martes, 22 de noviembre de 2016

Sólo una posibilidad



















Y si la masa no fuera tan tonta, y si la gente así al peso fuera más bien sabia- con una sabiduría incrustada en los genes, licuada con humor cáustico-, y en el fondo pretendiera demostrar una teoría de forma radical: que pongas a quien pongas en el gobierno, nada cambia significativamente. Ya sea un negro, un loco naranja con flequillo, o la mona chita vestida de seda, nada cambia, el mundo sigue igual, la historia no se repite. No es sólo que Hitler travestido no regrese, sino que apenas notamos diferencias entre un gobierno y otro.

¿Tranquilizaría o daría aún más miedo esta posibilidad?

Es solo una hipótesis, claro, estúpida seguramente pero, de suceder, demostraría que el fin de la política, tal y como la hemos entendido hasta ahora, ya está aquí. Significaría admitir que en este mundo globalizado, los gobiernos estatales son definitivamente cosas en desuso, como las máquinas de escribir eléctricas o las cabinas telefónicas, elementos inútiles, obsoletos ante ese gran y libre mercado que se rige por sus propias leyes y que coloca sus productos en todos los rincones del mundo (una megacampaña mundial que hace palidecer al resto).

Visto así, solo nos quedarían dos cosas por hacer: ejercer la política a través del consumo o del no consumo (la movilización social para elegir a qué empresas comprar y a cuáles dejar de compra como la única forma de influir global y localmente) o la creación de un gobierno mundial- yo creo que no tardará-, en cuanto descubramos algún peligro o enemigo exterior, es decir, vida en cualquier planeta de la galaxia. Entonces podremos ser nacionalistas terráqueos.  Y puede que entonces, sí, la historia vuelva a comenzar.

Es sólo una posibilidad.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Nos querían tontos




















Nos querían tontos y ahora se quejan de que somos demasiado tontos. Querían que pusiéramos morritos en los selfies y ahora un tío que pone morritos como nosotros aparece en los selfies de todos los telediarios mundiales. Querían que nos preocupáramos más por los implantes de pelo y las siliconas de pecho que por los derechos sociales y demás zarandajas y ahora tenemos a una pareja que por fin representa nuestros ideales. Nos querían sin capacidad de raciocinio más allá de la simplificación y el insulto, y por fin tenemos un líder mundial capaz de aunar ambas cosas con naturalidad.  Nos querían machistas, racistas  -que el capitalismo funciona mejor con la mitad de la población sometida, haciendo el trabajo sucio gratis o por muy poco-, y por fin tenemos a un macho depredador y kukluxklanero que nos encarna.

No sé de verdad de qué se queja el establishment, esa normalidad bienpensante, garante de la democracia, si por fin tenemos todo aquello por lo que han estado luchado durante años.
Trump es un síntoma pero no es la enfermedad. La enfermedad contraída se llama: avaricia crónica de un sistema que ha apostado por la política de marketing, hueca y tramposa, para que se enriquezcan obscenamente cuatro,  por la manipulación de la prensa, por el desprecio cada vez mayor de los hechos en favor de las opiniones (yo también tengo una), por el deseo de que proliferen los ciudadanos de gran hermano y sálvame, por la reivindicación de la incultura, del chonismo, del poligonerisno en todas sus facetas.

Esa es la enfermedad. Y lo peor es que el sistema trata de destruir su cura, machaca a aquellos que de verdad quieren frenar el fascismo y la sinrazón. Los considera virus y los ataca. ¡populistas todos!

En fin, que estamos malitos pero no desahuciados. Guardemos cama y resistamos bajo las mantas.

domingo, 30 de octubre de 2016

Soy conservadora

Una es conservadora, amante del orden y la paz social. No le gustan los que rompen los pactos sociales básicos, los que viven en el corto plazo, los que esquilman, lo mismo fondos marinos, que arcas públicas, que paciencias. Una sufre de una alergia patológica a la violencia.
Una cree en valores rancios como el honor, la educación, el respeto, el civismo.
En discursos directos, bien articulados,  con palabras que intentan expresar  con precisión las ideas, ideas reales, auténticas. Y no en eufemismos, ni en cortinas de humo ni en el marketing.

Y sin embargo, por una extraña pirueta, al saltar al ruedo de la realidad ahí fuera, una es considerada una radical de izquierdas que quiere hacer estallar el sistema por los aires, que hasta simpatiza con el terrorismo.
Es muy extraño todo.
¿Dónde está la verdad? No es fácil determinarlo, apenas disponemos de nuestros sentidos para acceder a ella, con lo tramposos que son, pero eso no quiere decir que no exista, claro. A mí lo único que se me ha ocurrido para tratar de acercarme a ella (vale, no sólo a mí) ha sido crear un sistema a pequeña escala en que cada cosa es verdadera o falsa siempre según unos valores asignados en ese sistema. Algo poco original y bastante antiguo, que hace que 2+2 sean 4 y sea verdad porque en ese sistema que hemos creado el 2 tiene un valor concreto, que si no serían todo garabatos.

Por eso lo del PSOE es falso.  FALSO. Se mire por donde se mire. Dentro de su propio sistema construye enunciados que no son verdaderos: no es no pero sí al final (o cómo la brisa en el yate es caprichosa en mis cabellos)  es difícil de convertir en una operación matemática lógica. No da, no da.  La profe de mates nos lo tacharía. Oiga, pero hay que ser flexible, creativo, posmoderno, el 2 puede ser un 5 si se mira desde el espejo. El borrador en la cabeza y lo vas a entender.

Los del PP se erigen en guardianes del orden mientras roban, según confirman los jueces. Es por el bien de todos, dicen mientras roban lo de todos. Punkarras con traje, viven al límite, a tope hasta reventar o dar con sus huesos en la cárcel. No, tampoco da la lógica aritmética. Faltan ceros en las arcas públicas

Los nacionalistas queremos una sociedad más igualitaria porque nosotros somos diferentes, dicen.
Incoherencias, sistemas de referencia difíciles de tomar como modelos estables para comprender eso que llaman realidad y poder manejarnos en ella.

Nos conducen directamente a Cioran: yo sé que todo es irreal pero no sé cómo probarlo. 

viernes, 21 de octubre de 2016

Dos señores no pudieron hablar

Qué barbaridad. El otro día dos señores no pudieron hablar. Dos señores que no tienen otra forma de acceder a expresar sus ideas en esta sociedad fueron amordazados metafóricamente en la universidad, marginados por unos vándalos. No viene al caso que uno esté relacionado con un gran grupo de comunicación y otro con un gran partido político, creo;  son dos señores mayores, respetables, que no pudieron ejercer su libertad de expresión.

Y esto es muy grave. Creo de verdad que hay que poner las cosas en su sitio, saber graduar los hechos y darles el espacio adecuado tanto en nuestra escala de valores como en los medios.
Lo de los Gal todo el mundo sabe que fue un mal necesario, travesuras de una guerra sucia, que matar y torturar no hay que sacarlos de contexto. 
Tampoco la censura informativa denunciada por los trabajadores de un gran diario, creo, o los columnistas despedidos por expresar sus ideas o los editoriales insultantes ¿acaso no son formas de la libertad de expresión del máximo responsable del medio que han de ser respetadas?

De verdad que llegaremos a pensar que los suicidios ante la pobreza sobrevenida, las muertes por los recortes en sanidad, los miles de refugiados ahogados tratando de llegar a nuestro continente están relacionados con la política. Es de verdad inaceptable.


Pero aún lo es más que dos señores ayer no pudieron hablar. Qué noticia nefasta para nuestra democracia. Rasguémonos todos a una las vestiduras. A los que aún les queden. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Querida vecina del s.XXII





















Querida vecina del s.XXII,

Inmersos como estamos en una etapa de incertidumbre, con un gran vacío a nuestros pies y mucho miedo por paisaje, he de decirte que aún resulta divertido vivir en 2016. Durante décadas creímos que nada podía cambiar de verdad, no había manera de imaginar un futuro distinto. Hoy vivimos tratando de imaginar real esta realidad presente, un tanto psicodélica, un tanto extraña, fronteriza.

En estos días, los teléfonos móviles se rebelan y explotan contra sus dueños, los payasos aterrorizan a la población, Felipe González sostiene que es socialista, los refugiado de guerra se han convertido, nadie sabe por qué carambola, en criminales de guerra, la cultura en algo vergonzoso, que hay que esconder so pena de no parecer superficialmente feliz.

Me imagino que estas cosas te hacen sonreír. A menudo me dices que te sorprende nuestro individualismo vintage, tan del XXI, nuestra escasa eficacia como grupo, con lo fácil que os resulta allí moveros todos a una para alcanzar unas coordenadas concretas. Y ese enfermizo deseo de exponernos cuando para vosotros el anonimato es el lujo, la felicidad total.

Soy consciente de nuestras lacras pero te reitero: son tiempos apasionantes a pesar de todo, de gran expectación, dolorosos también. No sabemos si caminamos hacia un encontronazo de proporciones mundiales  y en caso de hacerlo cuál será el relato que lo sustente: no ya los totalitarismos frente a las democracias, o  capitalismo versus comunismo, tampoco es una cuestión de religiones aunque a menudo se pretexten (sí, ya sé que te cuesta entender eso tan abstracto llamado religión, ya extinguido allí, pero me sigue costando explicártelo).

Puede que el origen de la discordia sea el medioambiente, un tema preocupante, pero yo creo que vendrá más bien dela lucha de sexos,  de la reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres.  Al fin y al cabo, detrás de toda injusticia humana, del trato denigrante a la inmigración, del racismo policial, del atropello a los indígenas, del desprecio a los desfavorecidos, hay todavía una injusticia más al fondo: una mujer.

Todo esto son conjeturas, claro, pero se me antoja que la pugna de los dos candidatos a la presidencia de EEUU escenifica perfectamente la situación: un señor machista, maduro, con flequillo, un depredador sexual, frente a una mujer del establishment, madura también, equipada con los cuernos más grandes de la historia con los que aspira a hacer añicos el techo de cristal y convertirse en la primera presidenta de la mayor potencia del mundo. El relato tiene todos los ingredientes para convertirse en bestseller, no me lo negarás.

Evidentemente hay muchos más factores en juego, no quisiera parecer simplista, el desencanto ante la política vacía de contenido, de postureo, revelada como una maniobra de distracción para que la traviesa pandilla siga desvalijando  el almacén, ha inyectado atractivo a cualquier discurso con contenido propio, por aberrante que sea.
Pero creo que es interesante verlo desde el género. A pesar de su discurso incendiario, el mangante, digo magnate, se ha fundido al resto de adversarios de su partido y ha llegado a superar a Hillary en las encuestas.  Con  todas sus declaraciones machistas, su colección de denuncias por acoso, aún hoy, si tomáramos solo como referencia  a los votantes masculinos,  Trump le sacaría 5 puntos a Clinton. ¿Cómo se come esto? ¿Funciona la espiral del silencio, esa teoría sociológica que dice que cuando una opinión está socialmente mal vista sus partidarios la callan pero no dejan de sostenerla? ¿hay tantos hombres que en secreto piensan como Trump?
Si nos fijamos solo en el voto femenino, Hillary le saca 15 puntos a Trump.  

Como ves, la lucha se libra en todas partes, no solo en las fronteras del estado islámico. Parece que finalmente la gotita colmó los vasos femeninos y una vez desbordados, una parte del mundo se plantea en serio el fin del patriarcado.

Sé por tus cartas que el mundo en el que vives es muy distinto a este, pero no me has contado cómo llegasteis/llegaremos a él y te lo agradezco. Soy de las que no les importó aquella portada del TP: Chanquete muere el domingo, porque creo firmemente que el único spoiler que merece la pena callar es el Cómo.  Y ningún relato puede sustituir su vivencia.

Sabes que también mantengo correspondencia con mi amiga de principios del XX y me cuenta que no puede creerse  que en el XXI aún no existan los coches voladores, ni un crecepelo eficaz,  ni que a la gente le importe tan poco su honor.
Puede que tú sientas algo parecido a lo que yo siento al leerla, una mezcla entre ternura y condescendencia ante su ingenuidad, y también un cierto temor a que la nostalgia nos vuele el presente. Es muy extraño todo esto del tiempo.
En cualquier caso, que sepas me hace muy feliz que me honres con tu amistad y que espero con ansia tus cartas.
Siempre tuya,

La del XXI

jueves, 29 de septiembre de 2016

La chanson française

video

Me gusta mucho la canción francesa, tengo especial predilección por ese tarado impresentable que fue Serge Gainsbourg. He cantado muchas canciones suyas aunque no hay documento sonoro que lo pruebe, ni maldita falta que hace. Sí quiero guardar aquí este cachito de canción que grabé una tarde para la película más mala del mundo. Et voilà.

lunes, 11 de julio de 2016

La política, un problema lingüístico


Lo mío con la política es un problema básicamente lingüístico. No puedo debatir sobre el fondo del discurso de algunos políticos porque tendría que pararme antes a cuestionar el significado de cada término empleado, y unos años después, tal vez empezar a discutir en serio el asunto. 

Me sucede lo mismo que con la trampa-pregunta ¿tú crees en Dios?  Me quedo pillada. Pero… ¿qué cosa es Dios? Su definición nos llevaría una vida entera, su definición es una carrera de filosofía más un máster en existencialismo. Líbreme Dios de acotar a Dios, líbreme Dios de encarcelarlo. 

Del mismo modo, impugnaría toda afirmación política que dé por sentadas definiciones que ellos mismos se han sacado de la manga.
Sufro de incompatibilidad léxica con muchos políticos, y quedo sumida en una perpleja irritación cuando veo que sus delirantes definiciones son asimiladas por otros partidos, por la prensa, por gran parte de la sociedad, por personas inteligentes incluso.

El populismo por ejemplo. Hoy todo es populismo,  En ese saco cabe gente tan dispar  como Nicolás Maduro, Bernie Sanders, Donald Trump, Pablo Iglesias, Marine Le Pen o Nigel Farage. ¿No se nos está yendo de las manos esto del populismo? El otro día en un patio de colegio oí que un niño le decía a otro, devuelve el balón, populista de mierda.  
No importa que algunos a los que se acusa de populistas sean precisamente los que se esfuerzan por elevar intelectualmente el discurso  y desmarcarse de los que tratan al votante como a un deficiente mental. Por lo visto, populismo es cuando el pueblo vota equivocadamente a todo lo que no soy yo.

Radical, según estos improvisados académicos de la lengua, es quien intenta conservar un sistema , una seguridad social, una educación pública, una sanidad universal, unos derechos laborales y no quien pretende hacerlos saltar por los aires, quien se empeña en dinamitar el estado del bienestar  mediante el saqueo y la venta del país a amiguetes.

Y es que el estado del bienestar es ese solecito que te pega en la barriga cuando surcas el mar con tu yate, esa agradable brisa que refresca lo suficiente pero no llega a apagar el puro.

Una persona respetable es quien roba según un estricto código de honor que dicta que si subes tienes la obligación moral de robar a los de abajo, que para eso eres español. Queda así estipulado que las mismas ventosas usadas para trepar hay que hacerlas servir para que los billetes queden adheridos a ellas, dinero público se entiende, aquel que parece del Monopoly cuando se adhiere y de curso legal cuando se despega. 

Y el nacionalismo, ah, el nacionalismo, esa cosa tan fea en los demás, tan peligrosa,  tan delictiva, tan buena en uno. Una definición directamente robada a la mafia.

El trabajo se redefine como un lujo, no importa si las condiciones rozan el esclavismo, no importa si los contratos se han convertido en incunables. Por supuesto, lo que ellos hacen no es trabajo sino dedicación y servicio público a la ciudadanía, algo que aunque no tiene precio, resulta más bien caro.

Nos quieren vender sus definiciones surrealistas, alejadas de todo sentido etimológico y común. Son punkis del lenguaje, al que también quieren destruir, viven al límite lexicológicamente hablando, qué tíos.
Porque saben, como sabe Banville, que el lenguaje crea el mundo, que si algo no se nombra no existe, que dependiendo de cómo se nombre existirá de una determinada manera.
Comprenden, como comprende Banville, que la realidad no es real hasta que no pasa por el tamiz de las palabras.
Después de todo, igual no son tan idiotas.


miércoles, 15 de junio de 2016

Distopía española


















En el taller propusimos distopías: llevar al límite con la imaginación una situación actual hasta crear un mundo propio, futurista, un mundo basado en el nuestro, pero que ya nada tiene que ver con él, un mundo construido a partir de la exageración, de la radicalidad. Es decir, lo que viene haciendo cualquier relato literario.
Me divierte mucho, mis alumnos escriben cosas estupendas como que Europa vive un desastre nuclear sin precedentes y tiene que emigrar en masa a África, el único continente habitable, no contaminado por la mano del hombre. ¿Cómo nos reciben los africanos, cierran a cal y canto sus fronteras mientras los europeos morimos tratando de alcanzar la costa?
O esos  estudiantes que despiertan tras el larguísimo sueño de la criogenización, para descubrir que son los últimos especímenes con capacidad artística que alguien decidió poner a salvo justo antes de que desaparecieran las humanidades del planeta, antes de que se extinguiera el arte por considerar que no servía para nada.
O los robots que cuidan encomiablemente de nosotros, que vigilan nuestra tensión, nuestra diabetes, que previenen infartos, que eliminan células cancerosas y además nos hacen las tareas domésticas, nos cocinan, y hasta nos dan masajes eróticos. A cambio de todo esto, nos vigilan. Nos vigilan por nuestro bien. Y lo hace una empresa comercial.

Una, que tiene problemas con la ficción y sus límites, como quien tiene problemas con las drogas, que considera el flequillo de Trump una distopía, lee sin demasiada distancia ni extrañamiento estas fantásticas historias y se le antojan reales, verosímiles, tal vez porque vive con un pie en la realidad y el otro no ya en la ficción, sino en la ciencia ficción.

Pongamos que España, un país republicano, es tomado, tras una cruenta guerra, por una facción de hombres bajitos, con bigote y camisa de manga corta, en alianza galáctica con la facción de los faldones negros y la papada blanca, cuyo jefe supremo habita el espacio exterior. Tienen un oscuro plan y, para llevarlo a cabo, imponen férreo orden, usando técnicas de lobotomía, más o menos explícitas, rayos paralizantes, gases invisibles que inducen el miedo. Consiguen así que la población viva de forma pacíficamente robótica durante casi 40 años. Cuando el hombre de orejas puntiagudas anuncia a través de la pantalla interestelar que el líder bajito ha muerto, parece que la pesadilla ha terminado. Pero no, años después, se descubre que unos clones de los invasores originales, con aspecto perfectamente humano, han sido infiltrados en la sociedad actual para seguir con el oscuro plan.  
En fin, un derroche de imaginación, una ensoñación fantástica. Despierto, y vuelvo a la realidad. Cuando despierto de nuevo,  hay otra realidad, distinta, no sé si más trágica o más cómica. Y cuando vuelvo a hacerlo, otra. Y así cada día.


Dicen que tragedia es igual a comedia más tiempo. Cuarenta años parecen tiempo suficiente para amasar una tragedia de proporciones griegas pero ¿y si le añadimos más tiempo aún, qué sucede? Todo se vuelve delirante, extremo, se añade un toque de comedia absurda a la tragedia necesaria, se obtiene una distopía en toda regla, ni más ni menos que el lugar exacto donde vivimos.  

sábado, 16 de abril de 2016

"La realidad nos matará a todos"


















Martine Roch



El redactor de noticias llega puntual a nuestra entrevista en un conocido hotel del centro de la capital. Dos mujeres de una de las mesas cercanas le reconocen y hablan en voz baja sin dejar de mirarlo. El camarero asegura que es seguidor suyo cuando le sirve el Martini. El redactor de noticias se lo agradece con humildad. La grabadora lleva unos minutos en marcha.

P: ¿dónde encuentra usted inspiración para sus textos?

R: No sabría decirle, en mi memoria, en la imaginación, en la literatura, en mi entorno… Realmente los caminos de la inspiración son intrincados, aunque su luz se nos aparezca de pronto como un rayo iluminador. El redactor de noticias no es más que un médium al fin y al cabo, un simple transmisor que conecta  lo trascendental con lo cotidiano. Así lo veo yo al menos.

P: ¿Cómo construye sus personajes?

R: Tengo siempre presente que sin personaje no hay historia pero también que sin historia no hay personaje.

P: A veces se le ha acusado, a usted y a otros periodistas, de construir personajes en exceso planos, poco verosímiles, el caso de Rajoy sin ir más lejos…

R: Uno crea los personajes y ellos se apoderan del relato, a lo Frankenstein. Así debe ser. Es verdad que con Rajoy  salió un hombre pasivo, superficial en sus juicios, pusilánime, pero también entrañable, risible, fácilmente querible por el público. Dice muy poco cuando habla, es cierto, pero eso no significa que sea plano. Que un personaje tenga simpleza de carácter no significa que el autor lo haya escrito sin profundidad, me gustaría que apreciara la sutil diferencia.  Y además en la realidad existe la gente así, me atrevería a decir que es la gran mayoría, puede que ahí radique la clave de su éxito…

P: Suele ponerse la realidad como excusa en la ficción pero, ¿se rigen las noticias por las mismas leyes que el mundo real?

R: Evidentemente no. En eso me alineo con Vilamatas, todo intento de narración es ficción, pero es importante distinguir entre lo real y lo verosímil. Yo intento hacer noticias que sean  verosímiles, con coherencia interna dentro de ese microcosmos que son los diarios, que tiene sus propias reglas, su propia lógica, que trata de alguna manera de representar la realidad o de referirse a ella pero que por supuesto nada tiene que ver con ella.

P: ¿Cuáles son los géneros que más le gustan?

R: Siento especial predilección por la ciencia ficción, por las distopías y las ucronías, ¿cómo sería el mundo si los hechos o las consecuencias de esos hechos hubieran sido otros?  Los diarios exploran justamente ese territorio.

P: A la hora de escribir, ¿tiene usted en cuenta lo que espera el público o escribe con total libertad?

R: Evidentemente, uno tiene que comer. Mis ficciones tienen que gustar a un sector del público, no a todos pero sí a un sector, y también a mis editores, que si no, no me publicarían. En fin, no le estoy descubriendo nada nuevo…

P: ¿Piensa, como apuntan algunos, que el género periodístico está en vías de extinción?

R: Los apocalípticos llevan tanto augurando su desaparición. Pero la gente necesita ficción a diario, necesita historias que le distraigan de sus problemas cotidianos, aunque sea con otros problemas. El ser humano es así: contradictorio, escapista y sentimental. Nos entretienen los escándalos de la casa real, las fanfarronadas de un académico, las mentirijillas de un ministro. Hoy y mañana.

P: La mayoría de ustedes, de El país, de El mundo, del ABC insisten en desmarcarse de sus colegas de El mundo today, o de Rockambol news. ¿A qué es debido esto?

R: Ante todo, mi respeto al trabajo de los compañeros, grandes profesionales sin duda,  pero el objetivo último que persiguen  nuestras historias difiere bastante del suyo. Ellos apelan a instintos mucho más básicos como la carcajada. Es como si me compara  usted a Tarkovski o a Bergman con una peli porno. Es cine sí, pero no es lo mismo.

P: ¿Y Wilder, o Lubisth, o Berlanga por no irnos tan lejos? ¿No le parece que noticias como: “Un alcalde inaugura un tobogán” con foto de 13 políticos  y subtítulo  “beneficiará a 150 niños” apela claramente al humor? ¿O esta otra de su diario  “El ayuntamiento de Teruel se plantea denunciar a El mundo today por su noticia: La alcaldesa de Teruel robó fondos públicos aprovechando que la ciudad no existe,  no supera en humor a la noticia original?

R: Bueno, puede haber casos puntuales, pero  el periodismo que nosotros hacemos tiene mayor ambición, incluye el drama, la tragedia, la parodia también, pero no se limita a esta última.

P: Se dice que la gente más creativa de su profesión esta en las encuestas. ¿Requieren una capacidad de imaginación especial, una formación específica?

R: En general, todo nuestro trabajo es tremendamente creativo. Yo estuve un año en encuestas, y es verdad que aprendí mucho, desarrollé técnicas narrativas, mecanismos imaginativos que me han sido de gran utilidad en otras secciones.   Pero también son necesarias grandes dosis de fantasía  en Obituarios por ejemplo – todos sabemos que los hijos de puta también mueren- , o en Economía. Tal vez economía sea el género más fantástico de todos.

P: Y la realidad, ¿no queda un tanto desamparada sin nadie que la cuente?


R: No sea ingenua, la realidad es superior a todo y a todos, la realidad es ese líquido que siempre encuentra la grieta. La realidad es tan poderosa que  no necesita ser relatada, la realidad nos matará a todos. 

viernes, 12 de febrero de 2016

Einstein, titiriteros, realidad y ficción

                                                                                   Pierre Jahan

El tema de los titiriteros, con toda su carga de miserabilidad y patetismo, ha puesto de relieve sin embargo un asunto fascinante: los límites entre la realidad y la ficción
Si he de ser sincera, yo no tengo claro dónde empieza una y dónde acaba la otra. Desde bien niños, nos plantea no pocos problemas esta disyuntiva. Aún recuerdo a mi Bruno, con tres años, pidiéndole permiso a Dora la exporadora para ir a hacer pis al baño, alto y claro, y a la muy perra que no se dignaba a contestarle.
No tengo claro, digo, si la realidad es una representación del mundo en nuestra mente, una idea, una percepción concreta de algo que es inabarcable. Y si es inabarcable, ¿no se convierte automáticamente en ficción al ser troceada y recompuesta por la mente humana?. ¿Es por tanto la realidad una subcategoría de la ficción?

Me es difícil determinar el grado de realidad de lo que me rodea. ¿Cuántos puntos en la escala de lo real tienen los objetos?, ¿y los hechos?, ¿y los sueños?, ¿y los delirios?, ¿y las novelas?, ¿y ese poema en concreto, que rasga físicamente? ¿en qué momento dejamos de hablar de realidad para empezar a hablar de ficción? ¿deberíamos introducir la verdad en este razonamiento?
Demasiadas preguntas, me hago cargo. 

Eisntein, con su pícara sonrisa, viene a liar un poco más el asunto (o a echar algo de luz). Ayer mismo, las ondas gravitacionales pusieron de manifiesto el larguísimo recorrido de la realidad: resulta que ahora, en 2016, estamos captando una onda que se produjo tras el choque tremebundo de dos agujeros negros hace millones de años luz (no es que llegue la noticia en diferido, con cierto retardo distorsionador como la ventresca de Rita Barberá, o las fotocopias más caras de la historia de Urdangarín, sino que llega millones de años luz después, pulverizando los conceptos de espacio y tiempo, demostrando en qué medida está sujeta la percepción de la realidad a nuestros sentidos, si se me permite llamar gran órgano sensorial a LIGO). Haciendo tambalear en definitiva el concepto de realidad.
Y no sólo eso: pone de manifiesto también en qué medida la ficción, esa idea en la cabeza de Eisntein, precedió a lo que hoy podemos considerar una realidad.

Podemos por tanto estar de acuerdo en que antes del acto está la idea, incluso en un acto impulsivo, antes hay una idea fugaz que recorre la mente y que impulsa el brazo, la lengua o la pancarta.
A estas alturas, somos conscientes de la importancia de las ideas en los hechos históricos, del papel de los mítines del nazismo, de los shows de Alfonso Rus, del adoctrinamiento etarra. Ya vimos los juicios de Nuremberg, ya vimos Vencedores o vencidos, ya leímos La banalidad del mal, y nos planteamos hasta qué punto es culpable una sociedad que mira a otro lado, que sustenta una idea que luego se hará realidad en forma de monstruosa aberración.
¿Pero son culpables en sí las ideas? ¿puede perseguirse la ficción antes de convertirse en una realidad determinada? ¿Puede una teoría merecer el Nobel antes de ser comprobada en la realidad?
Todo apunta a que no.
¿Podemos cagarnos metafóricamente en el juez Ismael Moreno? Todo apunta a que sí.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Alien nación
















Al final va a resultar que ser español no es un premio de consolación, la muñeca chochona de la feria sino un oso gigante y esponjoso.
Al final va a resultar que nuestro complejo hispano, esa pusilanimidad patrocinada por Franco durante casi 40 años, lleva camino de convertirse hoy en una ventaja, sobre todo si alzamos la vista, no ya hacia el lejano Trump y sus delirantes gags, sino hacia la vecina Francia, por la que tantas veces hemos suspirado, y que ahora mismo bombardea Siria mientras se tiñe de lepenianismo.
Ante esto, la deriva política en España produce cierto orgullo aunque solo sea por contraste, sobre todo entre los que crecimos con una selección de fútbol que lo más que hacía era el ridículo internacional, y lo más patriótico que aspirábamos a sentir como españoles consistía en una mezcla de vergüenza, resignación y cariño.

Nuestra política emergente goza hoy de un nivel más elevado que el de muchos países europeos y por supuesto que el que venimos sufriendo en nuestras españolas carnes desde hace una década. Ha logrado sustituir los eufemismos por palabras precisas, no tomar al electorado por un menor o un demente, no estar alienada en definitiva.
Y no se trata sólo de las formas, nadie negará que es más fácil vender un Iphone que un quitarañazos mágico o un alargador de pene, para los que hace falta sin duda un mayor esfuerzo de marketing, una estrategia publicitaria mucho más agresiva, mucha más alienación en definitiva. 

La semana pasada, Rajoy, con esa manía suya tan entrañable de resumir los defectos de su partido en un solo acto irónico, llevó al absurdo esa alienación con su no asistencia al debate.
El candidato de Podemos en Almería, con ese gracejo andaluz, lo contaba muy bien: por una parte el presidente decía estar demasiado ocupado para asistir al debate, por otra iba a ver el debate por la tele, en Doñana, con su familia. Y es que, se quejaba con ironía Bravo: ¿a quién se le ocurre programar las dos cosas a la vez, celebrar el debate el mismo día que se emite el debate?, ¿estamos locos o qué?

Esa necesidad de verse mientras se actúa es una característica de los alienados, desde las guapas y los guapos que viven en los ojos de los demás, hasta los que se forran privadamente en actos de servicio público, desde los que son pobres pero votan como ricos, hasta los que sí asisten a debates pero salen de su cuerpo para ver mejor el producto que venden.
Afortunadamente, parece que por fin se va imponiendo la idea de que no es posible vivir fuera de uno mismo, que los aliens NO lograrán invadir la tierra, que la ciencia ficción es algo pasado de moda, al menos en política.

miércoles, 21 de octubre de 2015

Diccionario para manejarse en campaña


populista: insulto blando y soso pero de retrogusto abyecto. Versión revisada de aquel “comunista” de la américa de los 50, que hacía cerrar bocas de golpe, abrir ojos como platos y evocar informes monstruos.

populismo: dícese de aquello que hacen los que buscan atraer al pueblo, hablándole como a un infante, para manipularlo a su antojo y en beneficio de una élite.
También pirueta por la que estos mismos acusan de populismo a aquellos que sí quieren dirigirse al pueblo con la oscura intención de dirigirse al pueblo y proponerle mejoras para efectivamente mejorar sus condiciones.

demagogia: palabra que ha quedado en desuso por el abuso en década anteriores.

centro: donde no está él, donde no están los otros. Donde estaría yo, tú, nosotros, en un algodonoso y chupiguay condicional.
Algo así como la versión moderna de la Atlántida de Platón, que algunos aseguran existió de verdad.

centristas: los que aseguran que existió de verdad.

estadística: técnica para hacer que la realidad nunca estropee una buena noticia

macarthismo: término aplicado genéricamente a aquellas situaciones en las que un gobierno persigue a los oponentes políticos utilizando burdos y a menudo hilarantes métodos coactivos como criminalizar el alquiler de un chalet en vacaciones, acusar de apoyo al terrorismo por no abrir cada intervención pública con Condeno a ETA ,o convertir en delito que no te guste el fútbol.

eslogan: tweet que busca ser viral

bipartidismo: oligopolio político. Mercado en el que un número pequeño de partidos compiten ofreciendo un mismo producto o servicio, lo que afecta al equilibrio y al normal funcionamiento del sistema.
En el oligopolio, los partidos que forman parte de él se reparten entre ellos la demanda existente, por eso son reticentes a la libre entrada de nuevos competidores. En la mayoría de economías modernas, las autoridades persiguen estas acciones de manipulación.

presupuestos presentados a la Unión Europea: instrumento de campaña que figura en el punto 3. Deben ser tomados como deseos de buena voluntad, más como una declaración de Naciones Unidas que como documentos con carácter vinculante.

debate televisivo pactado: concurso de “a ver quien la tiene más larga” de los equipos de marketing de los partidos.