer, que me quedo inmediatamente dormida, que cuando engordo tiendo a acumular grasa en el centro de flotación: en la barriguita cervecera y no en muslos y culo. Que soy impulsiva. Que me reí con la conjura de los necios.

Que poseo rasgos tópicamente femeninos, también: que cumplo a rajatabla las tres fases de la pre-regla, (angustia vital, ganas de ahogarme en chocolate, reventón en lágrimas y sangre).
Que cuando escribo tiendo a una cierta cursilería que me lleva a envolverlo todo con un lazo a motas rosas. Que tiendo a explicar cómo se sienten los personajes en lugar de ponerlos a mover el culo.
Que a pesar de ser clínicamente desastrada, cuando Mona Lisa, la chica que limpia mi casa una vez a la semana (se llama Mona Lisa ¿no es maravilloso?) me ordena la ropa, los suéters en degradado como un arcoiris, las braguitas apiladas con candor, en ese agujero que algún día será un vestidor pero que hoy más parece un puesto de mercadillo tras la visita de las hordas en rebajas, se me empañan los ojos de la emoción. Mi parte masculina ya le ha dicho si quiere casarse conmigo.

Que no tardé en hacerme la picha un lío con lo de mi parte masculina y la parte femenina de él, y mi parte femenina de serie, y su parte masculina de serie, y que todas juntas acabaron montando un sindicato y exigiendo por convenio unas condiciones laborales claras, la delimitación explícita de los turnos de trabajo y de las vacaciones de cada parte.

Que me hubiera gustado ser una sex symbol a lo Marilyn Monroe, y a la vez un sabio, intelectual y bonachón, a lo Unamuno. O una mezcla de ambos (¿?).

Que todo esto no son más que tópicos.

Que a menudo me siento confusa, que veo lobos tras el deseo, y hombres que consideran que merezco un castigo, y mujeres que muerden y compiten como lobas por el macho, y clubes que me cierran las puertas en las narices.

Que ya lo dije una vez: soy feminista porque no puedo evitarlo, porque soy mujer, como cualquier negro que se precie es mandelista, como Fidel Castro es castrista o Sánchez Dragó, sanchezdraguista.

Que en definitiva soy un caos que no hay Dios que lo arregle.

Que sé que si alguien tiene la culpa es Dios. Esa figura de género masculino, grabada a fuego en la infancia, ese ser omnisciente que nos cuida y nos vigila. Ese ser superior. Él. Dios, que no me hizo a su imagen y semejanza.

Que por eso mi parte femenina hace tiempo que dejó de creer en él.

viernes, 3 de octubre de 2008

Todos fuimos inmortales















¿Recuerdas cuando eras inmortal
y la luz violeta del atardecer
resbalaba por tu espalda,
como una cascada de ironía
lo hace por la lengua de los tigres?


No sé si te acuerdas
porque hace tanto tiempo de eso
cuando la muerte era cosa de otros
que guardaban su vergonzoso secreto
bajo paraguas enterrados en la arena.

Ella era entonces

ajena a tu futuro blindado
a tus pies menudos, desnudos, alados
a tu perfil francés
a tus ojos sin legañas de fracaso.


Tú te deslizabas entre las vías
con leve desidia, con inusitada gracia
y subías a los coches de los pervertidos,
y bajabas dorada de luz, intacta,
los pómulos rosa fucsia,
tan blanca la esperanza.

Hasta creíste que podías morirte
para después contarlo.

Ahora lo sabes:
todos fuimos inmortales.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Canciones de los 80

video

Dale al play, por favor.

Envidio a esa gente que siempre ha vivido dentro de sí misma, con su páncreas, su hígado, su estómago, siempre ordenados, en su sitio; transitando por un mundo que fabricaron sus padres para ellos. Los envidio. Porque tienen las manos blancas. Porque no han tenido que matar.

He tropezado con Boys don´t cry, de The Cure, una música que ya ni siquiera me gusta, y sus dardos han herido a alguien que ya no vive aquí, a un recuerdo en forma de círculo cerrado, perfecto y acabado.
Hay canciones que ya sólo me gustan con el corazón prestado del recuerdo. Si hoy las escuchara por primera vez, seguramente pasaría por su lado sin girar la cabeza.

Sin embargo, cuántas cosas pueden caber en una canción: la discoteca, los besos de túnel, el vodzka con limón, la amistad-coraza con superpoderes, oxígeno en cada calada al cigarrillo, dedos ajenos más osados que los propios, la inmortalidad, escupitajos al mañana.

Entonces aún se escuchaba música en las discotecas. Aún creíamos que podríamos salir indemnes.

Boys don´t cry, los niños ya no lloraban. Ahora, con 13, con 14, corríamos en círculo hacia adentro. Hasta estrellarnos. No sé por qué veo espirales cuando oigo esta canción.

Fue justo antes del silencio.

Esa adolescente fue sólo la primera víctima. Era ella o yo.
Fui yo.
Acabé con ella pero no la olvido y ése es su triunfo. Y éstas siguen siendo sus canciones.


lunes, 29 de septiembre de 2008

Efectos perversos de la crisis



Efectos perversos de la crisis:

- que un tipo asome la cabeza en informativos Tele 5 para decir que alquila una habitación en su casa a cambio de sexo. “Yo creo que tres veces a la semana sería lo correcto”, afirma este homo erectus del Pleistoceno superior. Lo correcto. No lo deseable ni lo lujuriosamente saciable. Lo correcto. Al tipo le han difuminado la cara y distorsionado la voz, a juego con el cerebro.

- que el otro día servidora comprara papas de la marca Hacendado en lugar de las Lays con aceite de oliva (ahorro: 0, 49 euros). Eso sí me las comí junto con el jamón de Guijuelo de 57 euros el kilo, que con los alimentos básicos no se juega.

- que nuestro presidente por accidente diga sandeces del tipo: el sistema financiero español es de los más fuertes del mundo. La sonrisa de clown pintada en su cara no se alteró.

- que Bush pida un tiempo muerto en la campaña electoral para escenificar la cagada en los pantalones que le produce la crisis. La crisis o que Obama le haya metido tres tiros de tres puntos al papafrita en el segundo cuarto, y ya le saque 9 puntos de ventaja. Inconcebible que con este Dream team no pueda siquiera comprarse al árbitro.

- que algún espabilado, el de siempre, aproveche para pedirle al gobierno el abaratamiento del despido. Meeec, propuesta denegada, más que nada porque el siguiente paso era regalarles a los despedidores un viaje a Canarias con todos los gastos pagados.

- que servidora use dos discos de algodón desmaquilladores en lugar de tres.

- que algunos respetables se dediquen a la pornografía dura de aumentar sus beneficios, extendiendo su red de burdeles por Sudamérica. Léase (con cierto desdén) BBVA o Santander.

- que los ministros congelen sus sueldos mientras los pensionistas congelan hasta las sobras del perro.

- que me dé por hacer estúpidas listas.

- que despierte de nuevo el nacionalismo rastero, como un perro famélico ante el olor de la carne putrefacta. Es decir que a los inmigrantes, como una puta que ya ha hecho su sucio trabajo de forma satisfactoria, se les dé su dinero (léase el paro que les corresponde) con la condición de que se vayan lejos de nuestras respetables familias de moral victoriana. Afortunadamente, los inmigrantes, como las putas, a menudo carecen de alternativas pero no de cerebro.

- que a Solbes le dé por hacer greguerías, imposibles e hilarantes metáforas en torno a la crisis que han permitido mostrar todo ese talento para la fantasía.

- que Paul Newman haya muerto. Bueno, puede que esto no sea efecto directo de la crisis pero nadie negará que es mejor irse con la crisis, cuando despunta el otoño y en una época en que los guapos ya no saben mirar hacia fuera. Hasta siempre, buscavidas.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Escribir y sobrevivir


Alejandra Pizarnik

La letra no sólo con sangre entra. También sale con sangre.
Me pregunto si es necesario tanto sufrimiento o es sólo una cama elástica para subir más alto.
Me pregunto si es posible desangrarme de día, lentamente, en renglones inacabados e irme a la cama tranquila, con la última sonrisa de Bruno en los párpados.


Renuncio a saber más de trágicas biografías.


O dicho de otra forma:

Quiero escribir bien
pero no quiero rebanarme el cuello con el filo de una sombra
como Alejandra
no quiero bailar hasta sangrar en el manicomio
como Leopoldo
no quiero que ningún maldito Demócrito me arranque los ojos
como a Jorge Luis.
No quiero ahogarme en el fondo de un pozo, como quien dice yo
como Gabriel.

Quiero escribir bien y ser mediocremente feliz
medianamente feliz
huir de los extremos
hasta quedarme quieta
inmóvil o muerta.

Pero sólo el delirio me susurra palabras
hermosas
y desando el camino de la locura
a casa cada tarde
de la mano de uno distinto
puta alegre y barata
los ojos del corazón entornados
la sombra dormida
sobre los pies descalzos.

Y muero un poco, cada mediodía
en punto
frente al reloj de la cocina
a un ritmo lento
puede que imperceptible.

martes, 23 de septiembre de 2008

Va de premios



Dicen los insignes escritores al recoger un premio: “no lo merezco pero lo acepto”. Yo, como no soy insigne (ni siquiera sé qué quiere decir la palabra), ni está demostrado mediante sentencia firme que sea escritora, diré que lo merezco porque lo acepto.

Y es que mi amigo Nán me ha otorgado un premio al esfuerzo personal. Después de reírme un rato, al esfuerzo personal, a mí!, y a pesar de ver tambalearse peligrosamente mi fama de crápula y vividora, seguidora acérrima de la ley del mínimo esfuerzo desde mi más tierna juventud, he decidido ponerme los tacones y pasar a recogerlo.

Ahí arriba está.

Sí, he pensado que odio las cadenas ésas que empiezan con un mensaje de paz y amor, y terminan con una lluvia de sapos y culebras, de desgracias que caerán sobre el que ose romperlas (un poco como la religión católica o las videntes gitanas si no les dejas una suculenta propina).

Sí, he pensado que para el 2012, si esto sigue así, en progresión geométrica de 5, tendremos cada uno de nosotros unos 27 premios más o menos en nuestro haber.
He pensado, sí.

Pero es que tengo debilidad por Nán, y me pone tontorrona que él me haya elegido entre un montón de gente. Así es que lo acepto sin dudarlo, como aceptaría una vieira del restaurante de Toñi Vicente si él me la sirviera.

Dicho esto, hago lo propio y -redoble de tambores- paso a nominar a:

- Miguel Baquero, porque encarna la sencillez y la falta de pedantería sin dejar de lado la inteligencia y la calidad.

- Reyes porque no conozco a nadie que actualice su blog con tanta frecuencia y extienda sus vísceras en él, así, con tanto arte, como en un cuadro abstracto.

- Antonio porque me maravilla la sensibilidad, la poesía y la imaginación necesarias para mantener un blog dedicado a Cisco.

- El hombre blanco por su profundidad analítica, y porque tengo el orgullo de haberle inyectado el vicio.

- Strongboli porque me gusta su seriedad a la hora de bromear y porque es una persona especial.

Creo que todos ellos son merecedores del premio al esfuerzo personal y, sobre todo que, como ya vamos teniendo algo de confianza, sé que no me lo tendrán en cuenta.

Besos a todos,

Bárbara.

viernes, 19 de septiembre de 2008

l´amour, le foie


A un amigo lo ha dejado su novia puede que temporalmente, puede que definitivamente y andamos jodidos ante los puede. Él por la evidente incertidumbre, yo porque me machaca al teléfono y vía Messenger buscando respuestas que sabe que no existen. Él me dice: estoy jodido. Yo le corrijo: estamos jodidos.
Lo pasamos mal. Proust decía que sólo se ama lo que no se posee totalmente.

Ceno con dos amigas que tienen más de cuarenta y no tienen pareja. Mientras nos jalamos un foie con cebolla caramelizada, una ensalada de chipirones y habitas, y un solomillo sangrante hablamos del amor y del sufrimiento de las ocas.

Del amor que todo lo redime. El amor que hace correr descalzo por un campo verde y surcado de aspersores. Del amor-humo de cigarrillo directo a los ojos.
Decía Beaudelaire: “Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar”.

El amor. Llego a casa y le doy una patada cariñosa, lo mando a su rincón frente a la chimenea. El amor se ovilla, obediente. Leo un rato y me acuesto pero doy vueltas en la cama, las tripas rebosando foie. Puede que haya cenado demasiado.