domingo 19 de febrero de 2012

Como si mi vida les fuera en ello


Los lirios como bocas, las bocas como lirios. Abiertas y húmedas. Efímeras.

Es un tiempo extraño éste. Cuando la desgracia sopla, trae vientos de presente. Desde que el futuro ha muerto, ¡viva el futuro! que somos más reales, los moratones, los besos, las arrugas, los diagnósticos, los autobuses, los peluquines, las conjeturas, los delirios, los decretos, las costuras, los sonetos, las tristezas, todo es más real.

El viento atornilla la realidad, removido el polvo de las expectativas.
Es un tiempo hermoso éste. Frío. Diáfano. Fronterizo. Acogedor y decadente como un puticlub de carretera.
Y aunque el dinero corta como cartulina afilada, se extienden luchas como almohadas.

Somos fuertes. Somos vulnerables. Somos fuertes porque somos vulnerables. Somos vulnerables porque somos fuertes. Nos comemos el presente crudo y escupimos los huesos. Eructamos al viento, las bocas abiertas como lirios, los lirios…
Qué es sino mi vida lo que sucede ahí fuera, como en este poema de Pablo García Casado:


1972

parís, texas
por qué travis qué hay de esa oscura pregunta
por qué la casa en ruinas por qué él por qué ella
por qué el verano de mil novecientos setenta y uno

qué tuvo que pasar qué clase de química por qué
la huelga en el sector metalúrgico por qué el atasco
por qué llegaron rendidos y aún así se besaron

como si mi vida les fuera en ello


Aún así se besaron, como si mi vida les fuera en ello. Ese es el único resumen posible, el milagro por el que seguimos en pie, por el que el viento, por el que la lucha, por el que el presente, por el que los versos, los lirios y las bocas.

martes 14 de febrero de 2012

No respiro bien


Y esa manía de relacionarlo todo, de dar puntadas a los acontecimientos con el hilo de la causalidad. No respiro bien últimamente. Hace meses que no riegan las calles. Me cuenta M. que quieren hacer un ominoso ERE en la empresa de limpieza municipal donde trabaja. No respiro bien. Tal vez tenga ansiedad. Nunca en mi vida he tenido ansiedad, salvo la de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor. Ya no riegan las calles. Hoy he visto un vomitado en la acera que parecía la expresión artística de un hijo bastardo de Pollock. No respiro bien. El otro día, hablando sobre la reforma laboral, me sorprendí clamando, clarividente y febril: la culpa es de Fernando VII! Y esa manía de dar puntadas, de relacionarlo todo. Algunos miraron hacia otro lado. Ya no riegan las calles. No respiro bien. Coso a Garzón a la inquisición, las traductoras rumanas al derecho de pernada, el tocino a la velocidad, los dimes a los diretes, los vómitos a la pintura abstracta.

Desde Cristóbal Colón que no respiro bien. Despido de 20 días por año. Ay, la pepa, suspiro. Estudié en el liceo francés. Tal vez por eso añoro a los afrancesados, particularmente su guillotina. Ya no riegan las calles. Si el cerebro tarda unos segundos en morir, ¿verá el suelo aproximarse? Y más importante aún: ¿pueden considerarse arte los sesos reventados en el asfalto, las tripas reventadas en el asfalto? Ya no riegan las calles. Arde la cuna de la civilización. No respiro bien. Y esa manía de dar puntadas, de relacionarlo todo, como un pasatiempo de esquizoide. Para no rematar nunca con un nudo. Y es que al mismo tiempo estoy convencida de que nada es crucial (como ese libro de Pablo, que es de las cosas más bonitas que he leído en mi vida).
Soy a la vez el detective que desprecia las pistas, y el delincuente que las busca para borrarlas. Arden las calles. Ya nadie riega las calles. No respiro bien.

viernes 10 de febrero de 2012

Cómo no, Garzón

A los niños españoles ya no debería asustárseles con el hombre del saco (que además según últimas noticias, va a empezar a cobrar las bolsas) sino uh, con otra guerra civil, niño, pórtate bien y cómete la cena o tendremos otra guerra civil, no desobedezcas a tu madre o guerra civil, no rechistes a tu padre o provocarás otra guerra civil.

Es el fantasma español que arrastra sus largas cadenas. Ese aguilucho de garras afiladas que sobrevuela el territorio español en busca de nuevas presas, que diría Rodríguez de la Fuente.

Hace dos años ya, escribí esto sobre Garzón:

"Muchos son los que se echan las manos- limpias- a la cabeza ante el quebrantamiento de las pequeñas normas, los guardianes de la estabilidad de la nación, los que creen que de no ser por ellos iríamos derechitos al caos absoluto, a Sodoma y Gomorra, a otra guerra civil, a la subversión del orden establecido, o peor aún, a la eliminación de las plazas de aparcamiento reservadas para sus Mercedes.

Qué gente más peligrosa ésta que se salta las normas, y que además ni siquiera lo hace- al menos en este caso- , para enriquecerse o empoderarse, sino simplemente para cebar su ego.

Al lado de tamaña atrocidad, el que haya cientos de personas aún desaparecidas, el que permanezcan intachables las memorias de contrastados asesinos, cuyos descendientes disfrutan hoy de unas golosas rentas tanto pecuniarias como de prestigio social, es pecata minuta.

El escrupuloso cumplimiento del procedimiento, por absurdo que sea, es lo importante, no vayamos a socavar los cimientos de la cohesión social, por Dios, que España se nos rompe con un pedo fuerte.

Aunque sus coches atropellen a los peatones, hay que ponerle una multa a aquel que se salte el semáforo en rojo, por mucho que alegue que iba a socorrer al accidentado. Faltaría más.

Podríamos llamarlo estrechez de miras, exceso de legalismo o gusto desmedido por el orden pero todos sabemos que es puro y cruel egoísmo".

Ayer Garzón fue condenado por las supuestas escuchas ilegales entre investigados y letrados de la Gürtel. No soy jurista y me da pereza leerme la sentencia entera de Garzón pero así abote pronto me pregunto si para condenar a un juez por prevaricación no debería demostrarse fehacientemente su interés bastardo, palpable y notorio en el caso, favorecido claramente por su sentencia. Ya sea en forma de saco cargado de billetes con una nota de para mi amiggggguito del alma o en favores manifiestamente beneficiosos para su persona.

Dice la RAE que prevaricar es dictar una resolución a sabiendas de que es injusta (a sabiendas… con lo que ya situamos el escenario del crimen en los alrededores de la conciencia…)

Sí, puede que no sea un juez intachable, puede que haya cometido errores de procedimeinto (que empiecen a caer piedras, aquí) pero la acusación de prevaricar no pasa de ser una mera sospecha, una intención subjetiva, especulativa. Porque si hay que prevaricar, se prevarica pero prevaricar pa ná, es tontería. ¿Dónde está el interés oculto y demostrable en el caso por parte del juez? ¿Puede considerarse la aversión a la corrupción un prejuicio infundado que atente contra algún derecho fundamental de terceras personas?
Sí, ya sé que el derecho a la defensa es un derecho fundamental que hasta las sabandijas de la Gürtel deben disfrutar pero ¿no bastaría con anular las pruebas obtenidas de forma ilícita según un tribunal?
No. Por lo visto, los magistrados que han condenado a Garzón se han colocado en fila india justo delante de su conciencia para emitir su veredicto de culpable por prevaricación.

No quedarían jueces si examináramos ese intersticio con lupa, si bajo el microscopio, ese delicado tejido debiera presentarse siempre completamente limpio de prejuicios, de ideologías, de moral, de intereses propios, de simpatías. O hace tiempo que todos los jueces habrían sido sustituidos por máquinas.

Tengo miedo, mamá. Y no de los fantasmas precisamente sino de todos esos ultraconservadores perversos que quieren darnos susto. O muerte. Susto o muerte. Que vuelva el hombre del saco.

martes 7 de febrero de 2012

Eterno lepidóptero


Han encontrado más fotografías inéditas de Marilyn. Estoy convencida de que en el compartimento secreto de la lavadora donde desaparecen los calcetines impares, hay fotos inéditas de Marilyn, en todos los pozos (sin fondo) del mundo, fotos inéditas de Marilyn, en el triángulo de las Bermudas, fotos inéditas de Marilyn, bajo los faldones del Papa, fotos inéditas de Marilyn, en los agujeros negros del espacio interestelar, fotos de Marilyn, inéditas, bajo los sujetadores-faja de las abuelas, arrepretás junto al monedero, fotos inéditas de Marilyn.

Es un hecho que Marilyn pasó gran parte de su corta vida posando, cual lepidóptero, que nació para posar, como otros nacen para disparar, y otros para esquivar balas.
Por eso no es de extrañar que nuevos viejos negativos hayan sido descubiertos en el depósito de la revista Life, que debe de tener medidas de campo de fútbol megalómano, comparables a las del museo del Prado, donde han tardado varios siglos en apercibirse de que poseen un clon coetáneo de la mona lisa.

El mundo habrá dejado de tener imágenes, superada definitivamente la ordinaria bidimensionalidad y seguirán apareciendo fotografías inéditas de Marilyn.
Y lo que es peor: seguiremos sintiendo interés por esas fotografías, pinchando para ampliar la imagen, queriendo saber un poco más de la rubia, siempre un poquito más, poniéndonos de puntillas para atisbar por esa mirilla que hizo click un día para quedar abierta toda una eternidad.

Tal vez en el año 2076, expertos mitómanos dictaminen que Marilyn está completamente resuelta, descifrada, rebanado todo su misterio, finiquitada y archivada como mito junto a Cleopatra o la reina de Saba, pero hoy por hoy en Marilyn sigue cabiendo una cantidad moderadamente infinita de misterio.
Y es que una condición indispensable para ser mito y germen seminal de ese misterio es ser multitud de cosas al mismo tiempo, todas ellas contradictorias: inteligente y tonta, depresiva y frívola, práctica y romántica, divertida y trágica, desinhibida y traumatizada, indulgente e intransigente, impuntual y perfeccionista, adorada y desamparada, lozana y drogadicta, suicida y vivaz.

Puediera parecer que ser muchas cosas conduce a no ser nada, ya que nos definimos por contraposición, (sin necesidad, eso sí, de llegar a los extremos de Artaud: "yo me destruyo para saber que yo soy yo y no todos esos"), que nos hacemos del material que no son los otros, de sus desechos.

Pero no sucede así con los mitos, cuanto más contradictorios, más comprensión suscitan, cuanto más logran estirar la goma de sus propios extremos, más misterio tensan y más perduran en el tiempo. Más nos pertenecen. Ese es el secreto.

Yo creo que tener mitos es un poco idiota y una puede ser muchas cosas pero idiota… también. Por eso no puedo dejar de recordar a Marilyn, de pinchar una vez más en la imagen, de indagar en ese elástico, tan confortable misterio.







jueves 2 de febrero de 2012

Alma, literatura y un lucio



La verdad es que esto de la literatura, sobre todo la que lleva MAYÚSCULAS, es un asunto espinoso, más espinoso que un lucio, y que deja así como un poco boquiabierto también.
Me ha hecho gracia lo que dice malherido que dice CB (ni idea de quién es CB por cierto) de que hay gente que más que gustarle la literatura, “les gusta que les guste la literatura, les gusta abrir un libro y entender enseguida que no son lectores comunes ni mucho menos ramplones, les gusta pensar que la literatura primero lo parece y luego lo es”.
Abundan los ejemplares de esta especie. La literatura como un club elitista, con sus colores de equipo, su sentimiento irracional de pertenencia, sus cánticos y sus ritos. Hay mucho forofo literario.

Dice Javier Moreno en Alma: (acotación literaria: te amo, Javier)

"Hasta los veinte años no escribí una sola palabra que tuviese que ver con la literatura. Sigo sin saber muy bien de qué hablo cuando uso esa palabra. Quizá lo mejor sea no intentar hacer literatura. Tan solo escribir, a secas."

"Mi pieza favorita del ajedrez es el caballo. Con ella puede recorrerse todo el tablero sin posarla dos veces en el mismo escaque. Saltar por encima de las demás piezas. Ni siquiera el rey puede hacerlo. El caballo es algo así como la tercera dimensión del ajedrez. Con la escritura pasa algo parecido. Uno puede saltar por encima de las frases hechas, por encima del espacio y del tiempo. La tercera dimensión del lenguaje, se me ocurre que esa podría ser una buena definición de la literatura."

"No me gusta aparecer en ninguna imagen si no soy yo el que maneja el encuadre. Sólo me veo bien en los autorretratos. La escritura es una especie de autorretrato. Casi siempre tengo las manos frías. La literatura es una especie de pensamiento del que es necesario erradicar las conclusiones definitivas. La literatura es el camino que va del cero al uno, sin incluir ninguno de los dos extremos. Los extremos son siempre de una vulgaridad intolerable. "

(Pie de página: te amo, Javier).


El problema es que no se puede leer literatura como quien lee las sagradas escrituras y luego ponerse a escribir, porque se siente uno poco menos que un hereje, y sus neuronas, acojonadas, tardan poco en apostatar de su propio cerebro y emigrar a lugares más libres. No se puede escribir una obra maestra así de entrada. Ni siquiera leerla.
¿Cómo combinar entonces esa pasión por algunos libros, esa gravitación que producen sin caer en la vanidad, en la pedantería y el intelectualoidismo, sin distinguirse con desdén de esa masa que lee a Coelho?
Yo, de entrada, soy más de restarle importancia a la cosa literaria. Lo comentaba el otro día con F. que ante mis rebajas de la literatura (ahora hasta un 60%), recordó lo que dijo Bloom: que Shakespeare había inventado el amor, los celos, la envidia, la venganza, había inventado la humanidad, ni más ni menos.

Le expliqué a F cuáles eran mis pequeños trucos a la hora de escribir para no caer en la trampa vanidoso-literaria, que nos acecha aún más a los mindundis que a los consagrados. Cómo lograba yo mantenerme a salvo:

En primer lugar: confianza en mi poder de imitación. Pienso que si alguien ha podido escribir así, yo también puedo, sólo he de fijarme. Imito como un monito (Javier Moreno, yo también tengo las manos frías. Te amo, Javier )

En segundo lugar pienso: esteeee, bueno, al fin y al cabo no es más que literatura, contar historietas que la gente lee en sus ratos de ocio, mentirijillas para distraer esas mentes que llegan cansadas de una larga jornada dedicada a descubrir vacunas de verdad que salvan a niños de verdad o a plantar puerros de verdad que nos alimentan de verdad.

En tercer lugar me digo que a través de la literatura se explica el mundo, que tiene razón Bloom y Shakespeare y F, y que no sólo se explica, se crea el mundo, y no sólo se crea, se salva el mundo. No sólo se salva él que nos salvamos con él.

Un sencillo método en 3 pasos, con su sistema hidraúlico incorporado.
El secreto, claro está, reside en pensarlo todo a la vez: yo también puedo contar mis humildes historietas que salven el mundo y me salven con él.

Que la literatura es alma al fin y al cabo (te amo, Javier) y que probablemente haya más verdad en un trocito de alma volátil e invisible que en varios tomos de historia de la literatura pergeñados por insignes kilos de sesos.

(Por cierto que en el próximo club de lectura de la librería Ramón Llul, el 26 de febrero, Alma de Javier Moreno es el libro elegido. Por si alguien se apunta…)

lunes 30 de enero de 2012

Mis problemas para titular


- Tengo problemas para titular. Sí, la vida se me antoja a veces como una terrible alucinación continua, como en el día de la marmota, pero lo que de verdad me preocupa, las raíces de esta ansiedad que me crece aquí, en el pecho (me toco teta derecha) son mis problemas para titular. ¿Alguna medicación que me ayude?

- Creo que va ser más de endocrino esto- respondio el hombre de cejas despeinadas y pupilas como bolas de pinball .

- ¿Endocrino? ¿Pero ha visto usted el tipito que tengo desde que voy al gimnasio…?

- Eso es lo que tú te crees...

Salí de su consulta con mis problemas para titular intactos, sintiéndome pequeña y miserable como un título de dibujos animados, del estilo de Dora la exploradora, cagándome en los putos recortes en sanidad. Sin poder evitar autocompadecerme: si yo sólo busco un título, un título que no necesite apuntalamiento, que resuma con exacta poesía todo lo que viene detrás, como un epitafio a la inversa, un título en el que quepan todas las letras, un lugar donde puedan retirarse a descansar una vez terminado el libro. Un título oloroso, fragante, vaporoso y sólido a la vez. Sólo un título.

- ¿Te importaría no dejar el sofá perdido de migas cada vez que te comes un bocata?

- Lo siento, es por mis problemas para titular.

- Y no eres capaz de coger un coche, aún teniendo el carné…

- Ehhh… ya sabes, problemas para titular

- Has aprobado dos oposiciones habiendo estudiado apenas 3 meses, deberías estar contenta…

- Sí, bueno ya, pero es que tengo graves problemas (para titular).

- ¿Orgasmos?

- bien, bien,.

- ¿Deposiciones?

- correctamente repugnantes

- ¿sueño?

¡¡¡QUE SOLO TENGO PROBLEMAS PARA TITULAR!!!!

El ruido que hacen las cosas al caer, Capitale de la douleur, Los hermosos años del castigo, Mañana en la batalla piensa en mí, Si te dicen que caí, El corazón es un cazador solitario, Si una noche de invierno un viajero, España, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Boquitas pintadas, Fabulosas narraciones por historias, Lo raro es vivir, La possibilité d´une île, La vida: instrucciones de uso.
Títulos que me sacan la lengua, que me sacan de quicio, que se contonean burlones justo delante de mis pensamientos, allí donde surgen las ideas, los muy...
Mientras yo sigo buscando, total, no es más que un título me digo, total, ya vendrá una ventolera de inspiración que lo arrastre hasta mí, total, si serán cabrones todos.

Raúl, que es tan sólo un personaje, pobrecito mío, dice que podría estudiarse la historia de la literatura a través de sus títulos, y sería una historia mucho más rigurosa.

Yo también pienso que las obras acaban quedándose a vivir en sus títulos.

¿Y tú, cuál crees tú que es el mejor título de la literatura?

jueves 26 de enero de 2012

Menos por menos es Camps


Hace tiempo que sabemos que la justicia es un estado pasajero del alma, un instante de comunión con esa idea de mundo que nos rodea, una percepción sensorial más que una realidad objetiva, externa e inamovible. Sobre todo aquí, en Valencia city, esa provincia hermanada con Sicilia, Las Vegas, el salvaje oeste y todas las repúblicas bananeras del mundo mundial. Che.

A veces olvidamos y esperamos justicia, así con el corazón, como si el estamento judicial no fuera ya de por sí un estamento carca, amén de politizado, masculinizado y viejuno. Sin comprender que la operación de buscar justicia en la justicia, además de ingenuamente redundante, a menudo arroja un resultado claramente injusto y a priori contradictorio, como esa regla matemática por la que menos por menos da más (cómo me costó entender eso, ¿cómo, pero cómo podía ser que al multiplicar dos números negativos saliera uno positivo? ¿De dónde no culpable, de qué??????)

El problema es endémico, qué se puede esperar de un país caciquista que nunca renovó sus estructuras, de esa modélica transición de chicha y nabo (nabo que nos metieron por detrás y que aún nos escuece).
Esto: políticos que roban como una costumbre, por no parecer estúpidos, que endeudan a los ciudadanos con tal de cobrar sus comisiones, por costumbre, ciudadanos que estafan al estado por costumbre, por no parecer estúpidos, que tratan de evadir impuestos, de cobrar el paro mientras trabajan en negro, por costumbre.

Desconfiar es el verbo que más se conjuga aquí. Yo desconfío, tú desconfías, él desconfía. ¿Para qué voy a pagar mis impuestos si el cabrón que los gestiona va a costruirse un chalet en la costa con ellos, para qué voy a gestionar con honradez los impuestos si cualquier ciudadano que estuviera en mi lugar no lo haría, si el próximo que venga no lo hará? Estructuras podriditas por la falta de ventilación prolongada en el tiempo.
Nadie quiere parecer estúpido, eso ya se lo dejamos a España así en conjunto, en una nueva multiplicación que se vuelve contradictoria y positiva (es decir claramente estúpida).
Ay, hay días en que añoro tanto la guillotina…

jueves 19 de enero de 2012

Colgajos en el cerebro



Hablando con un amigo sobre escribir, tratando de desentrañar las claves para hacer avanzar una historia estancada, pensé que me interesaría mucho saber exactamente qué tipo de relación tienen los escritores que me gustan con la ficción, quiero decir si la espían discretamente, si la rondan tras la farola de la realidad, si la cortejan caballerosamente o directamente se la follan.
No quisiera saberlo en plan Lydia Lozano, revolcándome sobre las vísceras de lo real, sino en plan ¿qué cemento has usado?; ¿el del recuerdo propio, cercano, lejano?, saber cómo construyen arquitectónicamente la ficción.
Y sí, ya se me está convirtiendo en obsesión eso de asaltar la frontera entre realidad y ficción, como una indocumentada.

Hace años, intenté escribir una historia pero me tropezaba todo el rato conmigo misma hasta que decidí arrojarme a la insoportable inmensidad de mi ser, aherrojada por el yugo de mi propio ombligo, mientras con el brazo derecho arrojaba la historia a la papelera (de reciclaje).

Por eso, el siguiente proyecto fue abordado en tercera persona, con varios personajes, y un escaloncito por encima del resto, un protagonista masculino. Mas-cu-li-no. Lo más lejos posible de mi ombligo, me dije, trata de mantenerte a salvo de ti misma, me dije. Y funcionó.

Ahora, sin embargo, he vuelto a la primera persona, y extraigo coloridas anécdotas almacenadas en mi materia gris, inspiradas en hechos reales (como esos truculentos telefilms de sobremesa) que estiro hasta la ficción. Y cuando las suelto, han perdido su forma original, hasta hacen bucle, y a menudo noto que me cuelgan cosas del cerebro, que aparto con naturalidad para pasar a pensar, como un flequillo o una cortina de diseño.

Ya conté que observaba la existencia de un fenómeno curioso: que la escritura viene a tumbarse sobre los recuerdos, viene a añadirse a ellos, como una capa de reluciente mugre. Que de tanto machacar un recuerdo, de recrearlo, de moldearlo, de estirarlo, acaba por confundirse con el recuerdo en sí, se adhiere a él como los lípidos a las células adiposas. Lo acaba modificando. Y ese hecho es sencillamente maravilloso, porque ya no se trata de engañar a los demás con historias inventadas, sino de engañarse a uno mismo con sus propios embustes. Crear en definitiva.

También pensé una máxima: hablar en primera persona como de un tercero, hablar en tercera persona como de uno mismo. No como Aida Nizar, no. Pienso más en Bailey, en Houellebecq, o en Roth que apenas sale de Newark.
Y pienso también en los que rodean a los escritores y que a menudo se sienten identificados en sus novelas, damnificados por sus novelas.

Y es que aunque todas las novelas son autobiográficas, ninguna lo es, siempre que narramos estamos haciendo ficción. Hasta cuando escribimos la lista de la compra, acabamos comprando de más (me repito).
Pero me pregunto si todo escritor no debería tener contratado un seguro para terceros, para esos golpes asestados por la ficción a la realidad.
Y también si hablar en primera persona nos acerca más a nosotros o sucede al contrario y es a través de terceros que nos aproximamos a nosotros mismos.


domingo 8 de enero de 2012

Escandinavia


Me eché a la calle cuando el sol se desleía en fuego y la línea del horizonte estaba a punto de alcanzar su punto de ebullición. En la calle, sólo un barrendero de uniforme fluorescente, recogiendo una a una las hojas de la acera. Tenía una mancha en la cara con la forma de Escandinavia.

- 1765, 1764, 1763, 1762.

¿Por qué contará hacia atrás?, me pregunté.

- ¿Cuento qué?

Me sobresalté, claro.

- No sé, ¿las hojas?

- A ver, esto es ficción, ¿o acaso crees que en la realidad el sol se deslee, o se deslia, o se desloquesea y el horizonte hierve como si fuera un poleo menta?

No le respondí y seguí mi camino, presurosa. Una viejecita encantadora se masturbaba en la parada del 81. Me enchufé el ipod y fingí ignorarla, pero la muy cerda se colaba por todos los rabillos de mis ojos. Batería baja dijo el señor que vive en el ipod. La voz de Lou Reed comenzó a perder fuerza, como una fiebre adormecida por analgésicos.

El espíritu de la quinta avenida parecía haber tomado Blasco Ibáñez y su calzada mojada.

El conductor del autobús era De Guindos disfrazado del payaso Krusty.

- 5 euros

- ¿Pero no es 1 euro 20?-  inquirí, casi chillando.

- Eso en la realidad, ¿o acaso crees que la voz de Lou Reed se apaga como una fiebre y a las calles las posee el espíritu de Nueva York? Hay que joderse.

Solté los 5 euros sin rechistar.

Me acurruqué en el asiento trasero y no me atreví a mirar a través de la ventanilla por temor a que alguna esquirla de poesía me saltara a los ojos. Me puse las gafas de sol y entorné los párpados.

Cuando desperté, el sol se desleía en fuego y el horizonte hervía como un poleo menta.

jueves 5 de enero de 2012

Oh, my god!


Varias veces he tratado de explicar mi idea de religiosidad, de que es lo mismo creer en dios que no creer, que no dista tanto la espirituosidad pagana del cientifismo poético, pero sólo consigo quedar como una tonta…algo que da sentido…como una fuerza… que no sea todo caos y arbitrariedad…. anormal, ceporra, burrita integral.

Lo que quiero decir y no llego nunca a decir es que para mí no hay tanta diferencia entre los que dicen creer en dios y los que dicen no creer. Que es una cuestión puramente semántica, que la idea de dios está justo antes del concepto, en esa conversación con nosotros mismos que tenemos todos, en la que nos explicamos el mundo. Después está el cristianismo, y sus emisarios pederastas sobre la tierra, y los testigos de Jehová y las pelotas de Alá y los clavos de Cristo.
Que todos tenemos ideas políticas por más que nos declaremos apolíticos.
Que es más bien un problema filosófico.
Que antes estaban los griegos, y trataban de explicar el mundo, y a veces les salía un dios y a veces una ley física porque esa necesidad de comprender, de buscarle un sentido a la vida es un hecho tan humano como universal.


¿Entonces crees en la vida más allá de la muerte? Me preguntan. Y en la muerte más allá de la vida, respondo. Mira a Rubalcaba si no.
Como si pudiera recordar otra cosa que no fuera vivir, como si no me hubiera encontrado de pronto aquí viviendo, sin recordar haber hecho otra cosa más que vivir, o sobrevivir, o malvivir o cualquier otra conjugación del vivir.
Y es que en algunas cosas, nos parecemos tanto los humanos que parece mentira que todos seamos humanos.

martes 27 de diciembre de 2011

Mi mensaje de paz y amor


Estoy harta de que mi blog sea un coladero de gente buscando porno, me siento como una puta de polígono industrial cuando pasan los coches y la miran. Pasan de largo pero miran.
Todo porque una vez colgué una entrada titulada Porno rousseaniano, donde criticaba el machismo del porno actual y reivindicaba la dignificación del público femenino, me reivindicaba a mí misma, sin ir más lejos.
Porque dime, ¿quién se empalma con Rousseau, con todo lo que hay en la red?, ¿por qué, oh, omnisciente y degenerado Google, atraes a tantos salidos a este bloguecito mío, tan pequeño y casto? (y digo degenerado porque en muchos casos, las palabras clave son: porno con niñas de 14 años, o vajinas de mujeres, así, con jota, cosas francamente escandalosas).
Me entristece.
Pero luego me pregunto si no estaré haciendo una labor social (como las prostis) llevando mi mensaje de amor e igualdad allende la red.
Porque el post denunciaba el egoísmo masculino del porno y dejaba claro que no, no nos pone que nos estrangulen, ni que nos pongan las nalgas como resistencias eléctricas, ni que nos provoquen arcadas por metérnosla más allá de las amígdalas, ni que nos metan el acorazado Potemkin por el culo.
Y pienso: ¿será ese mi destino? ¿Seré la emisaria en la red del recado divino?, ¿será mi misión poner un poco de luz en esas mentes opacas, diseminar en esta tierra de Dios mi mensaje de porno para todos, de ama al cuerpo femenino como al tuyo mismo?

En fin, en estos días de paz, amor y porno, felices fiestas a todos.

jueves 22 de diciembre de 2011

La buena es la que vuela


No sé un pimiento de teoría poética, no sé si el poema se enmarca en el barroco, en el simbolismo, si pertenece a la poesía social, a la poesía de la experiencia, a la poesía de vanguardia, al rap, o a la terapia adyurvédica.

Pero reconozco la poesía que me gusta. La leo como de adolescente escuchaba las canciones: con las venas y no con los oídos.
Y poseo la suficiente arrogancia como para decir: esto flota, esto se hunde.
Es la poesía del puro senso, la que llega sobrevolando y se posa en el cerebro sólo unos instantes, los justos para hacer comprender de forma fugaz, dejando un rastro de interrogantes a su paso.

Como decía Szymborska, la única respuesta que puede provocar un poema son dos puntos :

Defiendo la poesía sincera. Valiente. La que se escribe por necesidad.
Abomino de la poesía del ocio, del recreo metaforil, aquella que se enreda en sus propios laberintos, la que va colocando una capa de figuras literarias, una encima de otra, hasta lograr la opacidad total, la oscuridad absoluta. Miedito.
Poesía-trampa, poesía-criptograma sin patrón cifrado, poesía de ocho a cinco, que no vuela.
Tampoco la poesía ramplona, nacida a la sombra de esta última, la que aprovecha que el lector anda pensando ¿seré gilipollas? y entonces va y coge un poema, pongamos que de Vilariño, y concluye: esto sí, esto sí que lo entiendo, esto es bueno.

Es difícil la frontera. Es difícil mantenerse en equilibrio (es difícil vivir, joder).

Las ideas son invisibles, por eso hay que vestirlas, echarles algo encima para poder traficar con ellas, para poder pasarlas de unas manos a otras (como el hombre invisible debía ponerse gabardina y gafas para poder ser).
Pero lo importante es saber dotarlas de la picardía suficiente como para que se desnuden con gracia en mente ajena, para que hagan un striptease cadente y sensual.

Y cuando digo idea, tal vez esté diciendo emoción.
Y cuando digo striptease, estoy diciendo desnudo integral.

Joan Margarit decía que el límite de la poesía es el de la emoción.
No hay más. La poesía tiene que emocionar.
Frente a la erudición hueca y el artificio que no planta sus raíces en la emoción, la sencillez y la profundidad.
Frente a la poesía como un objeto onanista, el amor generoso de Paul Eluard, de Gabriel Ferrater, de Jaime Gil de Biedma, de Wislawa Szymborska, de Manuel Vilas, de Alejandra Pizarnik, de Natalia Litvinova, de Roberto Juarroz, de Pedro Casariego, de Pablo García Casado, de Chantal Maillard o de Ángel González. De todos esos pájaros que saben abrir dos puntos.